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Una
historia que comienza en La Habana
Vladimir Carrillo Rozo viajó a Cuba desde
Bogotá para aprovechar una beca que le había ofrecido la Universidad de La Habana. En
agosto de 1996 conoció en ese país a la ecuatoriana Soledad del Rocío Chávez, en el
municipio de Santa Clara, de la provincia de Villa Clara, donde ella estudiaba Medicina
con una beca. Comenzaron a salir juntos y entablaron una relación sólida, desde el 30 de
noviembre de ese año. La serie de cartas presentadas en el juicio planteado por Vladimir
Carrillo para obtener la custodia de su hija, lo demostrarían.
En declaración juramentada, fechada el 20 de octubre de 1998, la cubana Elina Caridad
Pérez Molina declaró que la joven pareja de becarios "convivían juntos en unión
singular y estable, no formalizada por no tener las partidas de nacimiento y demás
documentos en este país, desde finales de octubre de 1996 hasta julio de 1998 (cuando
regresaron a sus países de origen)... Vladimir y Soledad pretendían formalizar su
matrimonio al viajar a Sudamérica". Los padres de Soledad lo niegan. Dicen que
Vladimir evadió el casamiento con varias argucias.
En marzo de 1997, Soledad había quedado embarazada. Pero los estudios continuaron, cada
quien en su campo: Vladimir cursaba el primer año de Sociología en la Facultad de
Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, y Soledad del Rocío, estaba en el
segundo año de Medicina, en el Instituto Superior de Ciencias Médicas.
La hija de los becarios nació el 26 de noviembre de 1997, en Santa Clara, y obtuvo la
nacionalidad cubana, de acuerdo con el certificado de nacimiento del Registro Civil de ese
país, que consta en el tomo 546, folio 119.
Para poder continuar sus estudios y brindarle un cuidado adecuado a la niña, lo becarios
recurrieron a la ayuda del Estado y a la de los amigos. La respuesta fue inmediata. El
decano de atención a los becarios extranjeros del Instituto Superior de Ciencias Médicas
de Santa Clara, Oscar Cañizares, dejó constancia de que como Soledad tuvo una niña y no
disponían de condiciones apropiadas para su cuidado pidió "a las autoridades
correspondientes se permita su residencia en casa de unas amistades del esposo. De esta
forma se puede conjugar la crianza de la niña con la continuación de sus estudios. La
interesada recibe solo 60 pesos como estipendio, dada su condición de becaria".
Según el certificado fechado el 3 de diciembre de 1997.
Así, los jóvenes becarios lograron obtener la autorización para convivir con su hija.
La Universidad de La Habana, en donde estudiaba Vladimir Carrillo también dio su visto
bueno: "no tenemos objeción en que resida en casa de una familia amiga, ya que el
estudiante convive con la ciudadana ecuatoriana Soledad Chávez, con quien tiene una hija
de dos meses de nacida, y nuestras residencias estudiantiles son de solteros".
La niña fue bautizada con el nombre de Alejandría, el 22 de febrero de 1998, según el
certificado de la arquidiócesis de La Habana, emitido en la parroquia El Salvador del
Mundo, por el presbítero Arturo González Robles.
Todo continuó sin novedades, en medio de los planes que hacía la joven pareja.
Concluidos los exámenes finales, ella regresó al Ecuador el 27 de junio de 1998 en
compañía de Alejandría, y Vladimir se fue a visitar a su familia en Bogotá, diez días
después de terminar sus pruebas finales.
De acuerdo con la versión de Ernesto López, abogado de Vladimir Carrillo, su defendido
se quedó en Bogotá y Soledad se fue a Ibarra, en donde pasó sus vacaciones. Pasados
algunos días habría viajado a Bogotá acompañada de la niña para pasar en la casa de
los padres de Vladimir Carrillo. Todo estaba muy bien y las relaciones eran armoniosas
entre la pareja. La misma familia de Soledad lo reconoció a BLANCO y NEGRO.
Vladimir, Soledad y Alejandría regresaron juntos al Ecuador y pasaron varios días en
Ibarra. Sus planes eran dejar a la niña con los abuelos maternos hasta diciembre,
mientras ellos arreglaban sus cosas en Cuba y formalizaban su unión. Aunque María Teresa
Rosero dice que debían quedarse con la niña un año y que eso de que solo era hasta
diciembre es un invento del padre de la niña.
El 31 de julio, Vladimir y Soledad enviaron una solicitud notarizada al cónsul de la
República de Cuba, en la que aseguraban que en calidad de estudiantes extranjeros y
padres de una niña, no contaban en esos momentos con los recursos necesarios para brindar
un bienestar completo a su hija, quien ha tenido problemas de salud. El objeto de la carta
era pedir que se prorrogue por un año, como mínimo, la visa de la menor para permanecer
en Ecuador, debido a que Alejandría tenía la nacionalidad cubana. A esa fecha tenía
ocho meses de edad. A la solicitud acompañaron un certificado en el que constaba el
delicado salud de la niña. El médico, Hugo Mina, certificaba que Alejandría presentó
en los meses que estuvo en el Ecuador un cuadro compatible con la desnutrición y la
deshidratación. El padre de Alejandría regresó a Bogotá. Soledad debía viajar de
Quito a La Habana. (JT)
Acusaciones y desmentidos
Por una solicitud de David Chávez
compareció ante la Corte de Menores Vladimir Carrillo Rozo. En esa ocasión insistió en
que sus padres mantenían una relación estable y que era falso que su papá conviviera
con otra mujer, como dice el abuelo materno de Alejandría, y reiteró que sus hermanos,
Verónica y Nicolás, eran personas estables, bajo el control familiar. Rechazó que su
hermana sea inválida, como se había dicho.
De acuerdo con Vladimir Carrillo, su
padre es protegido por guardias de seguridad no por su situación política, sino porque
es el tratamiento que otorga el Gobierno colombiano a las personas en las que ha
depositado su confianza y responsabilidad. Además, recordó que su padre había
participado como alto funcionario del Gobierno de su país en las negociaciones de paz que
se adelantaron en Alemania. "A esta reunión asistieron personas con alta
credibilidad ante la opinión pública", recalcó.
También refutó que la intención de
Soledad haya sido encargar la crianza de Alejandría a la familia Chávez.
Vladimir dijo que todas las cosas de
Soledad las recogió como único recuerdo que su hija tendrá de su madre. (JT)
El encuentro
con la muerte
El 29 de agosto, Soledad abordó el avión de Cubana de Aviación y en la tarde de ese
mismo día estaba muerta. Falleció en el accidente. Cuando Vladimir se enteró de la
muerte de su compañera llegó a Quito a buscar a los padres de Soledad y hacer todos los
trámites para su sepelio. Nueve días después de la tragedia, Vladimir firmó un poder
especial a nombre del padre de su compañera, David Chávez Vallejo, tramitado en la
Notaría Quinta del cantón Ibarra, para que lo representara judicial y extrajudicialmente
en los trámites de las indemnizaciones que se debían cobrar a la Compañía de
Aviación.
Ese poder especial fue revocado días más tarde. La razón: Vladimir aseguró que David
Chávez se negaba a devolverle a su hija y se entabló la demanda por la custodia de la
niña.
"El poder lo tuve que revocar -aseguró Vladimir Carrillo- porque quería apartarme
de sus intenciones de presentar el reclamo de la indemnización".
Esta revocación, de acuerdo con el padre de Alejandría, la presentó un día antes de
viajar a La Habana para recuperar los documentos en los que se prueba que la niña era su
hija. Los pasajes de ida y vuelta a la capital de Cuba los proporcionó la misma
compañía de aviación. Aunque el abuelo asegura que su intención era comenzar los
trámites para el cobro de la indemnización.
El primer intento de recuperar a su hija había fracasado, según Vladimir Carrillo,
cuando terminó el funeral de su compañera. Los abuelos maternos de Alejandría se
habían negado a entregar a la niña.
David Chávez alegó a su favor, para mantener la custodia de Alejandría, un poder
especial firmado por su hija Soledad, mediante escritura pública, el 28 de agosto de
1998, un día antes de su muerte, por el cual daba su consentimiento para que sus padres
asumieran la tutela de su hija "en lo que se relaciona al cuidado..." (JT)
'Se me quita a mi hija presumiendo una incapacidad irreal,
porque soy estudiante'
Vladimir Carrillo Rozo, el becario colombiano, lleva cerca de dos años intentando
recuperar a su hija. La Corte Distrital de Menores de Ibarra le negó la custodia de la
niña a Vladimir Carrillo por el "pecado de ser estudiante y becario", de
acuerdo con Ernesto López, abogado del padre de la menor.
Esa decisión fue ratificada por el Tribunal de Menores de Quito, el 12 de julio de 1999,
en la que en forma textual se dice que como "el demandado y padre de la menor,
Vladimir Carrillo, es becario de la República de Cuba y en tal calidad estudiante en ese
país, situación que evidentemente le impide que pueda hacerse cargo de la crianza de la
niña Alejandrina Carrillo Chávez", su hija.
Por eso "se me privó de la tenencia de la niña -se quejaba Vladimir Carrillo en un
escrito legal-, en beneficio de quienes jamás la habían cuidado antes de lo
acontecimientos que determinaron la muerte de la madre de mi hija, en el accidente de
Cubana de Aviación".
La resolución fue calificada por el padre de la niña como precaria, arbitraria e
inconstitucional. "Se me quita a mi hija no porque yo no la hubiera cuidado, sino
porque supuestamente yo sería incapaz de cuidarla y protegerla. Según esto -decía-, se
presume una incapacidad irreal", violando, de acuerdo con un análisis realizado con
su abogado, varios preceptos establecidos en la Constitución.
Ante este mismo organismo, el Tribunal de Menores de Quito, Vladimir Carrillo interpuso un
recurso de casación, que le fue negado. Las puertas se le comenzaban a cerrar, a pesar de
todas las demostraciones de apoyo que sumó, sobre todo entre los organismos de derechos
humanos que enviaron sendas cartas al Tribunal Distrital de Menores.
La alternativa que le quedó a Vladimir Carrillo, con la resolución de la Tribunal de
Menores de Quito, fue la interposición de un recurso de amparo en un Juzgado de lo Civil
de Pichincha. Las razones que alegó fueron desesperadas, e intentaba entender las razones
de la Corte.
El padre de Alejandría consideraba que, como hasta esa fecha, no se había dictado ley
alguna para que la Corte y los Tribunales de Menores pasarán a depender de la Función
Judicial -como lo manda al disposición transitoria vigésimo sexta de la Constitución-
"posiblemente por esa razón no aceptaron la casación que yo formulé".
En la actualidad, la resolución está siendo apelada en la Primera Sala del Tribunal
Constitucional, en donde se realizó una audiencia el 31 de mayo pasado; en presencia de
los tres vocales, el abogado Ernesto López expuso las razones de la inconstitucionalidad
de la resolución del Tribunal de Menores.
En caso de que la resolución de la sala no sea unánime en la revocatoria o confirmación
de la resolución, el caso pasaría al pleno del organismo en donde se dirimiría por
mayoría de votos.
Si en esta instancia también le nieguen la custodia de su hija, Vladimir Carrillo, según
Ernesto López, podría interponer una demanda al Estado en la Corte Interamericana de
Derechos Humanos, alegando las mismas razones que Juan Miguel González, padre del
balserito cubano Elián, esgrimió para recuperarlo: nadie tiene el derecho de quitar un
hijo a su padre. (JT). |
INVESTIGACION
Alejandría, la niña que vive el drama de Elián
Manejando una Ford Explorer contactó al equipo de HOY el abuelo de la niña. Asegura que
a pesar de que sus ingresos son de un profesor puede cuidar a su nieta.
Una historia que comienza en La
Habana
Soledad conoció a Vladimir Carrillo en La Habana, Cuba, país en el que bautizaron a
Alejandría. En las vacaciones cada uno regresó a su país. El accidente truncó la
relación.
La
lista de derechos
El padre de Alejandría insiste ahora en el reclamo de la custodia de su hija ante el
Tribunal Constitucional. Alega que en su caso se violentaron varios derechos.
CRONICA ROJA
Los pasos de
un
proceso desde que se
comete el delito |