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Alejandría,
la niña que vive el drama de Elián
Manejando una Ford Explorer contactó al
equipo de HOY el abuelo de la niña. Asegura que a pesar de que sus ingresos son de un
profesor puede cuidar a su nieta
Cuando vieron llegar al carro de Diario HOY
a un amplio patio, Colombia Vallejo, agarró a Alejandría Carrillo Chávez, su bisnieta,
y la abrazó como si alguien llegara a arrebatarla de su lado. Un automóvil salía en ese
momento del sitio.
En el barrio El Ejido de Caranqui, a pocos minutos de la zona urbana de Ibarra, vive
Alejandría Carrillo Chávez. Tiene dos años y medio y vive en ese sitio desde que tenía
nueve meses, cuando cumpla 18 años podría pasar a administrar una cuenta de 3 000
millones de sucres, dos casas, una finca, un terreno y dos vehículos, de acuerdo con las
escrituras mostradas por Colombia Vallejo en la casa, para probar que nadie quiere
arrebatar lo que le pertenece a la menor.
Soledad Chávez Rosero, la madre de Alejandría, murió en el accidente del Tupolev de
Cubana de Aviación, ocurrido el 29 de agosto de 1998. Todos los bienes comprados a nombre
de la niña, y que son administrados por sus abuelos maternos, David Chávez y María
Teresa Rosero, se adquirieron con el dinero que la compañía de aviación pagó como
indemnización por la muerte de Soledad Chávez, quien estudiaba medicina como becaria en
Cuba.
Mientras tanto, Alejandría vive en una casa de hormigón de dos pisos, ubicada en la
segunda quebrada del barrio El Ejido de Caranqui, en un pequeño cuarto que fue adecuado
junto al dormitorio de sus abuelos maternos (que interpusieron y ganaron un juicio por la
tenencia de la menor al padre de Alejandría, Vladimir Carrillo), con dos amplias
ventanas, y duerme en una cuna de madera, rodeada de algunos juguetes que están
esparcidos en el piso.
En el informe presentado por una comisión del Tribunal de Menores, cuando se tramitaba el
juicio de tenencia de la niña, se describe la casa "como una construcción en L,
frente a la cual existe un terreno en su totalidad cultivado. Cuentan con criaderos de
cuyes, chanchos y aves de corral, de esta actividad obtienen buenos ingresos
económicos".
La casa es una de las más grandes del sector. Alejandría nunca sale sola, según afirma
su bisabuela Colombia Vallejo, y su salud es perfecta, dice su abuela María Teresa
Rosero, quienes sostienen que nunca devolverán la niña a su padre, Vladimir Carrillo
Rozo, que en la actualidad se encuentra en Madrid, España.
Los bienes a nombre de Alejandría fueron adquiridos a pesar de que en la última
resolución del Tribunal Distrital de Menores de Quito, que confirmaba la entrega de la
tenencia de la niña a los abuelos, se estipulaba que los "valores provenientes de la
indemnización de la empresa Cubana de Aviación, que le corresponden exclusivamente a la
menor Alejandría Carrillo Chávez, serán administrados en su exclusivo beneficio, por lo
que serán depositados a nombre de dicha menor en una entidad crediticia, de tal manera
que el capital se mantenga intacto y con los réditos correspondientes se satisfagan las
necesidades de ella, incrementándose el capital si hubieren excedentes".
David Chávez Vallejo asegura que las inversiones que realizaron con el dinero entregado
como indemnización -cuyo monto, asegura, no puede revelar por el convenio firmado con
Cubana de Aviación- son rentables. Incluso, María Teresa Rosero insiste en que, en la
actualidad, el monto pagado por la estatal Cubana de Aviación se ha duplicado.
¿Tuvieron autorización? Según los abuelos de la niña, para administrar el patrimonio
de Alejandría y cuidarla han debido ganar siete juicios, y sostienen que por nada del
mundo devolverán la niña a su padre. ¿Por qué? Insisten en que Vladimir Carrillo
proviene de un hogar descompuesto y que, como es estudiante, no está en capacidad de
cuidarla.
Si bien todo fue desmentido por Vladimir Carrillo, que ahora impugna la resolución del
Tribunal de Menores en el Tribunal Constitucional, los abuelos consideran que lo mejor
para la niña es que se críe en un hogar sólido.
David Chávez asegura que es un admirador de la Revolución Cubana y de sus logros. Que
cuando se hizo público el caso del balserito cubano Elián González siempre estuvo de
acuerdo con que el niño debía regresar con su padre. Pero no está de acuerdo con
devolver a la niña a su padre. Insiste en que el caso de su nieta es distinto, porque la
niña es cubana, el padre es colombiano y la madre es ecuatoriana. Pero no dice nada del
derecho de un padre a estar con su hija. (JT)
Las huellas de Cubana
Pasado el mediodía del 29 de agosto de 1998, los 14 tripulantes y los 76 pasajeros
abordaban la aeronave Tupolev de Cubana de Aviación. Era un viaje de 45 minutos hasta
Guayaquil y de ahí rumbo a La Habana.
Entre los pasajeros habían turistas, estudiantes y otras personas que viajaban por
diferentes motivos a Cuba.
Cuando la torre de vuelos autorizó el despegue, la aeronave comenzó su recorrido veloz
hacia el norte de la ciudad de Quito; rebasó la zona donde debía lograr su despegue y en
cuestión de segundos se sintió la vibración del avión fuera de la pista y su caída a
la calle Tufiño destrozando el muro perimetral del aeropuerto, según las crónicas que
se publicaron luego del accidente.
A las 13:05 del 29 de agosto, el avión Tupolev de Cubana de Aviación se accidentó en el
aeropuerto Mariscal Sucre de Quito, en las inmediaciones de la calle Tufiño, al norte de
la capital. Esa era la primera noticia de la primera página de todos los periódicos
nacionales, del día siguiente. Todos describían como en medio de la humareda negra se
percibió el olor de la espuma química que se usó para contener el incendio de la
aeronave, y de los restos humanos calcinados.
"La acción de la Policía Nacional, Defensa Civil, Cruz Roja, Bomberos, fue
inmediata. Las ambulancias, los patrulleros, las motobombas llegaron en cuestión de
minutos y comenzaron sus trabajos: retirar a la gente, acordonar el lugar, desviar el
tráfico, despejar la zona, coordinar para que los heridos fueran trasladados con
facilidad", decía una crónica publicada en Diario HOY, al día siguiente de la
tragedia.
Una hora después del suceso, los cuerpos sin vida comenzaron a ser trasladados al
Departamento Médico Legal de la Policía, en donde los familiares esperaban para intentar
identificar los cadáveres. Ahí estaba el ex asambleísta y actual concejal, Alfredo
Vera, preguntado por la suerte de su nieto, que viajaba a bordo del avión.
Los heridos y sobrevivientes fueron llevados a los hospitales Metropolitano, Pablo Arturo
Suárez y Vozandes, los cuales se declararon en emergencia para atender a las víctimas
del accidente del Tupolev.
En la lista de pasajeros estaban Hernán Alfonso Boada Monge, Midred Lilian Naranjo del
Salto, Eduardo Benigno Corrales Villagómez, Fanny Piedad Monge Vargas, Tamie Enma Muller
Turner, Nancy Margarita León Alvear, María Cristina Proaño, Alvaro Patricio Tamayo
Moya, María de los Angeles Cordovez Noboa, Paola Cristina Valenzuela Rosero, María
Mercedes García Guerrero, en medio de 76 nombres estaba el de Soledad del Rocío Chávez
Rosero, madre de Alejandría Carrillo Chávez. En su partida de defunción se hace constar
como causa de su muerte: politraumatismos. Aquí, en realidad, comienza el juicio que
podría llegar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y que BLANCO y NEGRO
reconstruye, sobre lo que el accidente de Cubana de Aviación dejó: la historia que se
inicia con el encuentro de dos becarios en La Habana, un colombiano y una ecuatoriana.
(JT). |
INVESTIGACION
Una historia que comienza en La Habana
Soledad conoció a Vladimir Carrillo en La Habana, Cuba, país en el que bautizaron a
Alejandría. En las vacaciones cada uno regresó a su país. El accidente truncó la
relación.
La
lista de derechos
El padre de Alejandría insiste ahora en el reclamo de la custodia de su hija ante el
Tribunal Constitucional. Alega que en su caso se violentaron varios derechos.
CRONICA ROJA
Los pasos de
un
proceso desde que se
comete el delito |