Los
siniestros visitantes de los puentes
Los casos más recientes muestran claros
indicios de homicidios. Un triple crimen sobre el puente del río Cinto, un cadáver
arrojado cerca del puente sobre el Machángara y otro en una quebrada cercana a Lloa
José Yugcha pisó con violencia el freno
de su camioneta Ford Courier, completamente aterrado por lo que acababa de ver en el
camino. En medio de la oscuridad y la lluvia, tirados en la orilla izquierda del puente
sobre el río Cinto, estaban tres cadáveres, empapados y sangrantes, todos con las manos
atadas con cinta adhesiva, de la que se usa para embalaje, lo cual más bien les daba una
conmovedora actitud de súplica, que fue probablemente su última reacción ante la
muerte.
Eran las 23:00 del miércoles 5 de abril, cuando Yugcha, un trabajador de la hacienda
Marquesa, cercana a la población de Lloa, intentaba cruzar el puente rumbo a su casa,
pero la vista de los tres cuerpos sin vida lo tenía paralizado. En la penumbra, y al otro
lado del puente, hacia donde no llegaban las luces del carro, Yugcha cree haber visto una
camioneta pequeña, aunque no se quedó para averiguarlo, porque en medio del pánico, lo
único que pensó fue poner marcha atrás y alejarse del lugar. Era evidente que allí se
había cometido un triple crimen.
Cuando ha pasado más de un mes de los hechos, y las investigaciones continuan en el
Juzgado 13 de lo Penal de Pichincha, existen muchas razones para creer que Yugcha, sin
quererlo, obligó a alguien a dejar a medias su trabajo, pues la hipótesis que se maneja
en los informes policiales es que la intención del asesino o de los asesinos era arrojar
los cadáveres al río para que los arrastrara la corriente, pero la presencia inesperada
del trabajador, los hizo desistir y huir.
Yugcha, siempre de retro en su camioneta, alcanzó a llegar a la población de Lloa y dio
aviso a Rodrigo Sotomayor, secretario de la Tenencia Política, y juntos llamaron a la
Policía, que llegó una hora después. Yugcha y Sotomayor acompañaron a los agentes, que
realizaron la inspección de los cuerpos con ayuda de linternas y todavía con mal tiempo.
Solo entonces pudieron constatar que, además de tener las manos atadas, los tres
cadáveres tenían sus rostros y cabezas atravesados a balazos y, diseminados sobre el
puente, alrededor de 15 casquillos de bala nueve milímetros.
El puente sobre el río Cinto, al suroccidente de Quito, es un lugar pintoresco y alegre a
la luz del día, transitado principalmente por los cuidadores de ganado de las haciendas
cercanas y uno que otro vehículo. Pero por las noches, los habitantes de la zona procuran
alejarse, junto con sus animales, lo más que pueden del lugar, por causa de los
cuatreros, y por eso es quizás uno de los lugares más abandonados.
La soledad del lugar, la falta de barandas en los costados del puente y la cercanía de la
corriente (entre las aguas y la estructura no hay más de tres metros) facilitan la tarea
de deshacerse de un cuerpo en ese sitio. Los vecinos del lugar dicen que no han visto un
caso parecido, pero admiten que solo conocen de este, porque los cuerpos estaban sobre el
puente. "Si los asesinos lograban arrojar los cadáveres a la corriente, seguramente
nadie se habría enterado", comenta el secretario de la Tenencia Política.
Y puede que tenga razón, pues a tan solo 500 metros de ese sitio, y en el mismo camino a
El Cinto, el pasado 23 de enero, la Policía realizó el levantamiento del cadáver en
descomposición de un individuo que fue arrojado por un precipicio. Aparentemente, la idea
de los victimarios era llegar hasta el puente, pero por alguna razón desconocida hasta el
momento decidieron desbarrancarlo, debido a lo cual pudo ser encontrado 23 días después
de su desaparición. Ni en este ni en el anterior caso, se ha podido dar con los
culpables. Tampoco se ha podido esclarecer quién arrojó hacia el río Machángara el
cuerpo sin vida de un taxista, que fue encontrado el pasado 26 de enero, cerca del puente
de la avenida Oriental en el sector de Guápulo.
Entonces ¿son los puentes los lugares propicios para borrar las huellas de los crímenes
que se comenten en Quito? Aparentemente sí, a juzgar por los múltiples casos que constan
en el libro de levantamientos de cadáveres que maneja la Policía Judicial. (GA)
La desolada vía Perimetral
Los humildes moradores de la vía Perimetral de Guayaquil ya no se sorprenden como hace
cuatro años, cuando empezaron a aparecer continuamente en el lugar cadáveres maniatados
y con señales de tortura.
La Policía Nacional solo dice que son delincuentes (muestran las fichas policiales)
asesinados por sus propios compañeros por 'malos repartos'. Pero la situación no es
nueva: en 1986, cuando en el Ecuador operaba el grupo subversivo Alfaro Vive Carajo, en
diferentes sectores de la ciudad aparecían leyendas como "Muere, maldita
delincuencia" o "García Moreno también vive".
Incluso, en mayo del año anterior se reportaron varios crímenes, con las mismas
características (se usaban balas de 9 milímetros, por ejemplo), en el populoso sector
Las Malvinas, al sur de Guayaquil, y los comentarios surgieron: el retorno del Escuadrón
de la Muerte.
Los 14 kilómetros de la Perimetral, inaugurada en 1985 en el régimen de León Febres
Cordero y conocida como la 'Perimortal', tienen su sangrienta historia, aunque fue
ejecutada, a un millonario costo, por la empresa Agromán, con la finalidad de
descongestionar el tráfico de la ciudad y de los vehículos procedentes de las provincias
de la Sierra y el Litoral no circularan por el centro.
La temida vía tiene lugares 'claves' para quienes 'botan' a sus víctimas: el sector Tres
Bocas, Trinipuerto y la entrada de la Escuela Superior de la Politécnica del Litoral
(Espol). Lo reconocen, con historias de horror, los 24 agentes de la Brigada de
Homicidios, a cargo del capitán Carlos Cabrera, de la Policía Técnica Judicial (PJ) del
Guayas.
Y ellos también detectaron otros 'botaderos', aunque menos frecuentados, como los
alrededores del colegio Teniente Hugo Ortiz (cerca de las urbanizaciones Samanes y
Orquídeas, al norte), detrás del Cementerio Jardines de la Esperanza y "algunos
muertos que se pierden en la corriente del Estero Salado", dice, en diálogo con
BLANCO y NEGRO, el cabo Eduardo Varela. Y, además, en Durán, a pocos minutos de
Guayaquil, en la zona El Arbolito y los alrededores de la ciudadela El Recreo. (APM)
Casos obscuros
Entre enero y abril de 2000, los agentes
de la Policía Judicial realizaron 280 levantamientos de cadáveres en diferentes puntos
de la ciudad, de los cuales 75 corresponden a homicidios.
Existen casos de cadáveres encontrados
cerca de los diversos puentes de la ciudad, en los cuales los investigadores, si bien no
han planteado directamente la hipótesis de asesinato, tampoco la han descartado. Por
ejemplo:
Luis Efraín Quishpe, de 30 años, fue
encontrado muerto el 10 de marzo en las aguas del río San Pedro, en el sector de San
Rafael. No se ha determinado la causa de su muerte.
El primero de marzo, en las orillas de
una quebrada cercana a Sangolquí, se encontró el cadáver, no identificado, de una
persona de 75 años, cuya causa de muerte tampoco ha sido establecida. (GA).
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INVESTIGACION
Donde se esfuman las huellas del crimen
Una práctica recurrente entre la delincuencia, que deja sin esclarecer los casos de
desaparición de personas.
Un
taxista arrojado al Machángara
El radio, el taxímetro, las ruedas del carro y 15 millones de sucres le costaron la vida
a Segundo Vásquez, un conductor de la Cooperativa de Taxis del Aeropuerto.
CRONICA ROJA
Los pasos de
un
proceso desde que se
comete el delito |