Las
penurias de los talleres

En los talleres de yoga, los jubilados buscan un apoyo espiritual para su crecimiento
personal. Funcionan en un local cedido por la Asociación de Empleados del IESS y
participan más de 100 personas
Solo uno de cada 15 jubilados en el Ecuador
tiene la oportunidad de aprender una técnica, un oficio o afinar sus destrezas en los
talleres de la tercera edad que mantiene el IESS. En efecto, son alrededor de 10 000 en
todo el país los que asisten a clases de música, pintura, yoga, gimnasia, manualidades,
pastelería, encuadernación, etc.
Para el funcionamiento de estos talleres, el IESS asignó el año anterior 2 600 millones
de sucres, y para este año, por causa de la crisis, la misma cantidad, según informa
Wilson Echeverría, director del Departamento de la Tercera Edad. Un presupuesto que solo
alcanza para pagar a los instructores y nada más. Los materiales corren por cuenta de los
propios jubilados.
Pero las actividades de este año arrancaron de manera irregular. Los instructores exigen
que se les haga un contrato formal con la institución, lo cual significa una serie de
trámites en Contraloría y en Procuraduría y esto retrasa la entrega de los recursos.
Como resultado, solo la mitad de los talleres se encuentran funcionando, gracias a los
aportes de los propios jubilados, quienes durante los últimos dos meses han solventado el
pago de los instructores, que cobran 20 000 sucres por hora. Se espera que en abril se
solucione el problema.
En Quito existen siete lugares de funcionamiento de los talleres: Cotocollao, El Batán,
Naciones Unidas, Amazonas, Benalcázar, Villaflora y El Pintado, que acogen a 2 900
jubilados, pero también están abiertos a los pensionistas de montepío, esposas de
jubilados y afiliados voluntarios mayores de 55 años, con lo cual el número de
tallerista sube a 4 000.
Los talleres funcionan en locales prestados o alquilados, puesto que el Departamento de la
Tercera Edad no cuenta con un espacio físico propio. En Quito existen 141 grupos que
realizan su trabajo en los dispensarios médicos, en las sedes sociales de los empleados o
piden prestados los espacios de las diferentes dependencias. Al momento, existe
incertidumbre respecto del futuro de los talleres, aunque Echeverría dice que pese a
todos los problemas, seguirán funcionando.
La mayoría de los asistentes a los talleres se muestra satisfecho con su actividad, pero
existen jubilados que ponen sus reparos. "A estas alturas de mi vida no necesito
aprender a bailar ni a tocar guitarra, pero sí quiero que se me facilite la entrada a las
funciones de danza o a los conciertos", declara un jubilado, que en lugar de aprender
arte prefiere apreciarlo, pero no puede hacerlo, porque no se respeta su derecho a pagar
la mitad de la entrada en espectáculos públicos. (GA)
Los alumnos pagan el sueldo de los instructores

El taller de dibujo funciona los martes y jueves. Los alumnos esperan que se
solucione el tema de los contratos con los instructores para poder continuar de manera
regular
Hace seis años, que César Prieto está a
cargo de los talleres de Yoga. El instructor recuerda que comenzó con cinco alumnos, pero
al cabo de un año ya tenía 26. Ahora existen seis grupos de 30 personas cada uno.
Generalmente asisten personas que desean liberarse de las tensiones y han encontrado en el
yoga un camino de crecimiento personal para mejorar su vida, comenta Prieto. El taller
funciona en una sala elemental, cedida por la Asociación de Empleados, en la Naciones
Unidas y Veracruz. Allí entre ejercicios de respiración, meditación y estiramientos
musculares, los jubilados intentan encontrar un soporte espiritual en medio de la crisis
que afecta a este sector.
En otro local de la Amazonas y Eloy Alfaro funciona el taller de dibujo y pintura. Cecilia
Cisneros es la instructora de un grupo que comienza a dominar las técnicas de dibujo, los
soportes, la expresión libre, la pintura sobre papel, sobre tela. Comienzan con lápiz y
carboncillo y continúan con técnicas más difíciles. Es por arte y por terapia,
comentan los talleristas, quienes, pese a que todavía no se soluciona el tema de los
contratos con los instructores, asisten y mantienen el taller con sus propios recursos.
(GA)
Talleristas
Existe nueve regionales del IESS, en
todas ellas funcionan los talleres, pero la mayoría de los recursos se quedan en Quito,
Guayaquil y Cuenca, en donde están la mayoría de grupos. Ahora, la mitad de ellos están
paralizados por la falta de recursos del IESS.
En Quito trabajan 85 instructores que
cumplen su trabajo por horas. Ellos han formado una agremiación para mejorar sus
relaciones laborales con el IESS. Por esa razón, las clases se desarrollan de manera
irregular.
Pese a que legalmente, se considera
personas de la tercera edad a los mayores de 65 años, en los talleres del IESS se aceptan
a los jubilados desde 55 años en adelante. Ahora, el Departamento de la Tercera Edad del
IESS está sometido a examen de la Contraloría para decidir el futuro de los talleres,
los instructores y los talleristas. (GA).
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