Jubilados,
el oficio de sobrevivir
Son 150 000 personas que sobreviven en el
Ecuador con un sueldo promedio mensual de 20 dólares, y cuyas pensiones no han sido
revisadas en los dos últimos años

Los jubilados permanecen relegados de toda iniciativa social del Estado. El parque
El Ejido es uno de los lugares típicos de reunión de los que dejaron su vida laboral
activa. Al fondo, el edificio principal del IESS
Quinientos mil sucres o 20 dólares. Eso es
en promedio lo que reciben mensualmente los jubilados en el Ecuador. Con 20 dólares se
pueden comprar 50 botellas de cerveza, o un quintal de arroz, o medio par de zapatos Nike.
Pero los jubilados deben hacer el milagro de cubrir con esa cantidad sus gastos de
alimentación, vestido, vivienda, salud, transporte y tratar de apuntalar su dignidad
frente a un sistema de seguridad social que no da muestras de poder mejorar esa
situación, al menos no en un futuro cercano.
Entonces ¿Qué significa ser jubilado en el Ecuador? Entre otras cosas, pertenecer a un
grupo de 150 000 personas que esperan con ansiedad la llegada de los días 20 de cada mes
para cobrar sus pensiones en las oficinas del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social
(IESS); pertenecer al grupo con mayores posibilidades de sufrir problemas de
hipertensión, diabetes, ansiedad, artrosis, osteoporosis e insuficienca cardíaca, que
son las enfermedades más comunes entre las personas mayores de 60 años, y no poder hacer
frente a esas dolencias por falta de dinero; ser el grupo más afectado por el
congelamiento de los ahorros en el sistema bancario ocurrido en marzo de 1999, y cuyos
fondos todavía no han sido devueltos en su totalidad (Según cifras de la Federación de
Jubilados del Ecuador, el 90% de sus miembros, o sea 135 000 personas, fueron despojados
de sus ahorros, generalmente provenientes de sus liquidaciones, lo cual aumentó los casos
de depresión y ansiedad en esa población). En suma, ser jubilado en el Ecuador significa
tener un mínimo acceso a bienes y servicios y cero perspectivas hacia el futuro porque
social y laboralmente el jubilado es considerado como alguien que ya cumplió su ciclo.
Hace cuatro meses, los médicos de los hospitales del Seguro Social se declararon en paro
para exigir la renuncia de los miembros de la Comisión Interventora, encargada de llevar
adelante las reformas al sistema de Seguridad Social. Los jubilados apoyan esa medida pues
consideran que la Comisión, presidida por Alfredo Mancero, no ha hecho nada para mejorar
su situación y que, al contrario, trabaja en función de entregar el manejo de la
Seguridad Social a la empresa privada mediante las Agencias Colocadoras de Ahorro
Previsional, más conocidas como ACAP.
La Comisión guarda silencio al respecto y lo más que ha alcanzado a decir en estos días
es que espera la aprobación de la nueva Ley de Seguridad Social, que está en trámite en
el Congreso. Según los impulsores de esta ley, se debe reformar la base de las
aportaciones, es decir, que el afiliado aporte sobre la base de su salario real y no sobre
la del mínimo vital, con el fin de mejorar las recaudaciones y ofrecer mejores pensiones
en el futuro.
Mientras médicos y jubilados protestan, la atención en las unidades médicas del IESS ha
llegado a niveles críticos. Por ejemplo, no hay medicinas para pacientes con deficiencia
renal o con diabetes, enfermedades muy comunes en los jubilados. Estos medicamentos
cuestan entre 500 000 y 3 000 000 de sucres, en las farmacias particulares, de plano, una
cifra inalcanzable para los jubilados, quienes hasta hace poco, eran atendidos en un
horario especial de 08:00 a 11:00, pero actualmente solo ingresan por emergencia si se
trata de casos de vida o muerte.
La dolarización de la economía ecuatoriana trajo consigo la necesidad de elevar los
salarios. No obstante, desde hace dos años no se han incrementado las pensiones
jubilares, según comenta Bolívar Espinoza, presidente de la Federación de Jubilados del
Ecuador.
La última revisión se realizó en enero de 1998, cuando se incrementó el 10% del valor
de las pensiones. La siguiente debía haberse hecho en enero de 1999 pero no se la
realizó, y tampoco la correspondiente a enero de 2000. Además, en todo 1999, los
jubilados no recibieron la compensación de 100 000 sucres mensuales por el alto costo de
la vida.
Hace pocas semanas, la Comisión Interventora advirtió que peligra el pago de esas
reducidas pensiones, pues el déficit del fondo de pensiones bordea los 15 millones de
dólares, y la deuda que mantiene el Estado con el IESS es de 320 millones de dólares.
(GA)
Eliminados del bono de la pobreza

Solo los jubilados que reciben menos de 500 000 sucres tienen derecho al bono de la
solidaridad. Los demás deben contentarse con sus pobres pensiones
El 4 de noviembre de 1998, el Gobierno del
entonces presidente Jamil Mahuad inauguró un sistema de compensación llamado 'bono de la
solidaridad' de 100 000 sucres. Los beneficiados son las madres desempleadas con hijos
menores de edad, las personas de la tercera edad (mayores de 65 años) y los
discapacitados. Se encargó de la ejecución de esta iniciativa al Consejo Nacional de
Modernización (Conam)
A mediados de 1999, el bono subió a 150 000 sucres, pero ese aumento vino acompañado de
una serie de ajustes. Los técnicos del Conam llaman depuración al proceso en el cual se
establece quienes merecen continuar recibiendo el bono y quienes no son lo suficientemente
pobres como para recibirlo. Es decir, los aspirantes a contar con la ayuda del Estado
debían aprobar un examen de pobreza.
Según Alexandra Salazar, coordinadora nacional del bono de la solidaridad, actualmente
los beneficiados de esta ayuda suman 1, 3 millones de personas, entre las que se incluyen
los jubilados que ganan menos de 500 000 sucres o 20 dólares mensuales. Con ello quedaron
marginados los jubilados que se habían inscrito al principio y que habían cometido el
delito de ganar 501 000 sucres. (GA)
Retirados
Según la Ley de Seguridad Social en
ningún caso la renta jubilar puede ser inferior a un salario mínimo vital (smv) que es
de 100 000 sucres o 4 dólares, ni mayor a diez smv, es decir, 1 000 000 de sucres o 40
dólares.
De acuerdo con Enrique Plaza, director
del IESS, la Constitución prohíbe la creación de nuevas prestaciones o la mejora de las
existentes a cargo del seguro obligatorio, si no se encuentran financiadas según estudios
actuariales.
La inflación en el Ecuador ha llegado al
60% anual, mientras que el último incremento a las pensiones jubilares fue del 10% en
enero de 1998.
Según cálculos de la Federación de
Jubilados del Ecuador, cuando un empleado se jubila, su sueldo, que en adelante se
transforma en pensión jubilar, se reduce por lo menos en un 70%. (GA).
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INVESTIGACION
El triste privilegio de los retirados
Los sueldos de los jubilados los obligan a desistir de la tentación de solicitar un
crédito rápido que ofrece un banco a la salida del IESS.
Trajines
de un jubilado dirigente y mensajero
Un jubilado que todos los días lucha porque se respeten sus derechos. Vive con una
pensión de 527 000 sucres y debe cuidar a su esposa, jubilada por invalidez.
Las
penurias de los talleres
Los grupos trabajan en locales prestados. Actualmente, solo la mitad de ellos está en
actividad, y los que han iniciado clases, lo hacen con dinero de los jubilados. |