Sobrevivir
a orillas del Sena
La situación de los compatriotas en Francia
se complica por la barrera del idioma. Según esta serie de testimonios, muchos deben
comenzar de cero, como aprender de nuevo a caminar

París es el nuevo destino de los migrantes ecuatorianos. Aunque todavía no existe una
colonia numerosa, ya se evidencian sus conflictos sociales. Existe un nivel de
organización incipiente entre los compatriotas
Por Juan Martín Cueva
Desde París, especial para HOY
El auge de la migración que se ha producido en los últimos meses es un tema cada vez
más recurrente en el Ecuador. Es normal que así sea cuando cada vez son más las
familias que reciben ayuda económica de uno de sus miembros que ha ido a trabajar en un
país desarrollado, o las que ven su destino arruinado por la deportación de alguien que
fracasó en el intento o por una muerte trágica en el lago de Nicaragua o frente a las
costas de Guatemala.
Desde Europa, las cosas se ven de otra manera. El asunto de los inmigrantes y de los
trabajadores tiene en cada país un matiz diferente según el número de arribos y el
origen geográfico y cultural de los que constituyen ese movimiento que las voces mas
reaccionarias y xenófobas llaman 'invasión'.
En Francia, el tema concierne sobre todo a países que fueron colonia francesa en el
Maghreb, Africa negra y extremo oriente. Los latinoamericanos somos vistos como un grupo
exótico, poco numeroso y que más bien atrae simpatías. El poco contacto cultural
existente hace que se nos meta a todos -mexicanos, peruanos, ecuatorianos o argentinos- en
un mismo costal, y no es raro que a un ecuatoriano le pregunten por su pasado azteca o que
a un boliviano le pidan que enseñe a bailar salsa, música que por lo demás se está
convirtiendo en un masivo fenómeno de moda en París.
Desde hace más o menos una década, sin embargo, el Ecuador empieza a sonar como algo
más concreto, debido a varios acontecimientos que lo 'publicitaron' en Francia. Primero,
los avatares del Gobierno de Bucaram y su aparatoso desenlace, ahora la no menos
truculenta terminación del Gobierno de Mahuad, y, desde hace unos años, una serie de
problemas cuyos protagonistas o víctimas han sido travestis ecuatorianos que se
prostituyen en París. También han contribuido a sacar al Ecuador del anonimato las
hazañas de algunos héroes solitarios como Andrés Gómez, Rolando Vera y ahora Nicolás
Lapentti.
¿Cuántos ecuatorianos viven en Francia? Nadie lo sabe. Ni la Prefectura de Policía, ni
el Consulado, ni las autoridades de migración del Ecuador, ni las asociaciones de
ecuatorianos residentes en París. Lo que sí se puede afirmar es que la mayoría de
compatriotas están en 'situación irregular', son 'sin papeles': esos son los términos
que usa la administración y la prensa para aludir a los ilegales que inspiraron a Manu
Chao para su último hit, 'Clandestino'.
Esta situación impide llevar estadísticas confiables. Las distintas entrevistas y
encuentros que hemos realizado nos dan a pensar que la colonia ecuatoriana en París es de
algo más de 1 000 personas.
Esta serie de reportajes no busca inventariar ni establecer un diagnóstico definitivo del
tema, su intención es dar a conocer, a través de testimonios variados, el tipo de
situaciones con las que se ve confrontado un ecuatoriano que ha decidido probar suerte a
orillas del río Sena.
'No regresen, este no es el momento de vivir en el Ecuador'

La soledad del migrante: en el metro de Paris es
común captar estas decidoras imágenes
Francisco y Juana son ecuatorianos,
llegaron a París cada uno por su cuenta, se conocieron aquí y terminaron viviendo
juntos. Esperan su segundo hijo para mayo. Su vida diaria se estira entre la baguette del
desayuno, el metro para ir al trabajo, el baño casi ritual del niño a las seis de la
tarde y la 'presencia de la ausencia' de su país. Ausencia que sienten en la cachetada de
frío que les da la calle cuando salen, o en la estrechez de los departamentos parisinos,
a la que ya se estaban acostumbrando hasta cuando los primeros pasos del niño empezaron a
pedir más espacio. Presencia, en las llamadas de Quito en la madrugada, porque nunca se
acuerdan de la diferencia de hora, en la preocupación que sienten cuando en Quito se pasa
de alerta amarilla a naranja porque el Pichincha amenaza, o en las reuniones con otros
ecuatorianos y sus dosis de chismes, de nostalgia y de locro con queso.
A principios del año pasado, la pareja resolvió que ya era tiempo de regresar a vivir en
el Ecuador. Pensaban que en unos meses podrían liquidar sus asuntos en París e irse a
seguir viendo crecer a sus hijos en Quito, a buscar trabajo, a volver a ver a los amigos y
a encargar a los niños a su abuela para irse una noche al Seseribó...
Regresaron a París a terminar el milenio y preparar el gran retorno, pero bastaron dos o
tres meses y un par de conversaciones con gente que llegaba para deshacer sus planes: no
es el momento -les decían todos- de regresar al Ecuador. Es el momento de irse, de venir
a Europa, de buscar la entrada a los Estados Unidos: miles de madres han salido a buscar
el sustento para sus hijos lejos de ellos, miles de padres han regresado espantados de ver
que para ellos no hay oportunidad, miles de jóvenes se han arriesgado a intentar. No es
Francia el destino más buscado por los ecuatorianos que salen del país, porque no es
aquí donde más oportunidades se les abren. No hay comparación alguna con España o
Italia, pero también en Francia muchos indicios confirman la existencia de una verdadera
ola de emigración ecuatoriana en los últimos meses.
Decididos a quedarse en París, y sin disponer de un cupo en la guardería municipal que
les corresponde, Francisco y Juana se pusieron a buscar alguien que cuidara a Joaquín
mientras ellos iban al trabajo, y cual fue su sorpresa al encontrar a una compatriota que
buscaba trabajo y tenía experiencia, por ser madre, aunque no papeles. Ella es Esperanza,
llegada hace seis meses a París. (JMC)
Una población
expulsada

El Ecuador se ha convertido en un país que expulsa a su población. Primero fueron los
Estados Unidos, después siguieron Inglaterra, España, Italia y ahora Francia, como los
destinos preferidos de miles de compatriotas que todos los días se agolpan en las
mostradores de las aerolíneas internacionales, mientras sus familiares se cuelgan de las
mallas para despedirlos. Mientras tanto, los países receptores de inmigrantes cada vez
endurecen más las condiciones de entrada de esta población angustiada. (GA). |
INVESTIGACION
Los que se van y sus duras vivencias
Por su situación de ilegales, un gran número de ecuatorianos se ganan la vida en
trabajos no declarados. Aún así, prefieren no regresar.
Largos
días buscando chambre
Las dificultades comienzan desde el momento de buscar alojamiento. La única esperanza es
tener un amigo o por lo menos un conocido a quien pedir ayuda.
Obstinada
y sufrida Marylin
Lo que motiva a estas personas a trabajar en esas condiciones es ahorrar una buena
cantidad de dinero par regresar al país e instalar un negocio. |