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B L A N C O  Y  N E G R O

Sábado, 29 de enero de 2000

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CIUDAD DIGITAL(1142 bytes)

EXPLORED

Dos sectores inconformes

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La profunda crisis del país determinó la confluencia de los indígenas con los militares. En la foto, Paco Moncayo, un oficial sublevado, Salvador Quishpe y Ricardo Ulcuango en Carondelet

Era una situación totalmente inédita. Los indios aplaudiendo el paso de los militares, y los militares luciendo coloridas huipalas sobre sus uniformes. Un observador guatemalteco que presenció los hechos en el Congreso Nacional decía que nunca se imaginó algo parecido.
Cuando han pasado varios días, se conoce que tales escenas fueron el resultado de una confluencia de rebeldías, que nacieron al calor de la protesta y del descontento social. Ahora, los indios defienden la independencia de su proceso de lucha, mientras que los militares se ocupan de reconstruir su imagen institucional.
Salvador Quishpe, presidente de la Ecuarunari, la agrupación indígena que aglutina al sector quichua de la Sierra, asegura que los diálogos entre la dirigencia indígena y los militares involucraron a los miembros del Alto Mando y no a los oficiales jovenes. Enfatiza que la intervención de los coroneles fue algo puramente coyuntural.
Quishpe afirma que el grueso del movimiento indígena se pronunció en contra de la presencia de los miembros del Alto Mando militar en el Congreso de la Conaie realizado en noviembre, en Santo Domingo de los Colorados, pero admite que allí comenzaron las conversaciones con la cúpula para promover el cambio de Gobierno, lo cual terminó con los hechos ya conocidos.
Pero eso no ha eliminado los mutuos recelos entre los dos grupos. En el Ministerio de Defensa funciona la Unidad de Desarrollo de los Pueblos indios, Campesinos y Afroecuatorianos, la cual se supone trabaja en beneficio de las comunidades indígenas. Pero Quishpe asegura que no se trata de ninguna instancia de desarrollo, sino de vigilancia. El dirigente incluso acusa a los militares de haber provocado que decenas de indígenas trabajen para Inteligencia Militar.
Así como admite que en la última revuelta los indios recibieron el apoyo de un grupo de oficiales, a quienes califica de personas con ideales patrióticos, Quishpe aclara que en la práctica los dos sectores se vigilan mutuamente.
De su parte, Telmo Sandoval, al ser entrevistado en una radio de Quito, manifestó que son frecuentes las reuniones entre indios y militares por cuestiones de trabajo en favor del desarrollo de las comunidades. No obstantte, en el Ministerio de Defensa está prohibida toda información respecto de esta relación entre militares y comunidades indígenas. Los oficiales a cargo simplemente dijeron que se les había prohibido hablar del tema. (GA)

La sorpresa de los indios

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Los indios sostienen que el apoyo de la joven oficialidad se produjo a último momento, pero que anteriormente habían dialogado con la cúpula

Salvador Quishpe, quien accedió a la presidencia de la Ecuarunari en representación de la Zamasquijat (la organización de los saraguros en Zamora Chinchipe), asegura que los indios fueron los primeros sorprendidos por la irrupción de los jóvenes oficiales en la toma del Congreso la mañana del viernes 21 de enero. Comenta que dos días antes, el miércoles 19, los dirigentes indígenas tuvieron la última reunión con la cúpula militar, específicamente con los generales Mendoza y Sandoval, en la cual les exigieron el apoyo definitivo para derrocar a Mahuad, pero los generales mantuvieron una actitud calculadora, y nunca se comprometieron totalmente.
En este punto conviene atar cabos. Un día después del derrocamiento, el ex ministro de Defensa, José Gallardo, declaró en un canal de televisión, que tanto él como el ex presidente Mahuad habían advertido al alto mando de que existía un movimiento entre los coroneles. Entonces, si Mendoza y Sandoval sabían los movimientos de los indios y de los oficiales, su conservadora actitud solo obedecería al hecho de que esperaban el desenlace de los acontecimientos para luego ellos entrar en acción, según lo que les pareciera más conveniente.
Si se toman como ciertas las declaraciones de Quishpe de que el único contacto entre los indios y los militares era el Alto Mando, y que nunca hablaron con el grupo del coronel Gutiérrez, resulta que los oficiales que ahora están presos, hicieron el "trabajo sucio", de echar a Mahuad del poder, y con ello facilitaron las cosas al Alto Mando, que deseaba lo mismo, pero no querían despeinar su imagen. (GA)

El alto mando lo sabía todo

El descontento que crecía en esa franja intermedia de las Fuerzas Armadas denominada joven oficialidad, de las promociones anteriores a la del 68, no era desconocida para el Alto Mando, según dice Napoleón Saltos, dirigente de los movimientos sociales, quien asegura que, al mismo tiempo que los generales dialogaban con los indígenas sobre la necesidad de buscar una salida a la crisis del país, los oficiales presionaban desde abajo para que la actuación de sus superiores fuera más radical.
Incluso, asegura Saltos, existía un plan de gobierno, redactado por la joven oficialidad, en términos más radicales que los de los propios movimientos sociales. Por eso, en diciembre, la cúpula militar intentó presionar al presidente Mahuad, y por eso se entiende el nerviosismo de José Gallardo, quien comenzó a ver enemigos por todas partes y recomendó a Mahuad cortar cabezas, comenzando por el Alto Mando, incluidos Mendoza y Sandoval.
A esto se suma otro antecedente histórico: la condición de héroes del Cenepa, que ostentan muchos de los sublevados, y que determinó que desde la firma de la paz con el Perú, surgiera un sector inconforme, al interior de las FFAA, un sector que se sentía burlado, lo cual era archiconocido para la cúpula. Por tanto, si funciona la lógica, se puede decir que el Alto Mando dejó que sus subordinados fueran al despeñadero y, una vez allí, los empujaron al vacío para luego ellos "salvar a la Patria". (GA).

INVESTIGACION

La trama de la conspiración

La división existente en el Ejército fue lo que alimentó la asonada militar, que no prosperó porque sus mentalizadores no tenían un control real de las armas, y el Alto Mando sí.

El ruido de los golpes escondidos
Carlos Mendoza es inculpado por los ex funcionarios del Gobierno de Mahuad como la principal cabeza de la asonada militar del 21 de enero.

'Están tocando demasiado al Ejército. La institución perfecta'
Según Sandoval, nunca desistieron de la idea de mantenerse en el poder por presión de Estados Unidos. "La política de EEUU es muy clara: no dictadura, sí democracia".

Dos sectores inconformes
Salvador Quishpe, presidente de Ecuarunari, asegura que la alianza en la toma del Congreso no estuvo planeada sino hasta último momento.

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