La
llama se prende con la
ausencia

Romy Schneider personificó a Sisi en la película Luis II de
Baviera
"El emperador Francisco José I, de
Austria, se ha prometido con la princesa Elizabeth, duquesa de Baviera. Que la bendición
del Todopoderoso..."
El anuncio fue publicado en Austria el 17 de agosto de 1853, un día después de que
Elizabeth, llamada más familiarmente Sisi, conociera al emperador.
Sisi era una joven de 16 años, vivaz y traviesa, que gustaba de leer, correr, montar a
caballo y odiaba la etiqueta. El emperador tenía 23 años y había demostrado su
valentía en los campos de batalla.
Al otro día del enlace ella parecía haber llorado; nunca se supo si de amor o de
desilusión. El, en cambio, declaró: "estoy enamorado como un teniente, y dichoso
como un dios".
Sisi nunca se adaptó a la rigidez de la corte: entre otras cosas, paseaba por las calles
de Viena como cualquier ciudadana.
Pronto se dieron cuenta de que, aún amándose, no podrían entenderse. No obstante, la
pareja tuvo varios hijos. Un día discutieron y ella "escapó" hacia Inglaterra
y Grecia. El marido la buscó y Sisi regresó a Viena.
Cuando estalló la guerra entre Austria y Prusia, la emperatriz cuidó a los heridos,
visitó a las viudas y a los huérfanos. Luego volvió a seguir su vida errante...
Las lágrimas estaban por venir: su hijo Rodolfo, heredero de la corona, se suicidó al
lado de su amante.
Francisco José continuaba enamorado de ella. Era un extraño amor: cuando estaban juntos
la discusión era segura.
El 9 de septiembre de 1898, Elizabeth se preparaba para salir de Ginebra. Cuando se
hallaba a punto de subir al barco, un hombre le apuñaló en el pecho. De pronto la
emperatriz cayó al suelo: había entrado en agonía. El cuerpo de Sisi llegó a Viena a
las 10 de la noche. Francisco José abrazó el ataúd como se abraza el cuerpo de la mujer
amada. Sus labios murmuraron: "adiós mi amor. Adiós Sisi". (AA)
Algunos besos sí pueden matar
Los amantes que pecaban sin tener tiempo de arrepentirse solo podían ir al infierno. Al
menos, en ese lugar los colocó el escritor italiano Dante Alighieri, en La Divina
Comedia.
En el quinto infierno están Paolo y Francesca, dós jóvenes que cometieron el pecado de
besarse en un jardín después de leer la historia de amor de un caballero andante y una
reina.
La historia de estos jóvenes, escueta en La Divina Comedia, fue ampliada en el siglo XIV
por el escritor italiano Bocaccio, quien comentó la obra de Dante.
Por la narración de Bocaccio se conoce que Paolo era el segundo hijo de Malatesta de
Verrucchio -señor de una ciudad italiana-, que buscaba esposa para su primogénito y poco
agraciado hijo Giovanni.
El heredero viajó por algunas ciudades y regresó a contar a su padre que deseaba casarse
con Francesca, la hija de Guido da Polenta, señor de Ravena.
Como Malatesta temía que por el aspecto desgarbado de Giovanni, Francesca rechazara la
propuesta, envió a Paolo hasta Ravena para pedir la mano de la joven.
Paolo, que estaba casado, se sintió atraído por Francesca. La atracción fue mutua, pero
la joven tuvo que cumplir el compromiso. Aunque se sintió morir al ver el aspecto de
Giovanni se casó y a los nueve meses tuvo una hija.
Paolo se encerró en una fortaleza con su esposa para olvidar a Francesca, pero la
ausencia solo alimentó su amor y volvió a casa de su padre.
Una mañana se encontraron en el jardín, donde leyeron un libro que relataba la historia
del caballero Lanzarote del Lago y sus amores con la reina Ginebra.
Como si fuera una secuencia del texto, cuando Lanzarote besa a la reina Ginebra, Paolo
hizo lo mismo con Fracesca, pero fueron sorprendidos por Giovanni, quien los mató y, como
no tuvieron tiempo de arrepentirse, se fueron al infierno. (JT)
Dalí y Gala, un amor demencial
Por Nadesha Montalvo R.
- Redacción Quito
Era la tercera vez que Salvador Dalí veía a Gala en su vida. Primero fue un largo y
apasionado beso desde lo alto de un puente, luego la certeza de que Gala quería decirle
algo. Enloquecido por la incertidumbre, Dalí la tomó de los hombros y le exigió que le
dijera qué tenía en mente, de la manera más apasionada. Gala le miró por un momento y
con un tono de voz más bien frío le respondió "quiero que me mates". Por un
momento, Dalí se sintió muy decepcionado. Y es que matarla era precisamente lo que él
había pensado, relata este inigualable pintor español en "La Vida Secreta de
Salvador Dalí".
Años más tarde, Dalí daba una conferencia ante la "créme de la créme" de
los surrealistas en París. Su discurso, delirante como siempre, ofendió al público. Una
voz se levantó: "¡es intolerable que uses un lenguaje tan obsceno delante de
nuestras esposas!", increpó. Gala respondió de inmediato: "si dice esto frente
a su esposa, que soy yo, ciertamente puede decirlas delante de sus esposas."
Dalí conoció a Gala en 1929, en pocos días se había mudado con ella a una casa en
Cadaqués (España). Ella era la esposa del poeta Paul Eluard. De Gala se decía "se
había acostado con todo el mundo". Por el contrario, Dalí nunca estuvo con otra
mujer. Su pasión por Gala le significó a Dalí una pelea con su padre, tan violenta que
dejaron de hablarse por 20 años. Pero si esta ruptura es un motivo recurrente en la obra
de Dalí, su frecuencia no se compara con la aparición del rostro, las manos, los ojos,
todo de Gala en sus pinturas.
Cuando Gala murió, en 1985, Dalí se encerró en una torre en su hogar de Cadaqués en y
nunca volvió a salir. El pintor dejó de ver a todos sus amigos y se dejó morir.
Para superar
- "Me parece que escribo mal... no logro decir nada de lo que quiero porque mis
frases surgen como suspiros; para comprenderlas hay que separar el vacío que separa una
de la otra; lo harás, ¿no es verdad?" Flaubert a Louise Colet, 1846.
- "Me ha sorprendido que los hombres pudieran morir mártires por la religión. Me he
estremecido ante ello. Ya no me estremezco. Podría ser martirizado por mi religión; el
amor es mi religión. Podría morir por esto; podría morir por ti. Mi credo es el amor y
tú eres su único principio." Keats a Fanny Brawne, 1819.
- No he querido volver a amar, ni he esperado recibir amor. Tú has hecho volar todas mis
resoluciones; ahora soy todo tuyo, seré lo que tú desees, quizás feliz amándote, pero
nunca de nuevo en paz." Lord Byron a la condesa Guiccioli, 1819.
- ¿Qué es el amor?... he consultado mis sentimientos y no he podido menos de repetir con
Hamlet: ¡Palabras, palabras, palabras! Bequer, 1847.
- "No apetezco sino lo que tú ambicionas para ambos y no por cobardía, sino porque
me doy cuenta de la insignificancia de otros deseos comparados con el hecho de que seas
mía." Freud a Martha Bernays, 1893.
- "Tu amor me ha atravesado y ahora siento mi mente como un ópalo... llena de
matices y colores inciertos, de cálidas luces y rápidas sombras y de música
interrumpida." Joyce a Nora Barnacle, 1909.
- "Pensar que dentro de una semana (tal vez antes) volveremos a vernos me parece una
terrible felicidad; pensar que debo esperar tantos días me parece inaguantable."
Borges a Estela Canto.
- "Cuanto quiero decirte es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido
totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno... Si alguien podía salvarme,
hubieras sido tú." Vriginia Wolf a Leonard Wolf, 1941.
- "He tomado mi café... y he cerrado los ojos para verte, y he exaltado mi amor
hasta la embriaguez. Y hubiera querido prolongar el gozo muchas horas". Gabriela
Mistral a Manuel Magallanes, 1915. (JT) |
INVESTIGACION
Once historias del corazón
Hillary Clinton soportó el chaparrón sin mover un
músculo
en un acto que, a más de sorprender,
emociona ¿Lo hizo
por solidaridad?
¿O por venganza?.
El
elefante y la paloma, el gigante y la cojita
No fueron suficientes 20 años de diferencia y los
recorridos por caminos diferentes para su relación.
La
singular aventura del doctor Eugenio Espejo
"Eugenio Espejo tenía cuentas pendientes con la justicia
y, en acto de generosidad, el presidente Villalengua le permitió que se ausentara a
Lima".
La llama se prende con
la ausencia
Ella nunca se acostumbró a la rigidez de la corte. En una
ocasión escapó de Viena. El emperador Francisco José I, de Austria,
siempre estuvo enamorado de Sisi. |