|
Taxista es torturado en la 'casa blanca', pero según el certificado del centro de
Salud no le había pasado nada.

En el canal que pasa debajo del puente de Zámbiza
yacía Guañuna sin vida
Entre 2000 y 2006, en el país se
registraron 249 ejecuciones extrajudiciales, según un informe de la Comisión Ecuménica
de Derechos Humanos (Cedhu).
De ese total, 164 homicidios fueron perpetrados por miembros de la Policía; 25 los
cometieron militares; 15 corresponden a las Juntas de Defensa del Campesinado; nueve
personas murieron a manos de personal de las cárceles y otras 36 ejecuciones las llevaron
a cabo diferentes personas.
Las estadísticas de la Cedhu también dan cuenta de 206 torturas provocadas por policías
y 25 por militares, durante el mismo período. Esto, además de 3857 agresiones físicas
cometidas por elementos policiales y 1331 por militares.
César Duque, abogado de la Cedhu, manifiesta que los denunciantes de casos de torturas no
solo hablan de los calabozos de la Policía Judicial (PJ), sino de un lugar denominado la
casa blanca, que es manejado por miembros del Grupo de Apoyo Operacional
(GAO).
En octubre pasado, un taxista fue detenido en el sector del Recreo, al sur de la capital.
Cinco miembros del GAO, al mando de un mayor (no publicamos los nombres porque no dieron
facilidades para ubicarlos), lo llevaron en su propio auto a un lugar desconocido, al que
llamaban casa blanca.
El taxista no conoce el lugar exacto ya que le cubrieron los ojos con un saco, pero cuenta
que el carro iba por un camino sin asfaltar. Cuando llegaron le taparon los ojos con papel
y cinta adhesiva, luego cubrieron su rostro con una franela y sobre esta regaban agua para
complicarle la respiración. Al grito de ¡Muérete rápido!, le golpeaban el
abdomen, le pisaban las manos y las piernas...
Mientras lo torturaban le preguntaban sobre una carrera que habían efectuado a Cayambe,
entonces le llevaron a esa ciudad, donde el taxista mostró el lugar a donde había
llevado a unas personas días antes.
De regreso a Quito, los mismos policías lo llevaron a un centro de salud de Chimbacalle,
donde un médico certificó que no presentaba lesiones. El documento costó $1,50. (AA/SR)
El cuerpo de Juan
Carlos Jahuaco mostraba signos de haber sido torturado, pero según la Justicia se trataba
de un suicidio
Transcurría el año 2003. Un fin de semana un
policía, que no estaba de servicio (se hallaba franco), había estacionado su automóvil
en una calle del barrio La Tola, en pleno centro de Quito. Cuando salió a buscar el
vehículo observó que alguien había intentado forzar las seguridades.
Justo en ese momento, pasaba por el lugar el joven Juan Carlos Jahuaco y el policía lo
acusó de haber intentado robar el carro. El muchacho negó la acusación y se alejó
rápidamente del lugar.
Juan Carlos caminó pocas cuadras y se encontró con un grupo de amigos, a quienes contó
lo que le acababa de ocurrir. Mientras el grupo comentaba lo sucedido , el policía llegó
con otros dos uniformados y aprehendió al supuesto ladrón.
Los testigos vieron como le amarraban las manos a las espaldas y se lo llevaban. Nunca
imaginaron que sería la última vez que lo miraban con vida.
Tres días después, el cadáver de Juan Carlos Jahuaco fue encontrado en la quebrada del
río Machángara.
Inicialmente, el caso se ventiló en la justicia común y hubo sentenciados, pero cuando
subió en apelación a la Corte Superior de Quito, los magistrados resolvieron trasladarlo
a la Corte Policial.
Esa instancia absolvió a los acusados, porque, en criterio de los jueces, Juan Carlos se
había "suicidado", es decir, nadie lo empujó al fondo de la quebrada.
La sentencia hizo caso omiso a las evidencias de tortura. Actualmente hay una denuncia en
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. (AA)
Algunos policías no solo detienen, insultan y golpean
también aprovechan para sacar dinero
En junio de 2006, un policía detuvo a Xavier
en el barrio San Juan. La madre aseguró que antes de eso su hijo se encontraba con su
integridad física intacta, pero luego apareció con una lesión cráneo encefálica aguda
y el rostro desfigurado. La Policía dijo que el joven se auto inflingió las lesiones y
no elaboró parte policial hasta 18 horas después de la detención.
En abril del año pasado, Luis, de 20 años, fue detenido por miembros de la Policía
Comunitaria. Tras pedirle los documentos, los policías le pidieron $40 para dejarlo en
libertad. Como no tenía esa cantidad, lo subieron al patrullero y lo llevaron a un cajero
automático para que retire la plata. El intento fue fallido.
Entonces lo insultaron le rociaron gas en la cara. Cuando el joven intentó
escapar, uno de los policías bajó del patrullero y le disparó en la espalda. Luego lo
abandonaron, inconsciente, en la avenida de La Prensa. Actualmente la denuncia se procesa
en la Fiscalía, los policías están acusados por lesiones y fueron dados de baja.
Christian, un mensajero de 25 años, denunció que el 18 de enero de 2006 se vio atrapado
en medio de una protesta estudiantil en las inmediaciones del Colegio Mejía. Debido a la
abundante cantidad de gas, el joven se quedó tendido en el suelo, entonces los policías
lo subieron a un "trucutú".
En el interior fue brutalmente golpeado, agredido verbal y psicológicamente por 10
policías, fue usado como escudo humano, cortaron su cabello con un pedazo de vidrio...
Los policías se quedaron con $120 de su quincena. (AA)

|