Blanco y Negro Periodismo de Investigación
  Quito, Abril 9 de 2007

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Cerca de 250 ejecuciones extrajudiciales en siete años


Taxista es torturado en la 'casa blanca', pero según el certificado del centro de Salud no le había pasado nada.

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En el canal que pasa debajo del puente de Zámbiza yacía Guañuna sin vida

Entre 2000 y 2006, en el país se registraron 249 ejecuciones extrajudiciales, según un informe de la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (Cedhu).
De ese total, 164 homicidios fueron perpetrados por miembros de la Policía; 25 los cometieron militares; 15 corresponden a las Juntas de Defensa del Campesinado; nueve personas murieron a manos de personal de las cárceles y otras 36 ejecuciones las llevaron a cabo diferentes personas.

Las estadísticas de la Cedhu también dan cuenta de 206 torturas provocadas por policías y 25 por militares, durante el mismo período. Esto, además de 3857 agresiones físicas cometidas por elementos policiales y 1331 por militares.
César Duque, abogado de la Cedhu, manifiesta que los denunciantes de casos de torturas no solo hablan de los calabozos de la Policía Judicial (PJ), sino de un lugar denominado la “casa blanca”, que es manejado por miembros del Grupo de Apoyo Operacional (GAO).

En octubre pasado, un taxista fue detenido en el sector del Recreo, al sur de la capital.

Cinco miembros del GAO, al mando de un mayor (no publicamos los nombres porque no dieron facilidades para ubicarlos), lo llevaron en su propio auto a un lugar desconocido, al que llamaban “casa blanca”.

El taxista no conoce el lugar exacto ya que le cubrieron los ojos con un saco, pero cuenta que el carro iba por un camino sin asfaltar. Cuando llegaron le taparon los ojos con papel y cinta adhesiva, luego cubrieron su rostro con una franela y sobre esta regaban agua para complicarle la respiración. Al grito de “¡Muérete rápido!”, le golpeaban el abdomen, le pisaban las manos y las piernas...
Mientras lo torturaban le preguntaban sobre una carrera que habían efectuado a Cayambe, entonces le llevaron a esa ciudad, donde el taxista mostró el lugar a donde había llevado a unas personas días antes.

De regreso a Quito, los mismos policías lo llevaron a un centro de salud de Chimbacalle, donde un médico certificó que no presentaba lesiones. El documento costó $1,50. (AA/SR)

El cuerpo de Juan Carlos Jahuaco mostraba signos de haber sido torturado, pero según la Justicia se trataba de un suicidio

Transcurría el año 2003. Un fin de semana un policía, que no estaba de servicio (se hallaba franco), había estacionado su automóvil en una calle del barrio La Tola, en pleno centro de Quito. Cuando salió a buscar el vehículo observó que alguien había intentado forzar las seguridades.

Justo en ese momento, pasaba por el lugar el joven Juan Carlos Jahuaco y el policía lo acusó de haber intentado robar el carro. El muchacho negó la acusación y se alejó rápidamente del lugar.


Juan Carlos caminó pocas cuadras y se encontró con un grupo de amigos, a quienes contó lo que le acababa de ocurrir. Mientras el grupo comentaba lo sucedido , el policía llegó con otros dos uniformados y aprehendió al supuesto ladrón.


Los testigos vieron como le amarraban las manos a las espaldas y se lo llevaban. Nunca imaginaron que sería la última vez que lo miraban con vida.
Tres días después, el cadáver de Juan Carlos Jahuaco fue encontrado en la quebrada del río Machángara.


Inicialmente, el caso se ventiló en la justicia común y hubo sentenciados, pero cuando subió en apelación a la Corte Superior de Quito, los magistrados resolvieron trasladarlo a la Corte Policial.


Esa instancia absolvió a los acusados, porque, en criterio de los jueces, Juan Carlos se había "suicidado", es decir, nadie lo empujó al fondo de la quebrada.
La sentencia hizo caso omiso a las evidencias de tortura. Actualmente hay una denuncia en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. (AA)


Algunos policías no solo detienen, insultan y golpean
también aprovechan para sacar dinero

En junio de 2006, un policía detuvo a Xavier en el barrio San Juan. La madre aseguró que antes de eso su hijo se encontraba con su integridad física intacta, pero luego apareció con una lesión cráneo encefálica aguda y el rostro desfigurado. La Policía dijo que el joven se auto inflingió las lesiones y no elaboró parte policial hasta 18 horas después de la detención.

En abril del año pasado, Luis, de 20 años, fue detenido por miembros de la Policía Comunitaria. Tras pedirle los documentos, los policías le pidieron $40 para dejarlo en libertad. Como no tenía esa cantidad, lo subieron al patrullero y lo llevaron a un cajero automático para que retire la plata. El intento fue fallido.


Entonces lo insultaron le rociaron gas en la cara. Cuando el joven intentó escapar, uno de los policías bajó del patrullero y le disparó en la espalda. Luego lo abandonaron, inconsciente, en la avenida de La Prensa. Actualmente la denuncia se procesa en la Fiscalía, los policías están acusados por lesiones y fueron dados de baja.

Christian, un mensajero de 25 años, denunció que el 18 de enero de 2006 se vio atrapado en medio de una protesta estudiantil en las inmediaciones del Colegio Mejía. Debido a la abundante cantidad de gas, el joven se quedó tendido en el suelo, entonces los policías lo subieron a un "trucutú".


En el interior fue brutalmente golpeado, agredido verbal y psicológicamente por 10 policías, fue usado como escudo humano, cortaron su cabello con un pedazo de vidrio... Los policías se quedaron con $120 de su quincena. (AA)

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