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LA NOCHE DEL 6 DE ENERO TRES JÓVENES VOLVÍAN
A SU CASA, CUANDO APARECIÓ EL PATRULLERO...
LA ÚLTIMA VEZ QUE
PAÙL GUAÑUNA FUE VISTO CON VIDA ESTABA EN EL ASIENTO TRASERO DE UNA PATRULLA
TRES JÓVENES RETORNABAN a su casa y, en
el trayecto, uno de ellos sacó un marcador para rayar una pared. Así los sorprendió la
Policíal

Una foto de familia: (izq.)
Paúl Guañuna, quien estaba próximo a cumplir los 17 años; al centro, el padre,
Leonardo Guañuña, y Stalin (dcha.), hermano menor
Ya vuelvo mami. Con esta frase y un beso
en la mejilla se despidió Paúl Guañuna Sanguña de su madre, María Piedad Sanguña, la
mañana del sábado 6 de enero. Fue la última vez que ella lo vio con vida.
Antes de salir de la tienda de abarrotes de María Piedad, le pidió $1,50 para viajar en
bus desde Zámbiza (nororiente de Quito), donde vivía con sus padres y dos hermanos,
hasta el colegio Veinticuatro de Mayo. Allí asistiría a un evento deportivo y luego
iría a un festival que se desarrollaría en San Carlos, al norte de la ciudad.
Paúl, quien estaba por cumplir 17 años de edad, vestía jeans, camiseta verde,
zapatillas y una gorra de camuflaje. La madre cuenta que prometió llamarla por teléfono
si demoraba más de la cuenta.
Alrededor de las 09:00, Paúl se encontró con su amigo Christian, de 14 años, y un primo
de este. Juntos subieron a un bus de la Ecovía que los llevó hasta el Veinticuatro de
Mayo. En el lugar estaban otros amigos, entre ellos Pedro.
La simpatía y destreza de las bastoneras motivaron entusiastas comentarios de los
jóvenes, quienes pasado el mediodía salieron rumbo al parque Inglés, de San Carlos,
donde se realizaría un festival de hip hop. Al llegar les dijeron que el evento había
sido suspendido.
Entonces decidieron volver a Zámbiza, pero en lugar de eso caminaron hacia la zona de El
Inca, donde compraron cervezas en una tienda. Eran cerca de las 16:00.
Cuatro horas después se dirigieron a la intersección de las avenidas El Inca y Seis de
Diciembre, donde se alejaron dos chicos que iban a Cotocog. Paúl, Pedro y Christian
emprendieron caminata hacia Zámbiza.
En el trayecto, Pedro sacó un marcador y retó a los otros a pintar las paredes.
Christian aceptó la propuesta y se puso a rayar la palabra mapas, diminutivo
de Mapagüiras, el nombre del grupo barrial al que pertenecían.
Enseguida Pedro gritó ¡corran! y junto a Paúl corrieron en dirección a El
Inca. Pero Christian se quedó inmóvil ante la presencia repentina de un patrullero.
El joven declaró que dos policías le arrinconaron y le quitaron una billetera vacía y
un teléfono celular. Uno de ellos lo golpeó en la mejilla izquierda, luego lo subieron
en el asiento trasero y le rociaron gas.
El patrullero continuó su recorrido por el sector y, al cabo de pocos minutos, Paúl fue
encontrado en uno de los callejones.
Christian recuerda que en un momento el auto disminuyó la velocidad y un policía lo
empujó hacia la calzada. Cuando entreabrió los ojos, lastimados por el gas, vio que el
vehículo se alejaba raudo. Paúl iba adentro. Al día siguiente su cadáver fue hallado
en una quebrada. (LB)
'A cada rato
preguntaban por el jefe de la banda"
Los implicados dicen haber liberado a los
chicos 500 metros antes del puente, porque no conocían la zona
Eran dos policías. Uno era alto y el otro de mediana estatura, refiere
Christian.
Tras golpearlo, lo empujaron al asiento de atrás, por el lado derecho del patrullero.
El más alto, que ocupaba el lugar del copiloto, me preguntaba quién era el jefe de
la banda y como yo no atinaba a responderle me roció gas en el rostro, cuenta el
joven.
Christian recuerda que poco después encontraron a Paúl escondido en un callejón.
El policía alto subió a la parte posterior por la puerta izquierda del auto y le
gritó que se sentara en ese extremo.
Entonces, el uniformado se ubicó en la mitad de los chicos y les preguntó dónde
vivían. Yo contesté que vivíamos en Zámbiza y luego me quedé callado, tenía
mucho miedo, por eso en ningún momento crucé palabra con Paúl, narra el testigo.
El vehículo avanzaba con dirección a esa parroquia y antes de llegar al puente que cruza
con la Nueva Vía Oriental, el policía alzó la mano por encima de la cabeza de
Christian, abrió la puerta y lo empujó a la calzada.
De inmediato, el patrullero emprendió el retorno a Quito, por la vía que pasa debajo del
puente. Paúl iba adentro.
Los policías Claudio Chicaiza y Eduardo Cruz confirmaron la detención de los dos
adolescentes, pero aseguraron que los liberaron unos 500 metros antes del
puente porque no conocían la zona. (LB)
Hallan el cuerpo
en un canal de aguas servidas
La primera autopsia indica suicidio; en la
segunda hay huellas de tortura y quemaduras de cigarrillo.
Eran pasadas las 11:00 del domingo 7 de enero,
cuando Leonardo Guañuna escuchó el rumor de que habían encontrado un cadáver bajo el
puente de Zámbiza.
Enseguida encendió el motor de su taxi y se dirigió al lugar. Allí se abrió paso entre
los curiosos para observar desde el filo del puente, pero no identificó nada, pues el
cuerpo yacía sobre el concreto del canal de la alcantarilla, a unos 50 metros por debajo
de sus pies, en línea recta.
Entonces, los vecinos vieron que el hombre rodeó la estructura y como un gato descendió
por la ladera hasta llegar al canal de las aguas servidas.
Al acercarse al cadáver, dos uniformados de la Unidad de Policía Comunitaria de Zámbiza
le impidieron tocarlo, pero no había duda, el cuerpo que yacía boca arriba, con los
brazos y piernas extendidas, era de su hijo Paúl.
Leonardo alcanzó a ver que tenía una herida en el lado izquierdo de la cabeza así como
espinos y restos de tierra entre la vestimenta. También presentaba huellas de quemaduras
en la mano derecha.
Según los resultados de la primera autopsia, Paúl se suicidó lanzándose del puente, y
menciona lesiones por posible precipitación. Los familiares pidieron una
segunda autopsia y esta determinó que lo habían matado; las manos presentan quemaduras
de cigarrillos, entre otras torturas. (LB)

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