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En la escena del crimen no se
hallaron huellas digitales ni otras evidencias del ecuatoriano Nelson Serrano Sáenz

El pasado 25 de octubre, un jurado del estado de la Florida (EEUU) condenó a la pena
de muerte al ciudadano Nelson Serrano Sáenz.
Este ecuatoriano de 67 años, naturalizado estadounidense, está acusado de haber
asesinado a cuatro personas el 3 de diciembre de 1997.
El crimen perpetrado en contra de George Gonsalves (69 años de edad), Frank Dosso (35),
Diane Patisso (28) y George Patisso (26) ocurrió en una fábrica de sistemas de
transporte para máquinas de lavado en seco, ubicada en Bartow, en el condado de Polk. La
empresa se llama Erie.
Esa tarde, alrededor de las 19:45, las víctimas fueron halladas en el piso de la oficina
principal, en medio de charcos de sangre; los gabinetes, escritorios y paredes estaban
salpicados de rojo. Los cuerpos presentaban varias heridas de bala en la cabeza.
Durante el juicio, la analista de la escena del crimen, Lynn Ernst, dijo que no encontró
ninguna huella digital o la evidencia de ADN que ligara a Serrano con el asesinato.
Mencionó haber encontrado la impresión polvorienta de la suela de un zapato en el
asiento de una silla, la cual habría sido utilizada por el presunto homicida para
alcanzar un arma que estaba oculta en el techo de la oficina.
David Brooks, capitán de Policía de Bartow, señaló que en la escena del crimen se
recogieron 11 cartuchos de un arma calibre 22 y un cartucho de un arma calibre 32, mas no
había muestras de que se hubiera producido un forcejeo.
Hasta mediados de 1997, Serrano fue presidente de Erie. Los otros socios eran Felice
Phill Dosso y Geoge Gonsalves. Ellos lo habían llamado a formar parte de la
empresa por sus conocimientos y experiencia en diseño e instalación de sistemas. Con el
paso del tiempo, su hijo Francisco ingresó a trabajar en el área de contabilidad.
A mediados de 1990, la relación entre Serrano y Gonsalves se deterioró. Según Dosso,
porque este último le había recortado el sueldo al ecuatoriano y le había quitado su
condición de presidente de la empresa.
Los acusadores también afirmaron que Francisco Serrano se negaba a entregar los libros
contables y utilizaba el nombre de la compañía para sus propios negocios. Esto creó
otra fuente de conflicto entre los socios, que concluyó con la separación del hijo del
presunto homicida.
Los defensores de Nelson Serrano manifestaron que el compatriota jamás fue despedido sino
que decidió retirarse voluntariamente al descubrir que había un faltante de $1 millón.
Añadieron que denunció la irregularidad al IRS (Servicio de Rentas Internas de EEUU) e
inició un juicio civil contra Erie para reclamar sus derechos. Entonces, Serrano inició
su propia empresa de transporte de ropa.
Así estaban las cosas el 3 de diciembre de 1997, cuando ocurrió el asesinato.
Las autoridades señalaron como su primer sospechoso a Serrano. Enseguida fueron a su
hogar y aunque hallaron varias armas calibre 22, ninguna de ellas había sido usada en el
crimen.
Para 2000, Serrano retornó al Ecuador. Dos años después fue deportado a los EEUU porque
los investigadores creyeron haber hallado evidencias que lo incriminarían.
El juicio se desarrolló entre septiembre y octubre de este año y concluyó con la
recomendación de nueve, de 12 de miembros del jurado, que pidieron la pena capital. La
jueza que lleva el caso, Susan Roberts, deberá decidir si acoge la recomendación o la
conmuta por la cadena perpetua. (SR/AA)
'En el lugar
equivocado, a la hora equivocada...'
Tres de las víctimas estaban a punto de
salir a celebrar el cumpleaños de los gemelos de la familia
George Gonsalves era ex socio de Nelson Serrano, Frank Dosso era hijo de Felice
Phill Dosso (el otro socio), Diane Pattisso era hermana de Frank y George
Patisso era su esposo.
Según los fiscales, Serrano mató a Gonsalves por venganza y creen que los otros fueron
asesinados por hallarse en el lugar equivocado, a la hora equivocada.
El abogado de las víctimas, Juan Agüero, dijo que la tarde del 3 de diciembre de 1997,
Diane Patisso había ingresado a la fábrica con el propósito de buscar a su marido y a
su hermano, para llevarlos a la celebración del décimo cumpleaños de los gemelos de la
familia Dosso.
Al percatarse de que Diane estaba en la oficina, Serrano la persiguió hacia el vestíbulo
donde le disparó con dos armas a fin de asegurarse de su muerte, pues era la única
testigo del homicidio, añadió el acusador.
Según Agüero, la eliminación de Diane Patisso le garantizaba al implicado que no sería
arrestado. Nada justifica la naturaleza fría y calculadora del asesinato,
manifestó.
Para la Fiscalía, este es un factor legal que justificaría la pena de muerte.
La joven Diane había sido compañera de trabajo de los fiscales de la ciudad de Bartow.
Hasta el día de su muerte fue asistente del fiscal principal. (AA/SR)
Hay 13 huellas
digitales, ninguna es del acusado
No se analizó el ADN de las colillas de
cigarrillos que se encontraron en el lugar del crimen, según la defensa
Los investigadores encontraron 13 huellas digitales en la escena del crimen. Ninguna
era de los empleados de la fábrica. Tampoco pertenecían a Nelson Serrano.
En el lugar también había colillas de cigarrillos. Según la defensa, nunca se
investigó el ADN de estas. Tampoco se analizó el material genético encontrado en las
uñas de las víctimas, que aparentemente habrían luchado con el o los agresores.
Asimismo, debajo del cuerpo de una de las víctimas fue hallado un guante plástico que,
según declaró la analista de la escena del crimen, Lynn Ernst, no tenía ninguna huella
digital o la evidencia de ADN que ligara a Serrano con los asesinatos.
Por eso, en el transcurso del juicio, los parientes de Serrano se solidarizaron con el
dolor que sienten los familiares de las víctimas, pero no podemos permitir que se
trate de inculpar a una persona inocente que desde un principio permitió que se le
investigue total y absolutamente, dijeron.
En cambio, de acuerdo a la versión de la Fiscalía, Serrano tenía motivos de sobra para
matar a Gonsalves, ya que lo había expulsado de la compañía Erie Manufacturing.
Para la oficina del fiscal, la declaración del detective Steve Parker era suficiente para
incriminar al sospechoso. Él manifestó que Serrano le había descrito la mala relación
que tenía con Gonsalves y su otro socio Phill Dosso, padre de dos de las
víctimas. (SR/AA)
Fiscalía
incrimina con tiquetes de parqueo
El imputado se hallaba en Atlanta
(Georgia), a cientos de kilómetros de Bartow

El día en que se cometió el cuádruple
crimen, Nelson Serrano se hallaba en Atlanta (Georgia), en viaje de negocios.
Los abogados de Serrano presentaron videos del hotel La Quinta, de Atlanta, que
certificaron que su defendido se encontraba en ese lugar.
Pero la Fiscalía argumenta que el 3 de diciembre de 1997, Serrano viajó desde Atlanta a
Orlando (Florida), de allí se dirigió a Bartow para cometer los asesinatos, luego
regresó a Orlando, desde cuyo aeropuerto retornó a Atlanta.
También señala que el acusado usó el nombre de su hijo, Juan Agacio, como coartada para
comprar los pasajes.
Con el fin de sustentar la acusación, la Fiscalía presentó dos tiquetes de
estacionamiento del aeropuerto de Orlando. Estos fueron hallados tres años después de
los asesinatos en una caja de zapatos que se salvó de una inundación que afectó las
bodegas de la terminal aérea.
En cada tiquete había una huella digital parcial del dedo índice derecho de Serrano. Uno
presentaba la mitad de la huella y el otro tenía, exactamente, la otra mitad. (SR/CA)
'Me dieron $100
mil para involucrarlo'
En el vehículo no encuentran manchas de
sangre, ni cabellos, ni fibras de ropa...
La Fiscalía presentó como testigo fundamental a un sobrino de Serrano, Álvaro
Peñaherrera, quien supuestamente rentó un automóvil a su nombre. El acusado habría
utilizado ese vehículo para dirigirse a la fábrica el día de los asesinatos.
Según la defensa, esta no es la versión inicial dada por Peñaherrera a la Policía;
tampoco coincide con la declaración realizada después ante el gran jurado. Ante los 12
integrantes de ese cuerpo colegiado habría dicho fui presionado hasta llegar al
llanto, tras afirmar que recibió $100 mil de recompensa por su declaración.
Así, la defensa asegura que la Policía amenazó a Peñaherrera con involucrarlo en
el caso y acusarlo de perjurio si no decía lo que ellos querían oír.
Además, el vehículo rentado por Peñaherrera para que supuestamente lo usara su tío
estuvo en manos de la Policía por varios días y fue minuciosamente registrado. Los
investigadores no encontraron ninguna huella digital, ninguna mancha de sangre, ningún
cabello, ninguna fibra de ropa o evidencia de ADN que relacionara al carro con Serrano.
En lo relativo a las huellas existentes en los tiquetes del parqueadero del aeropuerto de
Orlando, durante el juicio un experto mostró su extrañeza porque en ellos solo aparecen
mitades del índice derecho.
Esto, por dos razones: no se puede coger un recibo con un solo dedo; además los
conductores toman los tiquetes con la mano izquierda, cuando los retiran de los
dispensadores y cuando los entregan (a la salida) a los guardias de seguridad.
Tampoco aparecen en los boletos las huellas de los guardias que los recibieron. (SR/CA)
Fiscalía no
entrega pruebas contundentes
Nadie lo vio y ninguna cámara lo filmó
en los aeropuertos por donde debió pasar
La Fiscalía adujo que Nelson Serrano usó el nombre de uno de sus hijos, Juan
Agacio, para un vuelo y el alias John White para regresar a Atlanta.
No obstante, solo presentó la nómina en la que aparece el nombre de Juan Agacio. Estaba
escrita a máquina (usualmente esto se hace en computadora) y el nombre del hijo constaba
al final. El otro listado, en el que constaría John White, no fue exhibido en
el juicio.
Según la defensa, nadie vio a Serrano en el aeropuerto de Atlanta el día de la masacre.
No existe evidencia de que haya estado en el mostrador de la aerolínea, a la salida
o en el mismo avión, señalaron sus abogados. Añadieron que tampoco existen
pruebas de que el acusado hubiera estado en los aeropuertos de Orlando y de Tampa, o dos
veces en la terminal aérea de Atlanta. Es imposible que Nelson Serrano haya pasado
por tres importantes aeropuertos sin ser filmado por ninguna cámara de seguridad,
argumentaron ante el jurado.
La defensa concluyó que Serrano no pudo haber cometido el cuádruple crimen, porque los
investigadores no hallaron ningún rastro de sangre en la ropa o en su persona.
También hicieron notar que las puertas de la oficina donde ocurrió la masacre no fueron
forzadas y que el imputado no tenía las llaves de acceso.
Además permaneció en los EEUU tres años luego del 3 de diciembre de 1997. Después
viajó al Ecuador. (SR/CA)

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