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INICIALMENTE, LA JUNTA Parroquial apoya a Adelca, pero espera los estudios para confirmar
o desechar su posición
La licencia ambiental para el funcionamiento de la planta
siderúrgica está en trámite, en el Ministerio de Ambiente.
Ese proceso requiere de una auditoría de impacto ambiental que debe presentar la empresa,
manifiesta el subsecretario Roberto Urquizo.
Esto significa que Adelca deberá establecer un plan para prevenir, mitigar y compensar
los impactos ambientales. Hasta tanto, el Ministerio ha dispuesto que suspenda la
instalación de los hornos.
Sobre la chatarra, dice que su exposición ocasiona un impacto, pero evita profundizar en
el tema.
La Junta Parroquial tampoco se ocupa de los desperdicios, aunque sí les preocupa el
impacto que podría provocar el funcionamiento de los hornos.
Por ahora, ellos defienden ardorosamente el proyecto de Adelca, porque confían en su
ofrecimiento de crear 300 nuevos empleos.
El presidente de la Junta, Guido Valencia, cuestiona a los agricultores que se oponen a la
instalación de la planta: En sus haciendas trabajan cuatro o cinco personas de
Alóag y los dueños controlan sus propiedades desde Quito, señala.
Esto lo contrasta con los 700 empleados que actualmente laboran en la acería, de los
cuales la mayoría son de este lugar, asegura.
Otros miembros de la Junta dicen que la empresa ha sido el motor del desarrollo de Alóag
y su gente.
En todo caso, indicaron que esperan el estudio ambiental para determinar una posición
definitiva.
El Consorcio para el Desarrollo Sustentable de Mejía (Codecam) es más cauteloso. Su
representante, Ramiro Barros, dice que esa organización no se conformará con
estudios de papel, sino que espera pruebas reales de que no habrá impacto
ambiental, porque, según sus averiguaciones previas, la contaminación que genera
esta clase de industrias provoca enfermedades como el cáncer.
Mientras tanto, las personas que tienen cultivos junto a la chatarra cuentan que
inicialmente se opusieron al depósito pero ninguna institución les hizo caso. Por eso
llegaron a un acuerdo con la empresa, que les ofreció puestos de trabajo. Algunos
jóvenes del sector ahora trabajan en la fábrica, narra una mujer.
Otras personas afirman que no están afectados sus cultivos ni sus familias, aunque se
muestran seguros de que esto puede suceder con el tiempo.
Solo dos campesinos, de 10 entrevistados por BLANCO Y NEGRO, dijeron que sus hortalizas
presentaron manchas negras, por lo que perdieron la producción. En todo caso, hemos
dejado de oponernos, porque dentro de dos años se acabará la chatarra,
dicen. (MCV/AA)
'Las emisiones de
los hornos son mínimas'
EL AGUA PARA EL SISTEMA DE refrigeración
provendrá de pozos ubicados en los terrenos de la fábrica
El gerente de Adelca, Felipe Avellán, explica
el proceso de fundición de la chatarra para obtener la palanquilla.
Los desperdicios se colocan en un horno, allí toman un estado plástico. Esto se somete a
unos arcos (hornos de arco), donde se logra la fundición del acero.
El acero líquido se coloca en un tercer horno, donde se le añaden otros componentes
químicos. De esto se obtiene una colada que pasa a los moldes y se obtiene la
palanquilla.
El sistema de refrigeración está compuesto de tubos que contienen agua, la cual se
evapora. El líquido provendrá de pozos profundos que serán excavados en los terrenos de
Adelca.
Así, los insumos que requiere la planta son energía eléctrica (para el
funcionamiento de los hornos), agua y oxígeno para avivar la combustión de la
colada, dice Avellán.
Para esto, la empresa instalará una fábrica de oxígeno, de cuya producción consumirá
entre el 60% ó 70% y el resto será vendido en el mercado nacional.
El gerente asegura que los hornos producirán 10 miligramos de emisiones por metro
cúbico, lo que se enmarca en la Ley ecuatoriana que permitiría 120 miligramos. Añade
que el estudio de impacto está listo y presentará la auditoría ambiental el 15 de este
mes. En cuanto a la chatarra, presenta la autorización de la Dirección de Servicios
Públicos del Municipio de Mejía. (MCV/AA)

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