Blanco y Negro Periodismo de Investigación
  Quito, octubre 9 de 2004

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Las FARC 'invierten' en Ecuador


La colaboración de los cuerpos de seguridad del Ecuador y Colombia por poco se pierde el pasado 21 de agosto. La causa fue la detención de dos agentes encubiertos que realizaban tareas sin contar con la autorización y conocimiento de las autoridades ecuatorianas. Este hecho reveló la insistencia de las FARC de usar el territorio nacional para sus operaciones e inversiones económicas

La noche del 21 fue muy agitada

Un incidente abortó la captura de militantes de la organización ilegal más antigua de Colombia. Dos agentes del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) fueron detenidos por la Policía ecuatoriana

La noche del 21 de agosto último se le complicaron las cosas a la Policía ecuatoriana: en la avenida Amazonas, en el secgtor del aeropuerto Mariscal Sucre de Quito, fueron detenidos dos agentes encubiertos del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS).
A las 21:30 se le informó a un alto oficial ecuatoriano sobre la captura y él entró en cólera con su colega colombiano con quien se encontraba reunido en un hotel quiteño coordinando acciones de inteligencia para 10 operativos que estaban en marcha. El reclamo fue porque no se le había informado de la acción 'desautorizada' de esos agentes. La orden fue terminante: los dos agentes debían salir inmediatamente del país por la frontera norte y dejar todo en silencio para no crear más problemas a nivel político.
La Policía ecuatoriana realizaba un operativo de inteligencia en el aeropuerto quiteño porque se presumía el arribo de dos o más dirigentes guerrilleros. En el control, los policías observaron la presencia de dos hombres que deambulaban por las instalaciones aeroportuarias. El acento colombiano, el modo de vestir y mirar, sus movimientos y la actitud de vigilancia resultaron sospechosos y comenzó de urgencia el seguimiento. Se presumía que eran colaboradores o miembros de las FARC que esperaban el arribo de sus dirigentes para trasladarlos a alguna casa de seguridad.
Al percatarse de la vigilancia, los agentes colombianos salieron, tomaron un taxi y, en la avenida Amazonas, fueron interceptados y bajados a la fuerza. Por cerca de una hora, se los interrogó hasta que, tras varias llamadas telefónicas y consultas a alto nivel, se comprobó que eran miembros del DAS.
A esa misma hora, en otro hotel, en la zona más comercial y turística de Quito, se realizaba la boda de la hija de un refugiado colombiano en Venezuela. Los cuerpos de inteligencia colombianos interceptaron, 15 días antes, varias comunicaciones y sospecharon que a esa fiesta, a más del padre de la novia, arribarían varios dirigentes de las FARC.
Existía la sospecha que la fiesta sería el gran pretexto para camuflar el encuentro de viejos amigos y de paso coordinar algunas tareas pendientes en las llamadas 'retaguardias' de las FARC. Es decir, tareas encomendadas a sus militantes en el Ecuador y Venezuela.
La fiesta, que costó cerca de $6 mil, fue a lo grande desde las 21:30, de ese sábado: los novios se trasladaron en automóvil Mercedes Benz blanco desde la iglesia, a dos cuadras del hotel; salón colmado de rosas blancas y amarillas, para recibir a 150 invitados, algunos colombianos y la mayoría ecuatorianos. La recepción terminó alrededor de las 03:00 del 22 de agosto. Los novios y los invitados se quejaron de la atención porque se demoraban en servir los platos de comida y los bocadillos de sal y dulce. El hotel les garantizó que, la próxima vez no pasaría lo mismo. Incluso, les dieron a los novios una cena de lujo un mes después. La novia agradeció el gesto.
En todo momento, los recién casados, sus parientes e invitados fueron vigilados por personal policial de Colombia y Ecuador. Todo se hizo sin conocimiento de los empresarios del hotel. En un hotel de cinco estrellas, a pocas cuadras de la recepción matrimonial, se coordinaba el operativo de vigilancia y control. Allí, los oficiales colombianos se registraron como empresarios y pidieron un salón para reuniones durante una semana. Todos llegaron desde diversos puntos para no levantar sospechas.
Las reuniones con los oficiales ecuatorianos se produjeron como si se trataran de citas de negocios de firmas internacionales con sus filiales en el Ecuador. Se revisaron fotos e 'identikits' de algunos dirigentes guerrilleros, como Raúl Reyes e Iván Ríos. Se analizó, también, la lista de los colaboradores ecuatorianos de las FARC.
El día clave era el 21 de agosto. Por eso, se implementaron varios operativos de vigilancia en los aeropuertos de Quito y Guayaquil, en los pasos fronterizos por tierra y en las casas de los colaboradores identificados por los cuerpos de inteligencia. No se descarta que se hayan interceptado teléfonos de algunas personas, particularmente colombianos residentes en el Ecuador que mantienen negocios y actividades legales y que sirven de apoyo marginal a las FARC.
Pero todo se vino a pique cuando se produjo el incidente de la detención, que revelaría a la Policía ecuatoriana la actividad arbitraria de los cuerpos colombianos de inteligencia y seguridad en la lucha contra la guerrilla de las FARC.
Superado el percance, en los últimos días se han retomado las tareas conjuntas. Siempre se cuidó que se filtrara la información en los niveles políticos y autoridades gubernamentales para no perturbar las buenas relaciones entre los dos gobiernos. (OP)

LOS DATOS

Los actores de la colaboración mantienen reserva sobre los hechos

El comandante general de la Policía del Ecuador, Jorge Poveda, a través de su vocero Manuel Sarmiento, negó que se hubiera realizado un operativo para capturar a los agentes encubiertos del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) de Colombia.

Dos oficiales de la Policía ecuatoriana fueron consultados sobre los hechos ocurridos el 21 de agosto y confirmaron, en parte las versiones que desde Bogotá hicieron los oficiales del DAS sobre el mismo operativo.

Los nombres de los hoteles donde se realizaron las reuniones y la boda se mantienen en reserva para no perjudicarlos y también para no entorpecer los operativos de inteligencia que todavía mantienen los cuerpos de seguridad de Colombia y el Ecuador.

En el último año, los cuerpos de inteligencia de los dos países han realizado varias operaciones conjuntas. La más 'sonada' es la de la captura del comandante 'Simón Trinidad', en enero de este año, pero sobre la cual se crearon varias interpretaciones.

Para la dirigencia de las FARC, la colaboración entre los cuerpos de seguridad de los dos países no es solo una tarea autónoma sino que cuenta con la dirección de la Central de Inteligencia Americana (CIA), como lo indicaron el comunicado de enero, publicado en página web, tras la detención en Quito, de 'Simón Trinidad'.
Para un militante de las FARC, que realiza actividades políticas en el Quito, el operativo del 21 de enero revela cuánta presencia tiene la Policía colombiana en Ecuador. Según él, las reuniones de altos dirigentes guerrilleros no se realizan fuera del territorio colombiano. "Muy rara vez se puede tener a más de un alto dirigente juntos, por seguridad", dijo. (OP)

Las FARC están, pero nadie lo admite

La captura del guerrillero Ricardo Palmera (Simón Trinidad) ha sido el único hecho concreto sobre la presencia del grupo armado de Colombia. El silencio oficial solo explicaría que su incidencia es importantes

La 'presencia real' de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el Ecuador es asimilada con mucha reserva en varios círculos políticos del país y con un total hermetismo entre las autoridades militares y policiales.
El único antecedente sobre actividades concretas de ese movimiento armado colombiano en suelo ecuatoriano fue la detención y la posterior deportación, el 3 de enero de 2004, de Ricardo Palmera, alias 'Simón Trinidad', considerado un alto dirigente y el encargado de las finanzas de las FARC.
¿Qué hacía el guerrillero en el Ecuador? ¿Estaba aliviándose de algún malestar dentro de un descanso rutinario? ¿Participaba en la preparación de alguna actividad operativa, política o económica del grupo?
La serie de aclaraciones entre las autoridades gubernamentales, policiales y diplomáticas de ambos países, sobre la autoría de esa captura, se encargaron de confudir el alcance de las actividades de Ricardo Palmera. Las autoridades militares de Colombia atribuyeron a un trabajo de inteligencia de ese país; el Ministerio de Gobierno señaló que fue una acción rutinaria y la diplomacia de los EEUU destacó el apoyo de su país al entrenamiento de efectivos ecuatorianos que ayudó a la captura.
La abrupta deportación hacia Ipiales (Colombia) apagó una ola de especulaciones que empezaban a surgir en suelo ecuatoriano con relación a las actividades de Trinidad y sus alcances. Y hasta hoy, no hay una versión oficial que explique la presencia del insurgente, más que el argumento legal de que se trataba de un indocumentado y que por eso se dispuso su salida. El propio secretariado de las FARC, al final, admitiendo la importancia del guerrilero, dijo que su misión era buscar una salida al secuestro de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y de otras personas.
BLANCO Y NEGRO buscó información en el Ministerio de Defensa y el Comando Conjunto de las FFAA sobre la influencia de las FARC en el país y la respuesta fue el silencio.
Un experto militar del vecino país considera que este silencio solo explicaría que esa incidencia puede ser importante y en varios niveles. Pero, entrar en detalle podría afectar el trabajo de seguimiento de los servicios de inteligencia de cada país, pues habría más que simples indicios de que las FARC tienen presencia en el Ecuador en los campos financiero, logístico y político. No así en lo militar, pues acciones de ese tipo no convendrían a las FARC, políticamente, porque en en perspectiva cualquier tipo de arreglo supondría una negociación política, aún después de un desenlace militar en contra, como es el criterio del coronel (r) Luis Hernández y otros expertos militares ecuatorianos.
De ahí que se explique, por otro lado, la importancia que las FARC le han dado, en varios momentos, al país para la difusión de sus proclamas políticas, desde la influencia de las ondas de Radio Resistencia en varios puntos de la selva de Sucumbíos hasta los contactos con periodistas ecuatorianos para concretar entrevistas con los voceros del grupo armado.
Uno de esos nexos habría sido, en el preámbulo de la campaña electoral de 2002, el secretario del Partido Comunista del Ecuador, Gustavo Iturralde, como un enlace con varios reporteros de periódicos y radios nacionales, para un diálogo directo, vía telefónica, con Raúl Reyes, el portavoz oficial de las FARC. Pero ese caso no sería el único, pues la política del movimiento es la de alternar las conexiones.
En círculos políticos también es vox pópuli las relaciones de movimientos y partidos de izquierda. La última referencia directa sobre posibles contactos de dirigentes de las FARC con políticos ecuatorianos es una reunión mantenida en México; un taller auspiciado por el Partido de Trabajadores de ese país, al cual fueron invitados directivos del Movimiento Popular Democrático y Sociedad Patriótica, según consta en la denuncia presentada en el Tribunal Supremo Electoral por el diputado Carlo González, sobre supuestos aportes extranjeros a la campaña de Lucio Gutiérrez. (LB)


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