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Una nueva corriente promueve el fortalecimiento de la cultura para superar las penurias
locales
El boom futbolero también volvió la
mirada de aquellos afrochoteños que salieron antes y quieren volver, motivados igualmente
por el éxito deportivo de algunos coterráneos.
La mayoría son profesionales involucrados al arte y la investigación. El reto es que las
comunidades acepten sus propuestas. Ese es el caso de los jóvenes agrupados en la
fundación Piel Negra, que promueve el fortalecimiento de la autoestima y la cultura. La
nueva corriente debe romper con los esquemas paternalistas, expresados en los planes
manejados por las ONG, asociaciones locales y la iglesia.
Manuel Figueroa, vicario de Ibarra, señala que la Iglesia también está procesando los
cambios. Insiste en que el trabajo va en función del hombre y su cultura, sin sesgo
racial. Y enfatiza que es de doble vía, pues durante mucho tiempo a los afrochoteños se
les ha dado apoyo sin exigir nada a cambio.
Para José Chalá, del Cifane, la única forma de vencer los vicios del pasado es abrir
los espacios de decisión a los afrochoteños, en donde deben procesar sus
contradicciones, como la división y la falta de organización. (LB)
OBRA PARADA
-Los servicios básicos en las comunidades del Chota son deficientes, pese a
estar a lo largo de los ejes viales que conectan Imbabura, Carchi y Esmeraldas
-Todas las poblaciones carecen de agua potable. Las comunidades se abastecen de canales de
riego, a los que se da un tratamiento mínimo.
-El acantarillado en las centros poblados más grandes tiene un promedio de
cobertura del 50%. Los desechos van sin tratamiento a los ríos, junto con la basura.
-Los subcentros y centros de salud del Ministerio y el Seguro Social Campesino solo
atienden dos o tres días a la semana y están desabastecidos.
-No hay farmacias privadas y las emergencias deben atenderse en Ibarra, Mira o
Pimampiro. Hay organizaciones privadas que dan atención y medicamentos.
-Cada comunidad tiene su escuela. Hay tres colegios en la zona. La crisis agrícola
amplió la oferta educativa. Al tema agrícola se agregaron las ciencias sociales.
-Entre los grandes proyectos pendientes en la zona están los sistemas de agua
tratada, el complejo deportivo de El Juncal, el puente de La Concepción.
-La vivienda es otro factor de la pobreza. En 1998, la Curia inició un plan de vivienda
para madres solteras, pero algunas no han cumplido con el pago.
Los adolescentes emigran
La emigración es la aternativa a la falta de trabajo para los jóvenes del Chota. El
efecto: familias desmembradas y el campo abandonado, dice Benedito Méndez, vicepresidente
de la Junta Parroquial de Ambuquí.
Con o sin formación secundaria, los jóvenes salen a Ibarra y Quito, a formar parte -en
la mayoría de casos- de los cinturones de miseria.
En la última década, los éxitos de futbolistas coterráneos han alentado ese proceso
entre los varones. La desilusión ha marcado a la mayoría, con el agravante de que muchos
interrumpieron sus estudios para probar suerte, dice Patricio Delgado, de la fundación
Agustín Delgado.
La suerte de las jóvenes no es mejor. Pero hay iniciativas con gran aceptación, como la
manufactura de las artesanías en arcilla de las mujeres de Mascarilla. (LB)
¿El paternalismo termina?
En los últimos años surgió una corriente en el Valle del Chota que promueve la
organización y el desarrollo integrales de los afrochoteños, como respuesta a las
prácticas asistencialistas y paternalistas tradicionales.
La Federación de Comunidades y Organizaciones Negras de Imbabura y Carchi (Foconic)
plantea reivindicaciones globales (derechos sociales, ley de circunscripciones
territoriales y etnoeducación). Desde esa instancia, se inició el proyecto del Centro de
Investigaciones Familia Negra de la tuna-cochinilla como un soporte comunitario a gran
escala.
Hasta ahora se han dado iniciativas locales para proteger el recurso humano, como la
escuela deportiva Agustín Delgado, el Centro de Alto Rendimiento de Salinas, de la Curia,
o las brigadas médicas de Piquiucho, de Ulises de la Cruz. (LB)
PUNTO DE VISTA
Negros y pobres, doblemente marginados
Dos años atrás el Valle del Chota se constituyó para los
ecuatorianos en una suerte de pueblo mágico: de ese suelo habían salido los deportistas
que hicieron posible alcanzar el sueño de llegar, por primera vez, a un Campeonato
Mundial de fútbol.
Entonces, el Chota fue el epicentro de la alegría y el optimismo. El pueblo fue visitado
por autoridades, dirigentes, curiosos y periodistas. Los canales de TV transmitían en
vivo y en directo, no solo porque allí estaba la noticia, sino porque se juraba que su
gente tenía que ser reivindicada por la sociedad, por años de marginación.
Pero los pocos beneficios que recibió la comunidad los dieron futbolistas como el 'Tin'
Delgado y Cléber Chalá, quienes entregaron recursos económicos y dieron su tiempo para
compartir con su gente, levantando la autoestima de ese colectivo, al que ayudan por medio
de fundaciones. Pero, para el resto del país, el Chota volvió a su 'estado natural' de
abandono, y ya nadie se acuerda de su gente.
La marginalidad está a la vista; la gente del Valle no tiene futuro, los servicios
básicos son inexistentes, la educación deficiente y ni siquiera se ha podido terminar un
puente, por el que la población espera 50 años. El Chota es el reflejo de una realidad
que unos se esfuerzan por cambiar y que otros prefieren no admitir, pero que es una verdad
lacerante: negros y pobres, doblemente marginados. (TFF)
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