Una fuente cercana a los Latin Kings
aseguró que los fundadores del grupo son 'Bojean' y 'Plocky' y sus edades están en
alrededor de los 40 años de edad.
Los Ñetas, 'nación' que se ha identificado como enemiga de los Latin King fue fundada
por Daniel G., mientras que Master of the Street (señores de las calles) es una
organización que está liderada por una persona que se hace llamar 'Pajarito'. (JVR)
Los Ñeta hablan de la supervivencia
"Lo que sustenta la rivalidad entre varias 'naciones' es la lucha por mantener el
dominio sobre nuestro territorio y 'conquistar' otros, a pesar de que en el camino se
tenga que luchar hasta la muerte", indica Raúl, un integrante de una 'nación' de
Mapasingue (noroeste de Guayaquil) que estudió en el Instituto Suárez, colegio donde
tuvo la 'oportunidad' de involucrarse.
Quienes integran las 'naciones' deben identificar, entre sus primeras tareas, la hermandad
o rivalidad que se da entre las diferentes 'naciones' que existen en Guayaquil. Así, un
miembro de los Ñetas debe asumir la rivalidad con los Latin Kings y los Master of the
Street.
"La supervivencia en un territorio y la capacidad de dominar otros, se debe ganar
para atraer el respeto de tu grupo. Por eso, muchos desarrollan ese principio en las aulas
porque hay la oportunidad de adquirir cierta superioridad", admite Juan, de 17 años,
miembro de Los Ñeta.
La rivalidad entre las pandillas admite cierto grado de violencia que llega a su punto
extremo con el uso de armas. (JVR)
Inmigrantes ponen sus reglas en Quito
En junio del año pasado, un nombre comenzó a ocupar las primeras páginas de los
periódicos: Los Bayardos, una pandilla que operaba en Quito, en el sector de El Inca, al
norte de la ciudad.
Alrededor de 40 jóvenes, casi todos inmigrantes -panaderos, albañiles, carpinteros, con
edades entre 15 y 25 años-, tenían como sitio de reunión el restaurante El Calamar. En
los bajos funcionaba una especie de discoteca los fines de semana
A las 20:30 del sábado 30 de junio de 2001 ese centro de diversión ya estaba repleto.
Los Bayardos comenzaron a llegar en pequeños grupos. En plena fiesta, un muchacho
ingresó a la discoteca para informar a sus compañeros sobre una gresca que se había
iniciado en la avenida Seis de Diciembre y la calle Isabela.
Parte de los integrantes de Los Bayardos se enfrentaban con un grupo de Cumbayá. Cuando
Los Bayardos estaban casi perdidos, llegaron los refuerzos del restaurante El Calamar. El
resultado: cuatro personas murieron en la pelea, apuñaladas. Inmediatamente fueron
detenidas cuatro personas. (JT)
Armas de fuego por $20 o $30
La violencia a la que pueden llegar las 'naciones' se evidenció, al parecer, en el
último día de enero, cuando un sujeto apodado 'El Chacal', un presunto integrante de los
Latin Kings, disparó a su compañero de aulas, Leonardo Medina, en el colegio Francisco
de Orellana. La hipótesis que se tejió después de la muerte del estudiante fue la de
una posible venganza. El arma utilizada: revólver calibre .38.
En menos de 48 horas, otro incidente estudiantil involucraba a Michael Soto Franco,
presunto integrante de los Latin Kings, que había amenazado de muerte a un alumno del
colegio Carlos Arosemena Tola. El arma decomisada en este caso: revólver calibre .38.
Son armas de fácil consecución, según los jóvenes pandilleros. La bahía Huayna-Cápac
es el centro donde se puede encontrar a los proveedores. "En la bahía son bien
accesibles se pueden comprar .38 nacionales y .9 milímetros niqueladas, usadas, entre $20
y $30", indicó Diego, un Latin King miembro de una célula del norte de Guayaquil.
(JVR)
Proyectos con apoyo de la
Embajada Británica
La Fundación de apoyo social guayaquileña
Cefocine, que forma parte integral de la Comisión Antipandillas (encargada de elaborar el
plan de prevención, control y rehabilitación para los menores que incursionan en el
pandillerismo), elabora desde hace tres años un ambicioso proyecto de rescate social que
beneficiaría a cientos de jóvenes de barrios marginales, gracias al apoyo de la Embajada
Británica.
Su centro de operaciones, por el momento, son cinco cooperativas de la vía a Daule,
donde, al menos, operan un total de 120 pandillas juveniles de alta peligrosidad; una de
ellas, los Ñeta'. Allí, un grupo de 18 docentes evalúan el modus vivendi de cada
individuo; hacen entrevistas y dictan charlas.
La docente guayaquileña Maribel Ruiz asegura que existen casos de menores, en su mayoría
estudiantes, que rechazan ser identificados con las pandillas juveniles solo por llevar un
corte de cabello informal, ropa holgada y hasta tatuajes en el cuerpo. De acuerdo con
investigaciones de campo, hay tres causas por las que un menor ingresa a las bandas
juveniles: primero, por la protección que no posee en el núcleo familiar en el cual se
desenvuelve; segundo, por ganar reconocimiento y prestigio (utilizan códigos, normas,
preceptos) en su territorio; y, finalmente, por la falta de espacio recreativo para
expresarse.
Pero, ¿hacen falta propuestas preventivas en los centros de enseñanza básica? Nelsa
Curbelo, directora de la ONG Ser Paz, quien trabaja en el Plan Antipandillas con la
Subsecretaría de Educación y Bienestar Social del Litoral, dice que con el apoyo de la
empresa privada y del Gobierno se podrían emprender algunas acciones positivas para los
estudiantes sospechosos de pertenecer a grupos conflictivos. Una de ellas sería la
creación de un fondo denominado 'el banco de jóvenes', para desarrollar actividades de
orden educativo y recreacional con las pandillas.
"Lo primordial es sacar adelante el programa y que todos pongamos un grano de
arena", argumenta Curbelo. Ser Paz trabaja con tres educadores sociales y 30
docentes, en los establecimientos Leonidas García, Atti Pillahuaso, Eloy Alfaro, Agua
Viva, Tepeyac, Provincia del Carchi, José Vicente Trujillo, Provincia de Bolívar, Carlos
Estrellas, Francisco de Orellana, Otto Arosemena, Jorge Icaza Coronel, Provincia del
Azuay, Emilio Murillo, CFM-G3 y el Morán Valverde. (CHM)
En los colegios
Las ONG consultadas coinciden en que el
problema del pandillerismo en los colegios de Guayaquil podría tener una 'cura
sustancial', si es que los rectores y hasta sicopedagogos no ocultaran la realidad ni
desecharan propuestas idóneas de prevención.
Una muestra realizada por Ser Paz, en abril de 2001, a 11 establecimientos educativos
(nueve fiscales y dos fiscomisionales), reveló que 52% de los alumnos conocían a
pandilleros que estudian en colegios. Posteriormente, trabajadores sociales y docentes de
los departamentos de orientación y bienestar estudiantil de 48 colegios de Guayaquil
fueron invitados a formar parte de procesos de prevención, en octubre de 2001. Solo 16
accedieron al propósito de capacitación, diagnóstico, actividades recreativas y
jornadas de evaluación.
Según Ser Paz, 450 alumnos de los paralelos del ciclo diversificado (331 varones y 119
mujeres) obtuvieron una ficha de inscripción en la cual contestaron preguntas
alternativas: 43% dijeron haber sido invitados a formar parte de una pandilla o 'nación',
26% señalaron sentirse motivados a integrar parte de una pandilla o 'nación'; 16%
aseguraron que había pertenecido a una pandilla o 'nación', y 10% de estudiantes
afirmaron ser parte de una pandilla o 'nación'. (CHM)
ANALISIS
Hay que actuar de forma urgente
Los testimonios entregados por los propios integrantes de las llamadas 'naciones' (grupos
de pandillas) son espeluznantes. Carentes de afecto y protección familiar, los jóvenes
buscan refugio en lo que, en un primer momento, es apenas un grupo de camaradería, para,
poco a poco, desviar la unión fraternal y de amistad por el cometimiento de hechos de
violencia, incluso de asesinatos.
Pero el fenómeno pandillero no es nuevo en el mundo; en varios países su existencia ha
sido un dolor de cabeza enorme para los Estados, que han debido trabajar por años para
lograr, por lo menos, disminuir su malévola influencia.
Los hooligans en Inglaterra, por ejemplo, llegaron a constituir (y lo siguen siendo de
forma esporádica) un lastre enorme para ese país, aunque hay que decir que esta
organización se 'gestó' a partir de la unión de hinchas del fútbol.
Y ¿quién no ha escuchado las historias del Bronx de Nueva York, donde la delincuencia
pandillera llegó a asustar, incluso, a la Policía, que no podía ingresar a ese barrio.
Pero estas ciudades, Londres y Nueva York, por ejemplo, han hecho enormes esfuerzos,
elaborando verdaderos planes de reinserción de estos grupos marginales, que, poco a poco,
han aflojado las tensiones, a pesar de que el conflicto se mantiene.
Eso mismo deben hacer las autoridades ecuatorianas, en especial las de educación y
bienestar social, que no pueden mantenerse impávidas o solo hacer declaraciones cuando el
problema de las pandillas se está extendiendo de forma alarmante.
De las pocas estadísticas que se disponen en el Ecuador, se habla de que existirían
alrededor de 39 000 pandilleros entre Guayaquil y Quito, razón suficiente para iniciar de
forma urgente acciones encaminadas a detener, por lo menos, su crecimiento.
No obstante, hace falta que se consulte a expertos, y se apele a organismos
internacionales que ayuden a combatir este mal, puesto que se sabe que la represión es el
peor camino para intentar detener a estos grupos violentos.
Pero la labor debe ser global: de los padres de familia que tienen que asumir su
responsabilidad, de quienes se quedan a cargo del cuidado de los niños, debido a que sus
padres trabajan o que han emigrado, pero en especial de las escuelas y la comunidad toda.
En este contexto, los medios de comunicación, en especial los audiovisuales, que ejercen
inmensa influencia en los chicos, deben comprometerse a revisar sus políticas en lo que a
programaciones respecta, puesto que las imágenes de violencia y de bandas organizadas son
el peor ejemplo para los jóvenes desorientados.
Asimismo, la dirigencia política bien haría en morigerar su vocabulario para que los
jóvenes no crean que las palabras de grueso calibre y los insultos son parte del estatus
de una autoridad. (TFF)