Posteriormente lo publicó el profesor
Franz Cumont, de Gante", escribe Segundo Moreno Yánez, para recordar los
antecedentes de la celebración que se llevará a cabo en el país este lunes; la llamada
Saturnalia, en honor a Saturno, deidad romana identificada con el griego Cronos, según
consta en el tercer volumen del diccionario enciclopédico Grijalbo, en la página 1 673.
"Fue expulsado por Júpiter del Olimpo por haber enseñado la agricultura a los
hombres (...). Sus fiestas eran las saturnales, a fin de año, culto de la fecundidad
donde se alteraba el orden de las cosas", dice el mismo diccionario enciclopédico,
mientras que el de la Real Academia define a estas festividades como "una orgía
desenfrenada".
Julio Pazos Barrera
recuerda haber visto
quemar 'monigotes'
en Valencia, España,
el día de San José
El manuscrito hallado en la Biblioteca de
París describía con meticulosa exactitud, según las palabras de Segundo Moreno Yánez,
las fiestas en las que se negó a participar el soldado romano Dasio, considerado luego
mártir, por la Iglesia católica.
Treinta días antes de la Saturnalia, los soldados romanos de Durostorum (actual
Bulgaria), elegían de entre su grupo a un joven para vestirlo con atavíos reales como si
fuera Saturno.
El joven elegido debía presentarse ante la gente, acompañado de la soldadesca, "con
licencia para entregarse a sus pasiones y gustar de todos los placeres, por viles y
repugnantes que fuesen. Su reinado era alegre pero de corta duración y terminaba
trágicamente. Cuando finalizaban los 30 días y era llegado el festival de Saturno, se le
degollaba ante el altar del dios que había personificado".
'Es la industria de
la fugacidad del tiempo,
porque cada año
se repite lo mismo',
dice el poeta Julio Pazos
Fue en el año 303 de nuestra era, si
seguimos al antropólogo, cuando el elegido resultó ser el soldado cristiano Dasio,
"quien se negó a hacer el papel de dios pagano y profanar sus últimos días en el
libertinaje. Las amenazas y razones de su oficial Basso no pudieron conmover su firmeza y
por ello fue degollado en Durostorum, el viernes 20 de noviembre, a la hora cuarta",
según cita Moreno Yánez.
Esas eran las francachelas invernales de la Roma contemporánea de poetas como Virgilio,
Horacio y Tácito, en donde el rey del desorden no cumplía el simple papel de bufón,
hasta llegada la hora de su sacrificio.
Moreno Yánez asegura que la muerte del 'rey de burlas' fue una costumbre que se mitigó
conforme avanzaba la civilización, pero que se mantuvo y se mantiene con muertes
simbólicas en Italia, España y Francia, en los países con mayor influencia romana,
según recuerda el antropólogo, y que, por el mismo proceso de colonización, llegó al
continente americano revestido de otras formas.
"El último día del año alcanza su auge el período festivo de 'Inocentes' (que
empezó ayer) con la 'quema del año viejo': símbolo del año que termina. Ya que en
estos días, como en la Saturnalia, se celebra el mundo al revés, es la oportunidad para,
en medio de mascaradas, criticar a los poderosos, sean estos gobernantes, políticos o
empresarios. Por lo menos durante este día el pueblo asume el papel de juez y condena los
acontecimientos protagonizados por esos personajes, en el transcurso del año que
termina", dice Segundo Moreno.
Por algo el sicólogo Rodrigo Tenorio Ambrossi define la 'quema del año viejo' como un
acto mágico y simbólico que construye un abismo de tiempo entre dos momentos "para
que el año vivido vaya a formar parte irreversible de lo que nunca volverá a ser, y
aparezca el futuro como un camino incierto y por hacer, como única realidad con la que es
posible contar".
Pese a que la costumbre festejar al año viejo está bastante arraigada en el país y en
otras partes del mundo, la expresión aún no se encuentra recogida en la última versión
del Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española. En el amplio
artículo dedicado al vocablo de género masculino año, del latín annus ("Tiempo
que tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del Sol. Equivale a 65 días, 5 horas, 48
minutos y 46 segundos. Período de 12 meses, a contar desde el día 1º de enero hasta el
31 de diciembre, ambos inclusive".) solo se recoge la expresión Año Nuevo: "El
que está a punto de empezar o el que ha empezado recientemente".
Es el Diccionario del folklore ecuatoriano, del brasileño Paulo de Carvalho-Neto, el que
recoge, aunque de manera sucinta, según reconoce el autor, la expresión 'año viejo'.
"Muñeco de trapos y pajas generalmente hecho por niños con ropas viejas, para ser
quemado la noche del 31 de diciembre. Simboliza el año que finaliza. En otras partes de
América se lo conoce por Judas (Brasil y Uruguay, quemados el sábado de aleluya y en
Navidad, respectivamente)", dice el texto publicado en 1964, con el auspicio de la
Casa de la Cultura, y con prólogo de Benjamín Carrión y Humberto Toscano.
En las festividades
religiosas, en Guayaquil,
los 'monigotes' eran
colgados de sogas
y paseados por plazas
Paulo de Carvalho-Neto narra cómo en Quito
quienes fabrican el muñeco se ponían una máscara y se cubrían el cuerpo con una tela
negra. Eran hombres a las que se llamaban 'viudas'. El editorialista de HOY, Pepe Laso, al
finalizar el 2000, entre mascaradas y 'quemas de años viejos', escribió que las caretas
revelan las verdades más profundas, porque detrás de una careta todos somos iguales, las
'viudas' son hombres.
Una historia de
la quema de muñecos
se encuentra en
las Crónicas
del Guayaquil Antiguo,
de Modesto Chávez
"En nuestra antigua tradición
popular, al finalizar diciembre, los muchachos del barrio fabricaban, con relleno de
aserrín o viruta, y vestimenta de ropa desechada, un muñeco, símbolo de las vivencias
felices o frustrantes del año transcurrido; cargando con él, recorrían la ciudad,
solicitando 'una caridad para el 'año viejo'. Uno de ellos se pintarrajeaba y disfrazaba
con ropas negras y representaba a 'la viuda del viejo' que los acompañaba en su
peregrinar limosnero, entre lamentos y sollozos histriónicamente teatralizados, que
constituían la recreación del pueblo espectador de tan divertido cortejo. El dinero que
solicitaban los chiquillos y la 'viuda' era supuestamente para costear los gastos del
entierro del anciano que sería quemado la noche del 31. En realidad, los valores
recaudados servían para resarcirse de los gastos de fabricación del 'monigote' y de
adquisición del consabido relleno de petardos, camaretas y otros instrumentos de
explosión que condimentaban el espectáculo final de la quema", recordaba el
editorialista de HOY, Enrique Valle Andrade.
Esta tradición, que apareció en Guayaquil en 1895, de acuerdo con Carvalho-Neto, se ha
acoplado a los tiempos con nuevos detalles que se van transformando en parte del ritual,
como la popular canción El año viejo, del casi olvidado Tony Camargo, uno de los
símbolos del quehacer musical afroantillano de México: "Yo no olvido el año viejo,
porque me ha dejado cosas muy buenas./ Me dejó una chiva, una burra negra, una yegua
blanca y una buena suegra", dice la melodía que, de seguro, se volverá a escuchar
este lunes. (JT)