SÁBADO 29 DE DICIEMBRE DE 2001

El papel marca las diferencias

Vendados los ojos, les disparaban

• Los 'años viejos' son una costumbre urbana, según Juana Córdova. En el campo no tienen tanta acogida.

• Cada pandilla se conformaría por 120 integrantes, que atraviesan cuatro fases para ser parte de ellas.

'Hasta 1860, Quito mostraba tres tipos de fiesta: primero, festividades generales de origen cristiano que debían celebrarse en todas las sociedades; segundo, fiestas generales de origen andino, generalmente incaicas, que debieron ser oficializadas por los poderes coloniales y republicanos; y, tercero, innumerables fiestas locales y barriales que se celebraban en ámbitos reducidos y que no intentaban o no lograban hegemonizar a las demás", escribe el antropólogo y profesor ecuatoriano, Galo Ramón Valarezo.
En el primer grupo de fiestas de origen cristiano, Galo Ramón inserta las del año viejo (pese a su origen pagano), que se celebra en el país el último día del año calendario con la fabricación de 'monigotes', que recuerdan un hecho especial o un personaje que hizo noticia y que luego son incinerados. Es una 'carnavalada', la celebración del mundo al revés que tiene un origen romano, según el conocido antropólogo y editorialista de HOY, Segundo Moreno Yánez. Pero, paradójicamente, la expresión no se encuentra consignada en el Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española. "En algún año del siglo XIX se descubrió en la Biblioteca de París un manuscrito griego que contenía el relato del martirio de San Dasio.

El año viejo, simbolismo y magia entre dos momentos

En tiempos coloniales, en el puerto principal los misioneros enseñaron a quemar muñecos para recordar el castigo que se daba a los herejes.

Posteriormente lo publicó el profesor Franz Cumont, de Gante", escribe Segundo Moreno Yánez, para recordar los antecedentes de la celebración que se llevará a cabo en el país este lunes; la llamada Saturnalia, en honor a Saturno, deidad romana identificada con el griego Cronos, según consta en el tercer volumen del diccionario enciclopédico Grijalbo, en la página 1 673.
"Fue expulsado por Júpiter del Olimpo por haber enseñado la agricultura a los hombres (...). Sus fiestas eran las saturnales, a fin de año, culto de la fecundidad donde se alteraba el orden de las cosas", dice el mismo diccionario enciclopédico, mientras que el de la Real Academia define a estas festividades como "una orgía desenfrenada".

Julio Pazos Barrera
recuerda haber visto
quemar 'monigotes'
en Valencia, España,
el día de San José

El manuscrito hallado en la Biblioteca de París describía con meticulosa exactitud, según las palabras de Segundo Moreno Yánez, las fiestas en las que se negó a participar el soldado romano Dasio, considerado luego mártir, por la Iglesia católica.
Treinta días antes de la Saturnalia, los soldados romanos de Durostorum (actual Bulgaria), elegían de entre su grupo a un joven para vestirlo con atavíos reales como si fuera Saturno.
El joven elegido debía presentarse ante la gente, acompañado de la soldadesca, "con licencia para entregarse a sus pasiones y gustar de todos los placeres, por viles y repugnantes que fuesen. Su reinado era alegre pero de corta duración y terminaba trágicamente. Cuando finalizaban los 30 días y era llegado el festival de Saturno, se le degollaba ante el altar del dios que había personificado".

'Es la industria de
la fugacidad del tiempo,
porque cada año
se repite lo mismo',
dice el poeta Julio Pazos

Fue en el año 303 de nuestra era, si seguimos al antropólogo, cuando el elegido resultó ser el soldado cristiano Dasio, "quien se negó a hacer el papel de dios pagano y profanar sus últimos días en el libertinaje. Las amenazas y razones de su oficial Basso no pudieron conmover su firmeza y por ello fue degollado en Durostorum, el viernes 20 de noviembre, a la hora cuarta", según cita Moreno Yánez.
Esas eran las francachelas invernales de la Roma contemporánea de poetas como Virgilio, Horacio y Tácito, en donde el rey del desorden no cumplía el simple papel de bufón, hasta llegada la hora de su sacrificio.
Moreno Yánez asegura que la muerte del 'rey de burlas' fue una costumbre que se mitigó conforme avanzaba la civilización, pero que se mantuvo y se mantiene con muertes simbólicas en Italia, España y Francia, en los países con mayor influencia romana, según recuerda el antropólogo, y que, por el mismo proceso de colonización, llegó al continente americano revestido de otras formas.
"El último día del año alcanza su auge el período festivo de 'Inocentes' (que empezó ayer) con la 'quema del año viejo': símbolo del año que termina. Ya que en estos días, como en la Saturnalia, se celebra el mundo al revés, es la oportunidad para, en medio de mascaradas, criticar a los poderosos, sean estos gobernantes, políticos o empresarios. Por lo menos durante este día el pueblo asume el papel de juez y condena los acontecimientos protagonizados por esos personajes, en el transcurso del año que termina", dice Segundo Moreno.
Por algo el sicólogo Rodrigo Tenorio Ambrossi define la 'quema del año viejo' como un acto mágico y simbólico que construye un abismo de tiempo entre dos momentos "para que el año vivido vaya a formar parte irreversible de lo que nunca volverá a ser, y aparezca el futuro como un camino incierto y por hacer, como única realidad con la que es posible contar".
Pese a que la costumbre festejar al año viejo está bastante arraigada en el país y en otras partes del mundo, la expresión aún no se encuentra recogida en la última versión del Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española. En el amplio artículo dedicado al vocablo de género masculino año, del latín annus ("Tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del Sol. Equivale a 65 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos. Período de 12 meses, a contar desde el día 1º de enero hasta el 31 de diciembre, ambos inclusive".) solo se recoge la expresión Año Nuevo: "El que está a punto de empezar o el que ha empezado recientemente".
Es el Diccionario del folklore ecuatoriano, del brasileño Paulo de Carvalho-Neto, el que recoge, aunque de manera sucinta, según reconoce el autor, la expresión 'año viejo'.
"Muñeco de trapos y pajas generalmente hecho por niños con ropas viejas, para ser quemado la noche del 31 de diciembre. Simboliza el año que finaliza. En otras partes de América se lo conoce por Judas (Brasil y Uruguay, quemados el sábado de aleluya y en Navidad, respectivamente)", dice el texto publicado en 1964, con el auspicio de la Casa de la Cultura, y con prólogo de Benjamín Carrión y Humberto Toscano.

En las festividades
religiosas, en Guayaquil,
los 'monigotes' eran
colgados de sogas
y paseados por plazas

Paulo de Carvalho-Neto narra cómo en Quito quienes fabrican el muñeco se ponían una máscara y se cubrían el cuerpo con una tela negra. Eran hombres a las que se llamaban 'viudas'. El editorialista de HOY, Pepe Laso, al finalizar el 2000, entre mascaradas y 'quemas de años viejos', escribió que las caretas revelan las verdades más profundas, porque detrás de una careta todos somos iguales, las 'viudas' son hombres.

Una historia de
la quema de muñecos
se encuentra en
las Crónicas
del Guayaquil Antiguo,
de Modesto Chávez

"En nuestra antigua tradición popular, al finalizar diciembre, los muchachos del barrio fabricaban, con relleno de aserrín o viruta, y vestimenta de ropa desechada, un muñeco, símbolo de las vivencias felices o frustrantes del año transcurrido; cargando con él, recorrían la ciudad, solicitando 'una caridad para el 'año viejo'. Uno de ellos se pintarrajeaba y disfrazaba con ropas negras y representaba a 'la viuda del viejo' que los acompañaba en su peregrinar limosnero, entre lamentos y sollozos histriónicamente teatralizados, que constituían la recreación del pueblo espectador de tan divertido cortejo. El dinero que solicitaban los chiquillos y la 'viuda' era supuestamente para costear los gastos del entierro del anciano que sería quemado la noche del 31. En realidad, los valores recaudados servían para resarcirse de los gastos de fabricación del 'monigote' y de adquisición del consabido relleno de petardos, camaretas y otros instrumentos de explosión que condimentaban el espectáculo final de la quema", recordaba el editorialista de HOY, Enrique Valle Andrade.
Esta tradición, que apareció en Guayaquil en 1895, de acuerdo con Carvalho-Neto, se ha acoplado a los tiempos con nuevos detalles que se van transformando en parte del ritual, como la popular canción El año viejo, del casi olvidado Tony Camargo, uno de los símbolos del quehacer musical afroantillano de México: "Yo no olvido el año viejo, porque me ha dejado cosas muy buenas./ Me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra", dice la melodía que, de seguro, se volverá a escuchar este lunes. (JT)

 

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