Dimitió luego de la multitudinaria
manisfestación de enardecidos ciudadanos que lo culparon de la crisis que atraviesan.
Salió a escondidas de su domicilio privado, luego de haber regresado al Gobierno como el
presunto salvador de un modelo que había dado forma en 1991, con la Ley de
Convertibilidad, la que sacó a su país de la hiperinflación de cuatro dígitos, al
fijar el valor de un peso en $1. Con esa carta de presentación, Cavallo comenzó a
exportar la idea de su modelo. La crítica más frecuente que se le endilga ahora es que
la convertibilidad, las privatizaciones y la apertura comercial irrestricta no ayudaron a
establecer un sistema que asegure los requisitos de acumulación, producción y
distribución necesarios para una economía capitalista.
En diez años, el modelo instaurado por Domingo Cavallo fue incapaz de contener el
crecimiento récord del desempleo, por el cierre de las fábricas nacionales, y el
imparable deterioro de las condiciones de vida. Los periódicos argentinos hablan de más
de 2 500 000 desocupados y de 14 millones de pobres. El problema, según los analistas que
espurgaron en detalle el modelo, se debería a que que se concentró el ingreso en pocas
manos y se generó una desigualdad sin precedentes en Argentina, a lo largo de los
gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa.
Con la renuncia de este último, luego de la dimisión de Domingo Cavallo, los analistas
presumen el fin del segundo ciclo económico neoliberal: "la secuencia plata
dulce-recesión-crisis, impulsado desde 1975 hasta 1988, con un paréntesis. El primer
ciclo terminó en saqueos; el segundo comenzó con el Gobierno de Carlos Ménem y la Ley
de Convertivilidad y también terminó en saqueos".
El diputado socialista ecuatoriano, León Roldós, cree que un modelo aperturista sin
controles, sin luces que se enciendan cuando algo no funciona, va al fracaso. Su
argumento: cree que el mercado es muy susceptible a la corrupción.
"El endeudamiento externo obró como instrumento de poder político, primero para
asegurarlo (durante el proceso), luego para reproducirlo (durante la democracia). Cerradas
las posibilidades de endeudarse, el ciclo se cierra", dice el analista Calcagno. (JT)
'No hay que confundir un
esquema con la apertura'
Argentina dejó de ser el espejo de
Ecuador. Al contrario, el país apunta a transformarse en el espejo de Argentina. Al menos
eso se desprende de un análisis que realiza el experto en temas económicos, Jorge
Ambran, sobre los escenarios que podrían presentarse luego de la renuncia de Fernando de
la Rúa.
"Las alternativas que se barajan para sostener el modelo económico de libre mercado
son la desdolarización o la pesificación, con lo cual los saldos y contratos se
transforman a pesos, con una posterior o simultánea devaluación de la moneda, y la
devaluación combinada con una inmediata dolarización, pero en un nuevo nivel que no es
uno por uno, sino de un resultante de la devaluación", dijo.
Si se produce una dolarización, habría una devaluación similar a la que hubo en Ecuador
previa a esta medida: se dolarizó a una tasa de cambio de 25 000 sucres, aún cuando en
el mercado este se cotizaba en 23 500 sucres y el cambio oficial estaba en alrededor de 15
000.
Jorge Ambran aclara que el posible fin de la convertibilidad en Argentina no implica un
desmoronamiento del modelo de libre mercado, por una sencilla razón: la convertibilidad
es una herramienta del modelo, que en un momento fue exitosa, pero que ya no lo es.
"No hay que confundir una herramienta, un esquema monetario, con un modelo. A mí no
me cabe duda que en Argentina regirá el mismo modelo económico del libre mercado, solo
que se van a apelar a nuevas herramientas, buenas o malas, que podrían ser la flotación
cambiaria, las minidevaluaciones o la dolarización", insistió Ambran, a quien no le
cabe duda que en Argentina seguirá adelante el modelo de apertura a las privatizaciones.
En todo caso, el analista advierte que la recuperación de la economía argentina
dependerá de la credibilidad de los nuevos administradores del Gobierno, una condición
sine qua non para que cualquier plan de recuperación económica funcione. (JT)
La venta de la última
esperanza
Vender la casa y pedir prestado no resulta
un buen negocio. Eso es precisamente lo que sucedió en Argentina. En abril de 1991,
después de 15 años de inflación y de dos episodios hiperinflacionarios en 1989 y 1990,
en los que también se produjeron saqueos, Argentina vio su última esperanza en el 'Plan
de Convertibilidad'.
La ambiciosa receta buscó hilvanar nuevemente la capacidad de crédito y el poder
adquisitivo de los argentinos, pero antes, debía asegurarse de que sus bases iban a ser
seguidas al pie de la letra: privatización masiva, desregulación de las actividades
económicas, flexibilización de los sectores laborales, liberalización de los mercados
de bienes y dinero.
La novedosa medida apuntaba a proveer de suficiente liquidez a los sectores público y
privado, y, por supuesto, a servir en parte a la abultada deuda que para esa fecha ya
sumaba $50 000 millones.
Las privatizaciones fueron impulsadas por Carlos Menem (1989) basadas en la ley marco Nº
23 696 de Reforma del Estado que buscaba promover las ventas de las empresas públicas. La
primera privatización de Entel (Empresa de Telecomunicaciones) se dio a principios de
noviembre de 1990, y la segunda fue Aerolíneas Argentinas, a fines de igual mes y año.
La idea original de Menem era culminar el programa en 1991, pero los problemas en el
Parlamento prolongaron el proceso hasta 1997, cuando aún faltaban por vender los 59
aeropuertos, las centrales nucleares, el Banco Hipotecario Nacional, la represa de
Yacyretá y buena cantidad de empresas y bancos provinciales.
Según datos de la publicación Magazine Semanal, el balance general indica que desde que
se traspasó la primera empresa pública a manos privadas, el Estado vendió 36 empresas,
concesionó otras 16 y transfirió a provincias 5 más. Por estos negocios recaudó casi
$10 000 millones, al tiempo que rescató títulos de deuda pública por otros $17 000
millones en valores nominales.
Con todo esto, la deuda argentina se acumuló y ahora suma $132 000 millones, con
tendencia al alza.
Justamente, esto da pie para remembrar otra arista que afectó al modelo argentino: la
deuda interna. Cada uno de los 23 consejos seccionales de Argentina están en posibilidad
de emitir bonos en dólares, para edificar la obra pública. Estos papeles debían
colocarse luego en el mercado, pues una vez culminadas las construcciones, estas iban a
concesión; sin embargo, esto no sucedió. Más aun, la posibilidad de colocar estos bonos
como parte de la reserva (hasta por el 33% del total) infló los balances con papeles sin
valor líquido en el mercado y minó todavía más la débil estructura monetaria. (YB)
'Esta es una lección para
otros países'
"El problema de Argentina ha sido
tener un Estado inmenso, insaciable en su voracidad de recursos. Se vendieron las empresas
estatales, en un entorno de corrupción, según se dice, y pronto se gastó este dinero;
se adoptó la convertibilidad para doblegar la inflación causada por los déficit
fiscales, pero con ello, se le restó competitividad al sector privado".
"Pese al deterioro del sector exportador, el país continuó endeudándose para
sostener el gasto federal. Se congelaron los recursos del pueblo para privilegiar el pago
de la deuda externa, pero tal medida lo único que logró fue quebrar el equilibrio
social, tan duro sacrificio no sirvió para nada, el nuevo Gobierno no tendrá otra
salidad que caer en moratoria".
"Esta es una lección para aquellos países que creen que se pueden endeudar
alegremente y para quienes les siguen el juego y les entregan dinero a manos llenas para
que lo malgasten. No hay sustituto de la prudencia fiscal, al Estado dispendioso tarde o
temprano la historia le pasa la factura".