SÁBADO 22 DE DICIEMBRE DE 2001

Contradicciones que marcan el fin

La gillete no evita la sentencia

• En la última década, el paisaje urbano de Argentina se transformó, por la paulatina desaparición de las chimeneas.

• Los magistrados por fin lograron concretar una audiencia, luego de que el detenido intentó evitarla.

Una consultora argentina estima que, cada día, 2 399 habitantes de Buenos Aires ingresan al mundo de la pobreza: a razón de cien por hora, 1,5 por minuto. Según la misma fuente, entre octubre de 2000 y octubre de 2001 descendieron por debajo de la línea de pobreza más de 800 000 argentinos, en su mayoría, provenientes de la clase media baja metropolitana. Estas cifras revelan que los nuevos pobres perciben menos de 152,9 pesos mensuales, y quienes cayeron en la indigencia deben arreglárselas con ingresos inferiores a 63,2 pesos por mes. En tanto, la canasta básica de los gauchos supera los $1 000 mensuales.
'Lo que vino por los saqueos y la hiperinflación, allá por 1989, termina con saqueos, deflación e hiperdesocupación, en 2001", dice el analista argentino Eric Calcagno, al mirar la situación de su país en la última década. A Domingo Cavallo, esta vez, no le resultó la fórmula para salvar el modelo económico que él impulso desde 1991, y que quiso convertirse en un ejemplo a seguir en toda América Latina.
'El mimado de Wall Street', como llamó en una crónica la agencia de noticias Associated Press al ex ministro Cavallo, pasó a formar parte del ejército de desocupados argentinos que dejó el cierre de las empresas estatales.

Argentina se empobrece a 100 por hora

Esta semana se repitieron las imágenes vividas en 1989, cuando fue necesaria la Ley de Convertibilidad, hija de Domingo Cavallo.

Dimitió luego de la multitudinaria manisfestación de enardecidos ciudadanos que lo culparon de la crisis que atraviesan. Salió a escondidas de su domicilio privado, luego de haber regresado al Gobierno como el presunto salvador de un modelo que había dado forma en 1991, con la Ley de Convertibilidad, la que sacó a su país de la hiperinflación de cuatro dígitos, al fijar el valor de un peso en $1. Con esa carta de presentación, Cavallo comenzó a exportar la idea de su modelo. La crítica más frecuente que se le endilga ahora es que la convertibilidad, las privatizaciones y la apertura comercial irrestricta no ayudaron a establecer un sistema que asegure los requisitos de acumulación, producción y distribución necesarios para una economía capitalista.
En diez años, el modelo instaurado por Domingo Cavallo fue incapaz de contener el crecimiento récord del desempleo, por el cierre de las fábricas nacionales, y el imparable deterioro de las condiciones de vida. Los periódicos argentinos hablan de más de 2 500 000 desocupados y de 14 millones de pobres. El problema, según los analistas que espurgaron en detalle el modelo, se debería a que que se concentró el ingreso en pocas manos y se generó una desigualdad sin precedentes en Argentina, a lo largo de los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa.
Con la renuncia de este último, luego de la dimisión de Domingo Cavallo, los analistas presumen el fin del segundo ciclo económico neoliberal: "la secuencia plata dulce-recesión-crisis, impulsado desde 1975 hasta 1988, con un paréntesis. El primer ciclo terminó en saqueos; el segundo comenzó con el Gobierno de Carlos Ménem y la Ley de Convertivilidad y también terminó en saqueos".
El diputado socialista ecuatoriano, León Roldós, cree que un modelo aperturista sin controles, sin luces que se enciendan cuando algo no funciona, va al fracaso. Su argumento: cree que el mercado es muy susceptible a la corrupción.
"El endeudamiento externo obró como instrumento de poder político, primero para asegurarlo (durante el proceso), luego para reproducirlo (durante la democracia). Cerradas las posibilidades de endeudarse, el ciclo se cierra", dice el analista Calcagno. (JT)


'No hay que confundir un esquema con la apertura'

Argentina dejó de ser el espejo de Ecuador. Al contrario, el país apunta a transformarse en el espejo de Argentina. Al menos eso se desprende de un análisis que realiza el experto en temas económicos, Jorge Ambran, sobre los escenarios que podrían presentarse luego de la renuncia de Fernando de la Rúa.
"Las alternativas que se barajan para sostener el modelo económico de libre mercado son la desdolarización o la pesificación, con lo cual los saldos y contratos se transforman a pesos, con una posterior o simultánea devaluación de la moneda, y la devaluación combinada con una inmediata dolarización, pero en un nuevo nivel que no es uno por uno, sino de un resultante de la devaluación", dijo.
Si se produce una dolarización, habría una devaluación similar a la que hubo en Ecuador previa a esta medida: se dolarizó a una tasa de cambio de 25 000 sucres, aún cuando en el mercado este se cotizaba en 23 500 sucres y el cambio oficial estaba en alrededor de 15 000.
Jorge Ambran aclara que el posible fin de la convertibilidad en Argentina no implica un desmoronamiento del modelo de libre mercado, por una sencilla razón: la convertibilidad es una herramienta del modelo, que en un momento fue exitosa, pero que ya no lo es.
"No hay que confundir una herramienta, un esquema monetario, con un modelo. A mí no me cabe duda que en Argentina regirá el mismo modelo económico del libre mercado, solo que se van a apelar a nuevas herramientas, buenas o malas, que podrían ser la flotación cambiaria, las minidevaluaciones o la dolarización", insistió Ambran, a quien no le cabe duda que en Argentina seguirá adelante el modelo de apertura a las privatizaciones.
En todo caso, el analista advierte que la recuperación de la economía argentina dependerá de la credibilidad de los nuevos administradores del Gobierno, una condición sine qua non para que cualquier plan de recuperación económica funcione. (JT)


La venta de la última esperanza

Vender la casa y pedir prestado no resulta un buen negocio. Eso es precisamente lo que sucedió en Argentina. En abril de 1991, después de 15 años de inflación y de dos episodios hiperinflacionarios en 1989 y 1990, en los que también se produjeron saqueos, Argentina vio su última esperanza en el 'Plan de Convertibilidad'.
La ambiciosa receta buscó hilvanar nuevemente la capacidad de crédito y el poder adquisitivo de los argentinos, pero antes, debía asegurarse de que sus bases iban a ser seguidas al pie de la letra: privatización masiva, desregulación de las actividades económicas, flexibilización de los sectores laborales, liberalización de los mercados de bienes y dinero.
La novedosa medida apuntaba a proveer de suficiente liquidez a los sectores público y privado, y, por supuesto, a servir en parte a la abultada deuda que para esa fecha ya sumaba $50 000 millones.
Las privatizaciones fueron impulsadas por Carlos Menem (1989) basadas en la ley marco Nº 23 696 de Reforma del Estado que buscaba promover las ventas de las empresas públicas. La primera privatización de Entel (Empresa de Telecomunicaciones) se dio a principios de noviembre de 1990, y la segunda fue Aerolíneas Argentinas, a fines de igual mes y año.
La idea original de Menem era culminar el programa en 1991, pero los problemas en el Parlamento prolongaron el proceso hasta 1997, cuando aún faltaban por vender los 59 aeropuertos, las centrales nucleares, el Banco Hipotecario Nacional, la represa de Yacyretá y buena cantidad de empresas y bancos provinciales.
Según datos de la publicación Magazine Semanal, el balance general indica que desde que se traspasó la primera empresa pública a manos privadas, el Estado vendió 36 empresas, concesionó otras 16 y transfirió a provincias 5 más. Por estos negocios recaudó casi $10 000 millones, al tiempo que rescató títulos de deuda pública por otros $17 000 millones en valores nominales.
Con todo esto, la deuda argentina se acumuló y ahora suma $132 000 millones, con tendencia al alza.
Justamente, esto da pie para remembrar otra arista que afectó al modelo argentino: la deuda interna. Cada uno de los 23 consejos seccionales de Argentina están en posibilidad de emitir bonos en dólares, para edificar la obra pública. Estos papeles debían colocarse luego en el mercado, pues una vez culminadas las construcciones, estas iban a concesión; sin embargo, esto no sucedió. Más aun, la posibilidad de colocar estos bonos como parte de la reserva (hasta por el 33% del total) infló los balances con papeles sin valor líquido en el mercado y minó todavía más la débil estructura monetaria. (YB)


'Esta es una lección para otros países'

"El problema de Argentina ha sido tener un Estado inmenso, insaciable en su voracidad de recursos. Se vendieron las empresas estatales, en un entorno de corrupción, según se dice, y pronto se gastó este dinero; se adoptó la convertibilidad para doblegar la inflación causada por los déficit fiscales, pero con ello, se le restó competitividad al sector privado".
"Pese al deterioro del sector exportador, el país continuó endeudándose para sostener el gasto federal. Se congelaron los recursos del pueblo para privilegiar el pago de la deuda externa, pero tal medida lo único que logró fue quebrar el equilibrio social, tan duro sacrificio no sirvió para nada, el nuevo Gobierno no tendrá otra salidad que caer en moratoria".
"Esta es una lección para aquellos países que creen que se pueden endeudar alegremente y para quienes les siguen el juego y les entregan dinero a manos llenas para que lo malgasten. No hay sustituto de la prudencia fiscal, al Estado dispendioso tarde o temprano la historia le pasa la factura".

 

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