SÁBADO 15 DE DICIEMBRE DE 2001

Justicia: ¿oral y tartamuda?

Las denuncias que son públicas

• Existen alrededor de 250 agentes fiscales. El mayor número está en Pichincha y Guayas, en donde existen mayores quejas por abuso de autoridad.

• Las quejas en contra de los fiscales comienzan a hacerse públicas tanto en Quito como en Guayaquil.

La justicia aplicada en Galápagos no escapa a las cuestionadas actuaciones de jueces y fiscales. Tres ministros jueces del Palacio de Justicia de Guayaquil han mostrado sus quejas durante este año, en relación con la negligencia que se detecta en varios procesos tramitados en las instancias de Galápagos.
Uno de los más recientes casos se comenzó a analizar el 14 de noviembre pasado, cuando la presidenta de la Sexta Sala, Grace Campoverde, dispuso que el Consejo Nacional de la Judicatura (CNJ) investigara al juez primero de lo Penal de Galápagos, Washington Ortega, y al secretario de ese juzgado, Alberto Guerrero. La orden de investigación se extendió hacia la Fiscalía para que "se analizara la conducta del fiscal, Cesáreo López Paredes", quien aparentemente habría atenuado una pena.
Los funcionarios judiciales aparentemente actuaron con ligereza en uno de los polémicos casos de violación que se registró en Puerto Baquerizo Moreno, donde varios menores de entre 9 y 12 años de edad fueron abusados presuntamente por Eladio Díaz Luna.

Los delitos sexuales son atentados al pudor

Los errores de fondo y forma no son reconocidos y solo se habla de los filtros que se impusieron.

El fiscal López, pese a los exámenes médicos realizados a los afectados, solo acusó al sindicado por atentado al pudor y no de violación. El juez primero de lo Penal de Galápagos acogió el dictamen "con ligereza" (indica la Sexta Sala) y faltando 31 días para que el implicado saliera en libertad por haber permanecido cerca de un año con prisión preventiva, remite el proceso a la Corte Superior de Justicia de Guayaquil.
"Existen certificaciones médicas y pruebas contundentes como el testimonio de los mismos menores que narra detalladamente la forma de cometimiento del delito", indica un escrito enviado por la Sexta Sala al CNJ.
El escrito firmado por la ministra juez, Grace Campoverde, indica que se debe "investigar y sancionar a los responsables de que este execrable delito quede en la impunidad".
En Guayaquil, un caso de violación a una menor puso en la mira al ministro Walter Tomsich, quien descartó este delito, pese a que en las pruebas que se presentan en el informe policial se evidencia con claridad el delito. Este caso también fue consultado en la Sexta Sala de la Corte, que no coincidió con los criterios de la Fiscalía. (JVR)

ANALISIS
La moral ciudadana no puede estar en riesgo


Cuando se cumplen cinco meses de la puesta en vigencia del nuevo Código de Procedimiento Penal, el balance parece inclinarse más por la ausencia de resultados positivos.
Las denuncias de irregularidades, que han llevado al Consejo Nacional de la Judicatura a amonestar cada mes a un promedio de 50 jueces, dan la pauta de que la admistración de justicia en el país, sigue siendo el talón de Aquiles de la sociedad ecuatoriana, aunque existan intentos por modernizar los procedimientos.
Pero, ¿qué está fallando en el nuevo Código de Procedimiento Penal?
Según juristas consultados por BLANCO Y NEGRO, el problema parece tener su origen en la designación misma de los agentes fiscales, ya que la selección no solo no sería rigurosa, puesto que se estarían incumpliendo las condiciones académicas, sino que la política seguiría influyendo en las evaluaciones para la designación.
Por eso mismo, cuando los fiscales deben actuar -con todo el poder que le otorga el Código de Procedimiento Penal al haberlos convertido en jueces de instrucción-, es evidente que prevalecen los intereses políticos y hasta los económicos a la hora de encausar los procesos.
Seguramente esto debió haber influido para que algunos jueces hubiesen escandalizado a comunidades como la guayaquileña, al haber liberado a delincuentes reincidentes, con lo cual no solo han sometido a esa sociedad al riesgo de convivir con sujetos peligrosos, sino que han convertido al país en una nación con inseguridad jurídica, aumentando el desprestigio en el exterior.
Pero es evidente que hay otros motivos para que a los seis meses de iniciada la aplicación del Código de Procedimiento Penal los resultados no se muestran alentadores, a pesar de que el instrumento en sí haya sido elogiado, en especial porque normaba la prisión preventiva.
La acumulación de causas en los juzgados por el reducido número de fiscales es un agravante más para que no se hayan asimilado las bondades del Código, pero también puede ser una excusa para intentar justificar las fallas de la administración de justicia.
Pero el ingrediente mayor que estaría conspirando para que la inseguridad jurídica se acrecentara en Ecuador, aunque no es del todo admitido por las partes, es la discrepancia entre fiscales y jueces, en el momento de calificar la infracción.
Lo que fiscales y jueces, al parecer, no han considerado es que la materia sobre la cual ellos ejercen autoridad es tan delicada, que en sus manos está la vida o la muerte moral de los ciudadanos. Quizá cuando se asuma esta grave responsabilidad, la justicia pueda ser considerada una garantía para la sociedad. (TFF).

 

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