SÁBADO 15 DE DICIEMBRE DE 2001

Las denuncias que son públicas

Los delitos sexuales son atentados al pudor

• Las quejas en contra de los fiscales comienzan a hacerse públicas tanto en Quito como en Guayaquil.

• Los errores de fondo y forma no son reconocidos y solo se habla de los filtros que se impusieron.

Llega. No sabe a dónde ir. Pregunta a la primera persona con cara amable que encuentra, a quién debe averiguar sobre un caso. Solo tiene un papel en el que está escrito un número y las iniciales PJ-UDF. Es una mujer de un metro setenta, aproximadamente; robusta, de unos 64 kilos de peso; cabello corto y cara ovalada. Su acento es costeño. Viste blusa ajustada a su cuerpo y falda larga, de colores claros. En el escritorio de la sala de espera, el secretario sigue tecleando su máquina de escribir, al tiempo que hojea papeles. Otra persona que está a su lado, un joven sin afeitarse, en camiseta negra y jeans, le dice a un hombre que sigue la escena, sentado en un una de las sillas, que lo debe llevar en taxi. Se trata de cumplir una diligencia en una causa. En una estancia más allá, hombres enternados conversan junto a una ventana. En otra, alguien revisa un folio. En un letrero se lee: "No sea mal educado. Salude y despídase sin dar la mano".

Justicia: ¿oral y tartamuda?

Existen alrededor de 250 agentes fiscales. El mayor número está en Pichincha y Guayas, en donde existen mayores quejas por abuso de autoridad.

En ese sitio, en el segundo piso de las oficinas de la Policía Judicial de Pichincha, en el centro-norte de Quito, en donde antes funcionaba la sala de identificación, trabajan siete fiscales de la Unidad de Delitos Flagrantes, de la Fiscalía Distrital de Pichincha. Es la que recibe el mayor número de denuncias que deben ser procesadas sin indagación previa y enviadas inmediatamente al magistrado para el juicio y la sentencia. Un sondeo al azar, de BLANCO y NEGRO, en uno de los juzgados de lo penal de Pichincha, específicamente en el Noveno, descubrió que en los últimos seis meses, en los que está en vigencia el nuevo Código de Procedimiento, solo llegaron dos causas: una por posesión de 0,5 gramos de marihuana, y otra por robo. En las dos, el fiscal se abstuvo de acusar y los procesos fueron archivados. ¿Por qué?
El juez Eduardo Ochoa considera que uno de los aspectos positivos del nuevo Código de Procedimiento Penal es que les permitió evacuar las causas represadas. Hasta el momento, en los seis meses, dice que ha despachado 500; pero una de las cosas negativas sería que el represamiento de causas, que antes se presentaba en los juzgados, se trasladó a las unidades de las Fiscalías Distritales: misceláneos, de delitos flagrantes, contra las personas, aduaneros y sexuales.
El pasado jueves se cumplieron los primeros cinco meses de vigencia del nuevo Código de Procedimiento Penal. Las expectativas sobre una justicia más ágil, eficiente y justa, hasta el momento, al parecer, no han podido ser cumplidas.
Rodrigo Trujillo, abogado de la Fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos (Inredh), organismo que trabaja en las cárceles de Quito, Ambato y Esmeraldas, cree que una de las falencias que se nota en la aplicación del Código es el desconocimiento de la ley por parte de los actores del sistema, sobre todo en la elaboración de la instrucción fiscal.
En los delitos flagrantes es en los que se estaría cometiendo la mayor parte de violaciones a los derechos de las personas, debido a que los fiscales pueden solicitar al magistrado la legalización de la detención sin necesidad de una indagación previa, y el juez la autorizaría sin más elementos de juicio; es decir, uno de los filtros por medio de los cuales se pretendía controlar el trabajo de los agentes fiscales sería nulo.
"¡Y por una bicicleta se deja coger!", le reprocha el secretario de la Unidad de Delitos Flagrantes de la Fiscalía Distrital de Pichincha. "Sí, es que estaba borracho", responde la mujer. Su hijo había sido detenido el miércoles y deseaba saber si ya estaba legalizada la detención. El proceso, se supone, debe ser rápido, en un juicio oral en donde se evacuarán las pruebas. El problema se daría debido a que los detenidos en delitos flagrantes por lo general son personas de escasos recursos económicos, que no tienen dinero para pagar un abogado y deben contentarse con un defensor público. La Defensoría Pública, sin embargo, es una institución que no se pensó fortalecer cuando se discutió el nuevo Código de Procedimiento Penal.
La ministra fiscal de la Nación, Mariana Yépez, sin embargo, hasta ayer seguía preparando una cadena de televisión (prevista inicialmente para el lunes) en la que mostraría las bondades del nuevo Código, con estadísticas sobre las audiencias de juzgamiento que se han realizado en varias Fiscalías Distritales. (JT)

Un problema desde dos ópticas

De la 'capilla', como algunos usuarios llaman a los 40 metros de las instalaciones de la Fiscalía en la Policía Judicial, al oeste de Guayaquil, sale una abogada. En su mano lleva un oficio del Ministerio Público, en él consta que su cliente, Richard Zambrano, acusado por robo según la fiscal del caso, "ya no amerita estar detenido".
"Tuve que pagar $300 para que un fiscal agilice las cosas y ordene la prisión preventiva, porque sino, no lo aflojaba", indica no muy lejos de allí Rosa, quien es la denunciante de un caso de delito flagrante.
¿Y por qué no lo denuncia? "No quiero perder tiempo. Hacerlo sería otro trámite más, que podría ser más largo que el juicio. Además, mi abogado se encarga de eso", dice.
Pablo Sarzosa, abogado y profesor de la Universidad Católica, asegura que al evaluar la aplicación del nuevo Código se lo debe hacer desde dos ángulos. "Los fiscales son investigadores que trabajan en coordinación con la Policía, por lo que sus actuaciones se basan en el derecho, pero hay un elevado número que no se acopla a la nueva realidad", asegura.
Un segundo problema, de acuerdo con Sarzosa, es el relativo a los delitos de 'cuello blanco', porque de la conducta de los fiscales depende que una causa se inicie o no.
"Con el Código anterior, los jueces iniciaban una causa y la prensa se enteraba; con el actual, los fiscales pueden decidir no hacer la instrucción fiscal y cerrar el asunto". (JVR)

'En la práctica tenemos problemas en las audiencias preliminares'

El nuevo Código de Procedimiento Penal, que entró en vigencia el 13 de julio anterior y que sustituyó al que regía desde 1983, se presenta como un sistema cuya estructura es buena, pero que se obstaculiza en el momento de aplicarla, por la serie de leyes no modificadas que impiden la agilidad de las disposiciones.
Angel Rubio, juez primero de lo Penal del Guayas y presidente de la Asociación de empleados judiciales de esa provincia, asegura que la agilidad del proceso no depende solo de la actuación de los fiscales y jueces, sino que hay problemas en algunas leyes, que no fueron revisadas para ayudar a resolver los problemas que planteaba el nuevo Código.
"Es bueno porque da plazos fijos en cuanto a la duración de una instrucción, y ayuda a resolver rápidamente a los jueces, pero en la práctica tenemos problemas en las audiencias preliminares", dice el juez.
Por ejemplo, uno de los inconvenientes que se presenta es la reducida concurrencia de abogados. Regularmente, se termina designando a un defensor público. En Guayaquil solo hay cuatro, que generalmente no pueden asistir por las múltiples diligencias que ellos deben resolver.
"El problema será peor que antes, porque ahora la ley permite que también un fiscal sea recusado; se están postergando las audiencias porque está permitido. No queremos llegar al punto de que las audiencias terminen con los mismos problemas que tenían los tribunales", asegura el magistrado.
Es que con el Código de Procedimiento Penal anterior, en Guayaquil, se presentaron algunos casos en los cuales los tribunales llegaban a pedir hasta 17 veces, convocaciones de audiencia por reiterados intentos. Las partes se acogían a una y a otra figura para prorrogar esa etapa. (JVR)

El trabajo de los agentes no refleja la realidad

Las sanciones a los fiscales, por presuntas irregularidades cometidas siguen en un margen mínimo, en comparación con el número de amonestaciones que aparentemente habrían recibido los jueces.
Antes de que se desatara la polémica por las denuncias públicas del alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, solo uno de los 58 fiscales de Guayas y de Galápagos tenía un expediente administrativo. Recién las sanciones se incrementaron a cinco cuando el alcalde intervino, debido a que varios de los delincuentes más buscados eran absueltos por las instrucciones fiscales.
La primera audiencia preliminar con el nuevo Código de Procedimiento Penal se registró hace dos meses, en el Juzgado Tercero de lo Penal del Guayas. Las siguientes se realizaron en la judicatura sexta, una por robo y otra por tenencia ilegal de armas. En el primer caso, el fiscal se abstuvo de acusar. En el otro, sí hubo acusación. Los dos casos se encuentran en consulta, en la Corte de Justicia.
El juez Angel Rubio reconoce la diferencia de criterios entre jueces y fiscales, pero no quiere hablar de una pugna generada por el protagonismo que ahora llevan los fiscales. Solo prefiere anotar divergencia de criterios.
"Algunos jueces han encontrado que al recibir una petición de fianza o de iniciación de una instrucción fiscal en casos de asaltos a busetas, los fiscales consideran que no se puede abrir el juicio sin una denuncia. En cambio, para nosotros, es un delito de acción pública, de instancia oficial, en el cual el Estado está obligado a abrir el juicio sin necesidad de denuncia", dice.
En la Fiscalía de Guayas y de Galápagos los impasses entre jueces y fiscales existen. En reiteradas ocasiones, Walter Tomsich, ministro fiscal, los ha calificado de desfases de poca importancia. (JVR)

La lista de sancionados

En la lista de sancionados ahora aparecen los agentes fiscales Franklin Muzzio Manrique, Julio Vacacela, Fausto Peralta, Mónica Rivera y Rocío Alvarez, quien tiene orden de prisión. Hay una lista de quejas contra otros fiscales, que se dan por aparentes "atropellos de la ley".
Por el caso de sobreseimiento a varios delincuentes, el alcalde Nebot presentó quejas en contra de Franklin Moreno. Las denuncias se transfirieron a la ministra fiscal.
Los datos que maneja el Consejo de la Judicatura hablan de que 128 jueces han sido suspendidos, entre 5 y 90 días, durante este año. Asimismo, se ha multado, entre 10% y 50% de su sueldo base a 133 magistrados y entre uno y 10 salarios mínimos vitales a siete jueces. (JVR).

 

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