En las técnicas clonales, en cambio, se
toma una célula (que puede ser un óvulo u otra cualquiera) y se vacía su núcleo de
contenido genético.
A continuación, se introduce en el núcleo vaciado el ADN extraído de la célula de otro
individuo de la especie.
Cuando se trata de crear un ser (clonación), este huevo fecundado, que constituye la
célula con nuevos genes, se deposita en el útero de un animal receptor, en donde se
desarrolla.
En el caso de la obtención de células estaminales, la célula con nuevo material
genético se cultiva en un medio apropiado durante cinco o seis días. Al cabo de ese
período, se secciona el embrión en las aproximadamente 100 partes en que se ha dividido
el cigoto como producto de la fecundación.
De este modo, en este estadio de desarrollo se detiene el proceso de generación de un
nuevo ser, porque las células formadas hasta ese momento son totipotenciales; es decir,
que su ADN tiene la capacidad de producir cualquier tipo de tejido (pelo, córneas, piel,
hígados, etc.), el cual podría ser utilizado para refaccionar de órganos humanos
defectuosos o eliminar la causa de enfermedades.
Esta capacidad de producción casi infinita de partes del cuerpo ha hecho que en la
mayoría de los casos se utilicen células provenientes de los primeros estados de
gestación para efectuar experimentos genéticos.
Por eso, el anuncio de que en la clonación de Dolly se habían utilizado células de
ovejas adultas, que ya no producen toda clase de tejidos, causó revuelo en el mundo
científico mundial. (LAG)
ANALISIS
La fábrica de la especie humana
Desde hace 28 años, cuando se realizó el primer experimento de ingeniería genética,
los científicos no han descansado en la investigación, hasta llegar, tres años atrás,
a clonar, en Escocia una oveja: la famosa Dolly.
En esa fecha, en 1977, el mundo fue convulsionado; la mano del hombre había invadido un
espacio del que no se tenía antecedente alguno, pues hasta entonces había permanecido en
la dimensión de lo divino, del milagro mismo de la vida.
Esta semana, la revelación de los científicos estadounidenses de la empresa Advanced
Cell Company, de que clonaron embriones humanos, 'con fines terapéuticos', sorprendió
otra vez a la humanidad, que ha entrado en el debate sobre los límites a los que el
hombre puede acceder, sin pretender traspasar ese umbral que lo diferencia del Creador.
Pero más allá del dilema ético-moral, campo en el que la Iglesia católica muestra una
radical oposición, pues considera que el ser humano es obra de Dios, está esa compleja
trama urdida por los científicos que, tal como se ha descubierto, son empresarios que
buscan lucro con sus inventos en la rama de la biotecnología, donde se habla de ganancias
millonarias.
Diario El País refería que "las ganancias acumuladas por las 100 principales
compañías genómicas asciende, desde enero de 1997, a $8 400 millones de dólares".
Y que, "en los últimos cuatro años, el 61% de los beneficios se ha repartido entre
empresas dedicadas a proporcionar plataformas tecnológicas para el análisis genómico,
química, terapia génica y cribaje, mientras que el 32% lo han obtenido empresas
especializadas en enfermedades específicas (cáncer, cardiovasculares, del sistema
nervioso central, infecciosas y metabólicas). El 7% restante -dice- corresponde a firmas
dedicadas al diseño de nuevos fármacos".
Se diría, de este modo, que la obtención de células madre y la clonación terapéutica
son una suerte de 'plataformas tecnológicas', en las que de por medio está nada más que
el lucro, sin considerar siquiera los riesgos de la búsqueda de la perfección, que
llevaría a clonar, en repetidas ocasiones, las mismas células, hasta encontrar la
'réplica' perfecta. ¿Dónde está, por lo tanto, la frontera de lo moralmente
permisible, y el avance de la tecnología, frente a la búsqueda de nuevos campos de
producción y, por ende, de ganancias?
A simple vista es monstruoso, una acción demencial del hombre que en la búsqueda
insaciable de conocimiento a cambio de fortuna, le lleva a romper el orden natural de la
concepción, fruto de la unión del hombre y la mujer, bajo el soplo divino que crea el
alma. Un alma que para los fabricantes de humanos parece intrascendente, seguramente
porque el alma no es cotizable en el mercado. (TFF)
LA VOZ CIENTIFICA
'Es necesario establecer una normativa'
Paola Leone, del Laboratorio de
Genética de la Pontificia Universidad Católica
Paola Leone es genetista y trabaja en el Laboratorio de Genética de la Universidad
Católica; y no cree que a mediano ni a largo plazo el país pueda realizar
investigaciones con el fin de saber si es posible clonar un embrión humano, por una
sencilla razón: el costo de montar un laboratorio con las características que se
requieren es demasiado alto. Si bien aún no tiene la publicación íntegra de cómo la
empresa de investigación estadounidense Advanced Cell Company logró hacer la clonación,
sostiene que para hacerlo primero se requiere contar con ciertas medidas de esterilidad,
lo que implica el montaje de varios cuartos preestériles antes de entrar al estéril.
"El individuo nace de la unión de un óvulo, con 23 cromosomas, y un espermatozoide,
con 23 cromosomas, que forman un cigoto de 46 cromosomas. Lo que se ha hecho es retirar
uno de los núcleos de 23 cromosomas e insertarle uno que procede de la célula de piel de
una persona X de 46 cromosomas. Lo interesante es que la célula se fertilizó sin
necesidad del espermatozoide", dice.
Para desarrollar la investigación genética en el laboratorio, de acuerdo con Leone, se
requiere tener en el cuarto estéril todas las características del útero femenino:
temperatura, Co2, etcétera.
"Solo en cuanto a espacio, se necesita una infraestructura muy grande. Si nosotros,
que nos dedicamos a investigar ciertos pedacitos de material genético, lo hacemos en un
laboratorio con equipos que cuestan $600 000, me imagino que para toda esta manipulación
se deben necesitar millones", asegura la genetista.
La clonación del embrión ha llamado la atención de Paola Leone, porque insiste en que
solo se pretende crear órganos y tejidos para usarse en transplantes o para curar una
enfermedad. Pero eso no ha eliminado el debate bioético.
"El problema nace cuando uno se plantea qué es esto (el embrión clonado): ¿Es una
vida? Hay quienes dicen que la vida empieza en la concepción, y el argumento de la otra
parte es que no hubo concepción porque solo hubo células somáticas, células del
cuerpo. La discusión bioética comienza en el momento en que se plantea desde cuándo
consideramos esto vida, individuo o potencial individuo", dice.
Paola Leone, quien no se ha planteado de qué lado está porque dice no tener interés;
sin embargo, sostiene que científicamente se pregunta para qué clonar individuos, si
hasta el argumento de que puede ayudar a solucionar el problema de fecundidad de ciertas
parejas es inválido, porque hay muchos niños abandonados o en la calle.
La clonación de un individuo, si bien es un tema que Paola Leone excluye de sus
pensamientos, cree que la clonación humana es interesante si se la usa para crear
órganos que eviten un rechazo en las personas que los necesitan.
"Es terrible la historia de la persona que está en una lista de espera para hacerse
un transplante, digamos, de córnea, y que, cuando por fin consigue un donador más o
menos similar, se hace el transplante y encuentra un rechazo. Si este avance puede ayudar
a minimizar un problema de salud me parece estupendo", considera.
Es indudable que el anuncio de la empresa estadounidense pone al mundo a las puertas de un
sueño acariciado desde épocas remotas, el de reproducir un ser humano, pero Paola Leone
espera que, así como se anunció con bombos y platillos la clonación del embrión
humano, se establezcan los límites en cuanto a su uso a posteriori, para que nunca llegue
a feliz término la reproducción de un individuo. "Que los límites sean esos",
sostiene, porque cree que la información puede ser mal utilizada. Por eso considera
importante que todas las personas, estén o no implicadas en algún tema de ciencia,
opinen y generen comités de discusión de bioética en los cuales se definan las
restricciones.
"Si la clonación puede evitar que una persona tenga un problema o una enfermedad por
el implante de un órgano o si se puede aminorar el dolor de alguien, es un avance muy
interesante, pero siempre y cuando solo se llegue a la formación de órganos y
tejidos", insiste.
Paola Leone advierte que, si no se establecen los límites, en algún momento un
científico que pretenda jugar a ser Dios podría crear una especie físicamente idéntica
a quien intente copiar, pero con un comportamiento distinto, porque para que sea igual
necesitaría crecer en las mismas condiciones en las que se desarrolló el ser humano del
que se extrajo la célula de piel, tener un cuarto como el que tuvo en su niñez, los
mismos juguetes, iguales accidentes, oír las mismas voces, vestir las mismas ropas, tener
las mismas frustraciones, alegrías y los mismos miedos. (JT)