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SÁBADO 3 DE NOVIEMBRE DE 2001 

Resoluciones del TC, ¿juego para armar?


• Las interioridades de lo que ocurrió en el bucaramato son narradas
por el supuesto artífice de empresas fantasmas.

El 25 de enero de 1997, Miguel Angel Campaña, presenta una denuncia contra el entonces diputado Santiago Bucaram por una supuesta deuda 10 millones de sucres, por servicios prestados desde el 10 de agosto de 1996. El denunciante había trabajado como asesor en la Comisión de Presupuesto entre el 1º de octubre de 1996 y el 4 de diciembre de ese mismo año. Era el período en el que las cuentas de Mundo Editores, la empresa de Luis Peñaranda crecía vertiginosamente, de acuerdo con las declaraciones de tres de sus empleados que fueron detenidos luego de que se hiciera público el escándalo.
Cuando el Gobierno de Abdalá Bucaram fue derrocado en febrero de 1997, Miguel Campaña presenta una nueva denuncia, pero esta vez ya ofrece detalles del funcionamiento de lo que luego se conocería como la Red Peñaranda, un grupo organizado para succionar las rentas del Estado, con la solicitud de partidas extrapresupuestarias.

Misteriosa lista de 15 intermediarios

Luis Peñaranda conoció a su esposa, Silvia Padilla, en el Centro de Adoración Cristiana, en el norte de Quito. Comenzó a frecuentar este templo cuando tenía 27 años. Sus horizontes se abrían, pero necesitaba contactos.

"Santiago Bucaram instala una oficina en el quinto piso del edificio Jácome (en realidad las oficinas pertenecían a Luis Peñaranda, adquiridas en 50 millones de sucres cuando tenía 27 años, según su versión) manejada en sociedad con Luis Peñaranda y Guillermo Cárdenas", dice la denuncia entregada al entonces contralor general del Estado, Benjamín Terán Varea.
"En esta singular oficina se manejan 50 000 millones de sucres conseguidos mediante partidas extrapresupuestarias -sigue-. Por encargo de Santiago Bucaram, Luis Peñaranda y Guillermo Cárdenas realizan los respectivos contactos y llamadas telefónicas a los rectores de los colegios, a los cuales se les obligaba a presentarse en el edificio Jácome, en donde se les informaba de la disposición de acatar y suscribir documentos y contratos por un valor inferior a 95 millones de sucres".
¿Se hicieron esos negocios? Peñaranda reconoce que Santiago Bucaram era su amigo, pero evita más comentarios. Dice tener una lista de 15 diputados a quienes habría entregado porcentajes por haber concretado la venta del material de sus empresas. Dice que los asesores de esos diputados trabajaron como sus 'vendedores'. Los nombres promete revelarlos en el juicio y adelanta que algunos se encuentran, en la actualidad, en calidad de legisladores. (JT)

La amistad, el factor importante

Para Luis Peñaranda, la amistad es primordial a la hora de sellar tratos. "En los negocios siempre se debe aprovechar la coyuntura, la amistad. Todo negocio se hace a través de amistades, de recomendaciones. Eso es parte del trabajo. Yo hablé con el diputado Núñez y le dije que tenía una empresa, que contaba con un material y que el Gobierno siempre proveía de mobiliario educativo a escuelas y colegios, que era algo beneficioso que podía hacer por su provincia, y que la educación es superimportante para mí", dice en un largo monólogo.
Una vez que se pusieron de acuerdo habría comenzado la gestión a través del Ministerio de Finanzas. "Algún día voy contar cómo se maneja el sistema", amenaza. Dice conocer muy de cerca qué hay detrás de la pugna de poderes, cómo se elaboran las leyes, cómo se negocian las leyes, cuáles son las cuotas de poder, cómo se forman los grupos independientes, las mayorías. "Yo lo viví, tuve la oportunidad de conocer eso", dice Peñaranda.
Algunos diputados del denominado G-20 fueron sus primeros 'vendedores', como llama a quienes le ayudan a concretar un negocio o una venta, porque era a quienes pagaba una suculenta comisión. (JT)

¿Quién pensó en negociar con el Gobierno?

La primera empresa que formó Luis Peñaranda, a la que califica como única, es Mundo Editores, en la que preparó a su primer equipo de vendedores, reclutados mediante avisos publicados en la prensa.
Los mejores tuvieron la misión de acercarse al Parlamento para buscar aliados entre los diputados. El primero que comenzó a conocer el negocio habría sido uno llamado Frank Olalla.
¿De quién fue la idea de vender libros al Gobierno? "Mía", responde Luis Peñaranda. Muchos de los vendedores que comenzaron a trabajar con él pasaron, con el tiempo, a administrar empresas paralelas, cuando el negocio se amplió.
Luego de la decepción sufrida con el primer intento de vender libros al Gobierno a través del diputado Simón Rivadeneira, cuando se instaló un nuevo período legislativo, Luis Peñaranda Samaniego ya sabía quién sería su primer intermediario para poder beneficiarse de una partida extra presupuestaria: el diputado Angel Núñez.
"Una mañana de octubre de 1992, un hombre de unos 30 años, vestido con formalidad, se acercó tímidamente a la oficina del flamante diputado por el PRE, Andrés Romo. Se dirigió a un asesor y preguntó -¿Cuál es la oficina del diputado Angel Núñez? -En el piso de arriba, al lado de la oficina de la diputada Elsa Bucaram, le contestó. Luis Peñaranda, entonces, caminó lentamente los metros que le separaban del resto de su vida", decía un artículo de la revista Vistazo. Y así fue.
Luis Peñaranda reconoce que Angel Núñez le ayudó a conseguir la primera partida extra presupuestaria, solo que no fue cuando era diputado del PRE, sino cuando se desafilió de ese partido y formó parte del G-20, como se conoció al grupo de independientes, los que, según Luis Peñaranda, negociaban con el Gobierno Nacional la aprobación de leyes.
Con Angel Núñez, Peñaranda concretó su primera venta al Estado. Luego fue cuestión de mantener contactos con otros legisladores a los que se hacía presentar. Al parecer, el éxito de la operación de venta le garantizó una fama que se prolongó. (JT)


Declaraciones del recluso salpican al ex presidente de la República, Fabián Alarcón

Luis Peñaranda asegura que los libros con la información más importante fueron sacados antes de los allanamientos a sus oficinas y puestos a buen recaudo por una colaboradora.
Todas esas pruebas supuestamente ya están en su poder y solo está esperando el momento oportuno para revelarlas. Son pruebas que ha ofrecido a los medios de comunicación que le han solicitado entrevistas, como un buen vendedor. "Yo me especialice en marketing y mercadeo: sé cómo introducir un producto, cómo extenderlo en el mercado y cómo entregar una variedad de servicios", recita. Con todas las relaciones que supuestamente Peñaranda tenía en el Congreso, creyó poder soportar la caída del gobierno de Bucaram. Tanto es así, que si bien desapareció del Parlamento, al que asistía dos horas por semana, pensó en reanudar sus negocios en el gobierno interino de Fabián Alarcón. ¿Por qué?
La razón, al parecer, es sencilla. Luis Peñaranda sostiene que uno de sus intermediarios o 'vendedores' fue el que se convirtió en presidente de la República. Supuestamente, Fabián Alarcón le habría ayudado a conseguir partidas extrapresupuestarias a través del diputado Daniel Alvarez Tenorio, legislador denunciado por BLANCO y NEGRO, en 1996, por su gestión de partidas, cuando salió por primera vez a la luz el nombre de Peñaranda y de Mundo Editores.
"Yo trabajé con Fabián Alarcón, que negociaba a través de Daniel Alvarez Tenorio, cuando era presidente del Congreso. Ahora dice en son de burla que presente pruebas, cuando sabe que mis pruebas son mis ojos y mis manos", dice.
¿Alarcón tuvo tratos con Peñaranda? El ex presidente aseguró a BLANCO y NEGRO que nunca habló siquiera con su acusador, que debe responder ante la justicia por casos de corrupción. Peñaranda dice que una de las razones por las que se sintió tranquilo cuando cayó Bucaram es porque confiaba en el respaldo del presidente.
¿El día en que Alarcón llegó al poder se sintió tranquilo?
Obviamente. Yo estaba hablando con Wilson Merino (cercano colaborador del mandatario) y me dijo que todo iba bien.
¿Cuándo supo que no tendría su respaldo?
Cuando se armó todo el escándalo. Ellos se lavaron las manos como Poncio Pilatos.
Fabián Alarcón, en cambio, considera innecesario responder las lucubraciones de Luis Peñaranda, quien salió del país el 25 de marzo de 1997, el mismo día en que se dictaba una orden de prisión en su contra. Viajó con su esposa hasta Pasto, de ahí voló a Bogotá y luego salió rumbo a Miami. (JT)


ANALISIS
¿A quién protege Peñaranda?


En el ambiente de corrupción e impunidad que azota al Ecuador, el caso Peñaranda y su tristemente célebre red, tiene matices sorprendentes. Y es que no es poca cosa saber que los oscuros negociados no solo fueron cometidos en el Gobierno de Abdalá Bucaram, sino también en el de Sixto Durán Ballén.
En efecto, la red de Peñaranda comenzó a operar antes de que Bucaram asumiera la Presidencia, en una maraña que alcanzaba a diputados ligados al gobierno de Sixto; aunque, hay que repetirlo, fue en el mandato de Bucaram cuando alcanzó insólitas peculiaridades, puesto que en esta época las negociaciones tenían la bendición del propio jefe de Estado.
Por eso mismo resulta inverosímil que Luis Peñaranda, recluido en el ex penal García Moreno, siga protegiendo a sus secuaces, a quienes prefiere no mencionarlos, menos acusarlos, a riesgo de que su permanencia en la cárcel sea por muchos años.
Con el silencio de Peñaranda, la impunidad que campea en el país ya no sería solamente responsabilidad de una justicia atrofiada, y no pocas veces cómplice; sino fruto de esas fuerzas y lealtades vistas solamente entre los integrantes de las mafias.
Han pasado más de cuatro años desde que el país se conmovió al descubrirse cómo por llevarse el dinero del Estado se inventaron programas de 'ayuda' con libros y computadoras a las escuelas y colegios del país, pero nadie ha sido juzgado y sentenciado.
Han pasado cuatro años, y si bien algunos diputados perdieron esa condición, ninguno de los 17 ex congresistas se ha sentado en el banquillo de los acusados. Al contrario, no pocos están detrás de que se les restituya su curul.
Tras las rejas, Peñaranda solo amenaza, pero no da los nombres de los supuestos 15 diputados a quienes habría pagado comisiones por facilitar el 'negocio' de su empresa.
Si bien es cierto que el recluso habla del ex mandatario Fabián Alarcón (con lo que la red Peñaranda salpicaría a tres ex presidentes del Ecuador), tampoco contribuye con pruebas suficientes como para que la justicia no tenga pretexto para su inacción.
El Ecuador está en la listas internacionales como uno de los países más corruptos. Seguramente, el nuevo récord será luego el del país donde la impunidad ha sentado sus reales.
Una acción global de todas las instancias legales del país, más la movilización ciudadana, podrían hacer que, procesando a Peñaranda, el país recobre algo de su fe en las instancias judiciales.
Si Peñaranda no habla, y tampoco ningún juez lo obliga, se confirmará aquellas versiones que aseguran que a mucha gente influyente no le conviene que este hombre hable, por lo que su silencio tendría un alto precio. ¿A quién protege Peñaranda? Ojalá tuviésemos las respuestas. (TFF)


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