"Santiago Bucaram instala una oficina
en el quinto piso del edificio Jácome (en realidad las oficinas pertenecían a Luis
Peñaranda, adquiridas en 50 millones de sucres cuando tenía 27 años, según su
versión) manejada en sociedad con Luis Peñaranda y Guillermo Cárdenas", dice la
denuncia entregada al entonces contralor general del Estado, Benjamín Terán Varea.
"En esta singular oficina se manejan 50 000 millones de sucres conseguidos mediante
partidas extrapresupuestarias -sigue-. Por encargo de Santiago Bucaram, Luis Peñaranda y
Guillermo Cárdenas realizan los respectivos contactos y llamadas telefónicas a los
rectores de los colegios, a los cuales se les obligaba a presentarse en el edificio
Jácome, en donde se les informaba de la disposición de acatar y suscribir documentos y
contratos por un valor inferior a 95 millones de sucres".
¿Se hicieron esos negocios? Peñaranda reconoce que Santiago Bucaram era su amigo, pero
evita más comentarios. Dice tener una lista de 15 diputados a quienes habría entregado
porcentajes por haber concretado la venta del material de sus empresas. Dice que los
asesores de esos diputados trabajaron como sus 'vendedores'. Los nombres promete
revelarlos en el juicio y adelanta que algunos se encuentran, en la actualidad, en calidad
de legisladores. (JT)
La amistad, el factor importante
Para Luis Peñaranda, la amistad es primordial a la hora de sellar tratos. "En los
negocios siempre se debe aprovechar la coyuntura, la amistad. Todo negocio se hace a
través de amistades, de recomendaciones. Eso es parte del trabajo. Yo hablé con el
diputado Núñez y le dije que tenía una empresa, que contaba con un material y que el
Gobierno siempre proveía de mobiliario educativo a escuelas y colegios, que era algo
beneficioso que podía hacer por su provincia, y que la educación es superimportante para
mí", dice en un largo monólogo.
Una vez que se pusieron de acuerdo habría comenzado la gestión a través del Ministerio
de Finanzas. "Algún día voy contar cómo se maneja el sistema", amenaza. Dice
conocer muy de cerca qué hay detrás de la pugna de poderes, cómo se elaboran las leyes,
cómo se negocian las leyes, cuáles son las cuotas de poder, cómo se forman los grupos
independientes, las mayorías. "Yo lo viví, tuve la oportunidad de conocer
eso", dice Peñaranda.
Algunos diputados del denominado G-20 fueron sus primeros 'vendedores', como llama a
quienes le ayudan a concretar un negocio o una venta, porque era a quienes pagaba una
suculenta comisión. (JT)
¿Quién pensó en negociar con el Gobierno?
La primera empresa que formó Luis Peñaranda, a la que califica como única, es Mundo
Editores, en la que preparó a su primer equipo de vendedores, reclutados mediante avisos
publicados en la prensa.
Los mejores tuvieron la misión de acercarse al Parlamento para buscar aliados entre los
diputados. El primero que comenzó a conocer el negocio habría sido uno llamado Frank
Olalla.
¿De quién fue la idea de vender libros al Gobierno? "Mía", responde Luis
Peñaranda. Muchos de los vendedores que comenzaron a trabajar con él pasaron, con el
tiempo, a administrar empresas paralelas, cuando el negocio se amplió.
Luego de la decepción sufrida con el primer intento de vender libros al Gobierno a
través del diputado Simón Rivadeneira, cuando se instaló un nuevo período legislativo,
Luis Peñaranda Samaniego ya sabía quién sería su primer intermediario para poder
beneficiarse de una partida extra presupuestaria: el diputado Angel Núñez.
"Una mañana de octubre de 1992, un hombre de unos 30 años, vestido con formalidad,
se acercó tímidamente a la oficina del flamante diputado por el PRE, Andrés Romo. Se
dirigió a un asesor y preguntó -¿Cuál es la oficina del diputado Angel Núñez? -En el
piso de arriba, al lado de la oficina de la diputada Elsa Bucaram, le contestó. Luis
Peñaranda, entonces, caminó lentamente los metros que le separaban del resto de su
vida", decía un artículo de la revista Vistazo. Y así fue.
Luis Peñaranda reconoce que Angel Núñez le ayudó a conseguir la primera partida extra
presupuestaria, solo que no fue cuando era diputado del PRE, sino cuando se desafilió de
ese partido y formó parte del G-20, como se conoció al grupo de independientes, los que,
según Luis Peñaranda, negociaban con el Gobierno Nacional la aprobación de leyes.
Con Angel Núñez, Peñaranda concretó su primera venta al Estado. Luego fue cuestión de
mantener contactos con otros legisladores a los que se hacía presentar. Al parecer, el
éxito de la operación de venta le garantizó una fama que se prolongó. (JT)
Declaraciones del recluso salpican al ex
presidente de la República, Fabián Alarcón
Luis Peñaranda asegura que los libros con
la información más importante fueron sacados antes de los allanamientos a sus oficinas y
puestos a buen recaudo por una colaboradora.
Todas esas pruebas supuestamente ya están en su poder y solo está esperando el momento
oportuno para revelarlas. Son pruebas que ha ofrecido a los medios de comunicación que le
han solicitado entrevistas, como un buen vendedor. "Yo me especialice en marketing y
mercadeo: sé cómo introducir un producto, cómo extenderlo en el mercado y cómo
entregar una variedad de servicios", recita. Con todas las relaciones que
supuestamente Peñaranda tenía en el Congreso, creyó poder soportar la caída del
gobierno de Bucaram. Tanto es así, que si bien desapareció del Parlamento, al que
asistía dos horas por semana, pensó en reanudar sus negocios en el gobierno interino de
Fabián Alarcón. ¿Por qué?
La razón, al parecer, es sencilla. Luis Peñaranda sostiene que uno de sus intermediarios
o 'vendedores' fue el que se convirtió en presidente de la República. Supuestamente,
Fabián Alarcón le habría ayudado a conseguir partidas extrapresupuestarias a través
del diputado Daniel Alvarez Tenorio, legislador denunciado por BLANCO y NEGRO, en 1996,
por su gestión de partidas, cuando salió por primera vez a la luz el nombre de
Peñaranda y de Mundo Editores.
"Yo trabajé con Fabián Alarcón, que negociaba a través de Daniel Alvarez Tenorio,
cuando era presidente del Congreso. Ahora dice en son de burla que presente pruebas,
cuando sabe que mis pruebas son mis ojos y mis manos", dice.
¿Alarcón tuvo tratos con Peñaranda? El ex presidente aseguró a BLANCO y NEGRO que
nunca habló siquiera con su acusador, que debe responder ante la justicia por casos de
corrupción. Peñaranda dice que una de las razones por las que se sintió tranquilo
cuando cayó Bucaram es porque confiaba en el respaldo del presidente.
¿El día en que Alarcón llegó al poder se sintió tranquilo?
Obviamente. Yo estaba hablando con Wilson Merino (cercano colaborador del mandatario) y me
dijo que todo iba bien.
¿Cuándo supo que no tendría su respaldo?
Cuando se armó todo el escándalo. Ellos se lavaron las manos como Poncio Pilatos.
Fabián Alarcón, en cambio, considera innecesario responder las lucubraciones de Luis
Peñaranda, quien salió del país el 25 de marzo de 1997, el mismo día en que se dictaba
una orden de prisión en su contra. Viajó con su esposa hasta Pasto, de ahí voló a
Bogotá y luego salió rumbo a Miami. (JT)
ANALISIS
¿A quién protege Peñaranda?
En el ambiente de corrupción e impunidad que azota al Ecuador, el caso Peñaranda y su
tristemente célebre red, tiene matices sorprendentes. Y es que no es poca cosa saber que
los oscuros negociados no solo fueron cometidos en el Gobierno de Abdalá Bucaram, sino
también en el de Sixto Durán Ballén.
En efecto, la red de Peñaranda comenzó a operar antes de que Bucaram asumiera la
Presidencia, en una maraña que alcanzaba a diputados ligados al gobierno de Sixto;
aunque, hay que repetirlo, fue en el mandato de Bucaram cuando alcanzó insólitas
peculiaridades, puesto que en esta época las negociaciones tenían la bendición del
propio jefe de Estado.
Por eso mismo resulta inverosímil que Luis Peñaranda, recluido en el ex penal García
Moreno, siga protegiendo a sus secuaces, a quienes prefiere no mencionarlos, menos
acusarlos, a riesgo de que su permanencia en la cárcel sea por muchos años.
Con el silencio de Peñaranda, la impunidad que campea en el país ya no sería solamente
responsabilidad de una justicia atrofiada, y no pocas veces cómplice; sino fruto de esas
fuerzas y lealtades vistas solamente entre los integrantes de las mafias.
Han pasado más de cuatro años desde que el país se conmovió al descubrirse cómo por
llevarse el dinero del Estado se inventaron programas de 'ayuda' con libros y computadoras
a las escuelas y colegios del país, pero nadie ha sido juzgado y sentenciado.
Han pasado cuatro años, y si bien algunos diputados perdieron esa condición, ninguno de
los 17 ex congresistas se ha sentado en el banquillo de los acusados. Al contrario, no
pocos están detrás de que se les restituya su curul.
Tras las rejas, Peñaranda solo amenaza, pero no da los nombres de los supuestos 15
diputados a quienes habría pagado comisiones por facilitar el 'negocio' de su empresa.
Si bien es cierto que el recluso habla del ex mandatario Fabián Alarcón (con lo que la
red Peñaranda salpicaría a tres ex presidentes del Ecuador), tampoco contribuye con
pruebas suficientes como para que la justicia no tenga pretexto para su inacción.
El Ecuador está en la listas internacionales como uno de los países más corruptos.
Seguramente, el nuevo récord será luego el del país donde la impunidad ha sentado sus
reales.
Una acción global de todas las instancias legales del país, más la movilización
ciudadana, podrían hacer que, procesando a Peñaranda, el país recobre algo de su fe en
las instancias judiciales.
Si Peñaranda no habla, y tampoco ningún juez lo obliga, se confirmará aquellas
versiones que aseguran que a mucha gente influyente no le conviene que este hombre hable,
por lo que su silencio tendría un alto precio. ¿A quién protege Peñaranda? Ojalá
tuviésemos las respuestas. (TFF)