La peregrinación, al menos una vez en la
vida, a La Meca es obligatoria para todo musulmán que tenga la fuerza y los recursos
económicos necesarios. Esto se realiza del 7 al 13 del mes Du al-hiyya, el último del
año hegiriano (El tiempo musulmán comienza con la hégira, el 16 de julio de 622).
La peregrinación se la debe hacer con vestimenta de sacralización (iharam) compuesta por
dos piezas de tela blanca, sin ninguna costura, para abolir las diferencias de razas y de
rango social, según estas tradiciones. Y por último está la limosna (zakat o sadaga),
impuesto religioso asignado a los ricos para ser repartidos entre los pobres.
Las prácticas obligatorias que todo buen musulmán debe cumplir constan en la sunna,
narraciones cortas que relatan el comportamiento del profeta Mahoma, que reciben el nombre
de hadiz (tradiciones) que tejen lazos entre historia y religión.
"Gracias a estos relatos, los musulmanes de todas partes y de todas las épocas van a
vivir al modo y estilo de Medina, tanto en lo que concierne a la urbanidad como a la
organización política", dice el ensayo de Anne-Marie Delcambre sobre el nacimiento
de la religión islámica. Por ejemplo, un buen musulmán debe abstenerse de soplar la
comida, y siempre debe comer con la mano derecha.
El lado derecho entre los musulmanes simboliza la suerte y la felicidad, el izquierdo
significa desgracia. Por eso la mano derecha la utiliza para las cosas consideradas nobles
y la izquierda para la viles. "Se entra en la mezquita con el pie derecho, se come
con la mano derecha, se comienza a calzarse con el pie derecho, se duerme sobre el lado
derecho. Pero otros actos de la vida íntima solo pueden realizarse con la mano
derecha", dice la arabista Delcambre.
Asistir a banquetes, a los funerales, visitar a los enfermos y hacer regalos se consideran
actos dignos de alabanza, al igual que el cuidado del cuerpo. Los ritos de depilación de
la mujer son imprescindibles para eliminar todo signo exterior de naturaleza salvaje. Para
el musulmán lo limpio es lo liso y pulido, es lo civilizado. "Hay que recurrir a
menudo al mondadientes; hay que evitar comer ajo y cebolla antes de ir a la mezquita, para
no molestar a los demás", continúa.
Peter Schenkel, experto en temas del Oriente Medio, aseguró que la religión musulmana se
distingue de las demás religiones porque más que una religión es una forma de vida.
(JT)
La afirmación del tawhid y lo pagano
Roger Arnaldez, miembro de la organización francesa no gubernamental Islam et Occident,
autor de un ensayo sobre el significado de los dogmas musulmanes, asegura que el islam
tiene varios dogmas, pero que todos giran en torno a uno esencial: La unicidad de Dios
(tawhid).
La "afirmación del tawhid se dirigió al principio contra el paganismo de las tribus
de la península Arábiga, luego contra la doctrina cristiana de la Santísima Trinidad,
considerada como una forma de politeísmo, el tristeísmo, tal como lo denuncia el Corán:
Son infieles los que dicen que Dios es el tercero de una tríada".
Una de las primeras cosas que hizo el profeta Mahoma, luego de entrar victorioso a La
Meca, fue dirigirse al santuario de la Kaaba para destruir todos los ídolos paganos.
Francis Mamand, antiguo profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Kuwait,
aclara que en el mundo musulmán la fe está indisociablemente ligada a la ley, conocida
como charia. "En el islam, los juristas son a la vez teólogos (...) Esto es
desconcertante para un espíritu occidental acostumbrado a disociar los dominios de lo
religioso y lo profano".
Un pedazo de Oriente Medio, en La Mariscal
Fajedh Almat conoció Ecuador en una clase, en la Universidad de Jordania. La primera vez
que llegó al país fue en 1995, de visita, y se quedó 40 días. "Me gustó, porque
es muy pacífico, sin los problemas que se tienen en el Oriente Medio, así que decidí
regresar después de ocho meses", dijo.
Fajedh es un musulmán árabe que reza cinco veces al día, para tener un contacto más
directo con Dios. Es la única tradición musulmana que practica, según reconoció. En el
país se casó con una ecuatoriana, con quien ya tiene dos hijos.
La comunidad árabe en el Ecuador es pequeña, según asegura Fajedh, pero aclara que se
refiere a la gente que llegó en los últimos años. Se calcula que en el sector de La
Mariscal, en el centro norte de Quito, viven alrededor de 150 personas de origen árabe,
que han llegado recientemente. "La gente que esta acá solo busca trabajar en paz, no
tener problemas", manifestó.
La mayoría de los llamados 'árabes' llega al Ecuador huyendo de la violencia del Oriente
Medio. Varios están en condición de refugiados, y son protegidos por el Alto Comisionado
de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), según confirmó la oficina de
Derechos Humanos de la Cancillería.
Lo cierto es que un pedazo del Oriente Medio se halla en la zona turística de La
Mariscal, donde confluyen varias culturas con su música, sus pipas de agua. El shawarma
es apetecido por propios y extraños y es preparado por quienes huyeron de la
obligatoriedad de llevar barba, de andar cubiertas (entre las mujeres), de anteponer la
religión a cualquier otra actividad.
Ecuador ha acogido a cientos de árabes, musulmanes cristianos, sirios, afganos,
palestinos, libaneses que lo único que quieren es vivir tranquilos, en paz, sin los
horrores de la guerra y de la opresión religiosa.
Mohammad Namazi, un sirio de origen persa, dijo que había llegado hace cinco años y
asegura que la falta de libertad ha causado que un 80% de la población joven salga
después de cumplir los 18 años. Asegura que alrededor de 1 000 árabes viven en el
país, y que todavía mantienen sus tradiciones religiosas.
Es la nueva inmigración que se presenta en Ecuador en los últimos años; la primera, de
origen sirio-libanés, se produjo en el siglo anterior, por los disturbios de 1840. Y
todos los que llegaron en esa época eran libaneses cristianos. "Los libaneses tienen
en un alto sitial a la cultura y lengua árabes, pero, en primer lugar, son nacionalistas
cristianos. Sus verdaderos lazos culturales se rastrean en la antigua Fenicia y no en el
mundo árabe. (CA)
Cementerio musulmán
"Hubo un minoritario grupo de sirios y palestinos que llegaron a comienzos del siglo
XX a Ecuador, quienes compraron tierras en los cantones Playas y Palestina", sostiene
el historiador guayaquileño Rodolfo Pérez Pimentel. También llegaron judíos quienes
formaron una pequeña colonia, que aún existe.
"Ellos tienen un salón (sinagoga), ubicado al noroeste de Guayaquil, en el cual
realizan sus cultos", asegura, y comenta que, antiguamente, en el país se efectuaba,
cada 31 de diciembre, la conocida 'quema del judío', que consistía en fabricar un
muñeco de trapo para arrastrarlo por pequeños callejones al son de tambores y
panderetas. Luego lo colgaban de la rama de un árbol y lo incineraban.
"En 1856, el presidente Francisco Robles autorizó la construcción del primer
cementerio para los protestantes (extranjeros) en Guayaquil, donde se enterraba a los
ciudadanos que no eran católicos, sino judíos, musulmanes y de otras religiones u otros
cultos", recordó el historiador. (CHM)
ANALISIS
Ni en el nombre de Dios, ni en el nombre de Alá
Extrañamente, en un mundo que gracias a los medios electrónicos, y con información casi
instantánea, se considera conocedor de lo que sucede en el planeta, buena parte de
Occidente ha debido reconocer que desconoce el mundo islámico, aunque su población
supere los 1 200 millones, o sea el 19,6% de los que pueblan la Tierra.
La agresión a Estados Unidos, el 11 de septiembre, ha desencadenado actitudes que bordean
la xenofobia, personas atacadas por el solo hecho de los rasgos físicos que identifican a
las personas del mundo árabe, después de que un musulmán fundamentalista, Ussama Ben
Laden, ha sido señalado como el responsable del monstruoso ataque a edificaciones
emblemáticas de Nueva York y Washington.
Pero los musulmanes no son Ben Laden, ni el islamismo es sanguinario.
Una aproximación a esta confesión religiosa, cuyos orígenes se remontan al año 622
d.C., nos muestran su alejamiento total a toda forma de violencia. Violencia que, en
cambio, es practicada por los radicales, por aquellos que han distorsionado sus códigos y
principios, y encontraron en las armas y el crimen una vía para conseguir sus objetivos,
casi siempre vinculados con ambiciones individuales.
Pero la distorsión, las interpretaciones arbitrarias, no son atributos exclusivos del
mundo islámico; la historia nos recuerda cómo otras religiones también fueron
malinterpretadas, con el propósito de mantener el dominio de pueblos y naciones.
¿Acaso la Inquisición no ha sido la práctica más virulenta e irracional hecha en el
nombre de Dios? ¿No fue la Inquisición la más absurda y brutal malinterpretación de la
doctrina cristiana?
Estas mismas distorsiones, aunque con signos más horrendos, hacen ciertos grupos
islámicos que practican la violencia, la tortura, la brutalidad, igualmente con el
objetivo final de dominar, conquistar y sojuzgar; de imponer a los otros una forma de
pensar, la suya y no la de nadie más.
Y es que el fanatismo ha sido desde siempre el mayor de los riesgos para quienes no
entienden la esencia de las palabras escritas en los textos sagrados.
La humanidad recuerda suicidios colectivos de personas a quienes falsos predicadores, que
interpretaron a su antojo la Biblia, llevaron a cometer horrendos crímenes, como aquel de
quitarse la vida apelando al nombre de Dios.
También se sabe de sectas y grupos radicales que no admiten la medicina, aun en casos
extremos de enfermedad, puesto que piensan que Dios los sana desde el cielo, olvidando
aquello de 'cuídate que te cuidaré", recogido en la Biblia.
Los grupos terroristas que crecen sobre cadáveres de inocentes, aunque argumentan actuar
en nombre de sus dioses, son la contradicción de lo religioso, son la antítesis de la
palabra de Dios, Alá o Yavé, la cual es vida y no muerte. (TFF).