A España, donde la coexistencia con el
Islam duró siglos durante la Edad Media, en la época moderna la inmigración musulmana
ha sido más bien tímida, y existen menos de 300 000 musulmanes, provenientes sobre todo
de Marruecos. A manera de comparación: en Estados Unidos no viven más de 4,1 millones de
musulmanes, cifra que, sin embargo, es cuatro veces mayor que hace 30 años.
Según la Enciclopedia Mundial de Cristianismo, publicada en enero de este año en Oxford,
mientras el cristianismo es practicado en 238 países por 1 900 millones de personas, que
corresponden a un 31% de la población mundial, al islamismo pertenecen 1 200 millones, es
decir, un 19,6% de la población. Sin embargo, el cristianismo ha mantenido casi constante
su número de adeptos, con tendencia a la baja, mientras que el islamismo ha crecido en
más de un 7%.
Las primeras décadas de su presencia en la Europa del siglo pasado, los musulmanes
prácticamente no hicieron visible su religión; fue como si hicieran un paréntesis en su
práctica, en espera de su retorno a casa. Pero una vez que se produjo la unificación
familiar, sobre todo las mujeres hicieron que la diferencia se notara. Al mismo tiempo
comenzaron a aparecer las primeras mezquitas, que seguían las directrices adoptadas en
sus países de origen, donde el islam generalmente es la religión de Estado. Solamente en
los años ochenta se produjo lo que se conoce bajo el nombre de 'islam europeo', orientado
hacia la manera abierta de practicar la religión en la Edad Media, con el que los
musulmanes radicados definitivamente en los países occidentales trataron de adaptarse
mejor a las nuevas circunstancias.
Este es el islam al que ahora los dirigentes e intelectuales europeos se aferran como
única opción para la convivencia. Bassam Tibi, catedrático nacido en Damasco y radicado
en Gotinga, uno de los pensadores árabes más destacados de Occidente, considera que la
integración de los musulmanes y no la formación de guetos es la política que todos
estos países deben seguir. Sin embargo, recalca que solamente los movimientos políticos
que se legitiman en la variante fundamentalista de la religión deben ser objeto de
medidas de seguridad. En contra de lo que opina el afamado pensador norteamericano Samuel
Huntington, quien ha pronosticado un "choque de civilizaciones", el catedrático
arabista subraya que no son las sociedades quienes protagonizan los conflictos. (SK)
Los radicales organizados, o los 'terroristas dormidos'
Todas las culturas islámicas, la africana, la asiática, la india y la original árabe,
forman, para Bassam Tibi, el pensador árabe más destacado de Occidente, la civilización
musulmana. El catedrático opina que solo los fundamentalistas persiguen un nuevo orden
social y político, y entre ellos solo un reducido número es el que opta por a la
violencia.
Bassam Tibi cree que, en Europa, entre un 3% y 5% de musulmanes ha adoptado una postura
misionera, sin que por eso signifique que necesiten recurrir a la violencia. En el caso de
Alemania, los periódicos han publicado con motivo del ataque a Nueva York, que unos 31
000 musulmanes pueden ser calificados de radicales. Los servicios de seguridad, sin
embargo, no temen tanto a los radicales organizados y visibles como a los que denominan
"terroristas dormidos", entre ellos unos 150 ó 200 seguidores de Ussama Ben
Laden, perfectamente adaptados en una sociedad multicultural que les sirve de camuflaje.
(SK)
'El fundamentalismo no sabe dialogar'
"El fundamentalismo tiene dos vectores: uno es la adhesión fija, duradera y cerrada
a los libros sagrados o a cualquier cosa que se tome por tal (...) El fundamentalismo, que
suele polarizarse en torno a un libro, una religión o un personaje, no es un éxtasis de
la cultura sino un éxtasis de la ignorancia", escribió el jueves pasado el escritor
y periodista Francisco Umbral, en su columna del diario español El Mundo.
El analista internacional Peter Schenkel aseguró a BLANCO y NEGRO que se podían
distinguir dos sectores dentro del mundo islámico, que abarca la quinta parte de la
humanidad: el primero es el ortodoxo religioso, que es fuerte en los Estados petroleros
del golfo Pérsico, como Arabia Saudí, Kuwait y Emiratos Arabes Unidos; y el segundo, el
radical, que predica no solo la guerra santa a Occidente, sino también el establecimiento
de un poder islámico mundial.
"El fundamentalismo es la forma extática del terrorismo, o más bien el terrorismo
es la forma dinámica del fundamentalismo. La adhesión sostenida y duradera a un solo
núcleo de verdades o mentiras, de leyes o aleluyas, acaba criando 'callo' en las
conciencias. (El fundamentalismo) no sabe dialogar, no quiere dialogar y prefiere volar
unas torres a integrarse en la economía y en la cultura de un tercer milenio que se va a
salvar por la ciencia, si no se pierde por la violencia dispersa de unos y otros. El
fundamentalismo tiene que comprar armas a Occidente, pero le repugna menos una pistola que
un libro de Bertrand Russell. El fundamentalismo es la Edad Media que vuelve, que nos
cierra el paso y cree que un avión de pasajeros es una lanza contra el corazón de
América", subraya el escritor Francisco Umbral. (JT)
'Yihad talibán no vincula al mundo musulmán'
Tiempo es lo que pidió el mulá Omar, jefe supremo de los talibanes y guía espiritual de
Ussama Ben Laden, para acatar la decisión de la jerarquía religiosa musulmana, que esta
semana decidió pedir la salida de Afganistán del terrorista más buscado del mundo, el
multimillonario saudí que es acusado por el atentado a los corazones militar y financiero
de Estados Unidos, el pasado 11 de septiembre. Así lo indicó el ministro de Educación
afgano, Amir Khan Mutaqi.
Los clérigos islámicos instaron a Ussama Ben Laden a que abandonase voluntariamente el
territorio de Afganistán, donde reside con sus seguidores desde hace cinco años, según
informó la agencia noticiosa talibán, Bajtar. Pero también, los ulemas se declararon
dispuestos a declarar la guerra santa a Estados Unidos si sus tropas atacaban Afganistán.
"La invocación de la yihad por parte de los talibanes no es, en absoluto, vinculante
para los musulmanes, porque es una apropiación oportunista del concepto de 'lucha legal'
en defensa del islam, para tratar de convertir su lucha en la pelea de todos los
musulmanes", aclaró la arabista Gema Martín Muñoz, catedrática de la Universidad
Autónoma de Madrid, en España. (JT).