¿Arte o vandalismo?
Fray 71 y Wiso-G 93 son dos jóvenes de 25 años de edad que, además de ganarse la vida
en quehaceres publicitarios, se dedican por las noches a planificar 'obras de arte' con
aerosol. Se enorgullecen de pertenecer a la organización de graffiteros más reconocida :
'Los Graffits People'. Y el código, que remplaza a sus nombres propios y sus identidades
ha ganado gran importancia desde que, mediante ordenanza, el Municipio de Guayaquil los
reprime y castiga. Su territorio esta ubicado en la parroquia Febres Cordero, al sur de
Guayaquil, y son admirados por los grupos dedicados a crear sicodélicos murales.
"Iba a obtener el bachillerato en la Escuela de Bellas Artes, pero por falta de
recursos tuve que salir. El destino me hizo grafitero", afirma Wiso-G 93.
Explican que las personas aún no conocen la diferencia entre un chapetero y un grafito.
El primero se diferencia de la pintada clásica porque son elaborados por menores de edad
(en su mayoría colegiales) que se dedican a rayar las paredes con cualquier pintura en
aerosol, sin importarles si son detenidos por las cuadrillas municipales. Estos escriben
el nombre de la pandilla y el número de la línea de transporte de su sector, mientras
que las pintadas muestran códigos y mensajes de tipo social. Además, requieren
creatividad, tiempo, espacio y color.
"Los grafitos se los trabaja entre cinco personas y en tres días. Nuestra
organización cuenta con más de 100 grafiteros", dice Fray 71, mientras que Wiso-G
93 insiste en que los 'chapeteadores' se transforman en talentos de 'murales urbanos'.
"Nadie acepta que los grafitos son cultura. Debería dársenos una oportunidad, como
se lo hace en otros países para que los artistas surjan", sostienen estos jóvenes.
No obstante, para Máximo Suárez, educador social de la Fundación guayaquileña 'Ser
Paz', la pintada es sinónimo de creatividad en donde los jóvenes plasman sus deseos.
Dice que el misterio del grafito no se basa en la interpretación, sino en el grado de
expresión de los mensajes, como 'queremos paz o no a las drogas'.
"Este arte es un desafío para las organizaciones, y quien mejor lo elabora es el
más respetado. Si logran elaborarlo en un sector donde hay pandillas, son más
reconocidos".
De acuerdo con los registros de la Dirección Nacional de Policía Especializada para
Niños y Adolescentes en Guayaquil, existen 317 pandillas, dispersas en los sectores
suburbanos. Para su control, la dirección de Justicia y Vigilancia del Municipio de
Guayaquil puso en práctica, desde mayo anterior, operativos en puntos estratégicos de la
ciudad. De esta manera, se pretende evitar que los chapateros y grafiteros, que
presuntamente incursionan en pandillas, causen daño.
Por su parte, July Woll, jefa del departamento de Relaciones Públicas del Municipio,
afirma que de acuerdo con lo estipulado en la ordenanza municipal, los menores de edad
detenidos por cometer esta clase de atropello son llevados por las cuadrillas de 'Más
Seguridad', a la Dinapen, en donde reciben charlas sicológicas. Posteriormente, como
sanción, realizan labores comunitarias de ocho horas diarias, por el lapso de una semana.
"Como reposición, los padres deben cancelar en la dirección de Obras Públicas el
valor de las pinturas utilizadas". (CHM)
Paredes
- La falta de comprensión familiar y respeto
en su grupo, es motivo que obligan a los menores de edad o jóvenes a expresarse en las
paredes.
- El rap, regaee y el house son ritmos
musicales que influyen en su estilo de vida.
- Este modo de expresión fue copiado por
jóvenes ecuatorianos que vivieron en EEUU e iniciaron este tipo de comportamiento en el
país, a inicios de la década de los ochenta.
- Los grafiteros guayaquileños utilizan en
las pintadas códigos y un abecedario que va acompañado de números. Allí detallan
nombres, caricaturas y mensajes de paz, amor, lucha contra las drogas y la No violencia.
- Sociólogos consultados coinciden en que los
grafitos representan las expresiones reprimidas del individuo en la sociedad. A esto se
suma la marginalidad étnica, económica o emocional. (CHM).
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Graffiti: 'El hoy es la suma de los ayeres'Respecto a este tema, el sicólogo guayaquileño
Eduardo Tigua afirma que los gráficos de las paredes no son grafitos (que contienen
mensajes) sino garabatos, producto del vandalismo que existe en la sociedad. 'Esto se debe
a la represión social en que vivimos'.
Por ello, Tigua dice que el grafito aparece en una sociedad politizada donde no hay una
reflexión de orden político y cultural. Entonces, esto genera una especie de protesta,
'una devolución del flujo recibido'.
"Los garabatos son códigos vacuos que no tienen ningún significado ni contenido
filosófico. Son mensajes instintivos llenos de agresividad", argumenta.
A esto, añade que rayar las paredes no es sinónimo de liderazgo o poder, sino de un tipo
de violencia que las personas de estratos sociales bajos reciben desde pequeños y
conforme crecen la van acumulando.
Menciona que los jóvenes en la actualidad tratan de expresar de muchas formas su peso en
la sociedad haciéndose notar para sobresalir de alguna manera. 'El hoy es la suma de los
ayeres'.
"Es justo que se tomen medidas y se sancione a quienes destruyen la propiedad, pues
rayar las paredes constituye una forma de agresión". (CGZ).
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