AEl Ministerio de Salud Pública ni
siquiera tiene un presupuesto fijo asignado para este campo, pese a que existe una
Dirección de Salud Mental. Wilson Rojas, director (e), sostiene que su trabajo se limita
a mantener proyectos, sobre todo en temas relacionados con el alcoholismo, y realizar la
supervisión técnica de los hospitales siquiátricos que administra el Estado: el Julio
Endara y el San Lázaro, este último se encuentra en el centro histórico de la capital,
en la calle Ambato, en una edificación que ahora pertenece al Distrito Metropolitano de
Quito. En Guayaquil, el más grande es el regentado por la Junta de Beneficencia, el
hospital Lorenzo Ponce, y Cuenca apenas cuenta con un centro para ayudar a los
alcohólicos.
"La salud mental no es solo internarse, también implica tareas de prevención, que
carecen de apoyo y respaldo económico. Hay planes y proyectos, pero no hay sustento
presupuestario", insiste Artieda. A los problemas presupuestarios en el tema de la
siquiatría se juntan aquellos de los sindicatos de la salud. (JT)
Los sindicatos, un asunto de la clínica siquiátrica
Solo en el Julio Endara existen dos sindicatos y al ingresar al San Lázaro lo primero que
se encuentra son letreros que revelan el poder de estos gremios. El 'Bar del Sindicato'
está en la entrada. Fueron ellos quienes se opusieron a la una reubicación del
siquiátrico en las instalaciones del Julio Endara, porque temen perder su trabajo, según
aseguró Rommel Artieda, director del hospital Julio Endara.
La paralización del proyecto de fusión de los dos siquiátricos, diseñado por la
Dirección de Salud Mental, paralizó los trabajos de readecuación y mejoramiento de las
instalaciones del Julio Endara.
Las razones: Juan Ayala, director del San Lázaro asegura que trasladar su casa a las
afueras de Quito significaría desatender al promedio de 26 pacientes que llegan
diariamente a consulta externa, por trastornos mentales: desde gente que se muerde los
labios porque siente que tiene una culebra en su cabeza hasta personas que ven al diablo
en las paredes.
En medio de estos problemas son atendidos quienes sufren de trastornos mentales, los
abandonados a su suerte tanto en el Julio Endara como en el San Lázaro. "Llegan a
registrar el ingreso, se les da una receta, dicen que ya regresan con las medicinas, pero
nunca más vuelven", dice la hermana Margarita, una religiosa que trabaja en el
Endara. (JT)
Algo de Shakespeare en el
televisor de la sala del fondo
El siquiátrico de la calle Ambato no ha podido ser reubicado por la presión que
ejercen los trabajadores
La casona construida hace 216 años, que nació con el nombre de Jesús, María y José,
pasó de manos del Ministerio de Salud al Distrito Metropolitano de Quito, y su
restauración se encuentra a cargo del Fondo de Salvamento. Toda el ala izquierda, en
donde está la sala de San Juan, se halla abandonada, los pacientes debieron salir cuando
se comenzó a caer el techo, y las goteras de agua fueron más grandes.
En el primer piso están las ancianas indigentes, que no tienen familiares y que han
perdido el sentido de la realidad. Padecen de delirios.
Doña Manuela Guerra, sentada en una silla de ruedas, saluda a todo el que pasa por su
lado. La silla fue donada al San Lázaro. Extiende su mano huesuda, mientras otra anciana
agota su tiempo metiéndose la mano en la boca, buscando algo que no encuentra y luego se
friega su pierna.
El mayor número de pacientes del San Lázaron son de escasos recursos económicos y
muchos son trasladados de Sucumbíos y Esmeraldas, aunque también hay de Carchi,
Imbabura, Napo, Riobamba, Ambato y Guaranda.
Dimitri Barreto, que dirige la escuela de posgrado de siquiatría en la Universidad
Central, dice que las personas con trastornos que llegan a los hospitales de Quito lo
hacen por tradición o porque desconocen que en los hospitales generales hay un
departamento de siquiatría.
En la sala del fondo, 15 pacientes más se encuentran en terapia de distracción. Miran
como Romeo intenta conquistar a Julieta, bajo su balcón, con una guitarra. En una
televisión inmensa ven el capítulo del famoso humorista mexicano Roberto Gómez
Bolaños, una adaptación libre de la obra del dramaturgo inglés William Shakespeare.
(JT)
Los 278 huéspedes atendidos por 240 trabajadores del Ministerio
Los hospitales siquiátricos a cargo del Ministerio de Salud Pública tienen capacidad
para internar a 278 pacientes: 140 en el San Lázaro y 138 en el Julio Endara, atendidos
por 240 trabajadores de la salud: 140 en el primero y 100 en el segundo, en donde se
quejan por déficit de personal. En el primero están de modo permanente 30 personas con
problemas mentales, que no tienen familiares; muchos de ellos han sido abandonados en las
puertas de los centros hospitalarios.
Solo a consulta externa, cada día acuden al San Lázaro alrededor de 26 personas, según
su director Juan Ayala, quienes son evaluadas por un siquiatra para analizar si se
requiere su hospitalización. El director dice que al menos cuatro personas la necesitan y
pasan a una de las cuatro salas: Santa Magdalena, Santa María, Celso Jarrín y Franklin
Tello, en honor a dos pioneros de la siquiatría.
Los trastornos mentales son atendidos con medicina neuroléptica: los antiguos
medicamentos como el Aloperidol. "Hay nuevos fármacos que son más caros,
neurolépticos atípicos (con nuevas moléculas), a diferencia de los que se utiliza en el
hospital que son los más baratos", reconoce Rommel Artieda, del Julio Endara.
En el San Lázaro, los siquiatras, sicólogos, terapeutas, enfermeras, personal de
limpieza y auxiliares están agrupados en sindicatos que marcharon por las calles de Quito
cuando se elaboró el proyecto de fusión de los dos siquiátricos. (JT)
Sobre la perturbación de las
ideas
La esquizofrenia es uno de los trastornos que más se atiende en el San Lázaro y en
el Julio Endara, pero su incidencia es menor
Sentado frente a una cartulina, Eduardo Suárez dibuja un pájaro que eleva sus alas por
sobre unas flores. "Sufre de esquizofrenia paranoide", dice Juan Ayala, director
del San Lázaro. Según la definición de la Organización Panamericana de la Salud (OPS),
la esquizofrenia se caracteriza por la perturbación de las ideas y los sentimientos, que
afecta el lenguaje, el pensamiento, la percepción y el sentido de la propia identidad.
En todo el continente americano, según la OPS, siete millones de personas sufren
esquizofrenia. En el Ecuador es una de las enfermedades mentales más frecuentes, de
acuerdo con Rommel Artieda, director del hospital siquiátrico Julio Endara. Aunque
Dimitri Barreto, coordinador del posgrado de siquiatría de la Universidad Central, cree
que es mínimo el porcentaje de quienes padecen esquizofrenia, en comparación con otras
enfermedades mentales, como el alcoholismo.
"El 17% de la población ecuatoriana es alcohólica y el 9% depresiva", dice
Barreto. Aunque según el epidemiólogo del Ministerio de Salud, Patricio Jácome, el
porcentaje de la población alcohólica en el Ecuador llega al 35%. Lo dice basado en las
últimas estadísticas del Consejo Nacional de Sustancias Estupefacientes y Sicotrópicas,
las que revelarían que la depresión afecta al 10% y el 15% de la población.
Dimitri Barreto sostiene que la esquizofrenia afecta a uno de cada mil ecuatorianos,
aunque los casos más tratados en el San Lázaro y el Julio Endara son por esa causa. De
acuerdo con la división clásica de la siquiatría, se identifican cuatro tipos de
esquizofrenias, siendo la más peligrosa la paranoide, porque desencadena actos de
violencia.
El dibujante, vestido con una chaqueta raída, vuelve a ver al escuchar el susurro del
siquiatra. Tiene barba cuidada y cabello corto. "Es un artista", insiste el
director del San Lázaro. Como la mayoría de pacientes crónicos, no tiene familia y vive
hace diez años en el siquiátrico. "En algún momento de su vida -dice Ayala-
comenzó a ver enemigos en todos lados. Si dos personas a las que nunca había visto
conversaban a poca distancia de él, creía que tramaban algo en su contra y reaccionaba
violentamente".
Eduardo Suárez es el encargado de diseñar las sábanas, las cortinas y los cojines
elaborados por otros enfermos mentales, que sufren de esquizofrenia, delirios y
depresiones. (JT)