Al parecer, el proceso resulta mucho más
seguro para el dueño del estupefaciente, pues las 'mulas' que se tragan las cápsulas con
droga, con cierta frecuencia mueren por sobredosis al reventar alguna de ellas, o son
descubiertas en el aeropuerto por los nervios o bruscos cambios en el accionar que le
producen las sustancias extrañas que llevan en su aparato digestivo.
La técnica de los implantes, a pesar de ser la más novedosa, no es tampoco la más
inverosímil manera de sacar los alcaloides a los mercados de consumo, especialmente
Europa y Estados Unidos.
El año anterior, en el vecino país de Colombia, se detectó cómo utilizaban yucas,
grandes tubérculos de exportación, para enviar pasta de cocaína a los Estados Unidos,
con una técnica agropecuaria que permitía introducirle bolsas de látex antes de la
cosecha, y que no quedasen huellas de que el vegetal había sido cortado, al exportarlo.
(GCG)
Desde el 'olor a muerte' hasta la harina de pescado
Los organizaciones de narcotraficantes tienen una novedosa opción para pasar las cargas
de droga: la del 'olor de la muerte', un brebaje truculento preparado por indígenas
amazónicos, con los cuerpos de perros muertos, el cual producía una grasa inmunda que se
colocaba alrededor de la carga y que alejaba a los canes adiestrados para detectar
alcaloides.
Ecuador, como vecino de Colombia, es considerado un país de tránsito para el envío de
paquetes de estupefacientes a Europa, Asia y Estados Unidos, donde cada kilo puede
fácilmente alcanzar valores superiores a los $100 000. Por tanto, es también escenario
de la audacia de los narcotraficantes para camuflar su prohibida carga.
El caso más ingenioso y reciente que registra la Policía Antinarcóticos del Guayas data
de abril anterior, en el cantón Santa Lucía, donde los delincuentes, en complicidad con
algunos químicos, lograron camuflar cocaína en harina de pescado y harina de cocoa que
sería exportada.
Acciones del laboratorio de criminalística de la Policía Judicial permitieron descubrir
el sistema de transporte de estupefacientes, mientras, más y más 'mulas' intentan
también salir, a diario, por los filtros de los aeropuertos Simón Bolívar, de
Guayaquil, y Mariscal Sucre, de Quito. (GCG)
Las pruebas que revelan el
tránsito en el país
Un contacto en Aduanas tramitaba papeles y los nexos con el exterior se hacían por
e-mail
'Alfalfa' es el nombre del operativo que desarticuló una poderosa organización dedicada
a transportar droga desde Guayaquil hasta Canadá, camuflada entre alfarina, un alimento
balanceado para consumo animal.
Las exportaciones se realizaban, según la Policía, con la complicidad del agente
afianzado de aduanas Jorge López Póveda, quien tramitaba los documentos aduaneros.
Esta organización, en la que supuestamente participaba el ecuatoriano Alfonso Berrú
Carrión, hacia sus contactos desde Guayaquil, vía correo electrónico con Canadá. La
Policía antinarcóticos de Canadá colaboró para encontrar a Timothy Andrew Murray, la
persona que era contactada por Berrú a través del mail edgar495@latinmail.
Cuando la organización del narcotráfico fue desarticulada la Policía Nacional decomisó
2 852 kilos de marihuana. Uno de los más grandes localizados este primer semestre del
2001. (JVR)
Conexión peruana,
desarticulada por los agentes antinarcóticos
La organización internacional fue descubierta cuando intentaba enviar la cocaína a
Estados Unidos y Europa
Un caso en el que los agentes de antinarcóticos del Guayas casi pierden la 'batalla' se
registró en abril anterior, cuando una red internacional intentaba enviar hacia Canadá
unos 300 kilos de cocaína utilizando un moderno método químico que por primera vez se
aplicaba en Ecuador. Ese método permitía que la droga fuera imperceptible al olfato de
los canes e irreconocible a simple vista para los agentes de antinarcóticos.
La banda internacional, en la que participaban nueve ecuatorianos, ocho colombianos, un
chileno y un italiano, iniciaba sus operaciones ilegales en Perú, desde donde se
transportaba la droga hasta el Ecuador.
El colombiano Julio Umaña (a. Theo) era el encargado de introducir la droga a territorio
ecuatoriano para su procesamiento, el cual se realizaba en el rancho Gran Ulises, ubicado
en el cantón Santa Lucía, Guayas. Allí la red había levantado un laboratorio para que
los colombianos Hernán García Restrepo y Luis Emilio Duarte 'transformaran' la droga,
que en el mercado norteamericano hubiese alcanzado los $15 millones, y $18 millones en el
europeo.
Mediante procedimientos químicos, los narcotraficantes cambiaban la coloración y el olor
característico de este tipo de sustancias.
Luego de un minucioso proceso, según los informes policiales que existen sobre el caso,
la droga adquiría un color café oscuro, lo que era aprovechado por los narcotraficantes
para mezclarla con harina de pescado y harina de cocoa. Eso permitía que los canes no
lograsen detectar la presencia de cocaína en esas harinas.
Mientras la droga era procesada, otro colombiano, Ramiro Sanín, realizaba las
coordinaciones correspondientes para que la empresa Mit Mundo de Quito fuera la encargada
de la exportación de la droga hacia Vancouver, Canadá. (JVR)
¿Carteles colombianos expanden
sus fronteras por efectos del Plan?
Las técnicas que las organizaciones de narcotraficantes utilizan son tan avanzadas como
la tecnología y mecanismos que se aplican para detectar la presencia de estupefacientes
en algún tipo de producto.
Es que la misma cercanía que tiene Ecuador con Colombia ha resultado favorable para estas
organizaciones que en algunos casos, han logrado enviar a sus 'especialistas' en estas
técnicas para intentar evadir los controles policiales.
De hecho, a principios de este año, Abraham Correa, entonces jefe de la Policía del
Guayas, mostraba su preocupación sobre la incursión de narcotraficantes colombianos en
territorio ecuatoriano como una posible consecuencia del Plan Colombia.
Correa realiza esta declaración en momentos en que la Policía presentaba una poderosa
banda internacional que tenía tres laboratorios de procesamiento de cocaína en el
Ecuador.
La banda, conformada por 13 ecuatorianos y 7 colombianos, convertía la pasta básica de
cocaína -procedente de Perú- en materia semielaborada de clorhidrato de cocaína, con un
alto grado de pureza.
Para enviar la droga hacia Estados Unidos o Bélgica, los narcos utilizaron como pantalla
una empresa de exportaciones de piña fresca.
Los narcotraficantes extraían la espuma de las paredes y el techo del contenedor escogido
para guardar la cocaína, que previamente, en otro laboratorio, se le daba la forma y
tamaño para que ingresara fácilmente a los sitios de camuflaje.
La Policía Nacional logró aprehender de esta banda unos 69 320 gramos de clorhidrato de
cocaína. (JVR)