SÁBADO 14 DE JULIO DE 2001

La feria de las vidas privadas

Entre la intimidad y el espectáculo Talk show: 'deporte' de la pasión

• 'Viva el drama humano, sufra junto a las víctimas la tragedia develada ante sus propios ojos', parecería ser la consigna de estos programas.

• El desarrollo de la televisión como medio masivo de comunicación cambió la relación entre lo público y lo privado en la sociedad.

• La investigación de la peruana Elsa Ursula demuestra que muchos de estos shows son solo un monjate.


'El estrés ataca sin previo aviso'

La muerte de la cabo segunda de Policía, Karina Ortega Vera, quien fue asesinada por su esposo, el policía Jorge Nixon Paz, en la madrugada del viernes 6 de julio, tras recibir siete impactos en el cuerpo, puso a los miembros de la cúpula policial en desconcierto.
Ocurrió cuatro días antes de cumplir cuatro meses de casados. La víctima, de 28 años de edad, vivía con su conviviente en la Av. 25 de julio y Juan Bosco, al sur de Guayaquil. Según el testimonio de Angélica Vera Gorotiza, madre de la occisa, el hecho ocurrió cuando Paz le reclamó a Ortega que le habían contado que 'andaba con otro hombre'.
Ella contestó que todo era falso. Media hora después, el enfurecido esposo le ordenó empacar la ropa porque se iba de viaje. Karina obedeció y al instante de arreglar las camisas y pantalones, este le disparó. Los familiares auxiliaron a Ortega y la llevaron hasta el hospital Naval, pero los impactos comprometieron órganos vitales y falleció por hemorragia.
El asesino, sin embargo, aprovechó la confusión para escapar. "El era celoso y siempre discutían", señala Vera.
Ortega trabajó durante seis años en el archivo de la Policía Técnica Judicial del Guayas. Paz, quien tiene un niño de dos años de edad de su primer compromiso con Alba Rivera, laboró en las oficinas de seguridad del aeropuerto Simón Bolívar de Guayaquil.
El coronel Marco Cuvero, jefe provincial de la Policía, ordenó la captura del gendarme y pidió al alcalde, Jaime Nebot, que se ofrezca una recompensa de $1 000 para quien dé información sobre el paradero del homicida que, según los uniformados, es considerado peligroso.
Estos hechos aislados que ocurren en situaciones inusitadas, parten del hogar y del estilo de vida que tiene el ser humano. Así lo define el sicólogo clínico del Hospital de Policía Guayaquil Nº 2, Gilbert Jácome, encargado de la selección del personal policial en el Comando Provincial del Guayas.
"Los policías pasan constantemente estresados debido al trabajo peligroso que enfrentan. La situación económica también influye en su personalidad, así como la organización familiar", dice.
Estos acontecimientos delictivos se fundamentan básicamente en los patrones de conducta y el medio actual en donde se desenvuelve el individuo, ya que en su vida adulta todo lo negativo repercute en su siquis.
"Los uniformados están sujetos a cambios prolongados sin previo aviso. Esto desencadena problemas y reacciones negativas que afectan en su personalidad, generando, no obstante, una patología".
Añade que si el rasgo de personalidad del individuo, la formación y los valores morales son suficientes, las situaciones compulsivas serán mínimas. Por ello, "los policías son evaluados física, mental y académicamente antes de ingresar a la institución", expresa.
Una vez que ingresan, son sometidos cada tres meses a pruebas sicológicas y entrevistas personales con el siquiatra y, posteriormente, con el sicólogo para detectar si han adquirido algún tipo de trastorno mental o de personalidad.
"Es importante la prevención y el control sicológico a tiempo para evitar que el problema se desarrolle a grandes escalas". (CHM)

Controles

  • Los tets de salud mental (sicológicos) se realizan en todos los destacamentos y comandos policiales a escala nacional.
  • Los policías se somenten a pruebas de inteligencia, personalidad y entrevistas sicológicas trimestralmente.
  • De acuerdo con los resultados sicológicos, se pueden descubrir problemas de ansiedad, neurológicos, presión, alcoholismo, crisis convulsivas y situaciones extremas de sicosis. (CHM).

La violencia sí influye en la personalidad de los policías

Problemas en su vida intrafamiliar, suicidios, consumo de alcohol, homicidios y maltrato marital, son algunas de las consecuencias que el ser humano puede experimentar cuando está rodeado de violencia, y, en el caso de quienes ejercen la labor policial, los riesgos de atentar contra la vida de los demás y la suya misma no quedan exentos.
Al menos esa es la opinión del sociólogo guayaquileño Gaitán Villavicencio, para quien el escenario violento y descarnado en que se desenvuelven los miembros del orden afecta sus emociones y, de manera especial, a aquellos que sicológicamente no están preparados para vivir esas experiencias.
"Deben tener un tratamiento adecuado porque el tema 'seguridad' es una cuestión que requiere mayor interés de parte de las autoridades en términos económicos", señala. De ahí que sugiere se les otorgue apoyo sicológico y se desarrollen terapias grupales dentro de las filas.
Así, se reforzarían ciertos criterios de su personalidad y se lidiarían oportunamente los conflictos internos.
Manifiesta que los problemas sociológicos a los que se enfrentan continuamente los oficiales tienen dos perspectivas: macrosocial y microsocial.
La primera, abarca la violencia estructural que impera en el país: mala situación económica, política e inseguridad social. Y la segunda, está dada por las desventajas de las que, a nivel institucional, adolecen los policías para cumplir con su misión, es decir: bajos sueldos y falta de recursos logísticos. "Las reiteradas denuncias de extralimitación de ciertos policías en sus funciones corroboran este problema". (CHM).

Buzón

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