"Adelante, Beto". Entra el novio
de la muchacha. Apenas sentándose, Beto -bajo la ansiosa mirada de la teleaudiencia y del
público del set- recibe la noticia: va a ser padre. Toma con tranquilidad el asunto,
asume la paternidad bastante relajado.
Pero "hay algo que todavía no sabes", dice la animadora. Entra el otro novio y
también posible padre.
Es un día más en un talk show, programas de 'charla' en los que un o una conductora
presentan un tema que es expuesto a través de las historias personales de varios
invitados desconocidos, que voluntariamente relatan su vida privada, sus relaciones y sus
conflictos -principalmente afectivos-, frente a un auditorio que opina y juzga.
El santo abandonado o el burdel desbordado, la traición descarada o la adicción a las
drogas, el violador recurrente o el hijo descarriado: las historias cada noche se suceden.
El incremento de este tipo de programas va en aumento: Cristina, Laura, Maritere, El y
ella, Mónica, Padre Alberto se amontonan copando la sintonía de la televisión local.
Los ratings les dan la venia. Según datos de la empresa de medición de audiencia de
televisión, Ibope Time, solo en Guayaquil la sintonía de Maritere Ecuador (el programas
de mayor aceptación en el país) llegaría a casi el 30% de hogares. En Quito, esta cifra
superaría el 18%. Y este es solo uno de tantos programas transmitidos en la televisión
nacional.
En México, este tipo de programas llegaron a generar tal grado de polémica que
senadores, diputados y hasta la Secretaría de la Gobernación pidieron su retiro de la
programación.
En España se definía a uno de estos programas como la picota del siglo XVII, el suplicio
que terminaba en la muerte; solo que ahora las víctimas se someten voluntariamente.
Los talk show, o su traducción latina a programas o espectáculos de conversación,
comenzaron a tomar forma en Estados Unidos con espacios como el de Phil Donahue o el de
Oprah Winfrey, que inicialmente eran telerevistas femeninas, en las que los tópicos
tradicionales se alternaban con perfiles de celebridades, que asistían a contar sobre sus
vidas.
Es la siguiente generación, Geraldo, Monte, Jerry o Cristina, la que comienza a manejar
el esquema de invitados desconocidos que relatan un truculento espacio de su vida.
"Los talk show muestran una brutal falta de cultura. Es increíble que por su éxito
quiten programas culturales para agregar más de estos", decía un conductor mexicano
al tener que retirar su programa del aire para ceder espacio a un nuevo talk show.
¿Política cultura o simple negocio?
...La muchacha, bígama y embarazada de meses, comienza a gritar su odio contra todo el
género masculino. (AAS)
El placer del 'cómo'
En culturas como la andina, lo narrativo tiene un peso y una trascendencia que va mucho
más allá del simple entretenimiento: es una manera de comprender la realidad, una forma
de asumirla, enfrentarla y vivirla.
"La nuestra es una cultura donde prima la forma. En este espacio, más importante que
el hecho en sí son sus detalles, el 'cómo' por encima del 'qué", señala Nelson
Reascos, subdecano de la facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica de
Quito.
En los talk show, el conductor se encarga 'concienzudamente' de espulgar a sus invitados a
través de preguntas, sobre todo los elementos que -por más intrascendentes que puedan
parecer- permitan construir una narrativa minuciosa del tema tratado.
"Aquí hay una morbosidad por conocer el detalle, una sobrestimación de lo
casuístico, confundiendo el fondo del problema con la apariencia: algo que termina siendo
francamente nefasto", agrega Reascos. (AAS)
Los nuevos apóstoles de la moral
"Quiero denunciar a un familiar ¿informante o buen ciudadano? ¿cumpliendo con su
deber o culpable de traición? Viva el dilema de entregar -o no- a un familiar a la
justicia cuando ha cometido un delito. Descubra cómo se resuelve este conflicto entre la
conciencia y la justicia, en el próximo Show de Cristina".
En las últimas décadas, países como el nuestro han vivido cambios radicales. La
transformación de las estructuras sociales, originada en los nuevas relaciones
económicas y políticas a escala mundial, han cambiado la realidad en su totalidad, y las
estructuras tradicionales, conservadoras, como la familia, la escuela o la religión, son
rebasadas y dejan de ser referentes claros o suficientes para los sujetos.
"La sociedad necesita de referentes, de un orden alternativo que le permita
comprender la realidad", señala el sociólogo Adrián Bonilla.
"Cuando entran en crisis estos valores conservadores, uno explica la explosión de
nuevos moralismos de masas, entre ellos los que se emiten en estos programas",
agrega.
Los talk show diariamente tocan temas que obligan a tomar una posición moral, fijada, en
términos generales, por el conductor: infidelidades, uso de drogas, tendencias sexuales,
pasan por el tamiz.
"Las conductoras se transforman en sacerdotisas que deciden entre el bien y el mal, y
lo que dicen debe asumirse como verdad absoluta", señala Nelson Reascos,
catedrático de la facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica.
Tal es el alcance y trascendencia de esta nueva moral, que religiosos, como el Padre
Alberto, descubren en la televisión el espacio para reconstruir una moral religiosa
lastimada.
Pero para el historiador Fernando López, la moral desde la que se analizan los temas
"es totalmente reaccionaria, conservadora: homofóbica, machista. Los valores más
reaccionarios se presentan de la forma más vertical y autoritaria".
A esto se sumaría una comprensión de la realidad que se restringe a reproducir y
reafirmar estereotipos.
"El hombre hispano rehusa utilizar condones, es infiel, y visita a prostitutas",
conceptuaba tajante Cristina Saralegui, la conductora más famosa de talk show latinos,
que tiene una audiencia diaria de 100 millones de personas a donde llega Univisión, la
cadena que transmite su programa.
Bonilla concluye: "El contenido moral es más o menos el mismo que el conservador.
Aquí lo que importa es la forma de transmisión. Es distinta a la de la madre, el cura y
el maestro. El hecho moral aparece como un espectáculo, y al igual que él es una
ficción". (AAS)
Entre Ricky Martin y el albañil de la cuadra
En el programa, que promete "un rato agradable, para olvidarse de las cosas
negativas, de los problemas familiares y del país", dos actores, una modelo y un
comediante cuentan y demuestran en vivo, durante toda una hora, cuáles son sus manías al
ducharse.
Estos son los otros invitados a los talk show: los admirados famosos.
La estructura de los programas de charla tienen dos formatos, que de por sí demuestran
cierta postura ideológica, según un estudio de Nora Mazziotti y Libertad Borda publicado
en el libro El consumo cultural en América Latina.
Por un lado están las entrevistas a las celebridades, charlas a profundidad con sujetos
que representarían el lado positivo de la sociedad: "cálidos, humildes, talentosos,
que han ganado su éxito y riqueza a pura voluntad y trabajo".
Por otro, está el formato de coloquio o debate, por lo general realizado con sujetos
desconocidos, que en términos regulares muestran el lado negativo y no deseado de la
sociedad: "falto de medios, golpeado, abandonado, fácilmente victimizado, sin
educación, proclive a los excesos".
Ambos mundos se contraponen, se separan diametralmente, intocables. (AAS).