SÁBADO 14 DE JULIO DE 2001

CRONICA ROJA Entre la intimidad y el espectáculo Talk show: 'deporte' de la pasión
• El asesinato cometido por un uniformado refuerza chequeos médicos de los gendarmes. • El desarrollo de la televisión como medio masivo de comunicación cambió la relación entre lo público y lo privado en la sociedad. • La investigación de la peruana Elsa Ursula demuestra que muchos de estos shows son solo un monjate.

En vivo y para miles, tal vez millones de televidentes, la muchacha acaba de aceptar públicamente las acusaciones de la madre: es bígama. Pero la animadora del programa aún no esta satisfecha, la historia está apenas comenzando: "Tú tienes algo que confesarle a tu madre. Díselo", insiste. La joven baja la cabeza, aprieta las manos contra los brazos del sillón en que está sentada. "Mamá... estoy embarazada".
La madre grita un teatral "¿Qué?", comienza a llorar. "¿Y ahora yo cómo voy a poder mantener a uno más?", gime, "¿qué voy a hacer señorita?", suplica.
La conductora va desmadejando el drama frente a las cámaras, descubriendo las intimidades ocultas, pidiendo de la muchacha los detallas sobre lo que ha hecho y con quiénes.

La feria de las vidas privadas

'Viva el drama humano, sufra junto a las víctimas la tragedia develada ante sus propios ojos', parecería ser la consigna de estos programas.

"Adelante, Beto". Entra el novio de la muchacha. Apenas sentándose, Beto -bajo la ansiosa mirada de la teleaudiencia y del público del set- recibe la noticia: va a ser padre. Toma con tranquilidad el asunto, asume la paternidad bastante relajado.
Pero "hay algo que todavía no sabes", dice la animadora. Entra el otro novio y también posible padre.
Es un día más en un talk show, programas de 'charla' en los que un o una conductora presentan un tema que es expuesto a través de las historias personales de varios invitados desconocidos, que voluntariamente relatan su vida privada, sus relaciones y sus conflictos -principalmente afectivos-, frente a un auditorio que opina y juzga.
El santo abandonado o el burdel desbordado, la traición descarada o la adicción a las drogas, el violador recurrente o el hijo descarriado: las historias cada noche se suceden.
El incremento de este tipo de programas va en aumento: Cristina, Laura, Maritere, El y ella, Mónica, Padre Alberto se amontonan copando la sintonía de la televisión local.
Los ratings les dan la venia. Según datos de la empresa de medición de audiencia de televisión, Ibope Time, solo en Guayaquil la sintonía de Maritere Ecuador (el programas de mayor aceptación en el país) llegaría a casi el 30% de hogares. En Quito, esta cifra superaría el 18%. Y este es solo uno de tantos programas transmitidos en la televisión nacional.
En México, este tipo de programas llegaron a generar tal grado de polémica que senadores, diputados y hasta la Secretaría de la Gobernación pidieron su retiro de la programación.
En España se definía a uno de estos programas como la picota del siglo XVII, el suplicio que terminaba en la muerte; solo que ahora las víctimas se someten voluntariamente.
Los talk show, o su traducción latina a programas o espectáculos de conversación, comenzaron a tomar forma en Estados Unidos con espacios como el de Phil Donahue o el de Oprah Winfrey, que inicialmente eran telerevistas femeninas, en las que los tópicos tradicionales se alternaban con perfiles de celebridades, que asistían a contar sobre sus vidas.
Es la siguiente generación, Geraldo, Monte, Jerry o Cristina, la que comienza a manejar el esquema de invitados desconocidos que relatan un truculento espacio de su vida.
"Los talk show muestran una brutal falta de cultura. Es increíble que por su éxito quiten programas culturales para agregar más de estos", decía un conductor mexicano al tener que retirar su programa del aire para ceder espacio a un nuevo talk show. ¿Política cultura o simple negocio?
...La muchacha, bígama y embarazada de meses, comienza a gritar su odio contra todo el género masculino. (AAS)

El placer del 'cómo'

En culturas como la andina, lo narrativo tiene un peso y una trascendencia que va mucho más allá del simple entretenimiento: es una manera de comprender la realidad, una forma de asumirla, enfrentarla y vivirla.
"La nuestra es una cultura donde prima la forma. En este espacio, más importante que el hecho en sí son sus detalles, el 'cómo' por encima del 'qué", señala Nelson Reascos, subdecano de la facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica de Quito.
En los talk show, el conductor se encarga 'concienzudamente' de espulgar a sus invitados a través de preguntas, sobre todo los elementos que -por más intrascendentes que puedan parecer- permitan construir una narrativa minuciosa del tema tratado.
"Aquí hay una morbosidad por conocer el detalle, una sobrestimación de lo casuístico, confundiendo el fondo del problema con la apariencia: algo que termina siendo francamente nefasto", agrega Reascos. (AAS)

Los nuevos apóstoles de la moral

"Quiero denunciar a un familiar ¿informante o buen ciudadano? ¿cumpliendo con su deber o culpable de traición? Viva el dilema de entregar -o no- a un familiar a la justicia cuando ha cometido un delito. Descubra cómo se resuelve este conflicto entre la conciencia y la justicia, en el próximo Show de Cristina".
En las últimas décadas, países como el nuestro han vivido cambios radicales. La transformación de las estructuras sociales, originada en los nuevas relaciones económicas y políticas a escala mundial, han cambiado la realidad en su totalidad, y las estructuras tradicionales, conservadoras, como la familia, la escuela o la religión, son rebasadas y dejan de ser referentes claros o suficientes para los sujetos.
"La sociedad necesita de referentes, de un orden alternativo que le permita comprender la realidad", señala el sociólogo Adrián Bonilla.
"Cuando entran en crisis estos valores conservadores, uno explica la explosión de nuevos moralismos de masas, entre ellos los que se emiten en estos programas", agrega.
Los talk show diariamente tocan temas que obligan a tomar una posición moral, fijada, en términos generales, por el conductor: infidelidades, uso de drogas, tendencias sexuales, pasan por el tamiz.
"Las conductoras se transforman en sacerdotisas que deciden entre el bien y el mal, y lo que dicen debe asumirse como verdad absoluta", señala Nelson Reascos, catedrático de la facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica.
Tal es el alcance y trascendencia de esta nueva moral, que religiosos, como el Padre Alberto, descubren en la televisión el espacio para reconstruir una moral religiosa lastimada.
Pero para el historiador Fernando López, la moral desde la que se analizan los temas "es totalmente reaccionaria, conservadora: homofóbica, machista. Los valores más reaccionarios se presentan de la forma más vertical y autoritaria".
A esto se sumaría una comprensión de la realidad que se restringe a reproducir y reafirmar estereotipos.
"El hombre hispano rehusa utilizar condones, es infiel, y visita a prostitutas", conceptuaba tajante Cristina Saralegui, la conductora más famosa de talk show latinos, que tiene una audiencia diaria de 100 millones de personas a donde llega Univisión, la cadena que transmite su programa.
Bonilla concluye: "El contenido moral es más o menos el mismo que el conservador. Aquí lo que importa es la forma de transmisión. Es distinta a la de la madre, el cura y el maestro. El hecho moral aparece como un espectáculo, y al igual que él es una ficción". (AAS)

Entre Ricky Martin y el albañil de la cuadra

En el programa, que promete "un rato agradable, para olvidarse de las cosas negativas, de los problemas familiares y del país", dos actores, una modelo y un comediante cuentan y demuestran en vivo, durante toda una hora, cuáles son sus manías al ducharse.
Estos son los otros invitados a los talk show: los admirados famosos.
La estructura de los programas de charla tienen dos formatos, que de por sí demuestran cierta postura ideológica, según un estudio de Nora Mazziotti y Libertad Borda publicado en el libro El consumo cultural en América Latina.
Por un lado están las entrevistas a las celebridades, charlas a profundidad con sujetos que representarían el lado positivo de la sociedad: "cálidos, humildes, talentosos, que han ganado su éxito y riqueza a pura voluntad y trabajo".
Por otro, está el formato de coloquio o debate, por lo general realizado con sujetos desconocidos, que en términos regulares muestran el lado negativo y no deseado de la sociedad: "falto de medios, golpeado, abandonado, fácilmente victimizado, sin educación, proclive a los excesos".
Ambos mundos se contraponen, se separan diametralmente, intocables. (AAS).

 

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