Falso o cierto, casi todos los niños de
esta escuela tienen en su sangre más cantidad de monóxido de carbono que la aceptable
antes de que surjan problemas de salud, como demuestra Fundación Natura en un estudio
sobre enfermedades respiratorias por contaminación atmosférica. Los casos de infecciones
respiratorias altas en la escuela Sucre cuadruplican los de escuelas donde hay una menor
presencia de vehículos en las cercanías.
Partículas y gases contaminantes, como el dióxido de azufre -que mezclado con el agua
produce lluvia ácida- los óxidos de nitrógeno, el monóxido de carbono o los
hidrocarburos no combustionados, flotan en el aire.
Destajo y contaminación
Quito es con mucho la ciudad más contaminada del país. Su situación geográfica
-rodeada de montañas que impiden la fluidez de aire- así lo impone. El resto lo hace el
parque automotor.
El 80% del problema se origina en las emisiones generadas por vehículos, y aunque el
Municipio realiza controles obligatorios a los transportes a diésel, la situación se
mantiene.
Ambientalistas, funcionarios municipales e incluso choferes y dueños de buses aseguran
que mucha de la polución generada por estos vehículos es 'intencional', originada en la
manera cómo está estructurado el actual sistema laboral en este sector.
El acuerdo de trabajo entre choferes y dueños de transporte -pocos son las dos cosas-, en
su gran mayoría, no se da a partir de un contrato laboral, sino que verbalmente se llega
a un convenio de 'destajo': el propietario entrega el vehículo al conductor, a cambio de
lo cual este diariamente tiene que entregarle una cantidad determinada; lo que pueda ganar
sobre ese monto le pertenece y por eso lucha, en permanente competencia con otros buses.
Carreras y frenazos en seco, cada trecho, son el precio para ganar un pasajero. Con cada
pedal, una nube de humo negro revienta en el aire.
Aumentar el paso de combustible -opinan muchos choferes- da más potencia al motor, más
capacidad de picada, y por esto manipulan intencionalmente las bombas de inyección.
En Quito, a 2 800 metros sobre el nivel del mar, la oxigenación es menor, al igual que la
combustión, por lo que es necesario reducir el paso de combustible, pues el no utilizado
genera polución.
Pero del parque automotor de Quito -más de 220 000 vehículos- apenas el 14% corresponde
a buses. Más del 85% son carros particulares que, sin ningún tipo de control, producen
la mayor cantidad de contaminación. (AAS)
En cifras
- Según datos del Municipio, durante el año
se sobrepasa un 70% del tiempo las normás de calidad del aire exigidas dentro de la
"ley (nacional) de prevención y control de la contaminación ambiental"
- Los vehículos de gasolina generan más de
161 000 toneladas de emisiones contaminantes, casi quinpuplicando lo producido por
automotores de diésel.
- En Cuenca, Ibarra, Ambato o Riobamba,
ciudades ubicadas en zonas altas, ya son perceptibles los problemas de contaminación
originados por motores no calibrados para esas condiciones.
- Las fallas mecánicos en automotores, fuente
de altos niveles de polución, también son el origen de un gran porcentaje de accidentes
de tránsito, la quinta causa de muerte en el país. (AAS)
Las enfermedades tras el tubo
de escape...
Disminución de la capacidad mental o infecciones respiratorias crónicas están en la
lista de efectos
Durante el año 2000, según una estimación realizada por el Municipio de Quito, la
cantidad de monóxido de carbono (CO) que fue arrojado por vehículos privados y públicos
a la atmósfera de la ciudad sobrepasaba con mucho las 140 000 toneladas. El CO, al ser
respirado, ocupa el puesto del oxígeno en la sangre, formando la carboxihemoglobina, que
reduce la necesaria oxigenación del cuerpo. Como consecuencia inmediata, disminuyen las
operaciones intelectuales: se aminora la concentración, la capacidad de respuesta, se
genera irritabilidad. Igualmente se pueden generar complicaciones en el desarrollo fetal.
Según la investigación realizada por Fundación Natura, el 92% de los niños de la
Escuela Sucre tenían más de 2,5% de carboxihemoglobina en su sangre, el nivel soportable
sin consecuencias. El 66% de los niños superaban el 5% de carboxihemoglobina. En niveles
extremos, el CO puede producir la muerte; en exposición crónica a bajas dosis, afecta al
sistema de coagulación, que puede producir una embolia en el corazón o en el cerebro.
Bronquitis, rinitis, laringitis, amigdalitis -en general infecciones y problemas
respiratorios- también son producto de los grados de contaminación ambiental, en mucho
por partículas en suspención. Normalmente, cada mes, uno de cada diez niños sugre
algún tipo de enfermedad respiratoria ocasional. En Quito, esta cifra oscila entre tres y
cuatro infantes.
Si la exposición a contaminantes como el monóxido de carbono es crónica, es inevitable
un paulatino deterioro de los tejidos pulmonares, que conllevaría a una posterior
insuficiencia respiratoria, como precisa el doctor Jaime Montalvo, presidente de la
Sociedad de Neumología de Ecuador.
Las posibles consecuencias sobre la salud por emisiones dañinas son muchas. El neurólogo
Fernando Bossano señala que estas incrementan la mortalidad en personas propensas a
sufrir determinadas afecciones: aumentan las posibilidades de sufrir infartos de corazón,
asma o daños pulmonares.
Bossano agrega un posible nuevo elemento: en Quito, cada año se registran diez nuevos
casos de leucemia -cáncer en la sangre- por cada 100 000 habitantes, el doble de lo
registrado en Lima, y llega a ser la cifra más alta en toda Latinoamérica. Una de las
posibles hipótesis señala que el problema podría originarse en aromáticos presentes en
el combustible, tales como el benceno.
La permanencia de las complicaciones generadas por la contaminación bien puede
ejemplificarse en el caso del plomo: aunque ya en 1997 el mineral -que se deposita en el
cerebro e impide su desarrollo, triplicando el número de casos de deficiencia mental- fue
retirado de los combustibles de consumo interno, todavía en el 2000 se podía ver una
incidencia, que para el 2001 se espera haya desaparecido. (AAS)
El ruido, otra forma de contaminación ambiental
Sin contar los posibles daños auditivos, casi todos los órganos y la fisiología de los
seres vivos se alteran o afectan en algún nivel por el ruido.
Los niveles acústicos excesivos producen, a más de alteraciones nerviosas, una leve
reducción de la capacidad cardíaca, así como una intensa contracción de las arterias
pequeñas. Crece la frecuencia respiratoria y disminuye el volumen de corriente. El ruido
inhibe la función digestiva y reduce la capacidad de reacción sicomotora.
Arritmias cardíacas, coronariopatías y disturbios vasculares pueden originarse debido a
una exposición crónica. (AAS)
Culpas y salidas
Los transportistas aseguran que sus buses contaminan, entre otras causas, por el tipo de
combustible existente, o porque los carros nuevos que pueden conseguir en el mercado no
cumplen con las normas que limitan la contaminación, establecidas por el Instituto
Ecuatoriano de Normalización (INEN) en 1998.
Los importadores y ensambladores se defienden asegurando que los controles por parte del
INEN, antes de dar autorizaciones, son 'muy estrictos', lo que impide que se comercialicen
automotores que incumplan los reglamentos.
"El problema de contaminación en el país no son los vehículos nuevos, sino los
viejos que ingresaron hasta antes del 2000, cuando no había norma", dice Clemente
Ponce, director ejecutivo de la Asociación Ecuatoriana Automotriz del Interior (Aeadi).
Para cumplir las normas, los motores de diésel requieren de sistemas de inyección
electrónica. Desde el 2000, todo carro con motor de gasolina debe tener un convertidor
catalítico, que modifica y elimina la mayor parte de gases dañinos.
Pero Fausto Peñafiel, director metropolitano de Medio Ambiente, asegura que el exceso de
azufre presente en los combustibles deterioran los convertidores, por lo que estos se
inutilizan en un plazo de tres meses, opinión que desvirtúan técnicos de Fundación
Natura. Por su parte, Petroecuador afirma que los combustibles ecuatorianos cumplen con
los patrones internacionales, equiparándose a EEUU y Japón, que en el caso del azufre
"satisface las restricciones medioambientales e internacionales".
Pruebas con aditivos, válvulas de compensación, electroimanes que pulverizan el
combustible y mejoran la combustión: la Dirección de Medio Ambiente del Municipio busca
remedios mecánicos y químicos, e incluso ha invitado a participar a compañías
internacionales, en una suerte de "licitación de soluciones".
"Hay una tendencia a buscar soluciones mágicas a los problemas ambientales, no a
través de un control de mantenimiento, sino a través de sustancias, implementos, imanes,
filtros y maravillas de esas que simplemente no funcionan. No son efectivas y distraen la
atención de las acciones realmente sustentables. Si existieran, México, Santiago, Sao
Paulo, Yakarta no tendrían los problemas que tienen", se reprocha desde el proyecto
Calidad del Aire de Fundación Natura. (AAS)
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