SÁBADO 30 DE JUNIO DE 2001

CRONICA ROJA Indígenas fronterizos 'mulas' del negocio Los casos que estremecieron
• Las encomiendas pasarán a manos del Estado, según Ley de Aduanas • Introducían a Colombia el dinero del rescate camuflándolo en su cuerpo y en cajas de cartón. • El grupo planeaba un secuestro masivo cada año y, al parecer, estaban cumpliendo su cronograma.

Por Gustavo Cortez Galecio
Desde Bogotá, Colombia

Durante dos semanas esperaron pacientemente. Eran los primeros días de junio del presente año y en Cúcuta, capital del departamento del Norte de Santander los agentes encubiertos de la Dirección Antisecuestro y Extorsión de la Policía colombiana, se apertrecharon con la firme convicción de que allí podrían cerrar la pinza de la mayor investigación sobre plagios que han desarrollado en los últimos meses: el descubrimiento y captura de la banda colombo-ecuatoriana que secuestró, en octubre del año anterior, a diez técnicos petroleros en la Amazonía del Ecuador y que incluso asesinó a uno de ellos, el estadounidense Ron Sanders, para forzar el pago de un cuantioso rescate.

El fin de un cerebro del crimen

Los agentes llamaron a la operación 'Guáitara' en honor a un cañón
localizado justo en la zona selvática entre Ecuador y Colombia.

Y la larga espera policial tuvo su recompensa. Finalmente, Gerardo Herrera Iles, quien se hace llamar también Carlos Enrique Gómez Rodríguez, colombiano, de aproximadamente 40 años de edad, retornó para su país desde la población venezolana fronteriza de San Cristóbal, donde se había refugiado hacía meses.
Dos días de seguimiento en Cúcuta les sirvieron a los agentes para determinar efectivamente que se trataba del mismo personaje al que apuntaban todas las movidas realizadas en un imaginario tablero de ajedrez, en que se convirtió la investigación del caso, y atrapar al cabecilla de la organización delictiva. ¡Jaque Mate!
La operación Guáitara, en la que participaron activamente el FBI de los Estados Unidos, la Unidad Antisecuestros y Extorsión de la Policía de Ecuador (Unase), y el Grupo de Acción Unificado para la Libertad de Colombia (Gaula), debe su nombre a un cañón localizado justo en la zona fronteriza selvática que vincula geográficamente a Ecuador y Colombia.

La ubicación de Guaitara

Guaitara está cerca de las provincias de Sucumbíos y Orellana, región de Pompeya, donde la madrugada del 12 de octubre de 2000 fueron secuestrados desde un campo petrolero cinco técnicos norteamericanos, un neocelandés, un chileno, un argentino y dos franceses, quienes lograron evadir a sus captores días depués de ocurrido el secuestro. Próximo también a los departamentos de Putumayo y Caquetá, de donde resultaron ser oriundos muchos de quienes ejecutaron el plagio y mantuvieron bajo su control, por seis meses, a los cautivos, siempre en territorio ecuatoriano.
Sector, sin embargo, distante, aproximadamente por 2 000 kilómetros, de la fronteriza ciudad del extremo norte de Colombia, que solía frecuentar el cabecilla e ideólogo, desde su refugio venezolano, una vez que en la misma selva ecuatoriana se repartieron los $13 millones pactados como rescate, en fajos de billetes de $100, que cada uno de los miembros de la organización se encargó de ingresar a territorio colombiano.

El lavado de dinero

El modus operandi de la organización, que actuaba con fines lucrativos en la zona petrolera ecuatoriana, había sido el de replegarse inmediatamente hacia su país, donde enseguida se lavaba ese dinero con inversiones inmobiliarias, principalmente.
La operación se la efectuó por medio de correos humanos que llevaron adheridos a su cuerpo cantidades de hasta $150 000, y que a la postre sirvieron a la inteligencia policial como los cabos que, atados, condujeron hasta la cúpula de la organización.

Rastreados en diez provincias

La operación conjunta entre las policías de Ecuador, Colombia y los agentes federales de Estados Unidos empezó el 7 de febrero de 2001 (tres semanas antes de la liberación de los siete cautivos sobrevivientes) y no ha culminado aún, pues la Policía colombiana considera que resta localizar y apresar a una treintena de personajes directa o indirectamente vinculados con esta organización delictiva.
En Colombia, las acciones de rastreo a la multinacional del secuestro, como la calificó un jefe policial colombiano, han significado el desplazamiento de uniformados en diez departamentos (provincias) y un total de catorce ciudades, donde se logro capturar a 52 personas. Fue necesario también montar en plena sede del Gaula, en Bogotá, un puesto de mando que coordinara las acciones.
La conclusión final es de que se ha desarticulado notoriamente a un grupo dedicado al delito de la extorsión, con miembros ex guerrilleros, como su cabecilla y muchos 'reinsertados' (personas cuyas acciones delictivas fueron perdonadas a fines de la década de los ochenta) que ahora han mostrado un gran afán de colaboración con quienes fueron alguna vez sus coidearios y que ahora creyeron encontrar una forma de enriquecerse con técnicas y estrategias que aprendieron en sus tiempos de insurgencia. (GCG)

Investigaciones

  • Las investigaciones para dar con los secuestradores recorrieron los cuatro costados de Colombia.
  • En Pereira, capital del departamento de Risaralda, se detuvo al grupo más numeroso de implicados en el caso: 19.
  • En Medellín, Antioquia, fueron apresados seis bandoleros más; mientras que en Cali y Pasto, cayeron en manos de los investigadores, cuatro presos en cada una.
  • Tulúa, Pitalito y La Hormiga, cerca de Sucumbíos, fueron sitios donde las incursiones policiales detuvieron a tres personas en cada caso.
  • Dos personas fueron detenidas en Bogotá, otras dos en Mocoa (también cerca de la provincia de Sucumbíos), igual número en Manizales, abonaron al largo listado de detenidos.
  • En Palermo, Tumaco, Villavicencio y Cúcuta se produjo una aprehensión.
  • Los siete presos más que logró la Policía del Ecuador en la zona de Sucumbíos y Orellana, antes de que fueran liberados los rehenes, y quienes aportaron pistas sobre el paradero de los secuestrados y captores son abastecedores y correos humanos, de acuerdo con la conclusión final de las indagaciones policiales.
  • No existe ningún ecuatoriano en la cúpula del grupo que planificaba y ejecutaba el plagio.

El caso más macabro de los secuestradores

A comienzos de año, en Argentina, familiares del técnico de ese país secuestrado en Pompeya, comenzaron a dar declaraciones a la prensa sobre su inminente liberación, luego de haber llegado a un acuerdo. El 31 de enero se comprobó que esa liberación aún no estaba cerca.
Ron Sanders, estadounidense, de 55 años, apareció muerto con huellas de cinco balazos, uno mortal en la nuca, a las 08:00 del 31 de enero en la cooperativa El Cóndor, en el sector de San Pedro, al norte de Lago Agrio.
El cuerpo fue hallado cerca del río El Conejo, una zona de influencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), según fuentes de Inteligencia Militar en Ecuador, lo que permitió continuar la especulación de que los autores del múltiple secuestro podían ser ex miembros de la guerrilla del vecino país.
El cadáver, al parecer, era la macabra forma en la que los secuestradores mostraban su disgusto ante la prolongación de las negociaciones. Los plagiadores obligaron a Sanders a escribir sobre una manta blanca: "Soy gringo (muerto) por no pago de secuestro compañía HP Pompeya DG". Las siglas HP hacían referencia a la empresa Helmerich y Payne, de Tulsa, Oklahoma, para la que trabajaba Sanders.
Con la manta cubrieron el cadáver, que llevaba un overol color caqui y botas de cuero color café. La misma vestimenta que traía cuando fue secuestrado en octubre. Junto al cuerpo apareció, además, una cadena con un candado y las vainas de las balas que acabaron con su vida.

 

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