"Altas, delgadas, con una sonrisa de
bonitos dientes, peinadas en forma natural pero algo sexy. Tener siempre buen humor,
caminar un poco sensualmente, no para llamar la atención, pero que se las vea
femeninas". Son lineamientos que actualmente se consideran en ciertas entidades
bancarias al momento de calificar al personal femenino. Así lo señala un asesor de
personal que prefiere el anonimato.
"No tengo indicadores, pero lastimosamente en lo que uno conoce sí hay sectores que
se mueven con esos parámetros", manifiesta Olga Aguilar Ramos, directora de la
consultora empresarial 'Aguilar y Garcés'. No obstante, habla de una minoría que resalta
la potencialidad del individuo por encima de estos aspectos.
"Lo ideal es que una empresa abra un marco para conocer cómo piensa y siente la
persona. No valemos por nuestro físico sino por nuestra condición humana, valores,
creatividad, solidaridad". Estas aptitudes son las que la empresa debe tener en
cuenta, pues generalmente hacen y fortalecen la cultura empresarial.
El otro analista indica que la tendencia a favorecer la imagen, que se da especialmente en
las empresas que manejan el contacto directo con el público, se debe a que "se busca
dar la impresión de que todo está optimizado y se piensa que una mujer delgada, muy bien
puesta, atrae a los clientes. Eso permite que esta se desenvuelva sin ningún tipo de
limitación en el mercado". De allí, que muchas jóvenes se endeudan para obtener
una mejor apariencia física y así acceder a esta tendencia.
Explica que esto puede desencadenar una fustración en la persona, 'pero las exigencias
laborales llevan a eso'.
'La empresa exige imagen, porque es lo que vende, por encima de que el producto que se
ofrezca sea bueno o malo'.
Manifiesta que la capacidad del individuo en algunas empresas pasa a un segundo plano.
"A las personas se las trata de adaptar a un ambiente donde los hábitos pertenecen a
una clase social alta y los rasgos deben ser guiados hacia ese objetivo".
Aguilar marca dos antecedentes para este desfase: Que la cultura de la empresa no tenga
esta valoración y desde esa manifestación ya involucra una pobreza de apreciación de lo
que es el ser humano. En segunda instancia, que en el país no se ha potencializado la
atención al discapacitado de tal manera que cree, valdría la pena insistir en la
necesidad de trabajar en la biodiversidad de los ámbitos educativos e institucionales en
todos los niveles. La aceptación de la diversidad de las personas es un aspecto muy
importante y básico para el desarrollo de un país. (JVR)
Cirugías, sin cortes de piel
Acido ialurónico, Gorotex y Botox son las nuevas técnicas plásticas que se utilizan
en el país
Desde el año anterior, tres nuevas técnicas plásticas se han insertado en el mercado
ecuatoriano y están desplazando paulatinamente las tradicionales cirugías que se
practicaban para eliminar arrugas u operaciones para aumentar los maxilares.
Aunque los costos son elevados, los resultados se ven en menos de 48 horas, luego de
tratamientos que duran entre cinco y veinte minutos.
Uno de ellos es el Botox, que fue utilizado durante mucho tiempo para otros fines, como
por ejemplo, la nivelación del rostro en casos de parálisis faciales.
Regularmente se aplican en dos partes: en las arrugas que se forman alrededor de los ojos
y en la zona central de la frente.
En Estados Unidos, la aplicación en cada punto puede costar entre $400 y $500. Es decir
que un tratamiento de Botox puede bordear los $1 500. En Guayaquil, el precio de esta
técnica es un poco menor, pues los cirujanos no cobran las 'inyectadas'.
Unas 25 personas acceden mensualmente a este tratamiento en la clínica estética de Jaime
Lebed. Gorotex es otro de los productos de la nueva 'era plástica'. Se lo utiliza para
cierto tipo de implantes faciales y subcutáneos.
El otro tratamiento es con ácido ialurónico. Sirve para disminuir las líneas de
expresión. Tiene la función de rellernarlas. Se inyecta y dura aproximadamente seis
meses. (JVR)
Cirugías estéticas: entre el
éxito y los daños irreversibles
'Los doctores Leyton y Wong hicieron maravillas y no me quejo', dice una paciente
agradecida por su cambio
No lo niega; al contrario, reconoce que es feliz con su cuerpo gracias a las bondades que
la cirugía plástica y el bisturí han hecho en ella.
Hilda Murillo, cantante guayaquileña, afirma que mantiene su imagen de mujer y artista
profesional de manera sana desde hace varios años, debido al ejercicio físico y
disciplina nutritiva controlada, al haberse sometido a una cirugía plástica, en 1989.
"La mujer debe mantener una presencia física bastante atractiva, cuidar su imagen y
no ocultar su edad, aunque se haya hecho una cirugía", manifiesta.
Las complicaciones de las operaciones que se hizo en la nariz y párpados nunca se
presentaron, gracias al metódico control que le dedicó.
"Los doctores -Leyton y Wong- hicieron maravillas y no me quejo, pues sus
recomendaciones me han servido para no sufrir algún tipo de trauma", señala.
Así, afirma que si tuviera necesidad de otra cirugía, tal vez no lo volvería a hacer,
porque ha llegado al límite necesario y así se siente contenta.
Menciona que el boom de la cirugía es normal y que si hay mujeres que tienen la
oportunidad de realizársela no escatimen esfuerzos económicos y se la hagan, siempre y
cuando sea con un buen especialista clínico.
Sin embargo, la otra cara de esta práctica médica arroja lamentables casos de pacientes
que sufrieron complicaciones y mal formaciones en sus partes íntimas, rostro o
laceraciones cutáneas, debido a los llamados 'piratas plásticos', que según denuncias,
operan en sitios clandestinos de Guayaquil.
Uno de aquellos dramas quirúrgicos, es el que vive aún 'María Fernanda', de 25 años de
edad y soltera. Cierto día sintió la necesidad de rebajar algunas libras en sus piernas,
íngles y abdomen, y optó por realizarse una operación, sin que sus padres se enteraran.
Fue a donde un supuesto cirujano plástico, quien la atendió en una cómoda oficina y la
entrevistó rápidamente, para después llevarla directo al quirófano, por una suma de
dólares.
El seudo doctor -quien tenía solo quinto año de medicina- le dijo que todo iba a salir
bien y que debía confiar.
Las dos horas que duró la operación fueron interminables. María Fernanda salió en
silla de ruedas y se quedó inmóvil por algunos días.
Al final, tres meses le bastaron para comprobar el resultado: mal formación a nivel
inginal, debido a la mala liposucción realizada.
"Conozco en particular casos sorprendentes de señoras, jóvenes y adolescentes, que
han sido operadas por cirujanos plásticos que no tienen práctica ni título
profesional", señala el especialista Jorge Palacios Martínez, cirujano plástico.
"Aquí, el daño no solo unicamente a nivel físico, sino sicológicamente
irreversible", explica. (CHM)