SÁBADO 5 DE MAYO DE 2001

Los argumentos desde el penthouse del edificio Mansión Blanca, en Quito Un conflicto que nace de la investigación de los actos de corrupción en la Policía
• El cruce de acusaciones entre Edgar Vaca y Sassen, habría motivado que este último pierda importantes representaciones de varias empresas. • Vaca ha asegurado que su tarea moralizadora le ha significado ganar enemigos.

Las mutuas acusaciones que se han lanzado el ex proveedor de armas para la Policía, Roberto Sassen van Eoslo, y el actual Inspector General de la Policía, Edgar Vaca Vinueza, han sacudido a los círculos políticos, militares y policiales. Es un enfrentamiento que ha durado cerca de dos años, por razones que no están del todo claras y que han deteriorado la imagen de la institución.
Por un lado está el proveedor de armas que acusa a Vaca de servir a oscuros intereses que intentan destruirlo. Por otro, la versión de Edgar Vaca que explica las acusaciones que se han vertido en su contra como la reacción natural de quienes se vieron afectados con el proceso de lucha contra la corrupción, emprendido por varios oficiales de su promoción.
Lo único claro, por el momento, es el poder que parecen tener los protagonistas de este conflicto, que se desarrolló primero entre bastidores y que luego salió a la luz pública. Lo que derramó el agua del vaso, según Sassen, se remonta al año anterior, a un incidente ocurrido en el cruce de las avenidas Amazonas y Orellana, al centro-norte de Quito, en el que estuvo involucrado el proveedor.

¿Millonaria guerra por las armas?

Varias denuncias han sacudido al país desde el año anterior. BLANCO y NEGRO se adentra en sus posibles razones.

ESegún Sassen, la noche del 16 de mayo del año anterior transitaba con un oficial de la Policía en su vehículo por la avenida Amazonas, cuando dos borrachos comenzaron a patear su carro, en el redondel de la Orellana. En ese momento habría salido de su auto. Asegura que uno de ellos lo alcanzó un puñetazo y lo intentó acuchillar. Su respuesta habría sido sacar su Glock y disparar al aire.
Por orden directa del entonces comandante de la Policía, Mario Cevallos, el asunto debía ser considerado un incidente aislado, pero Edgar Vaca habría ordenado que se cumplan todos los trámites regulares, es decir, que se someta a Roberto Sassen a un examen de parafina para determinar si disparó un arma de fuego y que el informe final sea trasladado a un juez de lo penal de turno.
El informe policial, firmado por Ricardo Arroyo, revela que el incidente ocurrió en la madrugada, en un cabaret. La investigación fue considerada por Sassen como una humillación, y la guerra no declarada comenzó. Sassen asegura que luego de salir ileso de ese incidente se sentó a redactar la primera denuncia documentada de actos de corrupción ocurridos en el interior de la Policía, y acusó a Vaca de estar asociado con algunos proveedores interesados. Vaca aseguró no conocer a ningún proveedor.
Lo cierto es que esta guerra no declarada y ahora pública ha revelado los intersticios de un negocio que se mueve entre los límites de la legalidad y la ilegalidad: el de los proveedores de armas, que ahora Sassen califica de sucio. (JT)


El presunto chivo expiatorio

El ex fiscal de Policía, Iván García, se consideró una víctima del general Edgar Vaca. Una vez hecha pública su remoción, aseguró que el actual inspector de la Policía, conocía de la excitativa que lo involucraría en un caso de espionaje telefónico de la Policía a las Fuerzas Armadas, en Sucumbíos, en 1999.
Las denuncias sobre el espionaje de la Policía a las Fuerzas Armadas en Sucumbíos, en 1999, fueron lanzadas por el presidente de la Comisión de Fiscalización, Carlos González, aunque personas cercanas a Edgar Vaca aseguraron que estas tenían una sola fuente: el ex proveedor de armas, Roberto Sassen. Esa hipótesis fue desmentida por González, quien aseguró que recibió la primera denuncia de Sassen luego de la comparecencia de Edgar Vaca al Congreso, para responder sobre su relación con el ex banquero Alejandro Peñafiel.
Los documentos en los que se basa García para solicitar la apertura de un autocabeza de proceso en contra del general Edgar Vaca, habrían sido proporcionados por el actual comandante general de la Policía, Jorge Molina, quien se desempeñaba como inspector general de la Policía. "Yo actúo basándome en la documentación que me remite el general Molina, con fecha 22 de marzo", dijo. (JT)


La posible primera victoria

Sorpresivamente, el 9 de abril anterior el presidente de la República, Gustavo Noboa, anunció la remoción del comandante general de la Policía, Mario Cevallos, y nombró en su lugar a Jorge Molina, que hasta entonces se desempeñaba como Inspector General de Policía, el mismo cargo que ocupa en la actualidad Edgar Vaca.
Los cambios coincidían con una reciente excitativa por el caso del supuesto espionaje telefónico de la Policía a las Fuerzas Armadas (hecho que se remonta a 1999), emitida el 27 de marzo por el fiscal de Policía, Iván García; en esta solicitó a la Corte de Justicia de la Policía dictar un autocabeza de proceso en contra del general Edgar Vaca. El pedido no pudo concretarse, porque un día antes, el presidente Noboa había firmado un decreto que modificaba toda la Corte Policial. García ya no era el fiscal y por lo tanto su excitativa carecía de valor. Al comandante Cevallos le faltaban diez meses para terminar su periodo. ¿Tuvo algo que ver en este cambio el general Vaca o Roberto Sassen? (JT)


El observador, tras los bastidores de la caída

El primer escándalo que acaparó la atención pública involucró a una supuesta red

La caída de Mario Cevallos alegró a Roberto Sassen, porque dijo que fue un traidor que se dejó manipular por el general Edgar Vaca. Las múltiples cartas que le envió y por las que nunca obtuvo respuesta, parecen demostrarlo.
Pero no fue Roberto Sassen el responsable directo de la caída de Mario Cevallos, sino sus declaraciones, en las que intentó desligarse de la figura de Edgar Vaca. El actual inspector general de la Policía fue señalado por el diputado Carlos González como la cabeza de una red de espionaje supuestamente montada en el primer piso del edificio Chimborazo, ubicado en la avenida Amazonas y la calle Jorge Washington, al centro-norte de Quito. Cuando Mario Cevallos fue interrogado sobre esta denuncia, en lugar de respaldar a Edgar Vaca dejó abierta la posibilidad de que eso ocurrió por una orden superior que no era la suya.
La supuesta red de espionaje, según esa denuncia, estaba dirigida por el entonces teniente y ahora capitán, Carlos Blanco, quien trabajó al mando de Edgar Vaca, en la Unidad de Investigaciones Especiales de la Policía (UIES). Blanco fue reconocido por quienes lo conocían, como el "niño prodigio" de la Inteligencia policial.
El supuesto espionaje a políticos y otras personalidades se lo habría efectuado con equipos electrónicos donados por Sassen. Esos equipos, según se aseguró en la Policía, nunca estuvieron en servicio.
¿La denuncia era otro golpe de Sassen contra Edgar Vaca? En ese entonces, Carlos González dijo que en la denuncia nada tenía que ver el ex proveedor de armas, pero la duda quedó flotando en el ambiente. Incluso, personas que conocen a Sassen ya comenzaron a contar los golpes que se estaban dando Vaca y Sassen.
En esa misma época, los juicios instaurados por la Policía en contra de Roberto Sassen por incumplimiento de contratos, también comenzaron a hacerse públicos. Aunque nunca lo admitió públicamente, Edgar Vaca insinuó extra oficialmente que esas denuncias eran parte de una ofensiva de Sassen por todos los juicios que se estaban instaurando en su contra por incumplir contratos a la Policía. (JT)


Una orden internacional de la Interpol

El 25 de junio de 1999, llegó a la Comandancia de Policía un facsímil de la Interpol de Buenos Aires, solicitando la detención preventiva de Roberto Sassen van Eoslo, con fines de extradición a la República de Argentina. El delito imputado, según ese documento, era contrabando de material bélico.
Según las razones expuestas en ese facsímil, Sassen y César Torres Herbozo participaron en una operación ilícita para sacar de Argentina, rumbo a Ecuador, 1 625 000 cartuchos calibre 7,62 por 51 milímetros y cinco mil fusiles livianos.
La supuesta desviación se produjo en 1995, cuando el país enfrentaba una guerra no declarada con Perú. Sassen y Torres Herbozo fueron acusados de fiscalizar el envío, en donde hubo falsificación de documentos aduaneros para remitir el armamento a otro destino, distinto del declarado: Venezuela. Argentina era uno de los cuatro países garantes y, por lo tanto, estaba imposibilitado de vender armas a uno de los países en conflicto.
Sassen aduce que detrás del juicio está una mafia argentina que intenta destruirlo y que en el Ecuador hay personas interesadas en colaborar con ellos. ¿Se refiere acaso a Vaca? Asegura que en su momento presentará pruebas, es decir, se esperan más denuncias. (JT)

 

Buzón

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