ESegún Sassen, la noche del 16 de mayo del
año anterior transitaba con un oficial de la Policía en su vehículo por la avenida
Amazonas, cuando dos borrachos comenzaron a patear su carro, en el redondel de la
Orellana. En ese momento habría salido de su auto. Asegura que uno de ellos lo alcanzó
un puñetazo y lo intentó acuchillar. Su respuesta habría sido sacar su Glock y disparar
al aire.
Por orden directa del entonces comandante de la Policía, Mario Cevallos, el asunto debía
ser considerado un incidente aislado, pero Edgar Vaca habría ordenado que se cumplan
todos los trámites regulares, es decir, que se someta a Roberto Sassen a un examen de
parafina para determinar si disparó un arma de fuego y que el informe final sea
trasladado a un juez de lo penal de turno.
El informe policial, firmado por Ricardo Arroyo, revela que el incidente ocurrió en la
madrugada, en un cabaret. La investigación fue considerada por Sassen como una
humillación, y la guerra no declarada comenzó. Sassen asegura que luego de salir ileso
de ese incidente se sentó a redactar la primera denuncia documentada de actos de
corrupción ocurridos en el interior de la Policía, y acusó a Vaca de estar asociado con
algunos proveedores interesados. Vaca aseguró no conocer a ningún proveedor.
Lo cierto es que esta guerra no declarada y ahora pública ha revelado los intersticios de
un negocio que se mueve entre los límites de la legalidad y la ilegalidad: el de los
proveedores de armas, que ahora Sassen califica de sucio. (JT)
El presunto chivo expiatorio
El ex fiscal de Policía, Iván García, se consideró una víctima del general Edgar
Vaca. Una vez hecha pública su remoción, aseguró que el actual inspector de la
Policía, conocía de la excitativa que lo involucraría en un caso de espionaje
telefónico de la Policía a las Fuerzas Armadas, en Sucumbíos, en 1999.
Las denuncias sobre el espionaje de la Policía a las Fuerzas Armadas en Sucumbíos, en
1999, fueron lanzadas por el presidente de la Comisión de Fiscalización, Carlos
González, aunque personas cercanas a Edgar Vaca aseguraron que estas tenían una sola
fuente: el ex proveedor de armas, Roberto Sassen. Esa hipótesis fue desmentida por
González, quien aseguró que recibió la primera denuncia de Sassen luego de la
comparecencia de Edgar Vaca al Congreso, para responder sobre su relación con el ex
banquero Alejandro Peñafiel.
Los documentos en los que se basa García para solicitar la apertura de un autocabeza de
proceso en contra del general Edgar Vaca, habrían sido proporcionados por el actual
comandante general de la Policía, Jorge Molina, quien se desempeñaba como inspector
general de la Policía. "Yo actúo basándome en la documentación que me remite el
general Molina, con fecha 22 de marzo", dijo. (JT)
La posible primera victoria
Sorpresivamente, el 9 de abril anterior el presidente de la República, Gustavo Noboa,
anunció la remoción del comandante general de la Policía, Mario Cevallos, y nombró en
su lugar a Jorge Molina, que hasta entonces se desempeñaba como Inspector General de
Policía, el mismo cargo que ocupa en la actualidad Edgar Vaca.
Los cambios coincidían con una reciente excitativa por el caso del supuesto espionaje
telefónico de la Policía a las Fuerzas Armadas (hecho que se remonta a 1999), emitida el
27 de marzo por el fiscal de Policía, Iván García; en esta solicitó a la Corte de
Justicia de la Policía dictar un autocabeza de proceso en contra del general Edgar Vaca.
El pedido no pudo concretarse, porque un día antes, el presidente Noboa había firmado un
decreto que modificaba toda la Corte Policial. García ya no era el fiscal y por lo tanto
su excitativa carecía de valor. Al comandante Cevallos le faltaban diez meses para
terminar su periodo. ¿Tuvo algo que ver en este cambio el general Vaca o Roberto Sassen?
(JT)
El observador, tras los
bastidores de la caída
El primer escándalo que acaparó la atención pública involucró a una supuesta red
La caída de Mario Cevallos alegró a Roberto Sassen, porque dijo que fue un traidor que
se dejó manipular por el general Edgar Vaca. Las múltiples cartas que le envió y por
las que nunca obtuvo respuesta, parecen demostrarlo.
Pero no fue Roberto Sassen el responsable directo de la caída de Mario Cevallos, sino sus
declaraciones, en las que intentó desligarse de la figura de Edgar Vaca. El actual
inspector general de la Policía fue señalado por el diputado Carlos González como la
cabeza de una red de espionaje supuestamente montada en el primer piso del edificio
Chimborazo, ubicado en la avenida Amazonas y la calle Jorge Washington, al centro-norte de
Quito. Cuando Mario Cevallos fue interrogado sobre esta denuncia, en lugar de respaldar a
Edgar Vaca dejó abierta la posibilidad de que eso ocurrió por una orden superior que no
era la suya.
La supuesta red de espionaje, según esa denuncia, estaba dirigida por el entonces
teniente y ahora capitán, Carlos Blanco, quien trabajó al mando de Edgar Vaca, en la
Unidad de Investigaciones Especiales de la Policía (UIES). Blanco fue reconocido por
quienes lo conocían, como el "niño prodigio" de la Inteligencia policial.
El supuesto espionaje a políticos y otras personalidades se lo habría efectuado con
equipos electrónicos donados por Sassen. Esos equipos, según se aseguró en la Policía,
nunca estuvieron en servicio.
¿La denuncia era otro golpe de Sassen contra Edgar Vaca? En ese entonces, Carlos
González dijo que en la denuncia nada tenía que ver el ex proveedor de armas, pero la
duda quedó flotando en el ambiente. Incluso, personas que conocen a Sassen ya comenzaron
a contar los golpes que se estaban dando Vaca y Sassen.
En esa misma época, los juicios instaurados por la Policía en contra de Roberto Sassen
por incumplimiento de contratos, también comenzaron a hacerse públicos. Aunque nunca lo
admitió públicamente, Edgar Vaca insinuó extra oficialmente que esas denuncias eran
parte de una ofensiva de Sassen por todos los juicios que se estaban instaurando en su
contra por incumplir contratos a la Policía. (JT)
Una orden internacional de la
Interpol
El 25 de junio de 1999, llegó a la Comandancia de Policía un facsímil de la Interpol de
Buenos Aires, solicitando la detención preventiva de Roberto Sassen van Eoslo, con fines
de extradición a la República de Argentina. El delito imputado, según ese documento,
era contrabando de material bélico.
Según las razones expuestas en ese facsímil, Sassen y César Torres Herbozo participaron
en una operación ilícita para sacar de Argentina, rumbo a Ecuador, 1 625 000 cartuchos
calibre 7,62 por 51 milímetros y cinco mil fusiles livianos.
La supuesta desviación se produjo en 1995, cuando el país enfrentaba una guerra no
declarada con Perú. Sassen y Torres Herbozo fueron acusados de fiscalizar el envío, en
donde hubo falsificación de documentos aduaneros para remitir el armamento a otro
destino, distinto del declarado: Venezuela. Argentina era uno de los cuatro países
garantes y, por lo tanto, estaba imposibilitado de vender armas a uno de los países en
conflicto.
Sassen aduce que detrás del juicio está una mafia argentina que intenta destruirlo y que
en el Ecuador hay personas interesadas en colaborar con ellos. ¿Se refiere acaso a Vaca?
Asegura que en su momento presentará pruebas, es decir, se esperan más denuncias. (JT)