En su discurso, aseguró que existen
recursos y que solo es cuestión de que la gente se organice en asociaciones (una especie
de células con las cuales dialogar), para que sean atendidos.
El plan social es promocionado directamente por el ministro. Dijo que es la única forma
que conoce de trabajar. La semana anterior, estuvo en seis provincias durante seis días y
en todas recibió homenajes, antes de comenzar a entregar el dinero para los programas
sociales.
Aunque la promoción no solo la realiza con visitas directas a los beneficiados, sino que
el Frente Social acaba de editar un periódico con una tirada de 100 mil ejemplares. Este
se reparte gratuitamente, adjuntando un modelo de carta que pueden enviar los pobres del
país al ministro Raúl Patiño. (JT)
En el centro de la cancha
El centenario colegio de Guaranda fue utilizado como pista de aterrizaje
Desde el centro de la cancha del colegio Pedro Carbo, el ministro voltea y mira al coliseo
en donde lo esperan unas dos mil personas, todas beneficiarias del Programa de
Alimentación Escolar, quienes fueron movilizadas para recibirlo.
Raúl Patiño agitó sus manos para saludar a una multitud inmóvil que observaba el
helicópetro, como si estuviera en un mitin político. A sus espaldas, uno de los
organizadores de la recepción agitó sus manos, tratando de que quienes salieron del
coliseo para ver la llegada del ministro, respondieran al saludo del secretario de Estado,
pero solo recibió indiferencia de los asistentes.
Acompañado de dos bandas de pueblo, el ministro Raúl Patiño caminó escoltado por un
centenar de personas hasta el coliseo del colegio, dando la vuelta a la manzana. En la
calle comenzó a tocar la Banda Municipal y un guitarrista también lo esperaba.
La única canción que preparó fue una del popular cantante brasileño Roberto Carlos: Yo
quiero tener un millón de amigos, una especie de himno del ministro que la canta en los
sitios a los que llega. (JT)
La historia afuera de la Plaza Roja
Los socorristas de la Cruz Roja tuvieron que dar agua a los menores, quienes buscaron
refugio del sol
Con la llegada del helicóptero a la cancha del colegio Pedro Carbo, terminó la espera de
dos horas para los niños de varias escuelas, quienes hicieron una calle de honor frente a
la Plaza Roja,para dar la bienvenida al ministro.
Karina Ruiz, de la Dirección de Bienestar Social en Bolívar y organizadora de la
recepción, dijo que los niños fueron delegados para hacer la calle de honor, porque
querían evitar las aglomeraciones en el coliseo, en donde se esperaba una masiva
concurrencia. Según la agenda del ministro, en ese sitio se estimó que habrían unas mil
personas. Los niños de las escuelas Simón Bolívar, Mercedes González, Verbo Divino,
Manuel de Echeandía, Víctor Villamarín (...) fueron conducidos por sus profesores a la
calle principal de la ciudad, en donde les repartieron banderas de papel para que las
agitaran cuando pasara la comitiva del Ministerio de Bienestar Social.
De acuerdo con la agenda del ministro Patiño, tenia previsto llegar a Guaranda por
carretera. Debía salir desde la hacienda La Clementina, en Los Ríos, a las 07:00, y
llegar a Guaranda a las 09:00, a fin de cumplir con varias reuniones en el Municipio, la
Curia Diocesana y el coliseo del colegio Pedro Carbo, con las beneficiarias del Programa
de Alimentación Escolar, la Organización de Rescate Infantil y el Programa de Comedores
Comunitarios.
Desde la mañana, el prefecto de Bolívar, el alcalde de Guaranda y la delegada del
Ministerio de Bienestar Social comenzaron a llamar a la calle a la ciudadanía para
recibir a Patiño. "Debemos salir todos a la calle para recibir a nuestro ministro,
al ministro de los pobres", dijo la delegada provincial de Bienestar Social, en una
entrevista radial.
La Banda Municipal estuvo puntual y los guarandeños que pasaban por la Plaza Roja, se
detenían un momento. A las 09:00, los niños fueron instalados en las veredas. Media hora
después, llegaron los socorristas de la Cruz Roja para darles agua. En el estadio, el
alcalde y el prefecto daban instrucciones por radio para que llamaran al teléfono celular
del asistente del ministro y preguntaran a qué hora mismo llegaba.
Otra banda de pueblo, la de San Lorenzo, llegó a la Plaza Roja poco después de las
10:00, e intentó alegrar el ambiente, cuando los niños buscaban refugio para evitar el
sol. Los socorristas de la Cruz Roja, por su parte, continuaban repartiendo agua.
Cuando los menores vieron al helicóptero de las Fuerzas Armadas sobrevolar la ciudad,
saltaron de alegría, aunque el ministro nunca pasó por la calle de honor que ellos
formaron en la Plaza. (JT)
Apelando al sentimiento
Karina Ruiz, la delegada provincial de Bienestar Social, caminó junto al ministro Raúl
Patiño. Un piquete de policías del Grupo de Operaciones Especiales resguardó la
seguridad y los socorristas de la Cruz Roja tendieron una cadena humana alrededor de la
comitiva.
En la entrada del coliseo, el secretario de Estado fue recibido por los padres de familia
que administran las raciones para preparar el almuerzo y el desayuno escolar que reciben
los estudiantes. Ya en el interior, Patiño primero dio la vuelta a la cancha, apretando
las manos de los asistentes, lanzando besos al aire. Luego tomó el micrófono para cantar
la canción que ha convertido en su himno: "Yo solo quiero mirar los campos/ yo solo
quiero cantar mi canto/ pero no quiero cantar solito/ yo quiero un coro de pajaritos/
quiero llevar este canto amigo/ a quien lo pudiera necesitar..."
Santiago Nieto, de Informe Confidencial, dijo que esa es una actitud típica de los
políticos de la Costa. Una forma populista de querer ganarse a la gente. '
"A excepción de Jaime Nebot, que intenta que sus discursos sean razonados, todos los
políticos de la Costa apelan al sentimentalismo", afirmó. (JT)
ANALISIS
El discurso populista desde el poder
Raúl Patiño, el ministro de Bienestar Social, es, desde hace muchos años, un político.
Y está en calidad de tal en el Gabinete de Gustavo Noboa, aunque haya llegado allí por
la vía de la catequesis.
¿Sus actos como ministro de Estado son políticos?
Difícil leer de otro modo su presencia en pueblos de la Sierra y la Costa en
concentraciones detenidamente preparadas, aunque en el estilo de los políticos de
comienzos de esta era democrática: con desfiles montados desde las oficinas.
Patiño llegó al escenario público con un discurso que los politólogos llamarían
populismo. Su consigna del foco ladrón le llevó al Congreso, aunque la suerte de las
facturas de electricidad en Guayaquil no hayan sufrido los efectos de sus denuncias.
¿Es posible en el Ecuador de 2001 construir una popularidad política a base de
concentraciones forjadas desde el Gobierno? Patiño quiere introducir un elemento
adicional: consolidar su influencia con la formación de organizaciones sociales y
liderazgos locales, aprovechando pequeñas líneas de crédito y abriendo ventanillas para
que las ONG se apunten a los hipotéticos recursos de deuda externa (una ventanilla que ha
recogido hasta hoy, más de mil proyectos sin ton ni son, dispersos).
Son los elementos que está juntando en su campaña hacia un futuro electoral todavía
impredecible. Las concentraciones se hacen al ritmo de una canción de Roberto Carlos: un
millón de amigos. En cuanto a las organizaciones, sus propuestas de financiamiento
apuntan hacia allá, además de ocuparse de impulsar un proyecto de formación de líderes
dentro del Ministerio. Todo ello, matizado por un periódico tirado en miles de ejemplares
que incluye un pequeño formulario para que los ciudadanos dialoguen directamente con el
ministro y se le quejen sin intermediarios.
Ese es el estilo de un político populista. Y en el mismo Gabinete de Gustavo Noboa está
su antídoto: un político ducho en la maniobra y en la utilización de los medios masivos
de comunicación: Heinz Moeller.
¿Llegará alguno de los dos a concretar una candidatura? Por lo pronto, las encuestas
casi los ignoran.
Moeller tiene una imagen pública más sólida. Pero Patiño tiene más paciencia. Tal vez
no aspira a una candidatura inmediata, sino a convertirse en un factor de poder cuando se
trate de armar frentes políticos en el terreno de la izquierda o la centroizquierda.
Mientras tanto, recorre las provincias en medio de arcaicos y pintorescos festejos, con
empleados cerrando las oficinas para asistir a las concentraciones, y alumnos de las
escuelas fiscales agitando banderitas bajo un sol canicular. (JP)