Estrategias que terminaron en la
detención del obispo
El obispo anglicano Walter Crespo,
el ingeniero Iván Alfredo Hernández Romero y los ex oficiales del Ejército Jorge
Delfín Merino Narváez y Carlos Vicente Tobar Alvarez, detenidos en un operativo
denominado Cluster, el 8 de marzo anterior, cayeron en una trampa montada por elementos de
Inteligencia Militar y Policial, luego de seguirles la pista varios días, durante los
cuales los implicados realizaron todos los trámites tendientes a concretar la
adquisición y posterior venta de cohetes y bombas Cluster, que supuestamente el
Ministerio de Defensa estaba en capacidad de vender como chatarra.
De acuerdo con los informes policiales y las declaraciones de los detenidos que reposan en
el proceso que se instauró en la presidencia de la Corte Superior de Justicia de Quito,
los detenidos, o al menos el obispo Walter Crespo, siempre pensó que el armamento que los
ex oficiales Tobar y Merino estaban negociando con la Fuerza Aérea Ecuatoriana, sería
vendido a su vez a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), sin saber que
estaba negociando con agentes que se hicieron pasar por traficantes de armas. ¿Cuándo se
enteró que le habían montado una trampa?
Según la declaración del obispo, que se encuentra en el proceso, el 19 de enero anterior
un comandante llamado Novier, del Frente 47 de las FARC, le remitió, vía fax, un listado
de un material bélico que requerían.
"Se me insistió en que este material debía incluir previsiones para ser descargado
en el Caribe, en algún punto concreto que más adelante me sería indicado",
declaró.
En ese mismo fax, el comandante Novier le había solicitado incluir una comisión del 22%
que debía entregar a la Comisión Política de las FARC, que se encuentra en Ecuador.
Según el obispo, ese requerimiento había enviado a Kyntex, en Bulgaria, pero debido a la
demora en la entrega de los avalúos del material bélico solicitado, el comandante Novier
le habría exigido buscar una alternativa más rápida.
Crespo habría comentado el asunto a Iván Hernández, quien le habría ofrecido una
solución. Días después, Hernández le habría entregado un listado detallado de cohetes
y bombas Cluster que supuestamente el Ministerio de Defensa estaba en capacidad de rematar
como chatarra.
Hernández le habría asegurado a Crespo que existía un antecedente de venta de un
producto idéntico a un coronel Cebin, del Gobierno de Zimbabue, "a quien se
despachó el material de características similares por vía aérea desde el aeropuerto de
Taura hasta el puerto de Iquique, en Chile, en un avión ruso Ilushin". La
transacción se habría hecho por intermedio de la empresa brasileña ETR, representada en
Ecuador por Tobar y Merino, quienes estarían negociando los cohetes.
Aparece Marielena
El obispo aseguró que había entregado la lista a una militante de las FARC, a la que
conocía como Marielena, luego habría sido contactado telefónicamente por un sujeto
llamado Carlos. Un hombre pequeño y rechoncho le habría entregado un teléfono celular
con instrucciones de que viajara a Guayaquil y lo encendiese al bajar del avión.
El 23 de febrero, Walter Crespo llegó a Guayaquil, al desembarcar del avión encendió el
celular y en ese instante lo llamó Carlos. Dijo que había hablado con él 40 minutos.
Acordaron que localizarían a Crespo en el hotel. El obispo se alojó en el Continental. A
ese sitio llegaron Carlos y Rodríguez, acompañados de ocho sujetos, que no ingresaron a
la habitación. Permanecieron en el pasillo. Uno de los más hoscos habría sido
Rodríguez. Según Crespo, ese sujeto hizo todas las preguntas sobre las garantías de
seguridad que les daban y lo responsabilizó de cualquier percance. Apuntándole con una
pistola, le habría dicho que después de él, su esposa y su familia pagarían las
consecuencias si algo salía mal. Carlos y Rodríguez le dijeron que querían ver una
muestra del material que ofertaban.
Al día siguiente, Crespo regresó a Quito en un vuelo de TAME y habló por teléfono con
Iván Hernández, que estaba en Guayaquil. Hernández le habría dicho que en lugar de una
muestra lo que harían sería mostrarle todo el arsenal, en una visita a la Base de Taura,
así que le recomendó que hiciera un cita para el miércoles 28 de febrero.
Ese Miércoles de Ceniza, Crespo regresó a Guayaquil y fue conducido a una gasolinera, en
el kilómetro 65 de la vía a Daule. Hasta ese lugar habría llegado Rodríguez en un
vehículo Corsa de color rojo, acompañado de dos personas. En el auto, Rodríguez lo
volvió a amenazar.
En la Base de Taura los habría recibido el ex oficial Jorge Merino, con quien pasaron en
un vehículo Montero. Para entonces, Merino y Tobar ya habrían comenzado a arreglar los
papeles en el Comando Conjunto para la nueva compra y posterior venta del armamento a los
contactos del obispo Walter Crespo.
En la Base los habría recibido el comandante, quien antes de dejarlos pasar habría
llamado al Ministerio de Defensa para preguntar si se podía permitir que civiles
observaran el arsenal. Luego de eso, habrían ingresado al Fortín, donde Rodríguez
habría examinado los cohetes.
Ese mismo día acordaron contratar un flete de avión para transportar el armamento a
Iquique en donde debía ser entregado a los compradores, supuestamente el Gobierno de
Zimbabue. Para ello, necesitaban depositar en la línea aérea que contratarían, un
cheque certificado de $150 mil. Crespo regresó a Quito por la noche, y se habría
propuesto inventar que el dinero con el que se obtendría un cheque certificado provenía
de un Comité pro construcción de un templo, para justificar su origen en el banco.
Carlos y Rodríguez insistieron en que ellos querían hacer la transacción.
El 8 de marzo, Crespo, su esposa y el financista de Carlos llegaron a las 14:00 a una
sucursal del Banco de Guayaquil para hacer la inversión y obtener un cheque certificado.
Ingresaron a la vicepresidencia del banco y el vicepresidente llamó a una agente de
inversiones para que los atendiera. El financista, que cargaba un maletín de color negro
en donde supuestamente llevaba el dinero, acompañó a la agente de inversiones al tercer
piso del edificio. En ese momento ingresó un capitán, quien le dijo a la agente que
intentaban defraudar al banco. El financista era un agente encubierto. Lo que no está
claro en los informes es si el Ministerio de Defensa podía negociar armamento con la
empresa ETR o si todo fue parte de la emboscada que tendieron al obispo. (JT).
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Los nexos armados de W. Crespo
Walter Crespo salió del país en 1970, cuando
José María Velasco Ibarra se proclamó dictador. Estuvo en Sevilla como profesor de un
colegio religioso, y regresa en 1972 para trabajar en una iglesia anglicana de Guayaquil,
donde comienza a vestir sotana.
Renuncia a los 18 meses y viaja a Suiza donde estudia Derecho y comienza a trabajar para
las Naciones Unidas. Viaja a Nueva York, y luego pasa a Miami.
Al asistir a una misa anglicana en Miami lo reconoce un pastor que lo había visto en
Guayaquil con sotana, por lo que lo llama 'reverendo', creyendo que se trataba de un
llamado divino, Crespo decide estudiar tres años Teología en Estados Unidos y se ordena
sacerdote en 1982.
Cuando es nombrado obispo anglicano de Quito, un antiguo compañero de las aulas
universitarias en Ginebra, Ibrahim Salah Farg, en ese entonces ministro de Economía de
Libia, lo invita a asumir el episcopado anglicano en Trípoli.
Cuando oficiaba de obispo, habría recibido el pedido del ministro de Defensa del Ecuador,
José Gallardo, de solicitar un crédito de $75 millones para la compra de armamento,
debido a la guerra que se desencadenó en ese año con Perú. Fue en esos trámites cuando
conoció a los proveedores de armas. De regreso en el país fue contactado por el obispo
de Santo Domingo de los Colorados, Emilio Sthele, con el fin de que lo sucediera en las
negociaciones para liberar a unos rehenes europeos, secuestrados por el Frente 47 de las
FARC y el bloque José María Córdova, asentado al noroeste de Antioquía.
Así habría sido como Crespo entabló contactos con las FARC, que luego le habrían hecho
requerimientos de material bélico. En su declaración, Crespo reconocío que lo único
que hacía era enviar los pedidos a los proveedores de armas europeos que conoció cuando
tuvo que negociar la compra de armas para las Fuerzas Armadas de Ecuador, sobre todo a
Egion, en Grecia, y a Sofía, en Bulgaria. (JT).
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