SÁBADO 17 DE FEBRERO DE 2001

CRONICA ROJA El tronco amazónico Un plan de vida para no morir

• Los pasos de un proceso desde que se comete el delito.
• Dos familias se sucedieron en la dirigencia de la OPIP, desde su creación. Un proyecto de formación de líderes quiere cambiar esa realidad. • Con un plan de vida de 12 años la OPIP busca revitalizar la dirigencia de su movimiento y preparar a sus cuadros para dirigir el Estado.

Las familias Conejo Maldonado y Tituaña, en el norte del país, y las Viteri Gualinga y Villamil, en la Amazonía, han sido los pilares de los procesos de formación del movimiento indígena en las últimas dos décadas, desde dos centros poblados: Sarayacu, en la provincia de Pastaza, y Quinchuquí, en Imbabura. Y en la actualidad, también se constituyen en los pilares fundamentales de un nuevo proceso de formación de líderes indígenas.
En esas comunidades se encuentran los orígenes del actual poder de la dirigencia indígena. Son centros chamánicos y artesanales de los que ha salido una especie de aristocracia dentro del mundo indio, por varias razones. La principal es que se han constituido en prósperos centros comerciales, en donde las familias han contado con suficientes recursos para invertir en la educación de sus descendientes, y los han interesado en la necesidad de organizar y guiar a sus comunidades.
Son líderes que se han formado en las aulas con los recursos de sus familias, a diferencia de otros líderes que se formaron con el apoyo de Fundaciones como la Hanse Seidel, que permitió a Salvador Quishpe estudiar en la Universidad San Francisco, o que se formaron en las bases, como Ricardo Ulcuango, quien tiene sus ancestros en los cayambis.

Los orígenes del poder indígena

Dos comunidades, una en la Sierra Norte y otra en la Amazonía, son los centros de donde salieron las familias y los dirigentes que ahora lideran el movimiento indígena. Varias características de esos pueblos fueron determinantes.

Si bien fue el primer niño que entró a la escuela de Cochapamba, recién está intentado terminar el bachillerato en un colegio a distancia. O la misma Juliana, su hermana, concejala de Cayambe, quien debió transgredir las costumbres de la comunidad para ser dirigente de Pichincha Riccharimui, tesorera de la comunidad, tesorera de la finca escuela, locutora de la radio Inti-Pacha, según relata Javier Ponce en su libro Y la madrugada los sorprendió en el poder, que narra los antecedentes y el momento en que los indios llegaron a Carondelet, el 21 de enero de 2000.
En Quinchuquí, todos saben que la familia más numerosa e importante es la Conejo, que está relacionada con los Quinchi, la familia pionera de la comunidad. Y en Sarayacu, quienes han sido los guías permanentes de la organización india han sido los Viteri Gualinga, una mezcla de una familia chamánica tradicional y un próspero comerciante.

La etapas de la diferencia

Ariruma Kowii, coordinador del programa de becas de Programa de los Pueblos Indígenas del Ecuador (Prodepine) y hermano del alcalde de Otavalo, Mario Conejo, establece como punto de partida de la formación de la actual dirigencia indígena la época de la lucha por la reforma agraria. "Todo respondía a ese objetivo, hasta el esquema de organización era de una estructura similar a la del Partido Comunista y Socialista, que era el único que había", dijo.
Reflejo de esa realidad son los nombres de las organizaciones indígenas de ese tiempo: federaciones u organizaciones campesinas. En este contexto, a mediados de los años setenta, aparece en el norte del país, en la provincia de Imbabura, un fuerte movimiento cultural impulsado por Ariruma Kowii y Mario Conejo.
En Peguche se forma un taller estudiantil que logra fundar la primera biblioteca de esa comunidad. Los miembros recolectaron libros en Quito, solicitando donaciones a las bibliotecas y a los colegios. "Recogimos alrededor de 700", aseguró Mario Conejo.
Y en Otavalo, Ariruma Kowii impulsa el Taller Cultural Causanajunchi, que aglutina a jóvenes indígenas de colegios como el República de Ecuador, en Otavalo, y el Silvio Luis Haro, en Peguche. El nombre lo escogieron como un lema de lucha: Hemos vivido, vivimos y viviremos. También estaban niños de la escuela particular católica San Luis, las fiscales Diez de Agosto y José Martí.
"Nos reuníamos los fines de semana. Ahí estaba dirigiendo todo Ariruma, también estaba Nina Pacari, Mario Conejo, Marcelino Zambrano. Eramos unos 50 estudiantes con ganas de hacer teatro, música y danza", recordó Laura Quinchiguano, integrante de ese movimiento en sus inicios.

El fútbol, la pasión integradora

Por ese Taller también pasó una de las personas que lideró las conversaciones con el Gobierno en el último levantamiento indígena, el alcalde de Cotacachi, Auki Tituaña, quien vivió con su familia entre las comunidades del Sagrario y San Francisco, en ese poblado. "Eramos una familia de emigrantes de Quinchuquí", dijo.
Este dirigente piensa en un proyecto político nacional más que en un reivindicativo para los indios. De niño soñó con ser arquitecto, aviador, estudiar computación y economía. Se enamoró de la protagonista de la telenovela Soledad, con guión de la famosa escritora Delia Fiallo.
Cumplió dos de sus sueños. El primero, cuando viajó por primera vez a Venezuela, en 1978, para conocer ese país con su padre. Pudo volar y disfrutar de la playa de isla Margarita. El segundo, cuando fue becado por el Gobierno de Cuba para estudiar economía en la Universidad de La Habana. Con Marina Vega, con quien se casó en Cuba cuando tenía 23 años, fue uno de los primeros indígenas que salieron a estudiar fuera del país, becados junto a su esposa Marina Vega.
La beca la obtuvo Auki Tituaña por intermedio del Taller, con el que se relaciona debido a su pasión por el fútbol. "Nuestra generación mantenía una fuerte relación deportiva con los jóvenes indígenas de Otavalo y Peguche", sostuvo. Fue en los encuentros de fútbol en los que establece una relación con los miembros de Causanajunchi y comienza a participar en sus actividades.
Por la misma época, entre los años setenta y ochenta, Alfredo Viteri comienza a insistir en la necesidad de la organización de las comunidades de la Amazonía. Iniciar un proceso similar al concretado por los shuaras con la formación de la Federación de la Nacionalidad Shuar, creada con el apoyo de la comunidad religiosa de los salesianos, en 1960.
Fue una idea que nació en Sarayacu, porque esa era su comunidad, en la que vivía su familia. De acuerdo con Carlos Viteri, el primer sitio en el que se debe vender una idea o una iniciativa es en el núcleo familiar. "El esfuerzo de un miembro de la familia se concibe como el esfuerzo conjunto de la familia", aclaró. (JT)

'Los dirigentes no son los más pobres'

¿Provienen los dirigentes de familias con larga historia de vinculación política?
Esta interrogante surge al observar la tradición de familias como la del actual vicepresidente de la Conaie, Ricardo Ulcuango.
Para Augusto Barrera, sociólogo vinculado hace años al movimiento indígena, "hay grupos familiares relevantes en la vida de la comunidad y de la organización indígenas" pero, a diferencia de lo que ocurre en los ámbitos mestizos "esos prestigios se procesan comunitariamente, en la dinámica de las relaciones comunitarias". Hay familias que, por recursos o relaciones con la otra sociedad, tienen, según afirma Barrera, particulares condiciones para desarrollar capacidades de liderazgo, pero legitimadas y procesadas por la comunidad. "La familia opera como un contexto, facilita un manejo temprano del mundo de la política, pero no es el elemento principal en la selección de un dirigente".
Están, por otra parte, las condiciones económicas como factores que impulsan liderazgos. Es cierto. Para Augusto Barrera, es lo que ocurre en buena medida en la Sierra Norte, donde dirigentes destacados representan sectores indígenas con recursos económicos.
"Nina Pacari es el ejemplo más claro. Originaria de Cotacachi, de una familia con recursos, lo que le favoreció para estudiar, viajar".
Es tan determinante el tema que, según nuestro entrevistado, las direcciones intermedias, locales, necesitan apoyarse en recursos financieros familiares y comunitarios. "Casi no encontramos en la actual estructura del movimiento, un comunero de base con muy poca escolaridad que llegue a ser dirigente. La dirigencia joven tiene un buen nivel de escolaridad, incluso todavía son estudiantes o están vinculados a la educación bilingüe. Los dirigentes no son los más pobres de los pobres" señala.
Finalmente, está la vinculación histórica a programas de desarrollo estatales o paraestatales. Desde los tiempos de la Misión Andina en los años 60 y comienzos de los 70, o de las escuelas radiofónicas animadas por Leonidas Proaño.
Augusto Barrera sostiene que se ha producido una modificación profunda en la conformación de los liderazgos y las dirigencias indígenas, un desplazamiento muy fuerte, por efecto del cual, "no estamos frente a la simple delegación de la comunidad, sino a la selección de dirigentes a partir de la capacidad de interactuar con el resto de la sociedad ecuatorian". Barrera recuerda que en las capas dirigentes, es posible encontrar estudiantes universitarios de centros como la Universidad Salesiana, y en campos como la antropología. De allí que las negociaciones impulsadas por los dirigentes más jóvenes apunten a programas de desarrollo ambiciosos. (JP).


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