La única pista de un crimen es el
pelo largo
Un asesinato se cometió en el centro de Quito, el 7 de enero anterior. El caso se
investiga en el Juzgado Décimoquinto de lo Penal de Pichincha
Por la noche del 7 de enero, se cometió un asesinato en medio de una pelea callejera, en
la puerta de un salón de comidas que está en la calle Cuenca, entre la Rocafuerte y la
Bolívar, en el centro de Quito. Lo único en lo que coincidieron los testigos del suceso
es que el autor del crimen tenía pelo largo y llevaba puesto una gorra.
Ese mismo día, agentes de la Brigada de Homicidios de la Policía Judicial detuvieron al
posible autor del crimen, un guardia de seguridad, en contra de quien presentó una
acusación el padre de la víctima. ¿En qué se fundamentaron para acusar al único
sospechoso?
Por la mañana del domingo 7 de enero, Angel P. A. fue al sur de Quito, a Chillogallo, con
un grupo de amigos para jugar dos partidos de fútbol. A las 16:30, regresó en compañía
de dos amigos a su cuarto, en el centro de la ciudad, para beber unas cervezas. Se
terminaron 12, en tres horas.
Un encuentro en el camino
Al anochecer, uno de ellos se despidió y Angel P. A. y el otro salieron al mercado de la
Ipiales, pero en el camino Angel se encontró con otra persona. "Le dijo que se
pusiera dos cervezas", recordó en su declaración judicial quien lo acompañaba en
ese momento. Se dirigieron a un salón de comidas en la calle Cuenca, en los alrededores
de la Plaza de San Francisco.
En la mesa de la entrada, vieron a dos jóvenes que bebían cerveza y discutían
acaloradamente sobre fútbol, a quienes conocía Angel, pero pasó con sus amigos, sin
detenerse, a la mesa del fondo. Pidieron dos cervezas.
Desde ese lugar, Angel y sus amigos observaron cómo uno de los jóvenes que discutía
sobre fútbol rompió una botella de cerveza en la cabeza de su amigo. El dueño del
restaurante declaró que para evitar problemas, echó gas lagrimógeno a los ojos del
agresor.
Angel se acercó a la mesa en la que se produjo el incidente, al parecer para mediar en el
problema, pero ahí se produjo un confuso altercado. Todos quienes estaban en ese sitio
salieron a la calle y empezó una pelea entre el grupo con el que estaba Angel y los que
estaban en la mesa de la entrada al salón.
Fue una pelea en la que utilizaron las correas y muchos salieron con moretones y hematomas
en la cara. Alrededor del grupo se había formado un cerco de curiosos. "La gente que
observaba el desenlace de la pelea aplaudía, indicando cual era el (grupo) que ganaba.
Luego de cinco minutos, se escuchó que había un herido y (más tarde) llegó la
ambulancia", declaró el dueño del restaurante.
El betunero que vio todo
Un betunero, que fue utilizado como testigo por los agentes de la Policía, se acercó al
herido porque lo conocía. "Traté de ayudarle haciéndole sentar, pero salía mucha
sangre por la herida del cuello", dijo en su declaración en la Policía Judicial.
El betunero aseguró que había estado en la plaza de San Francisco, a la altura del lugar
en el que venden flores, cuando se produjo la pelea. Sostuvo que cuando se acercó, pudo
observar cómo un sujeto le dio una puñalada a un señor que era su cliente, porque le
betunaba los zapatos.
Los agentes le embarcaron en un patrullero y recorrieron los alrededores buscando al
sospechoso.
Esa misma noche, encuentran la casa en la que vivía el presunto sospechoso. Antes de
ingresar en la casa, el rostro del betunero fue cubierto con la chompa de un agente, la
que fue sujetada con una gorra.
Fue el betunero quien identificó como el posible autor del crimen a una persona que
trabajaba como guardia en un salón de comida rápida, ubicado frente al Palacio de
Carondelet. Nadie más lo ha hecho. La defensa del acusado ha presentado sus argumentos.
(JT)
El juez sindica al acusado con prisión
El proceso por el asesinato de Angel P. A. es tramitado en el Juzgado Décimo Quinto de lo
Penal de Pichincha. En la actualidad, se encuentra en la etapa sumarial.
El 15 de enero de 2001, el juez encargado, Jaime Basantes, dictó el autocabeza de
proceso, en el que ordenó la prisión preventiva del guardia de seguridad (preso en la
actualidad) y sindicó sin orden de prisión a otra persona que se encontraba en el
salón, en el momento en que se produjo la pelea.
En el transcurso de la investigación, la Policía detuvo a varias personas que habrían
participado en la pelea, pero ninguno estaba en capacidad de reconocer al autor de la
puñalada. Lo único en lo que coincidieron es que el posible autor tenía pelo largo.
Una acusación particular
El 11 de enero, el padre de la víctima presentó una acusación particular en contra del
detenido. De acuerdo con ese documento adjuntado al proceso, quien mató a su hijo primero
le sujetó el pelo con la mano izquierda, y con la derecha le clavó el puñal en el
cuello.
El único acusado aseguró que nunca pudo haber sido el autor de la muerte de Angel P. A.,
porque luego de salir de su trabajo se dirigió a su casa. Hizo hincapié en que llegó a
las 17:30, que a las 18:00 llegaron su esposa y su hija y que no salió del cuarto hasta
la hora en que llegó la Policía a tocar su puerta, alrededor de las 22:00.
En el informe preparado por la Policía, se presumió que el acusado puede tener
responsabilidad, porque, de acuerdo con los agentes, su declaración está llena de
contradicciones. (JT)
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Jhonny no llega a la escuela
Jhonny Yuquilema Morocho, de diez
años, nunca llegó a su escuela el 14 de agosto del año anterior. Aquel día, a las
07:00, salió de su casa, ubicada en el bloque 7A de Flor de Bastión, zona marginal de
Guayaquil. Debía caminar solo tres cuadras.
Tercero de cinco hermanos, el infante es de tez canela, cabello y ojos negros, y tiene una
mancha blanca en su mejilla derecha.
Sus padres, Fanny Morocho y Nelson Yuquilema, iniciaron una intensa búsqueda, que aún no
da resultados. No hay rastros de él, al igual que decenas de niños desaparecidos en ese
sector guayaquileño.
"He recorrido hospitales, albergues y hasta la morgue. No sabemos qué pasó; nunca
tuvo problemas en la casa. El solo se molestaba cuando yo le obligaba a estudiar. Pero
nunca nada grave. Se llevaba muy bien con sus hermanos". Su madre, una mujer de 34
años, dedicada a las labores del hogar, detiene el relato y respira.
Jhonny Javier, quien cursaba quinto grado en la escuela particular Senderos de la Flor, es
uno de los 1 049 menores de edad que desaparecieron en 2000, según los registros de las
Fundaciones Reencuentro (Quito), Amauta (Riobamba) y el Centro de Atención al Niño
Perdido de Guayaquil (Cedanp). Estas entidades trabajan en coordinación con el Innfa.
Cualquier información a los teléfonos del Cedanp (04-206704, 560041), Reencuentro
(02-238238) o Amauta (03-941215). (APM)
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