Lentitud jurídica, nueva tortura de
Pedro Baque
El manabita salió de la Base de
Manta para la Navidad, pero aún es custodiado. El proceso pasó por 21 jueces y los 12
policías acusados
transitan por las calles de Manabí
Su rostro aún evidencia las huellas de una cruel tortura. Las siete cirugías a las que
fue sometido, no han borrado de su cuerpo las cicatrices de los siete balazos y cortadas
que sufrió la tarde del 11 de febrero de 1999, cuando ocho policías comenzaron a
interrogarlo acerca de la muerte de un gendarme en el cantón Olmedo, Manabí.
Pedro Geovanny Baque Tuárez, de 23 años de edad, mantiene en su mente el trágico
episodio que vivió en los terrenos abandonados de la Policía Judicial (PJ), en el sector
de Sancán, a diez minutos del cantón Jipijapa. Recuerda que le suplicaba al entonces
jefe de la PJ de Manta, mayor Wilson Alulema, para que no lo asesine.
Un juicio de ya 20 cuerpos (folios) que ha pasado por 21 jueces y que la próxima semana
recién concluirá, supuestamente, su primera etapa, con el cierre del sumario
(investigaciones). Aquello, luego de los varios conflictos de competencia suscitados,
pues, al parecer, nadie quería tramitar el proceso, que, actualmente, está en manos del
titular de la Corte Superior de de Portoviejo, Rafael Loor Pita.
Los torturadores recorren las calles de Manabí
Pero en octubre anterior la intranquilidad, nuevamente, se apoderó del ex deportista
Pedro Geovanny Baque, pues los cincos elementos de la Policía que estaban detenidos bajo
una orden de prisión preventiva fueron liberados. El argumento: el artículo 24, numeral
8, de la Constitución, que permite la libertad cuando no hay sentencia. El joven dice que
la balanza de la justicia se mueve a favor de sus torturadores, que hace 47 meses lo
atraparon sin razón junto a sus amigos Pedro y Carlos Jaramillo Mera, en la parroquia el
Guabito, cerca de Portoviejo.
Constantemente, afirma, regresan las imágenes de los cuerpos inertes de sus
acompañantes. El sonido de las balas de nueve milímetros que terminaron con la vida de
sus amigos y desfiguraron su rostro, lo mantienen con un intensivo tratamiento
sicológico.
Los días en la Base Eloy Alfaro de Manta, donde se encontraba bajo cuidado y protección
de Inteligencia Militar por disposición de Amnistía Internacional, parecen haber quedado
atrás. Allí permaneció casi un año. Desde diciembre pasado, Pedro Geovanny retornó a
su hogar, al norte de Manta. Pero aún lo rodean varios guardias. Nadie puede ingresar a
su casa sin la respectiva requisa. Ya no recorre solo el malecón de la ciudad, como lo
hacía antes de que delatara a sus torturadores.
La esperanza en un casete, y la preocupación de la Fiscalía
Alberto Palacios Palma, abogado defensor, cree que 12 policías implicados en el delito
deben estar en prisión. Su petición está ligada a la realidad de la víctima, que está
obligado a llevar una vida de privaciones, mientras los gendarmes transitan con libertad
por las calles de Manabí cumpliendo sus funciones. Ninguno ha sido removido de su cargo.
Ocho de ellos son acusados de ser los autores materiales del delito y cuatro están, como
cómplices y encubridores, al tratar de presentar partes e informes contradictorios que
desmienten los hechos.
La parte defensora de los policías alude que ellos actuaron en virtud de un supuesto
ataque, pero las pruebas que maneja la defensa de Pedro Geovanny Baque indican que se
suscitó una violación a los derechos humanos. Alberto Palacios dice que "antes y
durante el proceso judicial, la Policía ha tratado de poner trabas en favor de sus
intereses, pues varios documentos comprometen a agentes de los regimientos policiales de
Jipijapa, Portoviejo y Manta.". Un casete de audio, que será presentado la próxima
semana, como última evidencia en la etapa sumarial, descubre el momento en que uno de los
testigos presenciales del delito era sobornado por uno de los abogados de la Policía.
Uno de los informes, realizado por Temístocles Ramos, dice que lo ocurrido a Pedro Baque
es un asunto aislado, que no se relaciona con el acribillamiento de los hermanos
Jaramillo. Palacios se conforta en pensar que el juez emitirá la resolución final en
diciembre próximo. La ministra Fiscal de Manabí, Genoveva Cevallos, solicitó que las
investigaciones se agiliten para cerrar el sumario. Pero mientras el juicio continúa, una
nueva preocupación llega a Pedro Geovanny: debe reunir dinero para otra cirugía facial.
(JVR)
Los acusados...
- Doce policías se encuentran involucrados en
la muerte de Pedro Jorge Jaramillo Mera y Carlos Enrique Jaramillo Mera, quienes fueron
torturados y abaleados, en el sector del Guabito, Portoviejo. También se los acusa de la
tortura e intento de asesinato de Pedro Geovanny Baque Tuárez.
- Cinco de los ocho uniformados, acusados como
autores materiales, salieron en libertad en octubre de 2000.
- Los policías (de tropa) que estaban en
prisión son: Wilmington Palacios, José Seme Mendoza, Wilmer Ayala Montenegro, Kléber
Moreira y Miguel Angel Mayorga.
- José Delgado, Wilson Indio Tumbaco y el
mayor Homero Alulema Miranda, quienes también participaron, no fueron arrestados porque,
supuestamente, fueron encubiertos por los cinco cabos.
- Cuatro policías son acusados de cómplices
y encubridores: el teniente Vicente Cascante Polo, jefe de la PJ de Portoviejo; Carlos
Grijalva, quien cumplía funciones de jefe policial de Jipijapa, Temísclope Ramos
Sánchez y Nel Policarpio Castro.
- Vicente Cascante Polo era el encargado de
firmar una serie de documentos, en oficios membretados por la Policía Nacional y los
enviaba a los Juzgados, cuando solicitaban alguna certificación de los implicados.
- El mayor Carlos Grijalva es quien remitía
un fax a las 21:00, el 11 de febrero de 1999, a la Comandancia de Portoviejo. Allí se
alertaba de la muerte de los hermanos Jaramillo y la supuesta desaparición de Pedro Baque
Tuárez.
- Temísclope Ramos Sánchez es el agente que
elaboró un informe policial para desvirtuar las muertes de Pedro y Carlos Jaramillo con
la tortura del joven manabita. (JVR)
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Luis, raptado camino a la tienda
El 9 de octubre anterior, a las 19:00,
Luis Reinaldo Lucas Barahona salió rumbo a la tienda de la esquina de su casa, ubicada en
el bloque dos de Bastión Popular, zona marginal de Guayaquil. Fue la última vez que sus
padres lo vieron.
No hay mayores detalles de cómo desapareció ni tampoco ningún rastro de él. Tenía
entonces diez años de edad, vestía camiseta verde, pantalón café y zapatos de lona
blancos. Luis Reinaldo es de tez canela, cabello y ojos negros.
El es uno de los 1 049 infantes que desaparecieron en 2000, según los registros de las
Fundaciones Reencuentro (Quito), Amauta (Riobamba) y el Centro de Atención al Niño
Perdido de Guayaquil (Cedanp). Estas entidades trabajan conjuntamente con Innfa.
En la zona se inició una intensa búsqueda, pero sin resultados. No es la primera vez que
ocurre lo mismo con menores de edad en Bastión Popular, afirma Alexandra Banchón,
abogada del Cedanp. Lo que sorprende, dice, es que, por ejemplo, Reinaldo Lucas no tenía
problemas en su casa, de acuerdo con las investigaciones realizadas y, además, estudiaba
en una escuela cercana.
"No se puede hablar de una desaparición voluntaria. Nadie vio nada y nadie,
supuestamente, sabe nada. Y estos casos, no obstante, aumentan en este año", expresa
Banchón, quien reitera que, así, se complican aún más sus labores y, sobre todo, las
de la Dirección Nacional de Policía Especializada en Niños y Adolescentes (Dinapen).
Cualquier información a los teléfonos 263263 (preguntar por la señora Gladys Moncayo),
al Cedanp (04-206704), Reencuentro (02-238238) o Amauta (03-941215). (APM)
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