Lo denunció la Unidad Coordinadora para el
Desarrollo Forestal Sostenible de la provincia de Esmeraldas, en carta al presidente
Gustavo Noboa. Pero todavía no ha tenido una respuesta del régimen, a pesar de que la
comunicación fue enviada en diciembre del año pasado. Para la Unidad Coordinadora parece
totalmente desacertado sacar el área forestal del ámbito de un ministerio especializado,
con recursos humanos y técnicos,''y dársela a un ministerio que no tiene la preparación
ni la capacidad suficiente, menos la experiencia necesaria para desarrollar uno de los
puntos más importantes de la gestión ambiental, que es el Desarrollo Forestal
Sustentable" dice la carta al mandatario, suscrita por Eduardo Beltrán Nicola.
Es posible suponer que el silencio del Gobierno responde a que ha desechado ese proyecto
de traslado. De todos modos, no hay un pronunciamiento oficial hasta el momento.
El gráfico habla por sí mismo. La pérdida del bosque nativo en el Ecuador es uno de los
hechos más alarmantes de la segunda mitad del siglo veinte.
Hans Thiel, director forestal del ministerio del Ambiente, entrevistado por BLANCO Y
NEGRO, usa una metáfora suficiente para alrmar a cualquiera: en el país se deforesta
diariamente una extención equivalente a 285 canchas de fútbol.
"No ha existido una política forestal congruente" afirma Thiel, al tiempo de
informar que en 1998 se trabajó una estrategia forestal para el desarrollo sustentable,
en cuya elaboración intervinieron alrededor de 400 actores del problema, desde los
madereros hasta las organizaciones privadas ecológicas, una estrategia que determino como
el eje del problema la necesidad de detener la pérdida del bosque nativo. Una acción de
control que, según el funcionario, no significa no tocar el bosque, sino el valorarlo y
el aprovecharlo de manera sustentable.
El objetivo último sería que el mantenimiento del bosque nativo fuera más rentable que
la tala y la conversión del espacio en una explotación agrícola.
¿Una utopía?
La estrategia forestal impulsada por el Ministerio del Ambiente considera algunas acciones
para concretar esta utopía: elevar el precio de la madera, pues no hay una red vial que
permita hacer rentable el bosque además de que el campesino recibe un precio mínimo por
su producto, desenredar y simplificar una maraña legal que genera corrupción en la
explotación del bosque, y valorar los servicios del mismo, como agua y aire, a partir de
una constatación simple: las ciudades no pagan un centavo por el agua que reciben,
únicamente cubren los costos de su traslado y administración. (JP)
Las sombras del pasado
Parecía que habíamos superado uno de los conceptos de desarrollo más perversos que
conoció el Ecuador agrícola: aquel concepto, aplicado a raja tabla por el viejo
Instituto de Reforma Agraria,
IERAC, de reconocer la propiedad de la tierra colonizada, siempre y cuando el colono
demostrara haber "limpiado" el terreno en posesión. esto es, la propiedad se
definía por la capacidad de deforestación del campesino.
Pero no. Este absurdo parece no haber sido superado del todo. Una reciente decisión del
directorio del INDA (Instituto Nacional de Desarrollo Agrario), que remplazó al IERAC, ha
vuelto a ratificar este criterio. Es posible suponer que la decisión pecó de ligera y se
conoce que dentro del INDA no es ese concepto, el de "limpiar" los bosques, el
vigente.. Felizmente el INDA ha dejado sin efecto su resolución, con una nueva, en estos
últimos días (el 15 de enero).
Sin embargo, no está demás el referirse a este error rectificado a tiempo, pues la
situación extrema de la frontera forestal obliga a mantener la vigilancia frente a esos
viejos conceptos. Al igual que otro, frecuentemente evocado por estrategas militares: la
creación de fronteras vivas con el consiguiente efecto sobre el bosque amazónico.
La insólita resolución del INDA comienza evocando la necesidad de frenar la
"indiscriminada transferencia de posesiones de tierras patrimoniales del Estado que
fomentan, inmisericordemente, la tala de los bosques naturales en perjuiocio del medio
ambiente" para resolver, a renglón seguido, que "la adjudicación de tierras
que forman parte del patrimonio del INDA, se realizará sobre las áreas exclusivamente
trabajadas".
¿Cómo se prueba que una tierra está trabajada? Pues cuando se ha desbrozado el terreno
y se han implantado cultivos alló donde existía bosque natural.
Y para que no quepan dudas de que el país ha regresado a prácticas de colonización
superadas hace veinte años, la resolución del INDA publicada en el Registro Oficial de
13 de diciembre de 2000 es mucho más explícita. Agrega que "no se adjudicarán las
tierras que, fundándose en un contrato de traspaso de posesión, se hallaren cubiertas de
vegetación natural, las mismas que por tal concepto continuarán siendo de patrimonio del
INDA".
Difícil encontrar un llamado más claro para deforestar el bosque nativo. (JP).