SÁBADO 24 DE DICIEMBRE DE 2000

Una frontera que vive al borde de la pesadilla

'Que el Gobierno defina quiénes son refugiados' Ya nadie vacía las ferreterías

• En Tufiño, en la frontera entre Carchi y el extremo sureño de Colombia, ya están los 'comuneros del sur' cobrando los tributos ilegales para financiar, supuestamente, una guerra.

• "Nosotros le decimos al Gobierno, que ponga en marcha un plan de desarrollo y que no exagere en la tomadura de pelo que ya es muy larga a estas alturas".

• La Cámara de Comercio de Sucumbios sostiene que el negocio se redujo en un promedio del 50%, de manera globalizada.

La cuarta Navidad sin el 'Papá Noel criollo'

Los dos cuerpos del juicio 381-96 permanecen archivados en el Juzgado Quinto de lo Penal del Guayas. Sus 225 fojas útiles hacen la historia del recordado 'Papá Noel Criollo', un personaje que la noche del sábado 3 de agosto de 1996 fue asesinado por desconocidos, mediante varias puñaladas en el pecho, en el interior de su departamento, ubicado en un edificio de las calles García Avilés 620 entre Aguirre y Clemente Ballén, en el centro de Guayaquil.
Antes del archivo, dos hipótesis se manejaron: un crimen pasional o robo, según los informes policiales. José Gregorio Robles Montúfar era bisexual, soltero de 57 años y vivía solo. Meses antes de su muerte, de acuerdo con las investigaciones, había entablado amistad con quienes, presuntamente, fueron sus asesinos: Luis Sarmiento Suquilanda, Aldo Dávila Zambrano y Genaro Soledispa Pincay. Ellos habrían arrastrado el cadáver para esconderlo en el cuarto de baño y luego huyeron con un botín millonario en joyas, dinero y artefactos eléctricos.
Los tres fueron apresados por orden judicial, mas los liberaron, dos semanas después, debido a la falta de pruebas.

Tres puñaladas, la boca tapada y el rostro cubierto

El cadáver de José Robles Montúfar, con tres puñaladas, la boca tapada con cinta de empaque y el rostro cubierto, lo encontró uno de sus sobrinos.
Sus familiares insisten en lo del robo, pues varios de los cajones de su cómoda estaban revueltos y, además, tampoco se encontró el dinero que guardaba para la compra de los juguetes en la Navidad.
Es que su fama creció rápidamente a comienzos de los ochenta: cada año obsequiaba juguetes. Y de los mejores, como carros a control remoto, Barbies, robots, que los compraba en almacenes Pycca, Fimco o Antón Hnos. Primero se beneficiaron 20 niños, pero en la Navidad de 1995 el número de regalos fue de, al menos, 1 500.

De Jipijapa a Guayaquil

Con esa causa 'El Papá Noel' Criollo intentaba borrar los recuerdos del pasado, allá, en su natal cantón Jipijapa (Manabí), donde padeció hambre hasta que, a los 15 años de edad, llegó a Guayaquil en busca de trabajo. Ya en la gran ciudad le tocó dormir en la calle o en la banca de algún parque y hasta se armó de valor para mendigar un plato de comida. Con dificultad, solo terminó la escuela y el primer empleo que consiguió fue el de quehaceres domésticos.
Sus familiares recuerdan que en Jipijapa no importaban las fechas, nunca llegó un regalo de Navidad y Papá Noel era solo un 'rumor'.
Luego, José Gregorio Robles Montúfar hizo labores de albañilería en una fábrica hasta que la ambateña María Marfetán le reveló los secretos para preparar los 'tesoros del mar'. Entonces, con la ayuda de dos sobrinos, comenzó a vender cebiches en una modesta carretilla que le obsequiaron. Pero, luego de varios asaltos e incluso una herida en una balacera, decidió hacer un préstamo y alquilar su propio local en el centro de Guayaquil. Así nació la cebichería que, pese a la muerte de su mentalizador, aún perdura y la administra Daniel Villacreses, sobrino del 'Papá Noel Criollo'.
Lo interesante de la labor era el plan de ahorros (de enero a octubre) en una cuenta especial que los miembros de la Confraternidad (fundada el 20 de noviembre de 1989 y que llevaba su nombre) impleantaron como principio, así como la planificación en la entrega de tiquetes, juguetes y fiesta navideña.
Se fijó que el 75% de las ventas (de los cebiches y cazuelas) de la picantería El Nuevo Rincón de Pepe se destinaría exclusivamente a la compra de juguetes y la tradicional fiesta navideña a los niños pobres. La inversión total iba desde los $400 hasta los $700, en la que se incluían también la contratación de payasos, cantantes, magos... torta, helados y champaña. Todo a beneficio de los infantes de los sectores marginales.
Recibió decenas de reconocimientos por su actividad; sin embargo, su muerte todavía no se aclara, mientras el polvo invade los folios del juicio por el crímen, en el Juzgado Quinto de lo Penal. (CHM)

El olvido...

  • La maratónica jornada social que José Robles Montúfar, su familia y la confraternidad desplegaban para la entrega de juguetes cada 24 de diciembre empezabaa las 14:00 y culminaba a las 20:30 con un brindis: asistían autoridades, periodistas y hasta artistas.
  • El Papá Noel Criollo era muy apegado a los niños y se alegraba sobremanera verlos sonreír cuando recibían un juguete, de igual manera celebraba a todo pulmón la fiesta navideña", recuerda María Robles, su hermana.
  • El resentimiento de sus familiares con la gente de los sectores marginales, hasta la fecha, es mayor, debido a que, reiteran, nadie se hizo presentó al funeral para dar el pésame.
  • María Robles dice que la única satisfacción que guarda es haber servido, junto con su hermano, a una causa noble. Ella mantiene su memoria fresca, como la de un ser que prefirió de su propio dinero regalar un poco de felicidad a aquellos niños que no tienen un juguete en Navidad. (CHM)
Tres años... y Flor aún no aparece


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Tres años no han sido suficientes para que Teresa de Jesús Montoya encuentre a su hija Flor Pino Montoya, quien actualmente tendría 15 años si no hubiera desaparecido en marzo de 1997.
Ella,ocho días antes, había empezado a laborar como niñera en el centro de Guayaquil. Vivía junto a su madre y dos hermanos menores en la Isla Trinitaria, en uno de los albergues que la Defensa Civil instaló para los damnificados del fenómeno de El Niño.
Teresa Montoya lava ropa para conseguir ingresos y, reitera, debido a la difícil situación económica, permitió que Flor trabaje.
Una familia que vivía en el hotel Los Alpes contrató a la entonces infante para que cuide a dos niños. Después de algunas averiguaciones la madre de Flor constató que la contratante no trabajaba como comerciante en la Bahía, como le habían dicho, sino que era prostituta.
Preocupada, Teresa Montoya la buscó y le entregó dinero para que regrese a la casa, lo que, sin embargo, no se cumplió en primera instancia, pues se lo impedían sus patrones que, presuntamente, la querían prostituir. "Entonces, yo mismo la fui a ver y la traje conmigo. Regresamos al albergue y después de cuatro días desapareció", relata la desesperada madre.
Flor, de ojos y cabello negro y piel canela, salió aquella mañana de marzo rumbo a la estación de la línea cuatro, ubicada en la Perimetral, para vender ropa usada. Información al teléfono 206704 del Centro de Defensa y Atención al Niño Perdido. (MCH).

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