"Ese es papel del Estado y parece ser
que el Estado está escondiendo la cabeza y no quiere definir estas cuestiones. Hasta, a
veces, nos hace pensar que la Cancillería quiere dejar todo en manos de la Iglesia.
López no se explica por qué la Cancillería, con la que mantienen buenas y fluidas
relaciones, no avanza "en una situación tan elemental. A nosotros nos piden una
serie de sacrificios y los estamos haciendo, pero anhelamos que Cancillería rompa la
pereza que tiene o la inoperatividad, y, de una vez por todas, diga: de los que están
llegando al Ecuador a quién acoge como refugiado". "Que no nos pidan a nosotros
que definamos una cosa que le compete al Estado por derecho y obligación", afirma.
Lo encontramos trabajando en su despacho de la Misión Carmelita. Este religioso español,
que viste de civil, es el responsable de atender a los desplazados de Colombia por encargo
de Acnur y el Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador.
¿Cómo evaluar lo que ocurre en la provincia de Sucumbíos y en especial en
Lago Agrio?
-La impresión general es que la situación es un tanto peligrosa. No extrema, pero sí
existen una serie de situaciones que no son nada optimistas, en su conjunto.
¿Se puede atribuir eso a la presencia de refugiados colombianos?
-Existen diferentes criterios. No se ha advertido ninguna anomalía o incremento de
situaciones delincuenciales que antes no habían. Pero, lamentablemente, durante varias
semanas consecutivas se han producido asesinato que se suman a los hechos ocurridos con el
oleoducto, lo que ha venido generando una especie de sicosis colectiva de preocupación.
Con lo del oleoducto estamos todos desconcertados y, como siempre ocurre con la muerte de
personas, la preocupación se incrementa. Ignoro qué es lo que está haciendo la Fuerza
Pública para detener esto.
La gente lo atribuye al Plan Colombia. ¿Usted que dice?
-Del Plan Colombia, nosotros hemos dicho de diferentes maneras que es un plan antihumano y
que no podría ser aceptado por nadie. Eso, al margen de las declaraciones de los
presidentes de los países involucrados, cuyas palabras pueden estar llenas de la mejor
intención pero la verdadera intención es que se trata de un plan de guerra. Todavía no
ha comenzado y sus resultados ya son catastróficos.
¿Cuántos son los refugiados que están siendo atendidos?
-Es un tanto variado. Por ejemplo, al final de la semana pasada se registraron 1 700
personas. Evidentemente, no quiere decir que todos ellos vayan a tener el estatuto de
refugiado. Eso depende del Ministerio de Relaciones Exteriores. Hemos pedido a la
Cancillería que, por favor, se 'ponga las pilas' y vaya indicando qué personas van a ser
acogidas como refugiadas.
¿Existe la infraestructura para recibirlos?
-Se han dispuesto ya tres centros que se encuentran bastante acomodados. Uno está en la
Punta, otro en Torresquichimbo y el Centro de Organizaciones en Lago Agrio. Se prepara un
centro mayor en Apafano, que se calcula albergará a unas 1 200 personas, en Santa
Cecilia. No obstante, de las 1 700 quiere decir que 1 600 o más están en familias.
¿Qué se espera para el próximo año?
-Para entonces, una vez que comiencen a funcionar los centros, tendremos otro criterio, ya
que estaríamos hablando de refugiados acogidos en centros y otros que se podrían quedar
en casas de las familias del sector.
¿Cuál será el tratamiento para casos más vulnerables?
-Eso dependerá de la calificación que haga Cancillería. A ellos les corresponde
calificar el estatuto que se otorgue a estas personas. La Iglesia lo único que hace es
colaborar con una labor humanitaria.
¿Es verdad que usted habría recibido cartas anónimas que hablan de nuevos
atentados contra el oleoducto?
-De eso yo no he sabido nada. Si se lo han dicho, es que me lo han inventado. Los
colombianos son vecinos nuestros que llegaron a la zona mucho antes que los ecuatorianos,
que lo hicieron cuando se descubrió el petróleo. Esta es la hora de probar si somos o no
hermanos y buenos vecinos, si somos o no latinoamericanos que sabemos acoger a nuestros
hermanos. Queremos hacernos una prueba de que los ecuatorianos somos gentes de buen
corazón.
Mucha gente estaría pensando en irse de Sucumbíos por temor. ¿Qué piensa
usted?
-Que haya personas aquí, que por miedo se vayan a ir, puede suceder. La
Iglesia no se va a ir. Nosotros no somos para eso. Yo soy una persona de fe y estoy aquí
ante lo que pase. Claro que no nos gusta que existan estas situaciones, pero tenemos un
reto muy grande y creo que hemos de sufrir, pero también la esperanza de que eso ayuda a
purificar la sociedad. Convocamos a la gente de coraje y de buen corazón a que no tengan
miedo.
¿Tiene miedo usted?
-Yo no tengo miedo. Pero no hace falta gritarlo tampoco. Estaremos atentos a todas las
causas que haya que afrontar, y dar nuestra pequeña y mayor preocupación.
¿Qué ocurre con los ofrecimientos del Gobierno?
-Nosotros le estamos enviando avisos al Gobierno para que se tome en serio lo que está
ocurriendo en Lago Agrio y que no pretenda solucionar el problema con militares o
policías que no lo van a conseguir. Ellos ojalá cumplan con el papel que le asigna la
Constitución.
Entonces ¿qué le dicen al Gobierno?
-Nosotros le decimos al Gobierno, con paciencia, con diálogo, con ruegos, que preste
atención a la zona y que ponga en marcha un plan de desarrollo, y que se cumplan los
convenios firmados para conseguir el adelanto del área. Que no exagere en la tomadura de
pelo que ya es muy larga a estas alturas. Que no pretendan crear alarmas sin haber puesto
vida, corazón y plata en Sucumbios y en Orellana. Que no nos vayan a hechar bombas de
humo, sino que le hagan justicia a este pueblo de una vez por todas.
'Comuneros del Sur' cruzan el río
Para cruzar el río Carchi y trasladarse de territorio colombiano al ecuatoriano, basta
con un buen par de botas de caucho. Se trata de un territorio continuo. Y, a través del
río, cruzan los llamados 'Comuneros del Sur' para replicar en el Ecuador la vieja
tradición guerrillera del cobro de impuestos de guerra a los propietarios rurales.
El efecto de esa práctica en Colombia fue devastadora para la agricultura.
¿Cómo se la practica ahora en la región de Tufiño, en el borde fronterizo?
Muy simple, llega un comando y pone la primera advertencia. Puede llegarse hasta el predio
hasta cuatro veces. La cuarta lo hará rompiendo puertas y secuestrando a empleados de la
hacienda.
Así ha ocurrido en cerca de una decena de casos.
En uno de ellos, cuando los 'comuneros' llegaron por cuarta vez, los empleados
reaccionaron, respondiendo que el propietario ya había pagado el impuesto. El comando
respondió que la ruptura de puertas era solo para agradecer por la contribución hecha
para la guerra, que ha emprendido el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia.
En otro caso, un agricultor de la zona cayó en un retén, aparentemente de las FARC (son
retenes volantes que se improvisan en cualquier sitio) y, mientras recibía la orden de
abandonar el sitio, otro de los asaltantes le disparaba, provocándole heridas.
¿Quiénes son los 'Comuneros del Sur'?
Nadie sabe a ciencia cierta, si se trata de un grupo de disidentes del ELN, el grupo
guerrillero que creara Camilo Torres y dirigiera por años un cura español, el cura
Pérez.
Podría también tratarse de param,ilitares o de bandas de delincuentes, que se han ido
asentando en Colombia, a la sombra de medio siglo de violencia.
Las tarifas de esta insólita forma de tributación varían con un principio 'curioso' de
equidad, que ya querrían los sistemas tributarios en nuestros países. Los protagonistas
calculan la propiedad de su próxima víctima y establecen el precio de acuerdo con la
extensión, la prosperidad y el rendimiento de la propiedad. Puede ser desde cinco mil
dólares, hasta veinte mil, cincuenta mil o más.
Los residentes de Tufiño tienen temor de hablar. Apenas si cuentan con protección
militar o policial y están, más bien, a expensas del chantaje y la amenaza.
Algunos dirigentes del Carchi han insistido en más de una ocasión, en que las
particulares formas que ha tomado la violencia en Colombia, se está instalando en la
cotidianidad provincial. Incluso se ha denunciado que, a partir del Plan Colombia y la
intensidad del tránsito de personas que está produciendo la guerra abierta en el país
vecino, es el caldo de cultivo para que se presenten en territorio ecuatoriano estas
bandas de delincuentes.
Mientras tanto, muros y camiones de la región comienzan a aparecen con pintas de grupos
aparentemente colombianos como 'Comuneros del Sur'. (JP).