Quiñónez enfrenta la fama
En una semana, Fernando pasó del
completo anonimato a ser condecorado por el Congreso Nacional. Fernando Quiñónez
Sánchez ha despertado de golpe las ansias de acciones heroicas de una sociedad como la
ecuatoriana, afectada por la corrupción y el quemeimportismo. Y su hazaña, de trepar
cinco pisos a pulso y rescatar de las llamas a una mujer y tres niños, lo ha lanzado de
golpe hacia una fama que a ratos parece sofocarlo. "Estaba en el tercer piso, miré
hacia abajo y muchos pensamientos vinieron a mi cabeza, pero nuevamente los gritos de
auxilio me impulsaron a trepar los dos pisos que me faltaban para llegar", recuerda
Quiñónez, de 25 años de edad y quien estiba (carga y ordena) cajas de banano en el
Puerto Marítimo.
Y es que durante los últimos cinco días, la vida del joven héroe ha transcurrido entre
cámaras de televisión, constantes flashes de fotógrafos y abrazos de personajes que
nunca imaginó conocer. Apareció en el programa concurso "A Todo Dar"; bailó
en "Simplemente Mariela", y dio prácticamente una rueda de prensa en vivo en la
Cámara de Comercio, luego de recibir una condecoración.
La popularidad de 'tocayo', como lo llaman sus amigos de Las Malvinas (sur de Guayaquil),
lugar donde vive hace tres años, empezó cuando el bus en el que se trasladaba al Puerto
Marítimo, se detuvo frente a los bloques multifamiliares del IESS (Av Quito y Camilo
Destruge) a las 17:00 del lunes. Uno de los departamentos del quinto piso se incendiaba y
Lucrecia Cagua Carvache intentaba salvar a su hija y dos sobrinos, lanzándolos al vacío
para que alguien los atrapara con sábanas. "La gente se amontonó, nadie sabía qué
hacer. En esos momentos sentí algo al ver a los tres niños que lloraban desesperados.
Cuando me fijé, ya estaba en el tercer piso", sostiene Quiñónez, de 1,68 metros de
estatura. Enseguida, cargó a los cuatro desde su balcón, hasta uno vecino, donde la
policía lo ayudó.
Luego de la jornada heroica, se dirigió a su trabajo. Desde las 19:00 hasta las 01:00
cargó banano. "Mi labor dependía del número de cajas: si eran 15 mil, salíamos
temprano y si se trataba de 50 mil, o más, el trabajo se extendía", dice
Quiñónez, con poca fluidez.
Eran las 02:00 cuando estuvo en su domicilio, donde vive con sus hermanos solteros,
Jonathan y Alejandro, de 27 y 24 años de edad. A esa hora, decidió encender la bomba de
agua y, mientras succionaba, meditó sobre lo sucedido. "Lo volvería a hacer, si
fuese necesario, si el prójimo necesita ayuda, será mi deber ayudarlo", enfatiza.
A las 06:00 del pasado martes, Paola y Jenny, de 22 y 21 años de edad, sus dos hermanas
casadas, aparecieron para conocer lo sucedido por boca del propio Fernando.
Media hora después, la vida de la familia Quiñónez Sánchez, cambiaría por completo.
El nombre de Fernando Epifanio rápidamente se expandió por la ciudad. El rostro del
joven, quien estudió hasta tercer año en el colegio nocturno 20 de abril, se apoderó de
los noticiarios y programas de televisión. Fue el centro de atención y el motivo para
realizar actos de recocimiento en su honor.
El teléfono celular, que adquirió Betsy Sánchez (su madre) antes de viajar a Italia a
trabajar en servicio doméstico, no paraba de sonar. Alejandro, el tercer hermano del
héroe, se convirtió en el relacionista público. Empresarios, políticos y varias
personalidades trataban de contactarlo para felicitarlo y coordinar una cita. Posee ya la
promesa de una beca y hasta de un trabajo estable.
El miércoles por la mañana, la jornada se repitió con mayor intensidad. La abuela y las
tías maternas de Fernando ni siquiera tuvieron la oportunidad de saludarlo. Por la noche,
Alejandro Quiñónez, quien estudia a distancia en el Tecnológico SEL (Sistema de
Estudios Libres) y que el próximo año será bachiller, se convirtió en el asesor
principal. Las ofertas, reconocimientos y promesas hechas durante ese día fueron
analizadas en el pequeño comedor de su vivienda de 60 m2 de construcción. "Yo
simplemente lo motivo, pero quien tiene que decidir es mi hermano", justifica
Alejandro. Y Fernando , agitado, parece todavía no creer lo que le está ocurriendo.
(JVR)
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De Las Malvinas al Congreso
"Antes era un desconocido y tenía
dificultades para conseguir trabajo, por el color de mi piel, aún hay gente que
discrimina", expresa Fernando Quiñónez.
Hoy desea continuar sus estudios, abandonados en 1998 por falta de recursos económicos.
En ese año, él trabajaba como vendedor de frutas en el mercado Sur de
Guayaquil y estudiaba en un colegio nocturno, en el que debía pagar mensualmente 25 mil
sucres.
Ahora contempla la posibilidad de trabajar en la Cámara de Comercio por las mañanas y
estudiar en las tardes en el colegio Letras y Vida, que le facilitará una beca. Aunque la
oferta de un colegio a distancia también le llama la atención.
Su mejor amigo de Las Malvinas, Javier Carriel, de 21 años de edad, será una las piezas
clave en el momento de decidir. No descarta que su madre, Betsy Sánchez, quien viajó
hace dos meses a Italia, lo ayude en esta díficil tarea.
Mientras, Fernando Quiñónez, comparte con Jonathan, Alejandro, Paola y Jenny, sus
hermanos, los reconocimientos recibidos.
El jueves pasado, el Congreso Nacional lo condecoró y le otorgó dos mil dólares. La
Gobernación del Guayas tenía previsto brindarle un reconocimiento, pero debió suspender
la ceremonia.
Adicionalmente, ha recibido ofertas de varias empresas que se muestran interesadas en
ayudar a Quiñónez y su familia. Incluso el Ministerio de la Vivienda desea incorporarlo
a un plan habitacional.
Hoy desea continuar sus estudios, abandonados en 1998 por falta de recursos económicos.
En ese año, él trabajaba como vendedor de frutas en el Mercado Sur y
estudiaba en un colegio nocturno, en el que debía pagar mensualmente 25 mil sucres. Se
retiró por la falta de recursos.
Ahora maneja la posibilidad de trabajar en la Cámara de Comercio por la mañanas y
estudiar en las tardes en el colegio Letras y Vida, que le facilitará una beca. Aunque la
oferta de un colegio a distancia también le llama la atención.
Su mejor amigo de Las Malvianas, Javier Carriel, de 21 años de edad, será una las piezas
claves al momento de decidir. No descarta que su madre, Betsy Sánchez, quien viajó hace
dos meses a Italia lo ayude en esta díficil tarea.
Mientras, Fernando Quiñonez, comparte con Jonathán, Alejandro, Paola y Jenny, sus
hermanos, los reconocimientos recibidos.
El jueves pasado, el Congreso Nacional lo condecoró y le otorgó 2 mil dólares. La
Gobernación del Guayas tenía previsto brindarle un reconocimiento, pero debió suspender
la ceremonia.
Adicionalmente, ha recibido ofertas de varias empresas que se muestran interesadas en
ayudar a Quiñonez y su familia. Incluso el MInisterio de la Vivienda desea incorporalo a
un plan habitacional.(JVR)
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