SÁBADO 16 DE DICIEMBRE DE 2000

Manabí, imán de los vectores

Malaria gasta 90% en sueldos Mitad de población en riesgo

• La Dirección de Salud manabita no tiene un presupuesto fijo, ni siquiera uno de contingencia. La humedad persiste debido a las dos presas de la provincia.

• Solo el 10% del presupuesto del SNEM es destinado a la compra de los insumos para la fumigación intra y extra domiciliaria. Los 800 empleados siguen en paro, pese al repunte epidemiológico.

• Casi 8 millones de habitantes del país viven en áreas de transmisión del paludismo, que causa la muerte anual de hasta tres millones de personas en el mundo. En El Oro y Los Ríos persisten los problemas.

Quiñónez enfrenta la fama

En una semana, Fernando pasó del completo anonimato a ser condecorado por el Congreso Nacional. Fernando Quiñónez Sánchez ha despertado de golpe las ansias de acciones heroicas de una sociedad como la ecuatoriana, afectada por la corrupción y el quemeimportismo. Y su hazaña, de trepar cinco pisos a pulso y rescatar de las llamas a una mujer y tres niños, lo ha lanzado de golpe hacia una fama que a ratos parece sofocarlo. "Estaba en el tercer piso, miré hacia abajo y muchos pensamientos vinieron a mi cabeza, pero nuevamente los gritos de auxilio me impulsaron a trepar los dos pisos que me faltaban para llegar", recuerda Quiñónez, de 25 años de edad y quien estiba (carga y ordena) cajas de banano en el Puerto Marítimo.
Y es que durante los últimos cinco días, la vida del joven héroe ha transcurrido entre cámaras de televisión, constantes flashes de fotógrafos y abrazos de personajes que nunca imaginó conocer. Apareció en el programa concurso "A Todo Dar"; bailó en "Simplemente Mariela", y dio prácticamente una rueda de prensa en vivo en la Cámara de Comercio, luego de recibir una condecoración.
La popularidad de 'tocayo', como lo llaman sus amigos de Las Malvinas (sur de Guayaquil), lugar donde vive hace tres años, empezó cuando el bus en el que se trasladaba al Puerto Marítimo, se detuvo frente a los bloques multifamiliares del IESS (Av Quito y Camilo Destruge) a las 17:00 del lunes. Uno de los departamentos del quinto piso se incendiaba y Lucrecia Cagua Carvache intentaba salvar a su hija y dos sobrinos, lanzándolos al vacío para que alguien los atrapara con sábanas. "La gente se amontonó, nadie sabía qué hacer. En esos momentos sentí algo al ver a los tres niños que lloraban desesperados. Cuando me fijé, ya estaba en el tercer piso", sostiene Quiñónez, de 1,68 metros de estatura. Enseguida, cargó a los cuatro desde su balcón, hasta uno vecino, donde la policía lo ayudó.
Luego de la jornada heroica, se dirigió a su trabajo. Desde las 19:00 hasta las 01:00 cargó banano. "Mi labor dependía del número de cajas: si eran 15 mil, salíamos temprano y si se trataba de 50 mil, o más, el trabajo se extendía", dice Quiñónez, con poca fluidez.
Eran las 02:00 cuando estuvo en su domicilio, donde vive con sus hermanos solteros, Jonathan y Alejandro, de 27 y 24 años de edad. A esa hora, decidió encender la bomba de agua y, mientras succionaba, meditó sobre lo sucedido. "Lo volvería a hacer, si fuese necesario, si el prójimo necesita ayuda, será mi deber ayudarlo", enfatiza.
A las 06:00 del pasado martes, Paola y Jenny, de 22 y 21 años de edad, sus dos hermanas casadas, aparecieron para conocer lo sucedido por boca del propio Fernando.
Media hora después, la vida de la familia Quiñónez Sánchez, cambiaría por completo. El nombre de Fernando Epifanio rápidamente se expandió por la ciudad. El rostro del joven, quien estudió hasta tercer año en el colegio nocturno 20 de abril, se apoderó de los noticiarios y programas de televisión. Fue el centro de atención y el motivo para realizar actos de recocimiento en su honor.
El teléfono celular, que adquirió Betsy Sánchez (su madre) antes de viajar a Italia a trabajar en servicio doméstico, no paraba de sonar. Alejandro, el tercer hermano del héroe, se convirtió en el relacionista público. Empresarios, políticos y varias personalidades trataban de contactarlo para felicitarlo y coordinar una cita. Posee ya la promesa de una beca y hasta de un trabajo estable.
El miércoles por la mañana, la jornada se repitió con mayor intensidad. La abuela y las tías maternas de Fernando ni siquiera tuvieron la oportunidad de saludarlo. Por la noche, Alejandro Quiñónez, quien estudia a distancia en el Tecnológico SEL (Sistema de Estudios Libres) y que el próximo año será bachiller, se convirtió en el asesor principal. Las ofertas, reconocimientos y promesas hechas durante ese día fueron analizadas en el pequeño comedor de su vivienda de 60 m2 de construcción. "Yo simplemente lo motivo, pero quien tiene que decidir es mi hermano", justifica Alejandro. Y Fernando , agitado, parece todavía no creer lo que le está ocurriendo. (JVR)

De Las Malvinas al Congreso


"Antes era un desconocido y tenía dificultades para conseguir trabajo, por el color de mi piel, aún hay gente que discrimina", expresa Fernando Quiñónez.
Hoy desea continuar sus estudios, abandonados en 1998 por falta de recursos económicos.     En ese año, él trabajaba como vendedor de frutas en el mercado Sur de Guayaquil y estudiaba en un colegio nocturno, en el que debía pagar mensualmente 25 mil sucres.
Ahora contempla la posibilidad de trabajar en la Cámara de Comercio por las mañanas y estudiar en las tardes en el colegio Letras y Vida, que le facilitará una beca. Aunque la oferta de un colegio a distancia también le llama la atención.
Su mejor amigo de Las Malvinas, Javier Carriel, de 21 años de edad, será una las piezas clave en el momento de decidir. No descarta que su madre, Betsy Sánchez, quien viajó hace dos meses a Italia, lo ayude en esta díficil tarea.
Mientras, Fernando Quiñónez, comparte con Jonathan, Alejandro, Paola y Jenny, sus hermanos, los reconocimientos recibidos.
El jueves pasado, el Congreso Nacional lo condecoró y le otorgó dos mil dólares. La Gobernación del Guayas tenía previsto brindarle un reconocimiento, pero debió suspender la ceremonia.
Adicionalmente, ha recibido ofertas de varias empresas que se muestran interesadas en ayudar a Quiñónez y su familia. Incluso el Ministerio de la Vivienda desea incorporarlo a un plan habitacional.


Hoy desea continuar sus estudios, abandonados en 1998 por falta de recursos económicos.     En ese año, él trabajaba como vendedor de frutas en el Mercado Sur y estudiaba en un colegio nocturno, en el que debía pagar mensualmente 25 mil sucres. Se retiró por la falta de recursos.
Ahora maneja la posibilidad de trabajar en la Cámara de Comercio por la mañanas y estudiar en las tardes en el colegio Letras y Vida, que le facilitará una beca. Aunque la oferta de un colegio a distancia también le llama la atención.
Su mejor amigo de Las Malvianas, Javier Carriel, de 21 años de edad, será una las piezas claves al momento de decidir. No descarta que su madre, Betsy Sánchez, quien viajó hace dos meses a Italia lo ayude en esta díficil tarea.
Mientras, Fernando Quiñonez, comparte con Jonathán, Alejandro, Paola y Jenny, sus hermanos, los reconocimientos recibidos.
El jueves pasado, el Congreso Nacional lo condecoró y le otorgó 2 mil dólares. La Gobernación del Guayas tenía previsto brindarle un reconocimiento, pero debió suspender la ceremonia.
Adicionalmente, ha recibido ofertas de varias empresas que se muestran interesadas en ayudar a Quiñonez y su familia. Incluso el MInisterio de la Vivienda desea incorporalo a un plan habitacional.(JVR)

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