Uno de ellos, Ana Cristina Mesa,
colombiana, acusada de supuesta participación en narcotráfico, obligada a posar para la
televisión, preguntó si, cuando la declaren inocente volverán las cámaras a enfocarla.
Es posible imaginar la respuesta.
Las principales instituciones estatales acusadas de violar derechos humanos son la
Policía y las Fuerzas Armadas. Y el delito del poder más frecuente es la privación
arbitraria de la libertad, con amenaza y chantaje. Los casos de reparación, mientras
tanto, son muy pocos. Contados con los dedos de la mano, y todos tramitados en tribunales
internacionales.
La primera reacción de la víctima es callarse, afectada por el miedo. Opta por no
demandar ante el abuso de que fue objeto. Hay una relación desigual de poder, está la
imagen de una justicia corrompida y lenta, están los costos de un abogado.
La Fudación Regional de Asesoría en derechos Humanos -Inredh- conjuntamente con el
Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer -Cepam- han llevado adelante
un proyecto conducente a impulsar una legislación nacional para la reparación de los
daños ocasionados a las víctimas de los errores y abusos del poder estatal. El texto de
la ley está listo, impulsado por varias comisiones del Congreso, y, particularmente por
la diputada Cecilia Calderón, que nunca pensó en seguir una causa de restitución por la
muerte de su padre, el dirigente político Abdón Calderón, contra quien se les 'fue la
mano' a unos agentes contratados por el ministro de Gobierno, cuando agonizaba la
dictadura militar de los años setenta.
En su investigación, el Inred ha documentado veinte casos de reparación por efectos de
'arreglo amistoso' en poco más de una década, que incluyen algunos de enorme impacto
público como el de Consuelo Beneavidez asesinada por miembros de la Marina durante la
represión que vivió el Ecuador bajo el régimen de Febres Cordero, y el caso de los
campesinos de Putumayo en 1993.En los veinte casos, el tiempo que ha transcurrido desde el
inicio de la causa hasta el arreglo ha sido de alrededor de cinco años.
Según la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos, de los 28 casos presentados ante la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos, solo en tres se ha sancionado a los
culpables, pues la impunidad es la norma.
Ahora, habrá que esperar que la pugna entre el Legislativo y el Ejecutivo deje un espacio
para que el Plenario conozca y apruebe el proyecto de 'Ley de Reparación en el
Procesamiento Penal'.
Mientras tanto, esta 'lacra' de la ausencia de normas para la reparación, se enlaza con
otro tema abordado por BLANCO Y NEGRO hace algunas semanas: la ausencia de toda
protección y garantía para los testigos que se 'atreven' a actuar como tales en un
juicio, y a los que la policía de Guayaquil, por ejemplo, obliga a un enfrentamiento cara
a cara con el agresor, de modo que este no se olvide del testigo al momento de cumplir la
venganza. Los dos casos van labrando el vacío de ciudadanía en que vivimos los
ecuatorianos. (JP)
Se fue preso con su única
maquinaria
Rodrigo Delgado trabajaba para un patrón de quien sabía poco.
Un día cualquiera, fue acusado de un delito del que supuestamente era responsable su
patrón. No importa cuál. Una extraña historia de telas y prendas de vestir manipuladas
ilegalmente. Telas que, dice esta víctima de la justicia ecuatoriana, se venden en 'las
barbas de la Policía', al frente de la Comandancia General en Quito.
Lo cierto es que en la carcel sufrió de todo. Delgado es el típico caso del injustamente
encarcelado, sin boleta de captura y sujeto a amenazas. Cuatro días incomunicado y
obligado a declarar durante las noches para provocar contradicciones y sustentar la falsa
acusación.
Pero no solo estuvo preso 'el cuerpo' de Rodrigo Delgado. Su maquinaria, su único
instrumento de trabaj, pasó secuestrada por la Policía 432 días
Salió y apenas si ha podido volver a su oficio de sastre.
¿Qué esperaría Rodrigo Delgado que ocurra con sus falsos acusadores?
''Yo por ejemplo en este caso, quisiera que los Derechos Humanos me ayuden a plantear un
juicio contra los señores estos que me llevaron injustamente preso, ya que yo he pasado
más de dos años sin trabajo, no he tenido ni qué comer, no he tenido para dar para mis
hijos, para los colegios, no he tenido ni para, disculpe, el tabaquito, ni he tenido para
una golosina.
''Yo lo que quisiera seguir es un juicio. Qué por ejemplo, que haga justicia. A mí no me
llevaron, por ejemplo como vuelvo y repito, no me llevaron con orden de captura, no me
llevaron con orden de allanamiento, por ejemplo.
"Mi maquinaria, solamente podrína llevarme a mí preso, pero no mi maquinaria, no
tiene nada absolutamente que ver porque esas cosas no hablan, no caminan , solamente son
fierros, aparatos.
''Quiero que les sigan un juicio. Ya yo pasé sin trabajo injustamente, yo he conversado
con algunos amigos, que la maquinaria no podían llevarse por que es una herramienta de
trabajo. Que esas mismas autoridades, por ejemplo, que sean sancionadas, personas que me
llevaron injustamente, y que para esas personas también haya ley, así como a uno le
pusieron injustamente preso, que también a ellos les castigue la ley. Para mí, que me
colaboren de tanto tiempo que pasé sin trabajo, daño moral, daño físico. Como le digo,
yo estaba a punto de separarme de mi mujer, porque yo no tenía para dar de comer''.
A quién responsabiliza Rodrigo Delgado por lo que le ha ocurrido?
"Los que me llevaron preso injustamente, son los señores agentes de inteligencia, y
los agentes de la intendencia, que me llevaron sin orden de captura.
¿Es el sueño de la reparación lo que ha narrado Rodrigo Delgado? Si. Por lo pronto es
el sueño, en el que calcula que podría ganar unos diez millones de sucres 'ancianos' con
la máquina que le secuestraron. (JP).