SÁBADO 4 DE NOVIEMBRE DE 2000

Vasija de barro, el canto colectivo

En pos de los últimos vestigios de oxígeno En la vasija se guardó el alma

• Tres poetas, dos pintores y el inolvidable dúo del Potolo Valencia y Gonzalo Benítez, compusieron, en una noche, esa especie de himno secreto de los ecuatorianos.

• Los doce esclavos, enterrados vivos junto al cadáver de la cacica, se precipitaron a las vasijas, para aspirar todo el oxígeno allí aprisionado.

• En la médula de los huesos guardados en una vasija de barro, reside el alma, de allí que el culto a los huesos fuera el modo antiguo de recordar a los ancestros en las culturas presentes en el Ecuador.

El brutal crimen por $480 frustra uno de los sueños

Un padre de familia que deseaba ir a España, vio frustrado su sueño cuando dos sujetos le robaron la camioneta que pensaba vender para comprar los pasajes, en diciembre del año anterior. Luego de una serie de sucesos coincidentes, la Policía atrapó al posible responsable, quien fue condenado a fines de julio pasado. El proceso sigue en trámite de apelación.
Todo estaba listo para que Angel Bonilla viajara a España. Los padrinos de su hermano le habían prometido que el 20 de diciembre del año anterior le llegaría una carta de invitación desde ese país, uno de los requisitos para cruzar migración sin problemas.
La situación económica se había vuelto insoportable en su casa arrendada, por el sector de Guamaní, al sur de Quito. Con su esposa, Elisa Paca, decidieron que la única alternativa era que se marchara a trabajar en España, y así resuelven vender su camioneta Mazda 1600, para comprar los pasajes. El 18 de diciembre fueron a la feria de carros de La Ecuatoriana, al sur, para venderla en 23 millones de sucres ($920, al cambio actual). Fue una salida infructuosa.
Al día siguiente regresaron a las 08:00, otra vez, en la camioneta. En el camino, ella recordó que la mujer para quien trabajaba tenía una maleta que le ofreció venderla. Se quedó en la fábrica Plywood. Debía llevar la maleta a la casa y luego encontrarlo en la feria.
Angel Bonilla (desde aquí confrontamos datos tomados en cuenta en el proceso instaurado en el Juzgado Noveno de lo Penal de Pichincha) llegó a la feria de carros. Desapareció de ese sitio con dos sujetos.

El regateo final con la plata

Según la declaración de Juan Carlos Pozo Herrera, a las 09:30 de ese día (19 de diciembre) llegó , Angel Mendoza a su casa, ubicada en Guamaní. "¿Qué pasa?", dijo al salir adormilado (reconstruimos estos hechos con su declaración).
"Llegó mi tío y quiere vender un carro, quiero que me acompañes", le habría respondido. Juan Carlos Pozo aseguró que Angel Mendoza lo buscó porque le había contado que conocía del negocio de la compra y venta de carros usados.
"¿Dónde esta tu tío?" Angel le habría contestado que debía hacer una diligencia, así que le encargó el carro. Antes de acompañarlo, Juan Carlos Pozo se fue a comprar el pan para el desayuno de su familia. A las 10:15 llegaron a La Ecuatoriana, en donde encontraron la camioneta amarilla estacionada.
Elisa Paca aseguró que al llegar a La Ecuatoriana a las 10:25 vio la camioneta. Intentó alcanzarla cuando salía de la feria. Fue demasiado tarde. Así que esperó un bus para irse a su casa, pensando que ya que su esposo ya vendió el carro, lo debía estar esperando allá.
Juan Carlos Pozo y Angel Mendoza comenzaron a negociar la venta de la camioneta a las 11:00, con Francisco Guambuguete. Pidieron 21 millones de sucres ($840), en el regateo les ofrecieron 17 millones de sucres ($680).
"¿Tiene la plata aquí?", preguntó Juan Carlos Pozo. "Sí", respondió el comprador. "Entonces coja el volante". Subieron por la avenida Mariscal Sucre para probar el estadodel carro. Estaba en malas condiciones. La oferta bajó a 15 millones ($600). Ellos aceptaron y se dirigieron a la casa del comprador, en Chillogallo, para ver la plata. A los cinco minutos salió con el dinero en una maleta y se dirigieron a una mecánica de La Gatazo, en donde chequearon el vehículo. El precio siguió bajando, finalmente el comprador ofreció 12 millones ($480). Los vendedores aceptaron. (JT)

Coincidencias, ¿solo eso?

Elisa Paca regresó otra vez a la feria. Caminó a la ciudadela de El Ejército y al bajar por la avenida Maldonado volvió a ver la camioneta. Al acercarse vio a tres sujetos contando fajos de billetes. Guambuguete pagaba los $480.
"¿Dónde dejaron al señor que les vendió la camioneta?", preguntó Elisa. Los tres se quedaron inmóviles. Quien estaba en el medio cargaba la chompa con la que Angel había salido en la mañana.
"Disculpe, la chompa de mi marido ¿por qué está ahí?", insistió. "A lo mejor se olvidó", le respondieron. En el switch del carro vio las llaves del garaje de su casa, por lo que volvió a preguntar. Otra vez contestó quien estaba en el medio: "Nos fuimos a Guamaní, al bajar a La Ecuatoriana se asomó una señora de cabello corto, con un niño. Nos dijo que era su esposa y que tenía que ir a Ipiales. ¿Se va a la feria?". "Sí", respondió entre sollozos. Elisa Paca subió al cajón de la camioneta. "Cómo se ha llegado a enterar que su marido la engaña", había comentado Juan Carlos Pozo. Ella siguió llorando, hasta que regresó a su casa. En el camino se encontró con un amigo de Angel Bonilla, a quien comentó todo lo ocurrido.
Los familiares de Elisa Paca se juntaron. Todos comentaron que era demasiado raro que en la camioneta estuvieran las llaves del garaje y la chompa de Angel. Regresaron a la feria y alcanzaron la camioneta, justo cuando Francisco Guambuguete se marchaba del sitio. Uno de los hermanos de Elisa arrancó la llave del switch.
Tres días más tarde, el 22 de diciembre, Ramiro Tinajero regresaba a su taller de carpintería, luego de almorzar en su casa, acompañado de su perro, un experto perseguidor de pájaros y ratones. Al llegar a la calle V, del sector de Turubamba, su perro corrió a una acequia. En ese sitio estaba el cadáver de Angel Bonilla, atadas las manos y vendados los ojos con cinta de embalaje.
El 28 de diciembre fue detenido Juan Carlos Pozo, por el intento de asaltar a un taxista a la altura del Camal, junto con Angel Mendoza. Este último huyó. Pozo fue detenido por moradores del sector. Lo golpearon y lo ataron a un poste. Querían quemarlo vivo, cuando llegó un patrullero.
Las investigaciones lo relacionaron con el asesinato de Bonilla. A fines de julio pasado, el Tribunal Primero de lo Penal de Pichincha lo sentenció a 16 años de reclusión, por el asesinato de quien quiso vender su camioneta para ir a trabajar en España. (JT).

Del mercado se hace humo


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Jefferson Aníbal Rea Lumbe


Han pasado 16 meses. Cuando Jefferson Aníbal Rea Lumbe desapareció tenía tres años de edad. Ahora debe tener cuatro. Sus familiares lo han buscado en distintos sitios, han acudido a varios organismos y siguen insistiendo.
Fue el 12 de junio de 1999, cuando Jefferson y su hermano, acompañados de su madre, llegaron al mercado de La Ofelia, al norte de Quito. La mujer deseaba hacer algunas compras en la feria.
Mientras la madre de Jefferson compraba víveres, los niños se quedaron solos por un momento. Instantes después, cuando regresó a donde los dejó, el niño ya no estaba.
La madre recorrió todo el mercado preguntando a las vendedoras por un pequeño de tez trigueña, con el cabello largo, de color negro y los ojos cafés oscuros. Les explicaba que tiene una cicatriz en la pierna izquierda, pero nadie lo había visto.
La Fundación Reencuentro, encargada de ayudar a los padres que tienen niños desaparecidos, sostiene en un boletín de prensa que Jefferson probablemente se encuentra en compañía de una mujer que trabaja en el mercado, por lo que presumen que puede estar en alguna de las provincias centrales del país: Imbabura, Cotopaxi o Tungurahua.
Si usted tiene alguna información sobre el menor, puede ayudar a los familiares llamando a los teléfonos: (02) 238627 y 238238. (JT).

Buzón

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