Por Allen Panchana Macay
Redacción Guayaquil
Once de las llamadas 'mulas', encargadas de llevar cápsulas con droga en sus estómagos,
fallecieron en lo que va del año, luego de que alguna explotara en sus cuerpos, según
las estadísticas de la Dirección Nacional Antinarcóticos de la Policía.
Estas personas pueden ingerir entre 80 y 130 cápsulas (de 8 a 14 gramos cada una) con
heroína o clorhidrato de cocaína, a cambio de $2 000 o $5 000. BLANCO y NEGRO
estableció que desde Guayaquil y Quito parten, al menos, 140 'mulas' a la semana, pues
más del 50% logra evadir el control. Se calcula que, en promedio, cada una está en
capacidad de llevar un kilo de cocaína en su estómago, avaluado en el mercado en, al
menos, $50 mil; es decir, mueven un negocio de siete millones de dólares a la semana por
los aeropuertos internacionales de Quito y Guayaquil.
Las cifras de la Dirección Nacional Antinarcóticos de la Policía aumentan desde 1999.
Los controles se intensificaron hace 10 meses.
|
Estómagos de $7 millones "No había almorzado. Me encerré en mi cuarto, con una jarra de agua
y otra de jugo. A las 20:00 empecé a ingerirlas, poco a poco, como si fueran pastillas.
Me cogió la madrugada y tenía mucho sueño". Quien relata esto fue detenido en el
aeropuerto.
|
La puerta negra con barrotes permanece
entreabierta en el lado izquierdo de las oficinas de Antinarcóticos del Guayas. Alguien
tose adentro, donde el extraño hedor se acentúa por la noche de un miércoles de
octubre, al norte de Guayaquil.
Es difícil respirar. Juan Carlos Alvarado Olvera, de 33 años de edad, yace recostado en
una vetusta cama. Viste camiseta amarilla, zapatos y pantalón café. "Llame a mi
familia, por favor: marque este teléfoco", dice asustado, en ausencia de sus
vigías. Un sí dubitativo lo consuela, mientras sacude una funda plástica negra, en la
que, aún húmedas, permanecen tres cápsula blancas con clorhidrato de cocaína, que hace
cinco minutos expulsó de su organismo, de las 70 que ingirió (560 gramos).
Aún no le inyectan el suero ni le diluyen el cloruro de potasio para acelerar la
evacuación de la droga. Y suplica aceite de oliva para que remplace a un purgante, pero
el subteniente, Luis Chávez le advierte, sarcásticamente, que debe ingerir solo lo
recetado por los médicos o morirá intoxicado, como Wilson Sedamanos Hidalgo, quien hasta
el 14 de octubre anterior, tres días después de capturado, solo expulsó 31 de 95
cápsulas.
Juan Carlos Alvarado es guayaquileño y padre de dos niños. Corre al baño y retorna a su
celda provisional para continuar con su historia. Él laboraba, desde 1990, como
tramitador en el Puerto de Guayaquil. Hace dos meses, sin embargo, en la línea 109 se
encontró, luego de 15 años, con Alexa, una vecina que conoció en la M y la 23, suburbio
de la ciudad, donde vivía. Y ella le propuso que se involucrara en el rentable y mortal
negocio de las 'mulas': se denomina así a las personas que transportan droga en su
organismo o en maletas con doble fondo.
Juan Carlos le dio su número telefónico y solo fueron suficientes dos llamadas para
convencerlo, pues ella le prometió dinero, pasaporte y demás documentos para que viajara
a Italia (Europa), donde él planeaba radicarse y conseguir un empleo. "Es la primera
vez que lo hago", insiste en el estrecho cuarto-celda atiborrado de polvo y papeles,
mientras disimula una lágrima que recorre su rostro.
Y le recomendaron que comiera uvas grandes y enteras y, también, que tomara un laxante
(colon cleanser). Acordaron encontrarse la tarde del martes 17 de octubre último en el
parque La Victoria, centro de Guayaquil. Ella, a las 14:00, le entregó los $2 100 ($2 000
para la bolsa de mano y $100 más para los gastos de salida), las 70 cápsulas con
clorhidrato de cocaína y un pasaje para viajar en el vuelo 0754 de KLM, en la ruta
Guayaquil-Amsterdam-Turín-Guayaquil.
Con una jarra de jugo y otra de agua
Llegaron hasta la ciudadela Los Tulipanes, al sur, donde vive él con su tía, desde que
se separó de su esposa. "No había almorzado. Me encerré en mi cuarto, con una
jarra de agua y otra de jugo de tomate de árbol. A las 20:00 empecé a ingerirlas, poco a
poco, como si fueran pastillas. Me cogió la madrugada y tenía mucho sueño". Cinco
horas después, en la madrugada del 18 de octubre, ya estaba listo, bañado y vestido, con
la maleta café que le obligaron a comprar para que, al arribar, sus anfitriones lo
identificaran.
Al aeropuerto internacional Simón Bolívar de Guayaquil llegó a las 05:30 para abordar
el avión, pero su actitud 'nerviosa', según el informe de nueve páginas, después de
pasar los controles respectivos (como Migración), alertó a los policías de la Jefatura
Antinarcóticos, que lo interrogaron y evidenciaron las contradicciones en sus respuestas.
Juan Carlos Alvarado Olvera, último de cuatro hermanos y quien solo terminó el ciclo
básico porque se casó, repite sin cesar que se arrepiente, mas su destino ya está
marcado, si logra sobrevivir: 16 a 25 años de prisión (cuando se acumulan penas), según
lo establece la Ley de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas. Su caso lo tramita el
juez primero de lo Penal del Guayas, Angel Rubio Game.
"Nadie me advirtió de los peligros. Mi familia no sabe nada de esto. Es que pensé
que solucionaría todos mis problemas económicos... La vida es así, me jugó la
mala...", se resigna, mientras los agentes recorren sin inmutarse los pasillos, donde
el hedor a jugos gástricos y droga, que se confunde con otros, también impera.
En el lado derecho está la oficina del coronel Fausto Flores Clerque, jefe de
Antinarcóticos del Guayas, quien afirma que en el aeropuerto de Guayaquil capturan
diariamente entre tres y cuatro mulas, sin considerar las que no son detectadas, pues aún
no se implementa un procedimiento técnico especial. Cifras similares se manejan en Quito.
¿Cuántos ecuatorianos 'alquilan' o 'venden' su organismo?
Cientos, y las historias cada día son más trágicas y sorprendentes. Aproximadamente, 70
mulas parten a la semana solo desde Guayaquil, según estableció BLANCO y NEGRO. Juan
Carlos Alvarado debe acudir al baño, vigilado, nuevamente. Ya es hora de salir y cruzar
la puerta negra con barrotes. (APM)
Laboratorios rústicos
- Guantes quirúrgicos o condones, una
balanza, hilo dental o quirúrgico, cera, un recipiente... Los implementos necesarios para
hacer las cápsulas con clorhidrato de cocaína o heroína son fáciles de conseguir e
incluso, según conoció BLANCO y NEGRO, varios laboratorios rústicos funcionan en varias
ciudades de Ecuador, especialmente en Quito y Guayaquil, donde se ubican los dos
aeropuertos internacionales.
- La droga, con una prensa, toma forma de
cápsula (su peso oscila entre 8 y 14 gramos) y luego se utiliza el guante quirúrgico o
el condón, y se asegura con el hilo dental. Finalmente, se recubre con la cera, para
evitar que los jugos gástricos que produce el organismo la perforen.
- "No se necesita un laboratorio... es un
trabajo manual que hace cualquiera", afirma el jefe de Antinarcóticos del Guayas.
- El número de organizaciones internacionales
que operan en Ecuador es calculado de acuerdo con las técnicas de las cápsulas
encontradas en las 'mulas': el tipo de cera, colores, tamaño...(APM)
La experiencia y la suerte son las
herramientas antinarcóticos
Pese a los riesgos, el negocio de los 'correos' del narcotráfico es rentable: el
kilogramo de cocaína se cotiza, como mínimo, a $50 mil en Europa. La demanda de Estados
Unidos, además de la coca, es, sobre todo, la heroína (derivado de la amapola), cuyo
precio por kilo oscila entre $80 mil y $100 mil.
El principal temor de las autoridades antinarcóticos es que Ecuador no solo sea un país
de tránsito, sino productor, pues ya se detectaron extensas plantaciones de coca y
amapola e incluso laboratorios en las provincias de Esmeraldas, Carchi y Sucumbíos, en la
frontera con Colombia.
Es que, sin duda, la forma más segura de proveer de droga a Estados Unidos y Europa es
contratar a las 'mulas', pues las probabilidades de detectarlas son mínimas, aunque
enfatiza lo contrario el jefe de Inteligencia y Coordinación Conjunta de Antinarcóticos,
Fabián Solano de la Sala Brown. "Tenemos un margen de efectividad entre el 70 y 80%;
nuestra labor es reconocida a escala internacional. ¡Trabajamos con los recursos que
tenemos y mostramos los resultados!", justifica, en su oficina de Quito, el oficial
de 43 años de edad y 21 de experiencia.
Y reconoce que establecer cifras de cuántos salen sin ser detenidos es imposible; sin
embargo, se rigen por las estadísticas de otros países. Pese a los requerimientos, aún
no hay ningún método técnico en los dos aeropuertos internacionales de Ecuador, para
detectar a las personas que intentan viajar con cápsulas de droga en su organismo.
Fabián Solano dice que necesitan, por ejemplo, un equipo de rayos X portátil, pero su
costo (al menos $25 mil) es inalcanzable para el presupuesto de la Policía.
Y mientras esperan emplear nuevos procedimientos el próximo año, los factores
experiencia y suerte serán aún decisivos para la detección. En el aeropuerto Simón
Bolívar de Guayaquil, el control antidrogas (general) se lo realiza con 10 agentes. Cada
uno tiene un can amaestrado. Un número insuficiente comparado con el flujo diario
(cientos) de viajeros.
En el aeropuerto Mariscal Sucre de Quito, además de los canes, hay un equipo de
aproximadamente 11 policías vestidos de civiles (seis son permanentes), dedicados
específicamente a investigar a las probables 'mulas'.
Su labor empieza a las 04:30 y termina a las 23:15, cuando sale el último vuelo hacia
Europa. El control se acentúa con los pasajeros de las aerolíneas Iberia y KLM, según
confirma el oficial a cargo, por sus destinos: Europa. Pero, reitera, no 'descuidan' a los
pasajeros de las otras, como Luthansa, American Airlines, Avianca, Air France,
Continental, Saeta...(APM).
|
|