Los recuerdos siguen presentes en la memoria del párroco de Penipe, Jaime Alvarez.
Recuerda, por ejemplo, aquel día de los convulsivos años setenta, cuando acompañaba a
monseñor Leonidas Proaño -quien le ordenó como sacerdote-, a su pequeño cuarto en el
que ofrecía la misa todas las tardes. Por el camino llegaron dos indígenas y los
detuvieron en la puerta. "Mire lo que me hace el patrón de la hacienda", dijo
el que estaba cubierto con una bufanda. Descubrió su cara y mostró como le había metido
un freno de caballo en la boca, le había roto los labios y le había destrozado la
lengua. "Vi ira en Proaño", dice el párroco. Ese misma coraje que asegura
haber sentido el 12 de octubre de 1976, cuando fue apresado y exiliado del Ecuador junto
con quien sería el Premio Nobel de la Paz, Alfredo Pérez Esquivel.
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'Yo me quiero morir aquí, en Penipe' Los policías que lo escoltaron fuera del país, hasta Colombia, lo
dejaron en el santuario de Las Lajas. "Fueron muy gentiles al dejarme en ese sitio,
seguramente para que me encomendara a Dios".
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Los policías que lo escoltaron fuera del
país hasta Colombia, lo dejaron en el santuario de Las Lajas. "Fueron muy gentiles
al dejarme en ese sitio, seguramente para que me encomendara a Dios -dice-. Al día
siguiente volví. Me escondí en una hacienda que estaba atrás de un destacamento del
Ejército, en Tulcán. Monseñor Proaño mandó por un vehículo para que me pase al
interior del país, a las 02:00".
Ese fue uno de los acontecimientos que más rabia le ha causado y que ahora recuerda como
una anécdota, porque primero lo exiliaron, y hace tres años la Cancillería del Ecuador
lo condecoró con una medalla al Mérito Nacional, y la Cámara de la Pequeña Industria
de Guayaquil, con otra al Mérito Industrial, por el gran trabajo desarrollado en Penipe,
con personas con discapacidades físicas.
Su expulsión del Ecuador, dos años después de haber llegado al país desde Colombia, su
lugar natal, lo hizo pensar en la nacionalización. Esa idea estuvo a punto de concretarla
en 1982. Había reunido 70 mil sucres ($2,80, en la actualidad) para pagar a un abogado y
realizar todos los trámites legales, pero al hacer cuentas se percató que con ese dinero
podía comprar un montón de quintales de cemento para construir el Centro de
Erradicación del Bocio y Capacitación de Minusválidos (Cebycam). Prefirió utilizar el
dinero para construir el Cebycam.
Primero estuvo en Quito, en la Facultad de Antropología de la Universidad Católica. Con
un grupo de estudiantes llegó a Penipe hace 21 años, para hacer un estudio
antropológico de la zona.
En Penipe trabaja todos los días, dándose tiempo para cumplir su mayor pasión: leer
libros, algo que aprendió a hacer con su padre, cuando juntos pasaron las páginas de El
Principito, de Antoine de Saint Exupery.
Lee uno a la semana y cuando algo le gusta, hasta dos en el mismo lapso. Recuerda haberse
emocionado con la lectura de El Guerrero de la Luz y El Alquimista, de Paulo Cohelo; habla
de su preferencia, por todo lo que vivió con el autor, por Creo en el hombre y en la
comunidad, de monseñor Leonidas Proaño, y no olvida recomendar la lectura de La
Resistencia, de Ernesto Sábato.
Esa ha sido la fuente de su saber, de los mil oficios que dice practicar, desde el de
odontólogo, trabajo por el que unos italianos le regalaron un equipo completo de
odontología al verlo poner anestesia y sacar cordales -pasando por el de arquitecto,
ingeniero, albañil-, hasta el de partera. Ya no recuerda a cuántos niños ha ayudado a
nacer. (JT)
'No somos más que siervos...'
Jaime Alvarez resolvió quedarse con su nacionalidad original, porque optó por llevar al
Ecuador en su corazón más que en un documento.
Tanto es así, que lleva 26 años en el país, de los 46 que tiene en la actualidad, a
pesar de que solo vino para quedarse un año, con la orden religiosa de Los Clareteanos,
sitio al que ingresó luego de estudiar en varios colegios particulares de Medellín.
Jaime Alvarez ya tiene en la Iglesia de Penipe lista la tumba en la que desea ser
enterrado, junto a las cenizas de su hermano (el otro religioso de una familia de seis
hermanos), que fueron traídas desde Roma, donde halló la muerte.
Desea ser enterrado en la parroquia en la que dice estar enfrentando, hace más de un
año, "con mucha dignidad y mucha ausencia del Estado, la evacuación de seis mil
personas del cantón, y el deslave del 13 de octubre pasado, que dejó 13 víctimas".
Este sacerdote conoce los límites de un solo hombre frente a una crisis colectiva.
"Sin la ayuda de las comunidades campesinas, de los animadores de estas comunidades,
hubiera sido imposible llevar adelante alguna iniciativa. Con ellos hicimos comisiones a
Quito, tocando las puertas de distintas instituciones gubernamentales; con ellos hicimos
las campañas educativas y la distribución de la sal yodada; con ellos hicimos las
denuncias de los violadores y fortalecimos la dignidad de la mujer discapacitada; juntos
construimos Cebycam y Cebycam nos ha hecho crecer a todos". Y cita el evangelio de
San Lucas al momento de explicar su obra: "No somos más que siervos, solo hemos
hecho lo que teníamos que hacer".
Y en ese 'hacer lo que tenían que hacer', han confluido tres órdenes religiosas: las
hermanas que cuidan de los ancianos, las madres salesianas y las franciscanas de la
Caridad. (JT)
Modelo apoyado en la vida y la empresa
"El modelo de Penipe se sustenta en una combinación de comunidades de vida, de
empresas agrícolas, industriales, e instituciones autogestionadas y servicios de salud,
rehabilitación y sociales", dicen los animadores del Cebycam.
Este centro entiende la acción laboral como la creación de oportunidades de trabajo y de
independencia para los discapacitados. Con todo ello, se busca "el rescate de su
propia dignidad. La independencia es, en el caso de los afectados profundamente por el
bocio, un factor que obsesiona al Cebycam, porque marca el límite entre el
asistencialismo y el desarrollo. Ese término de 'sostenibilidad' puesto de moda y que
para Jaime Alvarez, director del Cebycam, no es solamente la capacidad de supervivencia y
autofinanciamiento, sino la de proyección y reproducción.
"Un nuevo proyecto -agrega Alvarez- en el que, en un mundo en que se dice que las
doctrinas están muertas, nosotros seamos radicales en la lucha por la dignidad, la
justicia y el mayor bienestar para los pobres."
"Descubrimos que el mayor problema de ese poblado era el bocio endémico, que
afectaba al 45% de la población, sumado a la falta de fuentes de trabajo. Bocio más
bocio es igual a cretinismo, que trae otra secuela: la apatía", nos dijo Jaime
Alvarez en su diálogo con BLANCO Y NEGRO, al salir del Ministerio de Bienestar Social,
parado en la calle Robles, mientras un parapléjico que cuida los carros en ese sitio
grita molesto a un conductor que le va a "bajar la llanta porque siempre se va sin
pagar".
La acción cultural es, para este proyecto de Penipe, la "creación de lenguaje,
costumbres, formas de comunicación y realidades de solidaridad. Tiene también una
dimensión política, en la medida en que los poderes políticos provocan una doble
marginalidad entre la población minusválida.
El Cebycam no ha buscado aplicar recetas generales. Partió de un detenido análisis de la
problemática regional y de la identificación pormenorizada del tipo de discapacidades
presentes en la zona.
Lo primero fue capacitar al equipo técnico en rehabilitación comunitaria,
particularmente los técnicos en salud; se realizaron campañas de prevención del bocio,
campañas de saneamiento ambiental y formación de huertos familiares con productos ricos
en yodo.
Posteriormente se provocaron encuentros con las familias para discutir los problemas que
rodean al minusválido: escolaridad, integración laboral y social. (JP)
¿Es posible la réplica de este modelo?
- ¿Es posible replicar un modelo como el
propuesto en Penipe?, se ha preguntado el Instituto Interamericano de Cooperación para la
Agricultura. Modelos de economía solidaria se están ejecutando ya en otros países, como
Colombia.
- Por el momento, no se ha avanzado más allá
de elaborar el sustento teórico del modelo. Sin embargo, bien podría pensarse en
alternativas por el estilo, al momento de hablar del canje de deuda externa por programas
sociales.
- La inversión en un proyecto como el de
Penipe, si bien es significativa, tiene un factor multiplicador que minimiza el esfuerzo
inicial. Lo que importa es tener en cuenta dos factores: la pobreza no es una categoría
que justifique obras y servicios pobres; la pobreza solo la puede superar la comunidad, no
los gobiernos.
- Visitar el asilo de ancianos de Penipe
ilustra estos dos conceptos: la dignidad de esta casa de reposo y el esfuerzo comunitario
que está allí invertido. (JP).
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