SÁBADO 21 DE OCTUBRE DE 2000 

CRONICA ROJA 'Yo también soy adolescente' Más de 12 proyectos en marcha

• Los pasos de un proceso desde que se comete el delito.

• A comienzos de los ochenta, la disyuntiva era clara: o tratar a los minusválidos desde la perspectiva de la caridad cristiana, o iniciar una actitud de cambio de una población hasta entonces derrotada.
• Desde una Casa de la Caridad hasta un taller de telares han creado fuentes de trabajo para un poblado abandondado a su suerte por el Estado. Este trabajo productivo y social crece todos los días en Penipe.


Los recuerdos siguen presentes en la memoria del párroco de Penipe, Jaime Alvarez. Recuerda, por ejemplo, aquel día de los convulsivos años setenta, cuando acompañaba a monseñor Leonidas Proaño -quien le ordenó como sacerdote-, a su pequeño cuarto en el que ofrecía la misa todas las tardes. Por el camino llegaron dos indígenas y los detuvieron en la puerta. "Mire lo que me hace el patrón de la hacienda", dijo el que estaba cubierto con una bufanda. Descubrió su cara y mostró como le había metido un freno de caballo en la boca, le había roto los labios y le había destrozado la lengua. "Vi ira en Proaño", dice el párroco. Ese misma coraje que asegura haber sentido el 12 de octubre de 1976, cuando fue apresado y exiliado del Ecuador junto con quien sería el Premio Nobel de la Paz, Alfredo Pérez Esquivel.

'Yo me quiero morir aquí, en Penipe'

Los policías que lo escoltaron fuera del país, hasta Colombia, lo dejaron en el santuario de Las Lajas. "Fueron muy gentiles al dejarme en ese sitio, seguramente para que me encomendara a Dios".

 

Los policías que lo escoltaron fuera del país hasta Colombia, lo dejaron en el santuario de Las Lajas. "Fueron muy gentiles al dejarme en ese sitio, seguramente para que me encomendara a Dios -dice-. Al día siguiente volví. Me escondí en una hacienda que estaba atrás de un destacamento del Ejército, en Tulcán. Monseñor Proaño mandó por un vehículo para que me pase al interior del país, a las 02:00".
Ese fue uno de los acontecimientos que más rabia le ha causado y que ahora recuerda como una anécdota, porque primero lo exiliaron, y hace tres años la Cancillería del Ecuador lo condecoró con una medalla al Mérito Nacional, y la Cámara de la Pequeña Industria de Guayaquil, con otra al Mérito Industrial, por el gran trabajo desarrollado en Penipe, con personas con discapacidades físicas.
Su expulsión del Ecuador, dos años después de haber llegado al país desde Colombia, su lugar natal, lo hizo pensar en la nacionalización. Esa idea estuvo a punto de concretarla en 1982. Había reunido 70 mil sucres ($2,80, en la actualidad) para pagar a un abogado y realizar todos los trámites legales, pero al hacer cuentas se percató que con ese dinero podía comprar un montón de quintales de cemento para construir el Centro de Erradicación del Bocio y Capacitación de Minusválidos (Cebycam). Prefirió utilizar el dinero para construir el Cebycam.
Primero estuvo en Quito, en la Facultad de Antropología de la Universidad Católica. Con un grupo de estudiantes llegó a Penipe hace 21 años, para hacer un estudio antropológico de la zona.
En Penipe trabaja todos los días, dándose tiempo para cumplir su mayor pasión: leer libros, algo que aprendió a hacer con su padre, cuando juntos pasaron las páginas de El Principito, de Antoine de Saint Exupery.
Lee uno a la semana y cuando algo le gusta, hasta dos en el mismo lapso. Recuerda haberse emocionado con la lectura de El Guerrero de la Luz y El Alquimista, de Paulo Cohelo; habla de su preferencia, por todo lo que vivió con el autor, por Creo en el hombre y en la comunidad, de monseñor Leonidas Proaño, y no olvida recomendar la lectura de La Resistencia, de Ernesto Sábato.
Esa ha sido la fuente de su saber, de los mil oficios que dice practicar, desde el de odontólogo, trabajo por el que unos italianos le regalaron un equipo completo de odontología al verlo poner anestesia y sacar cordales -pasando por el de arquitecto, ingeniero, albañil-, hasta el de partera. Ya no recuerda a cuántos niños ha ayudado a nacer. (JT)

'No somos más que siervos...'

Jaime Alvarez resolvió quedarse con su nacionalidad original, porque optó por llevar al Ecuador en su corazón más que en un documento.
Tanto es así, que lleva 26 años en el país, de los 46 que tiene en la actualidad, a pesar de que solo vino para quedarse un año, con la orden religiosa de Los Clareteanos, sitio al que ingresó luego de estudiar en varios colegios particulares de Medellín.
Jaime Alvarez ya tiene en la Iglesia de Penipe lista la tumba en la que desea ser enterrado, junto a las cenizas de su hermano (el otro religioso de una familia de seis hermanos), que fueron traídas desde Roma, donde halló la muerte.
Desea ser enterrado en la parroquia en la que dice estar enfrentando, hace más de un año, "con mucha dignidad y mucha ausencia del Estado, la evacuación de seis mil personas del cantón, y el deslave del 13 de octubre pasado, que dejó 13 víctimas".
Este sacerdote conoce los límites de un solo hombre frente a una crisis colectiva. "Sin la ayuda de las comunidades campesinas, de los animadores de estas comunidades, hubiera sido imposible llevar adelante alguna iniciativa. Con ellos hicimos comisiones a Quito, tocando las puertas de distintas instituciones gubernamentales; con ellos hicimos las campañas educativas y la distribución de la sal yodada; con ellos hicimos las denuncias de los violadores y fortalecimos la dignidad de la mujer discapacitada; juntos construimos Cebycam y Cebycam nos ha hecho crecer a todos". Y cita el evangelio de San Lucas al momento de explicar su obra: "No somos más que siervos, solo hemos hecho lo que teníamos que hacer".
Y en ese 'hacer lo que tenían que hacer', han confluido tres órdenes religiosas: las hermanas que cuidan de los ancianos, las madres salesianas y las franciscanas de la Caridad. (JT)

Modelo apoyado en la vida y la empresa

"El modelo de Penipe se sustenta en una combinación de comunidades de vida, de empresas agrícolas, industriales, e instituciones autogestionadas y servicios de salud, rehabilitación y sociales", dicen los animadores del Cebycam.
Este centro entiende la acción laboral como la creación de oportunidades de trabajo y de independencia para los discapacitados. Con todo ello, se busca "el rescate de su propia dignidad. La independencia es, en el caso de los afectados profundamente por el bocio, un factor que obsesiona al Cebycam, porque marca el límite entre el asistencialismo y el desarrollo. Ese término de 'sostenibilidad' puesto de moda y que para Jaime Alvarez, director del Cebycam, no es solamente la capacidad de supervivencia y autofinanciamiento, sino la de proyección y reproducción.
"Un nuevo proyecto -agrega Alvarez- en el que, en un mundo en que se dice que las doctrinas están muertas, nosotros seamos radicales en la lucha por la dignidad, la justicia y el mayor bienestar para los pobres."
"Descubrimos que el mayor problema de ese poblado era el bocio endémico, que afectaba al 45% de la población, sumado a la falta de fuentes de trabajo. Bocio más bocio es igual a cretinismo, que trae otra secuela: la apatía", nos dijo Jaime Alvarez en su diálogo con BLANCO Y NEGRO, al salir del Ministerio de Bienestar Social, parado en la calle Robles, mientras un parapléjico que cuida los carros en ese sitio grita molesto a un conductor que le va a "bajar la llanta porque siempre se va sin pagar".
La acción cultural es, para este proyecto de Penipe, la "creación de lenguaje, costumbres, formas de comunicación y realidades de solidaridad. Tiene también una dimensión política, en la medida en que los poderes políticos provocan una doble marginalidad entre la población minusválida.
El Cebycam no ha buscado aplicar recetas generales. Partió de un detenido análisis de la problemática regional y de la identificación pormenorizada del tipo de discapacidades presentes en la zona.
Lo primero fue capacitar al equipo técnico en rehabilitación comunitaria, particularmente los técnicos en salud; se realizaron campañas de prevención del bocio, campañas de saneamiento ambiental y formación de huertos familiares con productos ricos en yodo.
Posteriormente se provocaron encuentros con las familias para discutir los problemas que rodean al minusválido: escolaridad, integración laboral y social. (JP)

¿Es posible la réplica de este modelo?

  • ¿Es posible replicar un modelo como el propuesto en Penipe?, se ha preguntado el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura. Modelos de economía solidaria se están ejecutando ya en otros países, como Colombia.
  • Por el momento, no se ha avanzado más allá de elaborar el sustento teórico del modelo. Sin embargo, bien podría pensarse en alternativas por el estilo, al momento de hablar del canje de deuda externa por programas sociales.
  • La inversión en un proyecto como el de Penipe, si bien es significativa, tiene un factor multiplicador que minimiza el esfuerzo inicial. Lo que importa es tener en cuenta dos factores: la pobreza no es una categoría que justifique obras y servicios pobres; la pobreza solo la puede superar la comunidad, no los gobiernos.
  • Visitar el asilo de ancianos de Penipe ilustra estos dos conceptos: la dignidad de esta casa de reposo y el esfuerzo comunitario que está allí invertido. (JP).


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