SÁBADO 21 DE OCTUBRE DE 2000

CRONICA ROJA Más de 12 proyectos en marcha 'Yo me quiero morir aquí, en Penipe'

• Los pasos de un proceso desde que se comete el delito.

• Desde una Casa de la Caridad hasta un taller de telares han creado fuentes de trabajo para un poblado abandondado a su suerte por el Estado. Este trabajo productivo y social crece todos los días en Penipe.
• Los policías que lo escoltaron fuera del país, hasta Colombia, lo dejaron en el santuario de Las Lajas. "Fueron muy gentiles al dejarme en ese sitio, seguramente para que me encomendara a Dios".


¿La exclusión de los pobres es un hecho irreversible? ¿Los discapacitados están condenados de por vida a la soledad, la violencia de los demás y la inutilidad?, se habrá preguntado Jaime Alvarez, un joven sacerdote colombiano, al momento de llegar a Penipe a fines de los años setenta.
Penipe, ese escenario dramático del bocio endémico al que el país ha vuelto a mirar a propósito del mortal deslave que descendió desde las nieves del Altar, y que era tan 'desconocido', que un periodista de televisión anunció el desastre como la erupción de un volcán apagado hace miles de años.
Allí vivían, hacia mediados de la década del ochenta, nada menos que 1 470 personas afectadas por el bocio. El 87% de los enfermos estaban en la desocupación, el 69% tenían entre 21 y 60 años, y un 27% eran niños y adolescentes condenados a un destino parecido.


'Yo también soy adolescente'

A comienzos de los ochenta, la disyuntiva era clara: o tratar a los minusválidos desde la perspectiva de la caridad cristiana, o iniciar una actitud de cambio de una población hasta entonces derrotada.

 

'Yo también soy adolescente" exclama una joven enferma de 15 años, y su exclamación es una denuncia de su soledad y marginación.
Han pasado dos décadas. Hoy, cuarenta y tres actividades distintas dan ocupación a los más pobres de Penipe, luego de quince años de fundado el Centro de Erradicación del Bocio y Capacitación de Minusválidos (Cebycam). El bocio, que afectaba a cerca del 40% de la población de Penipe, está controlado y la enfermedad se ha desterrado de los recién nacidos. Una fábrica gestionada por los pobres de Penipe produce mil pares de zapatos semanales, 170 niños y 74 adultos fatalmente vinculados al bocio son atendidos por un programa de 'adopción a distancia', un sistema de ayuda que permite operaciones especializadas para mejorar las condiciones de vida o crear fuentes de trabajo, 32 familias se dedican al cultivo y crianza del gusano de seda, más de 500 hectáreas secas reciben ahora agua de riego y se ha puesto en marcha un centro de artes gráficas, talleres de confección de ropa, un centro de salud y un asilo de ancianos.
Junto a estas empresas transcurre un conjunto de acciones de asistencia social, de capacitación, de formación de recursos técnicos, con el apoyo de muy diversas instituciones nacionales y extranjeras. Un papel particular entre las amistades solidarias con Cebycam ha sido el del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura -IICA-, entidad que apoya al proyecto estatal de Desarrollo Rural Sostenible Penipe.
Todo ello ha ido conformando un nuevo modelo de desarrollo, que Cebycam y el IICA han denominado 'Cultura y economía solidaria'.

Gozar el mundo para transformarlo

Los promotores del proyecto (aquellas polémicas comunidades cristianas de base que surgieron en el país en los años setenta) entendieron que el bocio no se podía tratar aislando a los enfermos y atendiendo sus dolencias físicas, sino cambiando su horizonte social, económico, productivo, cultural. Se trataba de alrededor del 45% de la población de Penipe afectada por bocio y de ese porcentaje, un 20% de disacapacitados, un grado de incidencia muy alto, que no se registra en otras zonas del país.
A comienzos de los ochenta, la disyuntiva era clara: o tratar a los minusválidos desde la perspectiva de la caridad cristiana, o iniciar una actitud de cambio de una población hasta entonces derrotada.
No había en qué perderse. La rehabilitación no solo de los minusválidos sino de toda una comunidad que ya no creía en sí misma, era una tarea de la propia comunidad. Y allí estaban, para comenzar, las palabras del pedagogo brasileño Paulo Freire, el derecho de los pobres a contar con una "oportunidad de admirar el mundo, captarlo y comprenderlo, lo que implica no solo estar en él, sino con él. Estar con, es estar abierto al mundo, captarlo y comprenderlo para transformarlo..." El derecho a creer que "yo también soy una adolescente" con toda la esperanza que aquello implica. Para ella, hasta hace muy poco, enamorarse era patológico, imposible. Mientras tanto, el 30% de las mujeres discapacitadas eran objeto de constantes violaciones, en el marco del hacinamiento familiar, la indigencia, el abandono y la deficiencia mental.
Y la consecuencia de aquellas violaciones ha sido que casi el 50% de la mortalidad infantil de los niños nacidos como producto de estas relaciones, se debe a la desnutrición e incapacidad de las madres para atender a los niños.
"Tratándose de hijos fruto de violaciones en estas madres -escribe un documento preparado por Cebycam e IICA-, es de esperar que ni siquiera se descubra la identidad del padre, y deban ser los parientes los que reconozcan legalmente al niño, con mayor frecuencia los abuelos y tíos". Con el paso del tiempo, estos niños presentarán la enfermedad o vivirán alteraciones psicomotrices, para dibujar un panorama aparentemente irreversible que Jaime Alvarez, con un grupo de religiosas y con la comunidad de Penipe, se han propuesto vencer. (JP)

La mitad de la población de Penipe carece de los servicios básicos

"Cada vez que abrimos una pequeña trocha en el lodo, esta vuelve a cerrarse, pero seguiremos hasta desenterrar a nuestros muertos", dicen los campesinos de Penipe en estos días, trabajando al borde del deslave provocado en las faldas del Altar, que dejó más de una decena de muertos, y animales y cultivos borrados del campo.
Es el drama de Penipe, cuya población, como otras del Ecuador, disminuye en vez de crecer.
Chimborazo, la provincia a la que pertenece la población de Penipe, es, quizás, la de menor desarrollo en comparación con el Litoral y el resto de la región andina. Lo curioso del caso es que ese decrecimiento poblacional en el centro del cantón, no ocurre en sus zonas rurales. Y de aquello, puede echársele la culpa al Cebycam, que ha abierto fuentes de trabajo.
En Chimborazo, el 45% de la población sobrevive sin servicios básicos, del total de ese porcentaje, el 47% corresponde a Penipe. De una muestra de 100 afectados por bocio, 30 lo tienen por herencia, 23 han podido formar una familia, 48 son sordomudos, cuatro son ciegos y el resto padecen distintos niveles de incapacidad.
"La mujer discapacitada -declara el Cebycam- llega a ser totalmente abandonada, inmovilizada y confinada a su hogar (un hogar en el que comparten una sola habitación hasta seis personas). Para ella, es mucho más difícil acceder a empleo y a relacionarse con grupos de ayuda mutua, más todavía cuando los servicios de rehabilitación están ubicados en zonas urbanas".
Ya no pensarán lo mismo las minusválidas que participan en igual condición que otras mujeres en la empresa Confecciones Margarita o las que hacen parte de la administración del Centro Social y Recreacional de Yuyucocha. (JP).


Buzón

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