El robo de carros de lujo que termina en
un crimen
María Z., propietaria de una tienda
ubicada cerca de la calle Morlán y Cucardas, al norte de Quito, ve llegar a tres sujetos
en un vehículo blanco a la casa de Renato Bucheli Muñoz, en la mañana del 2 de junio
anterior. Uno de ellos se baja y se dirige a ese inmueble. Toca el timbre. Sonia Herrera
Martínez, esposa de Renato Bucheli, asegura que era el mismo sujeto que había llegado a
preguntando por el vehículo el día anterior, el 1 de junio, sin que llegue a concretarse
ningún negocio.
Al parecer, el sujeto se muestra interesado en comprar el Hiunday, con placas IBR-199, que
Renato Bucheli desea vender. Era el negocio al que se había dedicado los últimos siete
años, según su esposa.
El auto, comprado por Bucheli en Ambato en $1 480, tenía un anuncio de venta, y
publicaron otro en el diario El Comercio, en la edición del 29 de mayo, en el que
describían las características del vehículo y daban la dirección de la casa a la que
debían acudir los potenciales compradores. Pensaban que era una forma de obligar a los
clientes a que acudan a ver el auto. Así que no era raro que el sujeto llegara
preguntando por el Hiunday.
El supuesto comprador le dijo que deseaba llevar el vehículo a los talleres de la Hiunday
para que le revisen el estado del motor. Como esa mañana Sonia Herrera debía asistir a
la escuela de su hija, a una casa abierta, le pidió a su esposa que antes la acercara a
ese establecimiento educativo.
Cuando la familia Bucheli Martínez salió, el sujeto, vestido con un pantalón algo
amarillo y una chompa corta de color habano, se rehusó a manejar el carro y a
regañadientes habría aceptado sentarse en la parte delantera del vehículo. Sonia
Herrera recuerda que ni siquiera dijo una palabra. Cuando se bajó del auto en la escuela,
es la última vez que vio a su esposo con vida.
Nunca llegaron a los talleres de la Hiunday. El cadáver de Renato Bucheli fue hallado por
Aurora y Juan Manuel, a las 11:00 del 9 de junio, en una quebrada del sector de Guápulo,
cerca del río Machángara, en avanzado estado de putrefacción, semidesnudo, con un
orificio de un centímetro en el cráneo, de donde los médicos forenses extrajeron un
proyectil.
Los asesinos de Renato Bucheli, según las primeras investigaciones policiales, formaban
parte de un grupo que se dedicaba a robar vehículos en forma sistemática y bajo pedido
en el norte de Quito. Para eso utilizaban armas de grueso calibre, chalecos antibalas,
realizaban seguimientos sistemáticos a sus posibles víctimas en las discotecas, los
miradores o los centros comerciales, hasta hallar la oportunidad de encañonarlos en
algún semáforo. Uno de los asaltantes andaba vestido de policía, se acercaba al
vehículo para exigirle documentos, luego encañonaba al conductor y se llevaban los
carros que eran negociados entre los $400 y los dos mil dólares. Aquí la historia. (JT)
Ni sus colegas de oficio se salvaron
A las 17:00 del 15 de junio, la Policía detuvo a Luis Camacho, en el Quicentro, para ser
investigado por robo y el asesinato de Renato Bucheli; en la madrugada del día siguiente
fue detenido Lino Gustavo Cedeño Montes, en la Tola Baja. John Andrade, detenido minutos
después cuando ingresaba a una vivienda en el sector de La Armenia, al sur de Quito, fue
reconocido por Sonia Herrera, quien debió observar a seis sujetos por la ranura de una
ventanacomo el que había llegado el 2 de junio a ver el Hiunday.
Todos, con otros sujetos prófugos, según el informe policial, conformaban un grupo de
ladrones de carros. Según la declaración de Gustavo Cedeño (conocido con otros cinco
nombres), en 1991 es detenido por primera vez, luego de hacerse pasar por agente policial.
Luego fue arrestado ocho veces más. En su último encierro conoció a John, quien fue el
primero en salir libre.
Según John Andrade, es Gustavo Cedeño quien le llamó, una vez libre, en febrero de este
año y lo citó en El Trébol, al sur de Quito, para conversar. Cedeño dijo que sucedió
lo contrario. Lo cierto es que se encontraron en ese sitio con un sujeto apodado 'Chicho'
y acuerdan robar un Toyota Rav, un pedido por el que les habrían ofrecido pagar $2 mil.
El vehículo lo hallaron en un mirador, por el estadio de La Liga. El conductor habría
sido un jovenzuelo que, al parecer, estaba ebrio. Se lo llevaron sin mayores
contratiempos, pero no les servía porque estaba viejo, así que a la altura de la Tomás
de Berlanga y Los Shyris lo desvalijaron antes de dejarlo abandonado.
Por la venta de los repuestos a cada uno les habría tocado $12. Tres semanas más tarde,
los tres volvieron a reunirse en el mismo sitio: El Trébol, esta vez tenían el pedido de
un Volkswagen Golf. Se dirigieron al Valle y luego de caminar varios minutos en busca del
auto, este se les presentó en una calle entre San Rafael y Sangolquí. "Gustavo
encañonó al conductor, yo tomé por el lado del copiloto, para darnos a la fuga",
relata John Andrade.
Pero la venta del vehículo no les resultó fácil, al parecer, tener ese auto era
demasiado comprometedor y el comprador se retractó. Fue John Andrade quien consiguió
venderlo en $400, por intermedio de una escapera llamada Lola, que vendía ropa robada.
Otra vez se repartieron la plata en partes iguales.
Por esos días, Gustavo Cedeño se encontró con Luis Camacho, con quien robaron un Vitara
de color blanco y luego una Grand Blazer, del mismo color, pedidas de antemano por una
persona apodado 'Gandi'.
A fines de abril habrían tenido un nuevo pedido: un Vitara de color blanco, tres puertas,
por el que les ofrecieron $800. Esta vez lo hallaron estacionado a la altura del
cementerio de El Batán y se lo arrebataron a tres jóvenes. Este vehículo también fue
rechazado por el comprador, porque habría 'estado marcado'. Lo vendieron en $400. En el
Condado esperaron a que el dueño de una Dodge Ram saliera de la casa para arrebatarle la
llave. Otra vez siguieron a su víctima desde el bar Tijuana, en la Mariscal, hasta la
altura de El Jardín. No conformes con estos robos comenzaron a espiar a sus colegas.
En una discoteca del norte de Quito, Cedeño escuchó a tres sujetos que se jactaban de
'haber pateado a un plastón' una Ford Explorer negro. Cuando salieron, los siguió y les
hizo creer que era el propietario. Fue un robo fácil. De la misma forma recuperó para
él un Montero azul, en la Diez de Agosto y Colón, y otra Ford Explorer, en las afueras
de la discoteca Gossi, al sur. Esperaron a que sus colegas salieran del lugar para
arrebatarles las llaves. Todo era robado y entregado bajo pedido, hasta que ocurrió el
asesinato de Renato Bucheli. (JT).
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Del Coca a ninguna parte 
Ernesto Javier Malatay Campos
Un joven de 16 años , Ernesto Malatay Campos, desapareció misteriosamente de su casa el
pasado 8 de mayo, en la ciudad del Coca, en la provincia del Napo.
Sus padres relatan que aquel 8 de mayo salieron a trabajar en su tareas cotidianas y
Ernesto se dirigió al terminal terrestre para viajar en bus a Lago Agrio. Desde entonces
no lo han vuelto a ver, apenas han escuchado rumores de que podría estar en Loja; había
sido visto, de acuerdo con la Fundación Reencuentro, en los alrededores del mercado.
Sus padres están preocupados, sobre todo porque Ernesto es un joven que tiene el
síndrome de Down, por lo que casi no puede hablar. Es de contextura gruesa y tez
trigueña, tiene los ojos negros, del mismo color de su cabello lacio.
El día en el que desapareció Ernesto vestía un pantalón de color café y una camiseta
de color crema con filos rojos.
Si alguien puede proporcionar alguna información sobre su paradero, puede comunicarse con
la Fundación Reencuentro a los teléfonos (02) 238-627 o 238-238.
reencuentro@uio.telconet.net
(JT).
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