SÁBADO 14 DE OCTUBRE DE 2000

Un viaje sobre 32 217 baches

El punto más intransitable Acuerdos y desacuerdos en torno a la Panamericana

• Derrumbes, sectores que ya no soportan más parches, un puente destruido, una gigantesca piedra en medio camino, cunetas tapadas y la casi total ausencia de señalización es la principal vía en el norte de la Sierra.

• Alóag, el sitio en donde confluye la mayor parte del tránsito vehicular que ingresa y sale de Quito, es un sitio conflictivo por el crecimiento caótico de mecánicas, fondas, y porque la carretera está llena de huecos y baches.

• Luego de tratar con cinco autoridades y de estar a punto de enfrentar un conflicto legal con el MOP, Panavial ha reiniciado los trabajos en la Panamericana. La empresa espera tener una carretera en óptimas condiciones en los próximos años.

El robo de carros de lujo que termina en un crimen

María Z., propietaria de una tienda ubicada cerca de la calle Morlán y Cucardas, al norte de Quito, ve llegar a tres sujetos en un vehículo blanco a la casa de Renato Bucheli Muñoz, en la mañana del 2 de junio anterior. Uno de ellos se baja y se dirige a ese inmueble. Toca el timbre. Sonia Herrera Martínez, esposa de Renato Bucheli, asegura que era el mismo sujeto que había llegado a preguntando por el vehículo el día anterior, el 1 de junio, sin que llegue a concretarse ningún negocio.
Al parecer, el sujeto se muestra interesado en comprar el Hiunday, con placas IBR-199, que Renato Bucheli desea vender. Era el negocio al que se había dedicado los últimos siete años, según su esposa.
El auto, comprado por Bucheli en Ambato en $1 480, tenía un anuncio de venta, y publicaron otro en el diario El Comercio, en la edición del 29 de mayo, en el que describían las características del vehículo y daban la dirección de la casa a la que debían acudir los potenciales compradores. Pensaban que era una forma de obligar a los clientes a que acudan a ver el auto. Así que no era raro que el sujeto llegara preguntando por el Hiunday.
El supuesto comprador le dijo que deseaba llevar el vehículo a los talleres de la Hiunday para que le revisen el estado del motor. Como esa mañana Sonia Herrera debía asistir a la escuela de su hija, a una casa abierta, le pidió a su esposa que antes la acercara a ese establecimiento educativo.
Cuando la familia Bucheli Martínez salió, el sujeto, vestido con un pantalón algo amarillo y una chompa corta de color habano, se rehusó a manejar el carro y a regañadientes habría aceptado sentarse en la parte delantera del vehículo. Sonia Herrera recuerda que ni siquiera dijo una palabra. Cuando se bajó del auto en la escuela, es la última vez que vio a su esposo con vida.
Nunca llegaron a los talleres de la Hiunday. El cadáver de Renato Bucheli fue hallado por Aurora y Juan Manuel, a las 11:00 del 9 de junio, en una quebrada del sector de Guápulo, cerca del río Machángara, en avanzado estado de putrefacción, semidesnudo, con un orificio de un centímetro en el cráneo, de donde los médicos forenses extrajeron un proyectil.
Los asesinos de Renato Bucheli, según las primeras investigaciones policiales, formaban parte de un grupo que se dedicaba a robar vehículos en forma sistemática y bajo pedido en el norte de Quito. Para eso utilizaban armas de grueso calibre, chalecos antibalas, realizaban seguimientos sistemáticos a sus posibles víctimas en las discotecas, los miradores o los centros comerciales, hasta hallar la oportunidad de encañonarlos en algún semáforo. Uno de los asaltantes andaba vestido de policía, se acercaba al vehículo para exigirle documentos, luego encañonaba al conductor y se llevaban los carros que eran negociados entre los $400 y los dos mil dólares. Aquí la historia. (JT)

Ni sus colegas de oficio se salvaron

A las 17:00 del 15 de junio, la Policía detuvo a Luis Camacho, en el Quicentro, para ser investigado por robo y el asesinato de Renato Bucheli; en la madrugada del día siguiente fue detenido Lino Gustavo Cedeño Montes, en la Tola Baja. John Andrade, detenido minutos después cuando ingresaba a una vivienda en el sector de La Armenia, al sur de Quito, fue reconocido por Sonia Herrera, quien debió observar a seis sujetos por la ranura de una ventanacomo el que había llegado el 2 de junio a ver el Hiunday.
Todos, con otros sujetos prófugos, según el informe policial, conformaban un grupo de ladrones de carros. Según la declaración de Gustavo Cedeño (conocido con otros cinco nombres), en 1991 es detenido por primera vez, luego de hacerse pasar por agente policial. Luego fue arrestado ocho veces más. En su último encierro conoció a John, quien fue el primero en salir libre.
Según John Andrade, es Gustavo Cedeño quien le llamó, una vez libre, en febrero de este año y lo citó en El Trébol, al sur de Quito, para conversar. Cedeño dijo que sucedió lo contrario. Lo cierto es que se encontraron en ese sitio con un sujeto apodado 'Chicho' y acuerdan robar un Toyota Rav, un pedido por el que les habrían ofrecido pagar $2 mil.
El vehículo lo hallaron en un mirador, por el estadio de La Liga. El conductor habría sido un jovenzuelo que, al parecer, estaba ebrio. Se lo llevaron sin mayores contratiempos, pero no les servía porque estaba viejo, así que a la altura de la Tomás de Berlanga y Los Shyris lo desvalijaron antes de dejarlo abandonado.
Por la venta de los repuestos a cada uno les habría tocado $12. Tres semanas más tarde, los tres volvieron a reunirse en el mismo sitio: El Trébol, esta vez tenían el pedido de un Volkswagen Golf. Se dirigieron al Valle y luego de caminar varios minutos en busca del auto, este se les presentó en una calle entre San Rafael y Sangolquí. "Gustavo encañonó al conductor, yo tomé por el lado del copiloto, para darnos a la fuga", relata John Andrade.
Pero la venta del vehículo no les resultó fácil, al parecer, tener ese auto era demasiado comprometedor y el comprador se retractó. Fue John Andrade quien consiguió venderlo en $400, por intermedio de una escapera llamada Lola, que vendía ropa robada. Otra vez se repartieron la plata en partes iguales.
Por esos días, Gustavo Cedeño se encontró con Luis Camacho, con quien robaron un Vitara de color blanco y luego una Grand Blazer, del mismo color, pedidas de antemano por una persona apodado 'Gandi'.
A fines de abril habrían tenido un nuevo pedido: un Vitara de color blanco, tres puertas, por el que les ofrecieron $800. Esta vez lo hallaron estacionado a la altura del cementerio de El Batán y se lo arrebataron a tres jóvenes. Este vehículo también fue rechazado por el comprador, porque habría 'estado marcado'. Lo vendieron en $400. En el Condado esperaron a que el dueño de una Dodge Ram saliera de la casa para arrebatarle la llave. Otra vez siguieron a su víctima desde el bar Tijuana, en la Mariscal, hasta la altura de El Jardín. No conformes con estos robos comenzaron a espiar a sus colegas.
En una discoteca del norte de Quito, Cedeño escuchó a tres sujetos que se jactaban de 'haber pateado a un plastón' una Ford Explorer negro. Cuando salieron, los siguió y les hizo creer que era el propietario. Fue un robo fácil. De la misma forma recuperó para él un Montero azul, en la Diez de Agosto y Colón, y otra Ford Explorer, en las afueras de la discoteca Gossi, al sur. Esperaron a que sus colegas salieran del lugar para arrebatarles las llaves. Todo era robado y entregado bajo pedido, hasta que ocurrió el asesinato de Renato Bucheli. (JT).

Del Coca a ninguna parte

Ernesto Javier Malatay Campos
Ernesto Javier Malatay Campos

Un joven de 16 años , Ernesto Malatay Campos, desapareció misteriosamente de su casa el pasado 8 de mayo, en la ciudad del Coca, en la provincia del Napo.
Sus padres relatan que aquel 8 de mayo salieron a trabajar en su tareas cotidianas y Ernesto se dirigió al terminal terrestre para viajar en bus a Lago Agrio. Desde entonces no lo han vuelto a ver, apenas han escuchado rumores de que podría estar en Loja; había sido visto, de acuerdo con la Fundación Reencuentro, en los alrededores del mercado.
Sus padres están preocupados, sobre todo porque Ernesto es un joven que tiene el síndrome de Down, por lo que casi no puede hablar. Es de contextura gruesa y tez trigueña, tiene los ojos negros, del mismo color de su cabello lacio.
El día en el que desapareció Ernesto vestía un pantalón de color café y una camiseta de color crema con filos rojos.
Si alguien puede proporcionar alguna información sobre su paradero, puede comunicarse con la Fundación Reencuentro a los teléfonos (02) 238-627 o 238-238.
reencuentro@uio.telconet.net (JT).

Buzón

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