A un costado de la carretera están los
puestos con pailas llenas de fritada caliente. Las pailas están tapadas con manteles, y
además una niña cuida que el polvo no entre en el producto.
Junto al monumento, un policía pita más para que los conductores adviertan su presencia
que para guiar a los carros, ya que ningún auto va a más de 10 kilómetros por hora. Y
es que por más que quieran acelerar no es posible, ya que el total deterioro en que se
encuentra la vía impide que lo hagan.
Los minutos transcurren y las imágenes son repetitivas: carros con mecánicos arreglando
llantas, peatones cruzando las avenidas en medio del polvo y peléandose con los
vehículos y vendedores que se ganan el diario sustento. Es Alóag, la auténtica entrada
o salida de Quito y un sitio estratégico para quienes viajan al sur del país y a la
Costa.
Como en pocas oportunidades, este distribuidor de tránsito se ha convertido en un caos.
No es únicamente la destrucción de las tres vías que confluyen en este sector, sino,
además, el desorden con el que se han ubicado las mecánicas automotrices, los
restaurantes, los puestos de comida rápida y los vendedores ambulantes. A todo ello se
suma la falta de servicios básicos.
Pero también hay otros detalles: el monumento está descuidado. Esa pared se ha
convertido en un mural, en el que diversas entidades, ponen sus afiches y anuncios para
que el público se informe de sus actividades.
Alóag, este referente para quienes llegan o salen de Quito, es por ahora un sector
intransitable, lleno de baches, polvo o lodo, basura, cunetas tapadas, mecánicas por todo
lado, restaurantes, fondas, camioneteros y gente desesperada que intenta ganarse la vida
peleando con las adversidades del ambiente para vender sus productos. (CPV)
El lunar
- Alóag es un lunar que se encuentra en la
mitad de dos destacamentos muy bien dotados: el de Caballería de la Policía Nacional y
el Fuerte Rumiñahui del Ejército. Estas instalaciones son de primera categoría.
- Los únicos sitios que tienen buen piso son
los de las distribuidoras de combustible que se encuentran ubicadas de manera diagonal.
Los dueños de esos negocios les dan mantenimiento permanente. (CPV)
Diez señales para una carretera
con 158 curvas
Rebasar en curva es una infracción de tránsito que se sanciona con prisión. Eso fue lo
que le advirtió un policía a un conductor a quien pescó pasando a otro al salir de una
curva, cerca de Ambato. De todas maneras, le perdonó la falta por un motivo de peso en
favor del infractor: no había una señal de tránsito en el sitio.
El conductor se alejó con una amplia sonrisa, porque si todos los policías le aceptan su
argumento en situaciones similares, nunca será sancionado por las contravenciones, a
pesar de que la falta que cometió fue grave, ya que pudo ocasionar un accidente de
fatales consecuencias. El otro conductor, el que fue rebasado, se quedó pálido.
Pero, si se aplica la lógica, el chofer que cometió la infracción tiene razón para
justificarse debido a la falta de señalización: en las 158 curvas que hay en la
carretera entre Quito y Riobamba, apenas existen 20 señales de tránsito, y de ellas solo
cuatro en buen estado, las demás ya ni se leen. De esas señales, apenas diez se refieren
a las curvas, las demás son paso de peatones, zona escolar, y rompevelocidades. Y si
quedan diez señales y apenas tres policías en la vía, las posibilidades de ser
sancionado se reducen significativamente.
Si lo básico son dos señales por curva, una para cada carril, faltan 106 señales de
tránsito. Además, se tendría que arreglar las existentes. Es decir, el panorama en este
aspecto es desfavorable.
Y los peligros en la carretera no son simplemente porque no haya señales para anunciar
sobre las curvas, sino porque, además, la franja central tampoco existe o está
despintada.
La situación es complicada en esta carretera, especialmente, por la noche, debido a la
neblina. Hay sectores, como la parte alta del Cotopaxi, que tienen una visibilidad del 5%
y, a veces, casi nula. De pronto se ve que de la oscuridad salen los carros. Si no hay
accidentes es porque la carretera es amplia.
Pero eso no es todo: los peatones corren peligro si se atreven a caminar por los lugares
sin señales. (CPV)
Otavalo espera sin puente y con cráteres
Las entradas a las ciudades que atraviesa la carretera Panamericana han dejado de ser
atractivas. Con excepción del mural "Bienvenidos a Ibarra, la ciudad a la que
siempre se vuelve", que cada año es pintado, los demás se encuentran descuidados o
simplemente ya no existen.
Pero lo más triste es llegar a la entrada de las urbes y encontrarse con carreteras
destruidas, sin paso (casos de Ambato y Otavalo) o llenas de polvo, baches, basura, sin
alcantarillas y calles llenas de naturaleza.
Quito es la excepción, seguramente, porque en las dos entradas funcionan los peajes. Pero
antes o después de esos sectores, el descuido es igual.
En Otavalo y Ambato hay disculpas: en la primera porque hay que construir un puente y en
la segunda, el Municipio está arreglando la entrada, aunque los trabajos avanzan
lentamente. Pero en las demás, al parecer, no hay interés por mostrar una buena imagen a
sus propios ciudadanos y o a los turistas. Para entrar a Ibarra, Tulcán, Latacunga y
Riobamba, hay naturaleza en los dos lados de la vía y las cunetas están tapadas con
basura.
El caso de Otavalo es preocupante: tiene una carretera recién reparada que va desde el
Nudo de El Cajas hasta la entrada del cantón, pero allí se acaba el encanto. Y, según
explicaron los trabajadores de Panavial, no trabajarán, por el momento, en el sector del
paso por Otavalo, ya que irán al tramo entre El Cajas y Cayambe. La situación no es
sencilla, ya que en Otavalo, primero deberán construir el puente para luego pavimentar la
vía, lo cual demorará más tiempo.
Pero el Municipio Otavaleño enfrenta otra dificultad: las calles de la ciudad,
especialmente las que se encuentran junto a la Panamericana, están destruidas. Lo único
que se ha podido hacer por el momento, es darles 'una mano de gato' para permitir el paso
de los carros, ya que no pueden cerrarlas totalmente porque cortarían el tránsito, y eso
no es recomendable.
Mientras esto ocurre, los conductores, los moradores y los establecimientos comerciales de
la zona deben seguir padeciendo. Una oficina de compra y venta de autos usados sufre
directamente las consecuencias, pues los clientes no acuden, debido a las dificultades de
la vía y, además, el polvo daña toda la imagen del establecimiento.
Los vehículos pesados no se hacen problema: pasan por sobre los cráteres que se han
formado en el sector y hacen más grandes los huecos.
Además, falta vigilancia policial o alguna señal que indique a los choferes nuevos por
dónde está el desvío. Por lo menos, el pasado martes por la mañana, no había ningún
policía ni se había ubicara una pancarta que indique el nuevo recorrido de la ahora
destruida carretera Panamericana. (CPV).