SÁBADO 14 DE OCTUBRE DE 2000 

CRONICA ROJA Un viaje sobre 32 217 baches Acuerdos y desacuerdos en torno a la Panamericana

• Los pasos de un proceso desde que se comete el delito.

• Derrumbes, sectores que ya no soportan más parches, un puente destruido, una gigantesca piedra en medio camino, cunetas tapadas
y la casi total ausencia de señalización es la principal vía en el norte de la Sierra.
• Luego de tratar con cinco autoridades y de estar a punto de enfrentar un conflicto legal con el MOP, Panavial ha reiniciado los trabajos en la Panamericana. La empresa espera tener una carretera en óptimas condiciones en los próximos años.


Llega un tráiler cargado de costales y doce jóvenes, entre 20 y 30 años, corren a subirse en la plataforma. Se disputan un puesto. Todos quieren ser contratados para ganar la comida del día, pero únicamente cinco serán los elegidos por el dueño de la mercadería. Por ello, la competencia que les impide medir el peligro, que los obliga a torear a los demás vehículos y llegar a su objetivo.
Los jóvenes cargadores permanecen sentados en una viscera metálica que por lo oxidado de sus estructura, muestra claramente sus muchos años de servicio. Para uno, esas son sus oficinas, para otros sirve como sitio para protegerse del intenso sol o de la lluvia.
Mientras tanto, otros jóvenes, con fundas de plátanos fritos en sus manos, se pasan los pañuelos por los ojos para limpiarse el polvo que les impide ver. Luego corren hacia los buses en busca de clientes. Allí, se disputan los pasajeros con señoras que venden choclos, quesos, allullas, gaseosas, caramelos y otras golosinas.

El punto más intransitable

Alóag, el sitio en donde confluye la mayor parte del tránsito vehicular que ingresa y sale de Quito, es un sitio conflictivo
por el crecimiento caótico de mecánicas, fondas, y porque la
carretera está llena de huecos y baches.

 

A un costado de la carretera están los puestos con pailas llenas de fritada caliente. Las pailas están tapadas con manteles, y además una niña cuida que el polvo no entre en el producto.
Junto al monumento, un policía pita más para que los conductores adviertan su presencia que para guiar a los carros, ya que ningún auto va a más de 10 kilómetros por hora. Y es que por más que quieran acelerar no es posible, ya que el total deterioro en que se encuentra la vía impide que lo hagan.
Los minutos transcurren y las imágenes son repetitivas: carros con mecánicos arreglando llantas, peatones cruzando las avenidas en medio del polvo y peléandose con los vehículos y vendedores que se ganan el diario sustento. Es Alóag, la auténtica entrada o salida de Quito y un sitio estratégico para quienes viajan al sur del país y a la Costa.
Como en pocas oportunidades, este distribuidor de tránsito se ha convertido en un caos. No es únicamente la destrucción de las tres vías que confluyen en este sector, sino, además, el desorden con el que se han ubicado las mecánicas automotrices, los restaurantes, los puestos de comida rápida y los vendedores ambulantes. A todo ello se suma la falta de servicios básicos.
Pero también hay otros detalles: el monumento está descuidado. Esa pared se ha convertido en un mural, en el que diversas entidades, ponen sus afiches y anuncios para que el público se informe de sus actividades.
Alóag, este referente para quienes llegan o salen de Quito, es por ahora un sector intransitable, lleno de baches, polvo o lodo, basura, cunetas tapadas, mecánicas por todo lado, restaurantes, fondas, camioneteros y gente desesperada que intenta ganarse la vida peleando con las adversidades del ambiente para vender sus productos. (CPV)

El lunar

  • Alóag es un lunar que se encuentra en la mitad de dos destacamentos muy bien dotados: el de Caballería de la Policía Nacional y el Fuerte Rumiñahui del Ejército. Estas instalaciones son de primera categoría.
  • Los únicos sitios que tienen buen piso son los de las distribuidoras de combustible que se encuentran ubicadas de manera diagonal. Los dueños de esos negocios les dan mantenimiento permanente. (CPV)

Diez señales para una carretera con 158 curvas

Rebasar en curva es una infracción de tránsito que se sanciona con prisión. Eso fue lo que le advirtió un policía a un conductor a quien pescó pasando a otro al salir de una curva, cerca de Ambato. De todas maneras, le perdonó la falta por un motivo de peso en favor del infractor: no había una señal de tránsito en el sitio.
El conductor se alejó con una amplia sonrisa, porque si todos los policías le aceptan su argumento en situaciones similares, nunca será sancionado por las contravenciones, a pesar de que la falta que cometió fue grave, ya que pudo ocasionar un accidente de fatales consecuencias. El otro conductor, el que fue rebasado, se quedó pálido.
Pero, si se aplica la lógica, el chofer que cometió la infracción tiene razón para justificarse debido a la falta de señalización: en las 158 curvas que hay en la carretera entre Quito y Riobamba, apenas existen 20 señales de tránsito, y de ellas solo cuatro en buen estado, las demás ya ni se leen. De esas señales, apenas diez se refieren a las curvas, las demás son paso de peatones, zona escolar, y rompevelocidades. Y si quedan diez señales y apenas tres policías en la vía, las posibilidades de ser sancionado se reducen significativamente.
Si lo básico son dos señales por curva, una para cada carril, faltan 106 señales de tránsito. Además, se tendría que arreglar las existentes. Es decir, el panorama en este aspecto es desfavorable.
Y los peligros en la carretera no son simplemente porque no haya señales para anunciar sobre las curvas, sino porque, además, la franja central tampoco existe o está despintada.
La situación es complicada en esta carretera, especialmente, por la noche, debido a la neblina. Hay sectores, como la parte alta del Cotopaxi, que tienen una visibilidad del 5% y, a veces, casi nula. De pronto se ve que de la oscuridad salen los carros. Si no hay accidentes es porque la carretera es amplia.
Pero eso no es todo: los peatones corren peligro si se atreven a caminar por los lugares sin señales. (CPV)

Otavalo espera sin puente y con cráteres

Las entradas a las ciudades que atraviesa la carretera Panamericana han dejado de ser atractivas. Con excepción del mural "Bienvenidos a Ibarra, la ciudad a la que siempre se vuelve", que cada año es pintado, los demás se encuentran descuidados o simplemente ya no existen.
Pero lo más triste es llegar a la entrada de las urbes y encontrarse con carreteras destruidas, sin paso (casos de Ambato y Otavalo) o llenas de polvo, baches, basura, sin alcantarillas y calles llenas de naturaleza.
Quito es la excepción, seguramente, porque en las dos entradas funcionan los peajes. Pero antes o después de esos sectores, el descuido es igual.
En Otavalo y Ambato hay disculpas: en la primera porque hay que construir un puente y en la segunda, el Municipio está arreglando la entrada, aunque los trabajos avanzan lentamente. Pero en las demás, al parecer, no hay interés por mostrar una buena imagen a sus propios ciudadanos y o a los turistas. Para entrar a Ibarra, Tulcán, Latacunga y Riobamba, hay naturaleza en los dos lados de la vía y las cunetas están tapadas con basura.
El caso de Otavalo es preocupante: tiene una carretera recién reparada que va desde el Nudo de El Cajas hasta la entrada del cantón, pero allí se acaba el encanto. Y, según explicaron los trabajadores de Panavial, no trabajarán, por el momento, en el sector del paso por Otavalo, ya que irán al tramo entre El Cajas y Cayambe. La situación no es sencilla, ya que en Otavalo, primero deberán construir el puente para luego pavimentar la vía, lo cual demorará más tiempo.
Pero el Municipio Otavaleño enfrenta otra dificultad: las calles de la ciudad, especialmente las que se encuentran junto a la Panamericana, están destruidas. Lo único que se ha podido hacer por el momento, es darles 'una mano de gato' para permitir el paso de los carros, ya que no pueden cerrarlas totalmente porque cortarían el tránsito, y eso no es recomendable.
Mientras esto ocurre, los conductores, los moradores y los establecimientos comerciales de la zona deben seguir padeciendo. Una oficina de compra y venta de autos usados sufre directamente las consecuencias, pues los clientes no acuden, debido a las dificultades de la vía y, además, el polvo daña toda la imagen del establecimiento.
Los vehículos pesados no se hacen problema: pasan por sobre los cráteres que se han formado en el sector y hacen más grandes los huecos.
Además, falta vigilancia policial o alguna señal que indique a los choferes nuevos por dónde está el desvío. Por lo menos, el pasado martes por la mañana, no había ningún policía ni se había ubicara una pancarta que indique el nuevo recorrido de la ahora destruida carretera Panamericana. (CPV).


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