SÁBADO 14 DE OCTUBRE DE 2000

CRONICA ROJA El punto más intransitable Acuerdos y desacuerdos en torno a la Panamericana

• Los pasos de un proceso desde que se comete el delito.
• Alóag, el sitio en donde confluye la mayor parte del tránsito vehicular que ingresa y sale de Quito, es un sitio conflictivo por el crecimiento caótico de mecánicas, fondas, y porque la carretera está llena de huecos y baches.
• Luego de tratar con cinco autoridades y de estar a punto de enfrentar un conflicto legal con el MOP, Panavial ha reiniciado los trabajos en la Panamericana. La empresa espera tener una carretera en óptimas condiciones en los próximos años.


Feliz viaje. Esa pancarta que expresa el buen deseo para los que se lanzan a las carreteras no es un buen augurio para quienes utilizan la Panamericana Norte. Y es que recorrer 244 kilómetros, desde Quito hasta Rumichaca en la frontera con Colombia, es una experiencia estresante. Lo más exacto sería, una feliz aventura.
Y esa aventura comienza en la salida norte, en Calderón. La avenida ancha, de diez carriles, señalizada, con pintura fresca y con apenas diez baches, queda en el recuerdo, porque luego del peaje lo que llega es una hilera interminable de huecos de todo tamaño, sectores parchados y recontraparchados, derrumbes y con escasas señales de curva, sectores peligrosos, etc.
Una vez que pagan el peaje, los conductores deben ir bien despiertos, a fin de lograr una hazaña: esquivar los 32 217 baches que se han formado a la largo de la carretera, 16 620 entre Quito y Rumichaca y 15 597 en el otro sentido.

Un viaje sobre 32 217 baches

Derrumbes, sectores que ya no soportan más parches, un puente destruido, una gigantesca piedra en medio camino, cunetas tapadas
y la casi total ausencia de señalización es la principal vía en el norte de la Sierra.

 

Pero ante tanto hueco en la calzada, lo mejor es hacerse al dolor, bajar la velocidad y viajar como si se estuviera yendo en un camino empedrado. Bueno, pero eso sí es durante el día, ya que en la noche y con lluvia, la situación es complicada porque, además, hay derrumbes limpiados a medias, que con el sol forman nubes de polvo y cuando llueve se transforma en un lodazal, que asienta en la carretera por la falta de cunetas.
Pero lo más grave es lo que sucede en Tabacundo, a la altura de la empresa Floragrícola: cerca de un kilómetro de la vía se encuentra totalmente destrozada y no es posible pasar sino a diez kilómetros por hora o se arriesga el sistema de amortiguación del auto.
Y una vez que se ha superado este obstáculo, cerca del Nudo de El Cajas, la carretera también es un desastre. Pero como no todo es malo, desde El Cajas hasta la entrada a Otavalo son 15 kilómetros de una vía en buenas condiciones, trabajada con pavimento reciclado por la empresa Panavial. Es cuando se producen fenomenales carreras de los choferes que quieren recuperar algo del tiempo que han perdido en el resto del trayecto.
Y todo el encanto se acaba en el paso por Otavalo: a las malas condiciones de la vía debe sumarse la caída de un puente y el daño en las calles de la ciudad por donde se desvían los vehículos. A este cantón, le cayeron las siete plagas; solo así se podría explicar los cráteres, ni siquiera baches, que tiene el pedazo de Panamericana que le corresponde. Para dar un descanso a los viajeros, entre Otavalo y Atuntaqui, la vía está en aceptables condiciones, ya que el paso de la Pana por Ibarra también es iregular y descuidado.
Y lo que viene después, entre Ibarra y Tulcán, es de susto: a la altura de Carpuela, ese pueblo al que le menciona una conocida canción popular, fue castigado con un derrumbe que tapó la vía. Y se hizo lo más fácil: abrir un paso a un costado, pero de la manera más elemental, una obligada curva que sorprende a los conductores. Y como no hay ningún aviso sobre el sector, el sitio se ha convertido en una trampa para quienes no conocen el camino. Muchos se han estrellado.
Superada la pesadilla, el conductor debe resignarse a los tres derrumbes en la recta de El Rosal y luego a un camino pésimo que le acompaña hasta salir del Ecuador, en Rumichaca.
El ministro de Obras Públicas, José Macchiavelo, asegura que existe un presupuesto de $110 millones para inversión en las vías de la Sierra. Por lo pronto, tienen previsto entregar $22 millones a Panavial, la concesionaria de la Panamericana, como parte de los acuerdos para que reinicie su rehabilitación. (CPV)

Carretera 'rompe riñones'

Lo que alguna vez fue considerada como la 'autopista Quito-Riobamba' es por ahora una vía para el sufrimiento. Es la cinta 'rompe riñones' como le han dado en llamar los conductores a esta parte de la carretera Panamericana Sur.
Y los choferes le atribuyen ese nombre por los 15 294 baches existentes en los 188 kilómetros de vía. El sentido norte-sur es el más afectado con 7 584 baches, mientras que en el sentido sur-norte cuenta con 7 710. Además, 349 sectores han sido muy parchados. Muchos parches no ayudan sino que destruyen los vehículos. Pero no es todo: los conductores despistados se sorprenden cuando, de pronto, se encuentran que sus vehículos caen en unas fallas de la vía que no se ven, pero que sienten cuando el carro resortea y se golpean la cabeza contra el techo del auto. Son 150 sectores que esán hundidos y que dan la sensación de que se está cruzando un camino de surcos.
Como si esto fuera poco, es un riesgo circular en el día sin sol, porque en el sector de los límites entre Pichincha y Cotopaxi cae la neblina y hay que adivinar por dónde es la carretera, ya que la absoluta falta de señalización en el asfalto impide tener una guía para continuar el viaje con alguna seguridad.
Y hay más obstáculos que impiden una circulación normal: dos rompevelocidades esperan antes de Tambillo. Los avisos preventivos están ubicados en el sitio mismo de los muros de concreto y quien no conoce la vía frena cuando ya ha caído en la trampa.
Alóag, sitio en el que se bifurca la vía hacia Latacunga y Santo Domingo de los Colorados, es un caos. Otrora, un hermoso sector para abastecerse de gasolina y golosinas, ahora es un sitio que da pena: todo está destruido.
No muy lejos de este lugar, en el ingreso al Fuerte Militar Atahualpa, se ha construido un distribuidor de tránsito que, cuyo único propósito es embellecer el ingreso a la zona militar. Zona no muy concurrida, pero que obliga a los conductores a bajar toda la velocidad de su auto para pasar por el redondel. Más adelante, se encuentra con una cuadrilla de trabajadores de la empresa Panavial, concesionaria de la Panamericana, que está rejuveneciendo la carpeta asfáltica. Dos trabajadores agitan franelas rojas para prevenir a los conductores, aunque la espesa polvareda advierte, a kilómetros de distancia, que el paso está interrumpido.
Superados estos inconvenientes, se puede continuar con precaución hasta Latacunga y luego a Ambato, cuya entrada es una vía en lento proceso de recuperación. Quienes conocen el camino toman una vía alterna; los otros deben pasar por medio del polvo, causando molestias a los trabajadores.
Desde Ambato hasta Riobamba, una cuadrilla del Ministerio de Obras Públicas juega a tapar los baches, mientras se destapan otros. Uno de los trabajadores, comentó que "aquí tapamos unos huecos, mientras se forman otros. Pero, es lo único que podemos hacer con los pocos recursos que hay", dijo mientras laborada en el sector de San Pablo. Y así, llegar a Riobamba, es una aventura en la que sufren los autos y los riñones de los pasajeros. (CPV).


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