Pero ante tanto hueco en la calzada, lo
mejor es hacerse al dolor, bajar la velocidad y viajar como si se estuviera yendo en un
camino empedrado. Bueno, pero eso sí es durante el día, ya que en la noche y con lluvia,
la situación es complicada porque, además, hay derrumbes limpiados a medias, que con el
sol forman nubes de polvo y cuando llueve se transforma en un lodazal, que asienta en la
carretera por la falta de cunetas.
Pero lo más grave es lo que sucede en Tabacundo, a la altura de la empresa Floragrícola:
cerca de un kilómetro de la vía se encuentra totalmente destrozada y no es posible pasar
sino a diez kilómetros por hora o se arriesga el sistema de amortiguación del auto.
Y una vez que se ha superado este obstáculo, cerca del Nudo de El Cajas, la carretera
también es un desastre. Pero como no todo es malo, desde El Cajas hasta la entrada a
Otavalo son 15 kilómetros de una vía en buenas condiciones, trabajada con pavimento
reciclado por la empresa Panavial. Es cuando se producen fenomenales carreras de los
choferes que quieren recuperar algo del tiempo que han perdido en el resto del trayecto.
Y todo el encanto se acaba en el paso por Otavalo: a las malas condiciones de la vía debe
sumarse la caída de un puente y el daño en las calles de la ciudad por donde se desvían
los vehículos. A este cantón, le cayeron las siete plagas; solo así se podría explicar
los cráteres, ni siquiera baches, que tiene el pedazo de Panamericana que le corresponde.
Para dar un descanso a los viajeros, entre Otavalo y Atuntaqui, la vía está en
aceptables condiciones, ya que el paso de la Pana por Ibarra también es iregular y
descuidado.
Y lo que viene después, entre Ibarra y Tulcán, es de susto: a la altura de Carpuela, ese
pueblo al que le menciona una conocida canción popular, fue castigado con un derrumbe que
tapó la vía. Y se hizo lo más fácil: abrir un paso a un costado, pero de la manera
más elemental, una obligada curva que sorprende a los conductores. Y como no hay ningún
aviso sobre el sector, el sitio se ha convertido en una trampa para quienes no conocen el
camino. Muchos se han estrellado.
Superada la pesadilla, el conductor debe resignarse a los tres derrumbes en la recta de El
Rosal y luego a un camino pésimo que le acompaña hasta salir del Ecuador, en Rumichaca.
El ministro de Obras Públicas, José Macchiavelo, asegura que existe un presupuesto de
$110 millones para inversión en las vías de la Sierra. Por lo pronto, tienen previsto
entregar $22 millones a Panavial, la concesionaria de la Panamericana, como parte de los
acuerdos para que reinicie su rehabilitación. (CPV)
Carretera 'rompe riñones'
Lo que alguna vez fue considerada como la 'autopista Quito-Riobamba' es por ahora una vía
para el sufrimiento. Es la cinta 'rompe riñones' como le han dado en llamar los
conductores a esta parte de la carretera Panamericana Sur.
Y los choferes le atribuyen ese nombre por los 15 294 baches existentes en los 188
kilómetros de vía. El sentido norte-sur es el más afectado con 7 584 baches, mientras
que en el sentido sur-norte cuenta con 7 710. Además, 349 sectores han sido muy
parchados. Muchos parches no ayudan sino que destruyen los vehículos. Pero no es todo:
los conductores despistados se sorprenden cuando, de pronto, se encuentran que sus
vehículos caen en unas fallas de la vía que no se ven, pero que sienten cuando el carro
resortea y se golpean la cabeza contra el techo del auto. Son 150 sectores que esán
hundidos y que dan la sensación de que se está cruzando un camino de surcos.
Como si esto fuera poco, es un riesgo circular en el día sin sol, porque en el sector de
los límites entre Pichincha y Cotopaxi cae la neblina y hay que adivinar por dónde es la
carretera, ya que la absoluta falta de señalización en el asfalto impide tener una guía
para continuar el viaje con alguna seguridad.
Y hay más obstáculos que impiden una circulación normal: dos rompevelocidades esperan
antes de Tambillo. Los avisos preventivos están ubicados en el sitio mismo de los muros
de concreto y quien no conoce la vía frena cuando ya ha caído en la trampa.
Alóag, sitio en el que se bifurca la vía hacia Latacunga y Santo Domingo de los
Colorados, es un caos. Otrora, un hermoso sector para abastecerse de gasolina y golosinas,
ahora es un sitio que da pena: todo está destruido.
No muy lejos de este lugar, en el ingreso al Fuerte Militar Atahualpa, se ha construido un
distribuidor de tránsito que, cuyo único propósito es embellecer el ingreso a la zona
militar. Zona no muy concurrida, pero que obliga a los conductores a bajar toda la
velocidad de su auto para pasar por el redondel. Más adelante, se encuentra con una
cuadrilla de trabajadores de la empresa Panavial, concesionaria de la Panamericana, que
está rejuveneciendo la carpeta asfáltica. Dos trabajadores agitan franelas rojas para
prevenir a los conductores, aunque la espesa polvareda advierte, a kilómetros de
distancia, que el paso está interrumpido.
Superados estos inconvenientes, se puede continuar con precaución hasta Latacunga y luego
a Ambato, cuya entrada es una vía en lento proceso de recuperación. Quienes conocen el
camino toman una vía alterna; los otros deben pasar por medio del polvo, causando
molestias a los trabajadores.
Desde Ambato hasta Riobamba, una cuadrilla del Ministerio de Obras Públicas juega a tapar
los baches, mientras se destapan otros. Uno de los trabajadores, comentó que "aquí
tapamos unos huecos, mientras se forman otros. Pero, es lo único que podemos hacer con
los pocos recursos que hay", dijo mientras laborada en el sector de San Pablo. Y
así, llegar a Riobamba, es una aventura en la que sufren los autos y los riñones de los
pasajeros. (CPV).