SÁBADO 7 DE OCTUBRE DE 2000

Fortunas hechas en los zaguanes

'Nosotros resucitamos la menestra y ya tu ves...' Del orfelinato a un mundo de crinolinas

Un vendedor de hornado de Sangolquí puede vender hasta 100 chanchos por semana a un precio que va de $ 40 a $ 120 . Los mercados de la capital esperan ávidos este platillo tradicional.

Dos estudiantes que repartían almuerzos en las oficinas crearon hace dos años una de las cadenas más importantes de restaurantes de Quito: las Menestras del Negro, con siete locales en la ciudad.
Una costurera que comenzó cosiendo los hábitos para las monjas de un convento, ahora tiene una de las industrias de confección de
vestidos más grandes de Cuenca y una sólida posición económica.

Cinco años de discusiones y un asesinato en la cocina

Un joven de 23 años mató a su novia, ahorcándola con el cargador de su celular. Los verdaderos nombres de esta historia han sido cambiados

Alberto compró bombones y una flor para su novia Paola. Se encerró inquieto en su habitación y esperó que transcurriera la mañana para ir a verla, pasado el mediodía, en la salida del instituto donde ella estudiaba. Pero no lo hizo, porque tenía tantas ideas dándole vueltas en la cabeza, que no se dio cuenta que se le había pasado la hora. Y eso lo puso más nervioso todavía.
Por eso salió corriendo hasta la casa de Paola, a donde llegó a las tres de la tarde. Se pegó al timbre de la puerta de calle, pero nadie le abría. Escaló la pared del cerramiento y saltó hacia el pequeño jardín de la casa en busca de su novia. Llevaba una pequeña maleta negra donde guardaba una camiseta, una linterna y el cargador de su teléfono celular,
Paola, quien ya había visto la maniobra desde su habitación del segundo piso, bajó y le abrió la puerta de la cocina. Entraron y subieron a conversar. La discusión comenzó enseguida, como era costumbre entre ellos, como lo venían haciendo desde hacía cinco años cuando se conocieron en el colegio y se enamoraron, como lo hicieron un año después cuando ella quedó embarazada.
Y la discusión se tornó violenta.
El hijo de los dos, que ya tenía tres años, dormía en su habitación y estuvo a punto de despertarse. Por eso bajaron a discutir en la cocina. Ella le reclamaba su poco interés en conseguir trabajo que les permitiera mantener al niño. El le reprochaba la inseguridad con la que ella manejaba la relación, lo cual lo conducía a constantes ataques de celos que a menudo desembocaban en profundas crisis depresivas. Ella le dijo que se fuera de su casa y él se negó. Ella clavo sus uñas en la garganta de su novio y este sintió que no podía contener sus ganas de golpearla.
Alberto tomó a Paola por los brazos, la volteó con una mano mientras con la otra la tomaba por el cuello. Hubo un forcejeo, luego del cual Alberto logró abrir el adhesivo de la maleta y sacar la linterna, con la cual golpeó varias veces a Paola en la cabeza.
Aturdida, la joven seguía forcejeando. Entonces el novio la atenazó con las dos manos por el cuello y aumentó más y más la presión, hasta que ella dejó de luchar y cayó de rostro contra el piso. En ese momento, Alberto tomó una funda plástica negra, de las que se usan para la basura, colocó la cabeza de Paola dentro de la funda y comenzó a enrollar el cable del cargador alrededor del cuello. Y a apretar.
El informe de los médicos legistas dice que la joven murió de asfixia por estrangulación. Los vecinos cuentan que lo que más hacía la pareja era pelear. El juez de la causa todavía estudia las circunstancias del hecho.
Cuando ella quedó inherte en el piso, el salió al jardín, saltó la misma pared por la que había entrado media hora antes y huyó desesperado. Cuando la Policía llegó, una hora más tarde, encontró al hijo de Paola y Alberto, que se había despertado y lloraba de pie junto al cadáver de su madre. (GA)

Un estado de profunda depresión

Los problemas depresivos se agravaron, a tal punto que, cuando la Policía capturó al autor del crimen, éste se encontraba internado en una clínica con tratamiento siquiátrico

El 7 de junio de 2000, la Policía detuvo a Alberto en la Clínica San Gabriel de Quito, en donde se había internado la noche anterior, víctima de un estado de profunda depresión, luego de asesinar a su novia. No opuso resistencia, dejó que los agentes lo llevaran al Centro de Detención Provisional (CDP) y pocos días después compareció a declarar en la Policía Judicial (PJ).
Allí contó cómo su noviazgo, que comenzó cuando ellos tenían 18 años, poco a poco se fue complicando. Primero el embarazo, luego el rechazo de los padres de ella, quienes lo acusaban de haber traicionado su confianza. Después, la ruptura, puesto que ella había encontrado un nuevo amigo. Fue entonces cuando comenzó a buscar ayuda siquiátrica.
A las dos semanas de haber nacido el niño, Paola lo llamó y le pidió que fuera a visitarla. Entonces reanudaron la relación, pero las peleas no se acabaron. Cuando él hizo un viaje a Galápagos, ella se llevó a su hijo a Italia, en donde se quedó durante medio año. Nuevo motivo de depresión y nueva visita al sicólogo.
Alberto ingresó a la Academia de Policía y parecía que todo iba a quedar en eso. Pero cuando llevaba pocos meses como cadete, Paola regresó y lo fue a visitar en la academia. Hablaban por teléfono de lunes a viernes, y los fines de semana los pasaban en casa de los padres del novio. Pero la inseguridad y los celos continuaban.
Fue entonces cuando él abandonó la academia, lo cual mereció el reproche de ella y de su familia. Fue entonces cuando Paola le dijo que ya no lo quería y que pensaba viajar a Estados Unidos en busca de un futuro para su hijo.
Cuando Alberto escuchó eso, cayó de nuevo en depresión y comenzó a llevarle todos los días bombones y una flor, a la salida del instituto donde ella estudiaba. Hasta el día que la ahorcó con el cargador de su celular. (GA).

Plagio frente a la Policía

Cuando los uniformados que vigilaban la Plaza de Santo Domingo se dieron cuenta que se trataba de un plagio, ya era tarde para reaccionar

Zuley Hidalgo, un pequeña de dos meses y tres semanas de nacida, fue arrancada de los brazos de su hermana por una mujer desconocida, en el sector de la plaza de Santo Domingo, en el centro de Quito, frente a varios policías, el pasado 19 de septiembre.
Al parecer, los uniformados pensaron que la desconocida era la madre de la niña y la dejaron embarcarse en un taxi y escapar del sitio.
De las investigaciones, se deduce que la plagiadora siguió a la hermana de Zuley desde la plaza de San Francisco hasta Santo Domingo, en donde su madre tiene un puesto de venta de helados. En ese momento, se habría acercado la desconocida para contar que hace poco había perdido un hijo, por lo que deseaba ayudar a la pequeña. Dijo que le compraría un gorro.
Los policías apenas lograron hacer un retrato hablado de la desconocida: de tez blanca, delgada y alta, con el cabello negro ondulado.
Ese día, Zuley vestía con una camiseta floreada, pantalón,
escarpines y chompa amarilla. La bebé es de tez trigueña, tiene los ojos negros y su cabello es negro y ondulado.
Cualquier información que pueda ayudar a localizar a la niña o a la plagiadora, pueden proporcionarla a la Fundación Reencuentro, a los teléfonos 02-238238 y 02-238627. (JT).

Buzón

Buzón SUBIR